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sábado, 11 de abril de 2026

Cine y Pediatría (848) “La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet” y su activismo por la libertad digital

 

“Existe leyes injustas; ¿deberíamos contentarnos con obedecerlas, o deberíamos trabajar en enmendarlas y cumplirlas hasta tener éxito, o deberíamos transgredirlas desde el principio?” La película La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet (Brian Knappenberger, 2014) comienza con esta frase de Henry David Thoreau, escritor, filósofo y naturalista estadounidense, figura clave del trascendentalismo y pionero de la ecología y los derechos civiles. La película fue estrenada en el Festival de Sundance, y se rodó con crowdfunding, usando material de archivo de Swartz, quien grababa su vida como "diario digital". 

Y esta impactante película documental parte de la noticia de su fallecimiento, cuando un 11 de enero de 2013, a los 26 años, Aaron Swartz, un prodigio de la programación y un ferviente activista de internet, fue hallado muerto en su apartamento de Brooklyn. Se había suicidado mediante ahorcamiento y su familia y defensores denunciaron una persecución estatal desproporcionada e intimidatoria. Y tras ello se nos comienza a narrar la infancia de este chico nacido en 1986 en Chicago y ello a través de los testimonios de sus padres y sus dos hermanos. Un niño prodigio, inquieto por aprender y conocer, y que a la temprana edad de 3 años comenzó ya a manejar los ordenadores de la época. Y muy joven comenzó a programar con sus hermanos. Con menos de 14 años ya compartía debates con profesionales de la informática, que se acostumbraron a sus manías, como la de comer solo alimentos blancos (arroz, pan,…). Porque pronto intentó encajar en el mundo, donde no siempre se sentía a gusto, como el mundo tampoco siempre se sentía a gusto con él. Cosas de su personalidad… que se vio acompañado en su vida de episodios de depresión en una vida demasiado activa y convulsa para su edad. Veamos algunos episodios que nos relata la película. 

Se interesó por los derechos de autor (copyright) y ello por medio de Lawrence Lessing, profesor de Derecho que creó el concepto de Creative Commons (CC), junto con otros expertos en derecho y tecnología. Y muy joven trabajó con ellos en el desarrollo de esa idea, pues a los 15 años ayudó a diseñar la capa de código de las licencias para que fueran legibles por máquinas. Y no tardó en escribir una frase muy significativa: “Quiero hacer del mundo un lugar mejor. Sufría ya de colitis ulcerosa y el tratamiento con corticoides detuvo su crecimiento. 

Se apuntó en 2004 a la Universidad de Stanford. Creó Y Combinator y de ahí surgió Reddit, lo que llegaría a ser una inmensa plataforma de redes sociales y foros de debate, un lugar que con sus sub-Reddit casi se convirtió en un caos. Por ello vendieron Reddit. Odiaba trabajar para una empresa, odiaba trabajar para Condé Nast y se autodespide al no presentarse más al trabajo. Él se inspiraba en Tim Berners-Lee, que cedió gratuitamente la Worl Wide Web (WWW) al mundo, y trabajó más adelante en Open Library, impulsando la digitalización masiva de libros, y en PACER (Public Access to Court Electronic Records), que es el sistema de acceso público a archivos electrónicos de los tribunales federales de los Estados Unidos, usado para revisar expedientes y documentos judiciales. Lucho contra el lucro frente a empresas editoriales científicas como Elsevier, uno de los fraudes consentidos más generalizados de la publicación científica: los científicos hace el trabajo, las editoriales ganan el dinero, mucho dinero, un dinero escandoloso. 

Lucha contra SOPA (Stop Online Piracy Act) / PIPA (Protect IP Act) en 2011-2012, anticipando la ley que censuraría internet para proteger derechos de autor; crea Demand Progress, una plataforma que recoge 300.000 firmas y moviliza a Google, Wikipedia y miles de sitios en un "apagón" global. La ley cae, pero Aaron se radicaliza. Pirateó JSTOR (Journal Storage), la biblioteca digital y base de datos académica estadounidense que alberga más de dos mil millones de páginas de revistas científicas, libros y fuentes primarias. Descargara 4,8 millones de artículos en un juego del gato y el ratón, hasta que lo descubren, lo graban y le siguen cuando lo hacía en un trastero del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Fue arrestado por 13 cargos federales: "fraude informático", con penas potenciales de 35 años y 1 millón de dólares en multas. Y el seguimiento por el FBI pasó factura al llamar la atención del sistema criminal, cuando no lo todos están de acuerdo en considerarlo tal. 

Tuvo aspiraciones políticas… y no podía creer que continuaría en esa línea como un criminal. No había matado ni herido, no había robado dinero, se había apropiado de la información de artículos con los que no iba a comerciar. Pero siguió siendo considerado una violación comercial criminal. Y así se comenta por un entrevistado: “Si observas a Steve Jobs y Steve Wozniak, ellos comenzaron vendiendo Cajas Azules, aparatos designados para estafar a las compañías de teléfonos. Si observas a Bill Gates y Paul Allen, ellos comenzaron su negocio usando computadoras de Harvard, lo que estaba claramente en contra de las reglas. La diferencia entre Aaron y las personas que acabo de mencionar es que Aaron deseaba hacer del mundo un lugar mejor, y no solo ganar dinero”. 

Lo cierto es que Swartz fue atrapado en los engranajes de un sistema judicial brutal del que no se podía salir. El fiscal federal Carmen Ortiz y el Secret Service lo acosan con vigilancia, registros y presiones para declararse culpable. Aaron rechaza acuerdos, hundiéndose en depresión. Le fue minando la salud y entró en un depresión grave, pues fueron dos años de una intensa presión mediática, profesional y social. El suicido fue su último paso… Y restan las palabras que Tim Berners-Lee le dedicó: “Aaron está muerto. Caminantes de este mundo loco, hemos perdido a un maestro, un sabio mayor. Hacker por derecho, somos uno menos, perdimos a uno de los nuestros. Criadores, cuidadores, oidores, alimentadores, padres, todos, hemos perdido a un hijo. Lloremos juntos”. Porque él era el chico de internet y el viejo mundo lo asesinó. 

Lo cierto es que su muerte catalizó varias reformas y propuestas legislativas en EE.UU. para promover el acceso abierto a investigaciones financiadas con fondos públicos, en línea con su activismo por la "guerrilla open access". Su muerte genera la "Aaron Swartz Day" anual (alrededor del 8 de noviembre), reformas como la "Ley de Aaron Swartz" para acceso abierto a investigaciones federales, y boicots a JSTOR/MIT. 

La historia de Aaron Swartz. El chico de Internet es un biopic que se estrenó hace 12 años, lo que se antoja una eternidad al revisar temas relacionados con la evolución de internet, las redes sociales y la inteligencia artificial (IA). Pero debe entenderse como mucho más que un biopic, pues es un manifiesto urgente contra la mercantilización del saber y nos deja algunos mensajes claros sobre el acceso al conocimiento como derecho humano ("La información es poder, y hay quienes quieren monopolizarlo", resume el film) y una profunda reflexión sobre la salud mental en los genios que quieren cambiar el mundo, advirtiendo del riesgo de ese activismo sin red de apoyo. 

Revisar esta película en el año 2026 no es solo un ejercicio de nostalgia digital; es una necesidad crítica para entender hacia dónde se dirige nuestra sociedad en la era de la IA generativa y la consolidación de los monopolios de datos: 1) la lucha por el acceso al conocimiento: mientras Swartz fue perseguido por intentar "liberar" artículos académicos para el bien común, hoy vemos una tensión similar, con cuestiones como ¿de quién es la información que alimenta a la IA? o ¿debe el conocimiento ser libre o un producto de suscripción?; 2) la ética de la programación y el activismo: Swartz no solo escribía código; escribía código con conciencia (y ayudó a crear el RSS y las licencias Creative Commons), por lo que ahora que los algoritmos de IA suelen ser "cajas negras" opacas, nos invita a preguntarnos si ¿estamos construyendo herramientas para empoderar a las personas o para vigilarlas y manipularlas?; 3) la centralización de la red: Swartz luchó contra leyes como SOPA y PIPA, que amenazaban con censurar internet, pero la amenaza de hoy es que internet se ha vuelto más cerrado con la IA, donde el contenido sintético corre el riesgo de ahogar la voz humana original. 

El debate sigue servido… y el activismo por la libertad (y seguridad) digital no debe cejar.

 

sábado, 14 de septiembre de 2024

Cine y Pediatría (766) “Oasis” para ese amor de adolescentes con discapacidad

 

“El estilo de vida moderno, con sus giros complejos y dinámicos, crea varios tipos de deshumanización social. Para los desafortunados al nacer, el mecanismo de la vida parece enfatizar su incapacidad para formar parte de la sociedad. Tristemente, el mundo moderno siempre ha mostrado una falta de compresión hacia estos desafortunados seres. En la Antigüedad, los enfermos eran asesinados o ahogados en el mar, mientras que hoy en día, las familias aceptan pasivamente la desgracia de sus seres queridos. En 1969 se creó cerca de Belgrado una institución para niños y jóvenes discapacitados mentales de 5 a 25 años. Los discapacitados moderados tienen un cociente intelectual de entre 36 y 50, y los ligeramente discapacitados entre 51 y 55. Estos son incapaces de asistir ni siquiera a escuelas especiales. La institución se centra en hacer que los usuarios sean lo más independientes posible, enseñándoles a comer de forma independiente, a servirse a sí mismos, a cuidar su higiene y su espacio vital. ¿Pueden estos desafortunados jóvenes seres humanos, incapaces de superar la etapa permanente de la infancia, adquirir las habilidades necesarias para la autosuficiencia, y ser liberados de la necesidad de la ayuda de otras personas? Si algo de esto parece escenificado significa que los usuarios de la institución son buenos actores, perfectamente capaces de cumplir sus papeles. Esta película es un testimonio auténtico del potencial para guiar y educar a los niños con discapacidades mentales para que se adapten a una sociedad que nunca les muestra comprensión o atención tierna e incondicional”. Esta es la larga introducción con voz en off e imágenes reales de archivo de ese centro, antes de mostrarnos el título de esta película serbia: Oasis (Korisnici, Ivan Ikic, 2020). Todo un alegato de intenciones… 

Son varias las películas que podemos encontrar con este mismo título: la francesa Oasis (Yves Allégret, 1955), una aventura exótica en Marruecos; la surcoreana Oasis (Lee Chang-Dong, 2002), un drama romántico con la parálisis cerebral de protagonista; la finlandesa Oasis (Alejandro Cárdenas, 2013), película documental alrededor de un refugio para los indígenas mayas VIH-positivos en Yucatán. Así como varios cortometrajes con este título de otras nacionalidades y dos teleseries: la británica Oasis (Kevin Macdonald, 2017), una odisea intergaláctica; y la surcoreana Oasis (Yoon Sung-Shik, Han Hee, 2023), ambientada en los turbulentos tiempos de Corea del Sur entre los años 80 y 90. Por lo tanto son muy diversos los oasis cinematográficos. Y también diferente es este que viene de Serbia, y nuestra experiencia con este país es que no son películas fáciles de ver ni de digerir. Ya tuvimos una experiencia previa con Klip (Maja Milos, 2012), esos adolescentes con vidas más duras que la guerra en sociedades y familias desestructuradas.  

Y hoy llega la película serbia Oasis, en donde se narra, tras ese extenso prolegómeno en off, la historia de un triángulo amoroso entre tres adolescentes internados en este centro psiquiátrico y contada en tres partes, con el nombre de sus protagonistas: Marija, Dragana y Robert. Tres personajes que no son interpretados, sino son ellos mismos, tres internos de este centro y cuyo mayor mérito es la dirección de actores, pues consigue sacar gran partido de ellos y reflejar bien esa mezcla de sentimientos encontrados que se entremezclan: amistad, rivalidad, aprecio, deseo, celos, compañerismo o venganza. Tres jóvenes internos para interpretar a las enérgicas a ese mundo cerrado y normalmente oculto a ojos de la sociedad, y para ello su director se basó en un hecho real. Porque Ivan Ikić fue reconocido a nivel internacional cuando su primer largometraje, Barbarians (2014), que consistía en una mirada naturalista a los aficionados ultras del fútbol serbio, con actores no profesionales que interpretaban personajes similares a los suyos. En Oasis reproduce la fórmula seudocumental, pero con mayor dificultad al ser ahora pacientes de una institución para jóvenes con necesidades especiales.

Vemos al inicio a Marija (Marijana Novakov) llegar al centro y su incorporación al mismo es disruptiva. Pronto se hace amiga de Dragana (Tijana Marković), y se acerca a Robert (Valentino Zenuni), un chico que ayuda en la cocina, que nunca habla y se desliza por la institución con facilidad y parece poseer una personalidad magnética para las dos chicas. El afecto que surge de Marija hacia Robert lo considera Dragana una intromisión y ésta reza así ante una icono de la Virgen: “Santa Virgen María, yo era la mejor chica del mundo. Dios me ha elegido para ser madre como tú. ¡Deseo que esa bruja de Marija se muera! Ella me ha quitado a Robert. Quiero que todo sea como antes”. Dice estar embarazada y acuden al médico, quien niega el embarazo, pero confirma el de Marija. Y ésta le dice a Dragana: “Robert ya no me quiere. Me voy a suicidar”. Y Dragana le responde: “Él tampoco me quiere. Me cortaré las muñecas”. Y no debe ser la primera vez, pues cada uno de ellos tienen marcas de intentos de suicido previos. Y todo ello nos aboca a un final trágico a lo Romeo y Julieta, con las manos juntas y mirándose… Y, sí, la historia nos deja varios puntos suspensivos y cabe que el espectador llene los espacios en blanco sobre ese pacto de suicidio de los tres adolescentes debido a que la institución no les permitirá estar juntos. Y donde se mezcla la insurrección de Marija, los celos disparados y la falta de contención de Dragana y los silencios armónicos y definitivos de Robert. Una historia de amor, de celos y de decisiones alteradas propia de una tragedia griega. 

Película opresiva, incómoda de ver, con iluminación natural, sonido ambiente sin apenas diálogo… Y donde también los espectadores sentimos el respirar profundo de Marija, como epicentro de este triángulo afectivo-amoroso. Allí donde el romance es un drama para estos jóvenes, y su interpretación fatalista convierte cada conflicto en un asunto de vida o muerte. Embarazos, reales o imaginarios, así como violencia y autolesiones, desempeñan un papel importante en un contexto como es esta institución para jóvenes con discapacidad y diversidad funcional, donde el escenario es un personaje en sí mismo. 

Es Oasis una nueva muestra de cine serbio que nos adentra a ese oasis que son los niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad intelectual y trastornos psiquiátricos.

 

sábado, 27 de mayo de 2023

Cine y Pediatría (698). “El hijo”, fragmentos de una depresión adolescente

 

Es Florian Zeller un dramaturgo parisino prestigioso y entre sus obras cabe destacar una trilogía sobre la familia con diferentes enfoques y con la salud mental como elemento clave visto desde distintas aristas: "La Mère" (2010), "Le Père" (2012) y "Le fils" (2018). Dio el salto del teatro al cine, atreviéndose a dirigir dos de estas obras. En 2020 estrenó El padre, considerada una de las mejores películas de ese año, con éxito de crítica y público, y numerosos premios para esta historia entre un anciano padre (Anthony Hopkins) y su hija (Olivia Coldman), con el Azheimer como invitado. Y en 2022 se estrenó El hijo, algo inferior que su predecesora, pero no menos importante por el tema tan relevante que aborda, donde se nos narra la peculiar relación entre un adolescente y su padre, al que no perdona que se haya ido a vivir con una mujer más joven tras dejar a su madre. Una historia que hoy viene a Cine y Pediatría por el tema que aborda y que lo hace visible: la depresión y suicido en la adolescencia. En ambas películas busca Zeller la compañía en el guion del veterano y multipremiado Christopher Hampton; y también se acompaña de prestigiosos directores musicales: Luvovico Einaudi para El padre y Hans Zimmer para El hijo. Veremos si con el tiempo se atreve con La madre… 

Peter (Hugh Jackman) es un hombre de negocio que acaba de tener un hijo con su nueva pareja, Emma (Vanessa Kirby, a quien recordamos como protagonista total de la maravillosa película canadiense Fragmentos de una mujer). Los problemas comienzan cuando su ex esposa, Kate (Laura Dern), le cuenta que el hijo adolescente de ambos, Nicholas (Zen McGrath), lleva meses sin acudir a la escuela y no quiere vivir con ella. El chico decide vivir ahora con su padre y su nueva pareja, y aunque parece que los padres creen que las cosas van mejor, en realidad no es así por el estado depresivo preocupante que le acompaña: “La vida me pesa, algo tiene que cambiar, pero no sé qué… a veces siento que me estoy volviendo loco”. Anthony Hopkins, protagonista de El padre, aparece aquí en unos escasos diez minutos interpretando al padre de Peter, en un papel de persona distante y despiadado que marcó la infancia de su hijo y que ahora le dice: “Hola hijo, ¿viniste a decirme qué tan buen padre eres? ¿Qué quieres?, ¿un aplauso?”. Y ahora Peter no quiere repetir los errores con Nicholas.  

A diferencia de El padre, que al utilizar como punto de vista al personaje de Hopkins transmitía muy bien el desasosiego y la impotencia ante el avance de la enfermedad de Alzheimer, en El hijo no llega a conseguir esa misma distancia emotiva, al estar contada desde los ojos del padre, quien finalmente nos dice: “Es mi pequeño. No puedo dejar de luchar por él”. Porque todos recuerdan haber sido una familia feliz con una infancia dichosa de Nicholas, algo muy diferente a lo que se enfrentan ahora en esta historia. Y que ni el apoyo psicológico y psiquiátrico al que piden ayuda logra revertir. Y que finaliza con una dedicatoria: “Para Gabriel”

Porque los trastornos depresivos que aparecen en la infancia y la adolescencia suponen un importante problema de salud pública por su alta prevalencia y por el incremento en la morbilidad y mortalidad psicosocial. Trastornos que siempre han estado ahí, pero que tras la pandemia por COVID se ha incrementado su presencia y se ha hecho algo más visible en la sociedad. Las manifestaciones clínicas de la depresión en niños y adolescente se pueden englobar en tres tipos de síntomas: afectivos (humor triste o irritable, apatía y anhedonia, con frecuente aislamiento social y síntomas de angustia y ansiedad), físicos (inquietud psicomotriz o inhibición. astenia, alteración del apetito y del sueño con molestias físicas inespecíficas) y cognitivos (disminución de la capacidad de atención y concentración, fallos de memoria, distorsiones cognitivas negativas, baja autoestima e ideas de muerte o suicidio). Y cabe subrayar que el trastorno depresivo se asocia con el suicidio, siendo éste una de las primeras causas de muerte en adolescentes, con una tendencia creciente. La conducta suicida incluye las tentativas de suicidio, la ideación suicida y la conducta autolesiva. Y no hay duda de que la detección, diagnóstico e intervención precoces son esenciales en esta enfermedad, así como el desarrollo de programas y estrategias de prevención. 

La depresión y el suicido en el infancia y adolescencia es un problema de tal magnitud que debe conocerse y reconocerse. Donde es importante enfatizar la necesidad de no confundir con simple tristeza, porque la depresión es enfermedad psiquiátrica que requiere atención especial. Y cuando Nicholas, el protagonista de El hijo, dice a sus padres “No sé qué es lo que me sucede”, en realidad está lanzando un grito de auxilio que no debemos desatender ni minusvalorar. 

Estamos a punto de superar los 700 post de Cine y Pediatría y este tema alrededor de la depresión y suicidio en esta etapa de la vida ha sido un tema argumental en muy pocas películas, aunque ha estado presente en Las vírgenes suicidas (Sofia Coppola, 1999),  Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999), Una historia casi divertida (Ryan Fleck y Anna Boden, 2010),   Princesa (Han Gong-Ju) (Lee Su-jin, 2013),   Jean François y el sentido de la vida (Sergi Portabella, 2018)  y Yo, adolescente (Lucas Santa Ana, 2019).  Pero es la película británica El hijo quien mira más de cara a cara a este grave problema.

 

sábado, 18 de febrero de 2023

Cine y Pediatría (684) “Princesa”… la soledad de la víctima


Aunque el cine coreano es centenario, su desarrollo ha sido desde siempre irregular, marcado por la dependencia al régimen político que hubiera en cada momento y los avatares que, como la ocupación de Japón de 1910 a 1945 o la guerra de Corea de 1950 a 1953, fue un desastre para la industria cultural del país. Hay grandes películas coreanas de todos los períodos, pero cuesta encontrar copias de grandes clásicos anteriores a esas conflictivas fechas, y es a mediados de los 50 cuando se reaviva el séptimo arte y surge una década marcada por un ascenso brutal en la producción y una época dorada en la temática. Pero no duraría mucho, pues la Ley del cine de 1963, con la censura de contenidos, y la aparición de la televisión no favorecieron a la industria del cine. Hay que espera a la década de los 90 cuando comienza el auge del cine de Corea del Sur, con un mercado propio dispuesto para invertir en grandes producciones y con gran éxito de público. Si a ello le sumamos el reguero de premios y éxitos alrededor del mundo, tenemos un cine que, desde el comienzo del siglo XXI son muchas las voces que lo reivindican como uno de los más estimulantes y de mayor calidad del panorama internacional. Una fábrica de relatos apasionantes con un tratamiento narrativo único y una facilidad pasmosa para dejar al respetable clavado en la butaca con unos libretos imprevisibles. Y con la película Parásitos (Bong Joon-ho, 2019), gran triunfadora de los Óscar de aquel año, se nos representa un hito insólito que parece solo la punta de un iceberg que está aún por llegar. 

Porque el cine coreano merece ser estudiado con atención, o al menos revisar a sus directores más conocidos en el panorama internacional, con al menos cinco nombres claves que comienza con Kim Ki-duk, (Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera, 2003; Hierro 3, 2004; El arco, 2005; Time, 2006; Aliento, 2007) y continúa con Park Chan-wook (Oldboy, 2003; Stoker, 2012; La doncella, 2016; Decisión to Leave, 2022; y su trilogía de la venganza), Bong Joon-ho (Memories of Murder/Crónica de un asesino en serie, 2003; Mother, 2009; Rompenieves, 2013; Okja, 2017; Parásitos, 2019) y Kim Jee-woon (The Quiet Family, 1998; A Bittersweet Life, 2008; El bueno, el malo y el raro, 2008; Encontré al diablo, 2010; El imperio de las sombras, 2016). Pero que continúa con Na Hong-jin (The Chaser, 2008; El extraño, 2016), Kim Seong-hun (A Hard Day, 2014; The Tunnel, 2016), Lee Chang-dong (Oasis, 2002), Lee Jeong-hyang (Sang Woo y su abuela, 2002), John H. Lee (A Moment to Remember, 2004), Lee Hey-jun (Castaway on the Moon, 2009), Jang Cheol-soo (Endemoniada, 2010), Lee Jeong-beom (El hombre sin pasado, 2010), Hwang Dong-hyuk (Silenced, 2011), Lee Joon-ik (Hope, 2013), Shim Sung-bo (Niebla, 2014), July Jung (Un monstruo en mi puerta, 2014), Yeon Sang-ho (Tren a Busan, 2016), Hong Sang-soo (Delante de ti, 2021), Yim Soon-rye (Little Forest, 2018), entre otros. Directores de nombre difícil de recordar, pero películas difíciles de olvidar.  

Y a estos nombres hoy sumamos un debut en la dirección con la película Princesa (Han Gong-Ju) (Lee Su-jin, 2013), el drama de una estudiante adolescente, Han Gong-ju (Chun Woo-hee, también en su debut como protagonista), quien es obligada a abandonar la escuela tras un misterioso incidente del que todo el mundo calla y al que todo el mundo la señala como culpable. Con sus padres ilocalizables, es llevada a otra ciudad, donde cambiará de vida y de escuela, también de hogar. Poco a poco irá acostumbrándose a su nueva vida y haciendo nuevas amigas, pero el pasado que ha dejado atrás siempre la acosa y regresa para atormentarla. Y la pregunta permanece en el aire hasta el final, ¿qué ha pasado para tener que esconderse? 

Una historia contada con destreza hacia adelante y hacia atrás. Previamente vivía con un padre bebedor y pendenciero que apenas cuidó a su hija, y una madre que se casó con otro hombre y no puede (o quiere) ayudarla. Ahora un nuevo lugar para vivir (en la casa de la madre de un antiguo profesor), un nuevo colegio, una infección genital, un hecho por esclarecer. Han Gong-ju quiere aprender a nadar - al menos cruzar una piscina de 25 metros - y declara: "Estoy harta de llorar". Tiene un don musical, y mientras toca la guitarra y canta, le dice una compañera de clase: "Cantar así solo es posible si te ha pasado algo gordo". Intentan difundir su música, pero ella no quiere que le graben: "No quiero que nadie mire mi cara"

Aparece una declaración, “Los han declarado culpables... Olvídalo, ya ha acabado todo", nos abre las puertas a ir descubriendo qué pasó para que ahora nuestra protagonista tenga un comportamiento tan complicado. Y cuando una compañera de clase le pregunta si ha besado a alguien, ella contesta que a 43, pero no eran humanos, sino gorilas. Y conocemos como ella y otra compañera fueron violadas por docenas de adolescentes. La otra joven se suicidó y ella, además de ser mancillada, tuvo que escapar. Y a la pregunta “Gong-ju, ¿por qué nadas con tanta fuerza?”, su respuesta lo aclara todo: “Por si quiero empezar de nuevo, por si pudiera cambiar de opinión". Y ello nos aboca a un gran final… 

Una película con un buen número de escenas a destacar, todas ellas bastante desgarradoras y con el trasfondo de la violencia machista y la esperanza de las segundas oportunidades, allí donde nuestra víctima no solo sufrió el horrible ultraje sino que soporta la insolidaridad de la sociedad. Y ella se cobija en la música (destacar el solo de guitarra de la canción “Give me a Smile”) y nos confiesa “por un instante olvido la soledad, la tristeza y el miedo; el sonido de la respiración, de los pasos, el sonido del viento, hasta el sonido del rasgueo del metal me ayuda mucho, pero en el mundo real”. Porque esta princesa, que no es tal, es un reflejo de la soledad de las víctimas quienes, además, pueden sufrir una injusta criminalización. Y por ello, solo quiere ser invisible. 

Es Princesa una película de matices a la que hay que dar un cierto margen en el desarrollo de la historia para adentrarnos en ella. El comienzo puede ser algo confuso, pero el final bien vale la pena. Y entre medias se va tejiendo el pasado y el presente. Nuestro personaje no es sencillo, porque tampoco ha sido lo que le ha tocado vivir. Porque Han Gung-jo es cualquier cosa menos lo que entendemos por una  princesa.

sábado, 12 de junio de 2021

Cine y Pediatría (596). “Jean François y el sentido de la vida” entre Camus, Sísifo y el Café de Flore

 

París está repleto de lugares míticos, desde iglesias y palacios, hasta cafeterías. Y hoy vienen al recuerdo dos de sus cafés más famosos, situados en el emblemático Boulevard Saint Germain y a pocos pasos de la iglesia más antigua de París, la Iglesia de Saint Germain des Pres. Estos cafés son Les deux Magots y el Café de Flore, similares pero tan diferentes, incluso en su posicionamiento político, el primero más de izquierdas y el segundo más de derechas. 

El Café de Flore apareció a principios de la Tercera República, en los albores del siglo XIX y el devenir de la historia le ha deparado permanecer como un establecimiento vinculado al arte y a la filosofía de la vida, con el surrealismo y el existencialismo como bandera. El surrealismo surgió en este entorno en los albores del fin de la Primera Guerra Mundial cuando el poeta y escritor francés Guillaume Apollinaire tomó posesión del lugar e invitó a sus amigos André Breton, Paul Réverdy, Louis Aragon y Paul Eluard. Y algo similar ocurrió con el existencialismo durante el periodo más incipiente de mitad del siglo XX, pues Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Albert Camus y otros solían encontrarse con regularidad en sus mesas, en un París revolucionado y rebelde. Pero también fue un entorno frecuentado por otros artistas como Modigliani, Picasso y Soutine. Y allí permanece esta cafetería decorada en Art Decó, con sus muebles y espejos de caoba y sus asientos de color rojo. 

Pues bien, este Café de Flore se constituye en un especial “macguffin” en esta especial “coming of age” de un adolescente alrededor de su particular “road movie” en busca de Albert Camus y que viene acompañado de un exquisito “leitmotiv” musical. Cuatro anglicismos para esta ópera prima del cineasta catalán Sergi Portabella en el año 2018, por título Jean François y el sentido de la vida, una película co-producida por Filmin. Una película narrada en ocho partes (Francesc, Jean François, Jean François y Lluna, El deseo, Las mentiras, La muerte de Camus, El absurdo y El mito de Sísifo) y con una sorprendente banda sonora del joven compositor Gerard Pastor, una música con remembranzas barrocas y cuya sorprendente elección funciona bien, tanto para enhebrar la alocada historia, como para empatizar con nuestro particular protagonista. 

La película nos presenta a Francesc Rubió (Max Megías), un adolescente de 13 años con ambliopía (no muy constante en la aplicación de su parche oclusivo en el ojo izquierdo), un alumno sometido a acoso escolar (“bullying”, otro dichoso anglicismo más), hijo único sin referencia de figura paterna en su hogar. Un día, mientras huye de un acosador en el colegio, encuentra en un lavabo el libro “El mito de Sísifo”, una de las novelas emblemáticas del filósofo Camus, allí donde discute la cuestión del suicidio y el valor de la vida, presentando el mito de Sísifo como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre. Y es con esa lectura, cuando decide convertirse en existencialista, se sube el cuello de la chaqueta como Camus y se hace llamar Jean-François, mientras digiere el mensaje de la novela: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale la pena o no vale la pena vivirla es responder a la cuestión fundamental de la filosofía… Quien toma conciencia de lo absurdo queda ligado a ello para siempre. Un hombre sin esperanza y consciente de ello… Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de la montaña desde donde la roca volvía a caer por su propio peso. Habían pensado, con algún fundamento, la misma lucha para llegar a las cimas basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”

En una de las sesiones de Francesc con su psicólogo, éste le dice que Camus y los existencialistas se reunían en el Café de Flore. Es entonces cuando el joven decide huir de su casa y viajar a París para conocer a Camus, y en el inicio de esta aventura conoce a Lluna (Claudia Vega, la protagonista infantil de Eva, otra peculiar ópera prima), una adolescente de17 años que vive el presente y que le acompañará en su aventura con una única condición: parar por el camino para reencontrarse con el chico francés con el que tuvo una historia el verano pasado. Juntos emprenden un viaje para, con Camus o sin él, descubrir cuál es el sentido de la vida o, cuanto menos, el sentido de sus vidas.  

Al llegar a su destino, el Café de Flore, descubren que Camus había muerto hace más de medio siglo. Francesc/Jean François no consiguió su objetivo, pero en el camino vivió algunas experiencias, algún aprendizaje, si bien con una persistente sensación de querer llamar la atención, incluso con un intento de suicidio. Y Francesc siente no haberse encontrado cara a cara con Camus para decirle que se equivoca porque “dice que el suicidio es un acto cobarde, pero hay que ser valiente para hacerlo”. Para entonces ya ha regresado a su vida de nuevo, y descubre un nuevo libro en el lavabo del colegio, ahora “El castillo” de Franz Kafka, que le impondrá un nuevo reto para el camino de incorporarse a la vida adulta: “Esta noche cerrada cuando K llegó, una densa capa de niebla cubría el pueblo". Y es entonces cuando escribe de nuevo su carta de amor… 

Una película atípica con una partitura atípica. La búsqueda del sentido de la vida de dos adolescentes entre Camus, Sísifo y Café de Flore. Un nuevo viaje a la adolescencia y, de nuevo, como en nuestra película de la semana pasada, Yo, adolescente (Lucas Santa Ana, 2019), el suicidio ronda alrededor de esta edad. No es lo común, pero tampoco la excepción. Y deberemos estar atentos, porque es puro existencialismo. Y cabe preguntarse por el sentido de la vida y, en concreto, el sentido de cada adolescencia.

 

sábado, 5 de junio de 2021

Cine y Pediatría (595) “Yo, adolescente”… la depresión y mis consecuencias


La semana pasada clausuré el XXV Congreso de la Sociedad Española de Medicina de la Adolescencia (SEMA), celebrado en Pamplona. Y lo hice con el tema “El cine y la adolescencia, desde la reivindicación a la oportunidad". Porque reivindicamos la adolescencia como género cinematográfico, pues son centenares las películas al respecto que se pueden prescribir en la familia, centros educativos, pediatras y al propio adolescente como una oportunidad para mejorar la comunicación y educación. Son varios los artículos que hemos publicado al respecto, tanto en Revista de Pediatría de Atención Primaria como en Making Of (parte 1 y parte 2).   

Películas de todas las épocas y todos los países. Y hoy acude un título más, la reciente película argentina Yo, adolescente (Lucas Santa Ana, 2019), un título bien significativo. Una película basada en un diario fotolog donde Nicolás Zamorano “Zabo” narraba sus historias de adolescente; más tarde, este blog se convirtió en libro, para acabar llegando a la pantalla de la mano de Netflix. Una historia que abarca en sucesivas fechas desde el 30 de diciembre de 2004, cuando Zabo aún tiene 15 años, y hasta que cumple los 17 años. Una historia que tiene lugar en el Parque Chacabuco de la ciudad de Buenos Aires en el periodo conocido como post-Cromañón. Y está claro que no estamos hablando de una etapa prehistórica…, porque a buen seguro que Buenos Aires y Argentina no olvidan esa fecha.

Porque la tragedia de Cromañón fue un incendio producido la noche del 30 de diciembre de 2004 en República Cromañón, establecimiento ubicado en el barrio de Once de la ciudad de Buenos Aires, durante un recital de la banda de rock Callejeros. Este incendio provocó la peor tragedia mundial en la historia de la música de rock y una de las mayores tragedias no naturales en Argentina, dejando un saldo de 194 muertos y al menos 1432 heridos. Esta tragedia causó importantes cambios políticos y culturales en el periodo post-Cromañón: en lo político, hubo destituciones desde distintos estamentos, y desde lo cultural se revisaron el estado de las discotecas y otros locales, lo que resultó en la clausura de una gran cantidad de ellos. 

Nuestra película empieza la noche de esa tragedia. “Zabo” (interpretado por Renato Quattordio) ha acudido con un amigo a un concierto en otra sala de fiestas y se entera del suceso por una llamada de su madre que, angustiada, le pregunta dónde está. Una semana más tarde “Zabo” se entera de que su mejor amigo Pol se suicidó el día después de la tragedia de Cromañón. Ese fue el peor comienzo de un año para él (y para muchos argentinos) y Zabo decide descargar sus problemas de típico adolescente, su despertar sexual (con un peculiar bisexualidad) y el trauma provocado por la muerte de Pol en un fotolog llamado “Yo, adolescente“. Y así comienza: “Quiero documentar todo lo que pienso, siento y observo. Voy a escribir por si alguien se siente identificado con lo que digo, sepa que no está solo en esto. Aunque debiera aceptar que el que busca no sentirse tan solo soy yo”

Y a lo largo de un año y medio, marcado por fechas concretas (5 de febrero del 2005, 22 de julio del 2005, 31 de diciembre de 2005, 30 de enero del 2006… y seis meses después), vamos conociendo a sus amigos (Pol, Lucho, Camila, Checho, Tomás, María, Ramiro, Tina), esos adolescentes que él se autodefine como “somos la urgencia en carne viva, no pensamos demasiado en el mañana”. Y debido al cierre de las discotecas por las autoridades, crean un lugar alternativo para sus fiestas en un solar abandonado, donde el alcohol, el tabaco y otras drogas se mezclan con sus iniciales relaciones de pareja. Zabo realiza un listado de su chica ideal, pero a todas les falta algo y es cuando se dice a sí mismo “mi chica ideal no puede ser un chico”. Y se debate con sus sucesivos fracasos amorosos con Pol, con María, con Tomás, con Ramiro y con Tina, incluyendo el embarazo de esta última. 

Y Zabo les expresa en ocasiones que va a morir pronto, mientras sigue escribiendo su blog. Y en el primer aniversario del Cromañón escribe: “Se cumple un año de la muerte de Pol. Todos estábamos más grandes, más fuertes, con menos inocencia”. Y un amigo le dice preocupado: “¿Estás enfadado con la vida?...Ten cuidado entonces. Si te metes con la vida, te haces amigo de la muerte”. Y es en el día de su 17 cumpleaños cuando brindan con el “celebramos el estar vivos, el ser jóvenes”; pero recibe mensajes de todos, menos de sus amigos amantes, y por ello escribe en su bitácora: “Posdata. Váyanse todos a la reconcha de su madre”. Y en ese momento desempolva los recuerdos de Pol y lee sus consejos escritos, mientras aparecen las lágrimas: “Tenés mucha gente que te quiere, a la que le importás aunque vos creas que no. A veces la tristeza es tan profunda que eso no se llega a valorar”

Y al final – quizás un final que nos estalla en la cara -, un gran lapsus de seis meses después descubrimos que no superó la tristeza de su depresión. Y su suicido hizo que los padres descubrieran a su hijo en los pensamientos de su blog, y con ello comprenden que otros adolescentes pueden estar pasando lo que su hijo. Y esa imagen del ordenador con el texto: “Y ahora le pregunto yo a vos, que estás al otro lado: ¿cómo estás?”. Porque aunque no se menciona hasta muy el final, el tema principal con el que lidia nuestro adolescente es la depresión. Un mal que asola nuestro mundo y que puede ser más grave de lo que pensamos en un adolescente, pues se puede dar un cóctel del que no todos logran salir (baja autoestima, falta de comunicación, frustración, apatía, no aceptación por sus iguales, desorientación sexual, etc.). 

Porque a medida que se atraviesan las turbulentas transiciones de la adolescencia (físicas, psicológicas, emocionales, hormonales, sexuales, sociales, intelectuales), la presión y los problemas que enfrentan pueden ser abrumadores, y pueden aflorar distintos problemas. También la depresión. Y hay que estar atento a los signos de alarma, siendo clave que los padres (y también profesores) estén vigilantes a los cambios de conducta de sus hijos e hijas adolescentes, donde es fundamental una comunicación constante, abierta y honesta

Y de ello nos hace reflexionar Yo, adolescente. Una película que comienza con una tragedia colectiva y finaliza con una tragedia particular.

 

sábado, 30 de noviembre de 2019

Cine y Pediatría (516). “Marion, 13 años eternamente” y el peligro que se esconde tras muchas aulas


«Marion, hija mía, te suicidaste el 13 de febrero de 2013 a los 13 años. Bajo tu litera encontramos tu celular amarrado a un hilo, colgado para expresar simbólicamente que cortabas las palabras de quienes te torturaban en la escuela con insultos y amenazas. Escribo este libro para que todas las personas que lo lean extraigan lecciones de tu muerte; para que los padres eviten que sus hijos sean víctimas, como tú, o verdugos, como quienes te destruyeron. Escribo este libro con el fin de que nos tomemos en serio el acoso escolar». Este es el testimonio de Nora Fraisse, madre de Marion, y este es el pensamiento que introduce a su libro “Marion, 13 ans pour toujours” coescrito con en colaboración con Jacqueline Rémy, la historia de un problema universal, el acoso escolar (más conocido con el anglicismo “bullying”), y de un problema muy personal. Y una historia así era claro que se adaptaría al cine, y así lo hizo con un título homónimo en el año 2016 el director Bourlem Guerdjou: una película para la televisión que conmocionó a Francia entera, con un record de más de 4 millones de espectadores en su estreno.

Y la película Marion, 13 años eternamente comienza así: “Esta película es una obra de ficción inspirada en hechos reales”. Un película con tres partes marcada por un inicio donde no se oculta ninguna carta: el suicidio de una adolescente con un pensamiento previo de su madre: “Eso de las redes sociales me preocupa”. A partir de ahí una segunda parte que comienza con el “6 meses antes”, donde se intenta explicar cómo se ha llegado a ello; y una tercera parte en la que los padres intentan superarlo y donde la madre intenta esclarecer el por qué de lo que le ha ocurrido a su hija.

El antes de… nos presenta una reunión de profesores y padres en el instituto donde, una vez más, no aceptan el cambio de clase de Marion (Luàna Bajrami). Porque ella es una buena alumna que convive en una típica clase de adolescentes que hacen la docencia muy complicada a los profesores, la enseñanza muy difícil a los alumnos que quieren aprender y la vida imposible a quien, como ella, se atreve a apoyar a los maestros frente a los matones de turno. Y a partir de ahí comienza el ciberacoso a través de los mensajes por las redes sociales: “Mañana en la parada del autobús estás muerta” o “Da igual lo que hagas, eres una puta”.

Con ello comienza a sufrir y solo un compañero, Romain, le apoya y aparece como una pequeña luz en la tormenta que empieza a ser su clase. Se siente diferente y apuntada por no tener perfil de Facebook y Marion llega a decir a su madre: “Esto es un asco. Quiero ser como los demás”. Y pasan los días y aumenta el acoso, y hasta su mejor amiga le da de lado. Y se incrementan los mensajes por su teléfono y su ordenador: “Molaría que desaparecieras”, “Me acabo de cruzar contigo y casi vomito”. Y a medida que el acoso físico, verbal y moral es más violento Marion comienza a ser invadida por la tristeza, el insomnio y la falta de apetito. Y como espectadores comenzamos a sentir la misma asfixia que nuestra protagonista.

Violencia en las aulas, en los pasillos, en el patio de recreo, en los vestuarios,… Y todo ello ante la inanición de los profesores, de esos colegios cómplices y cobardes donde no se activan los protocolos de acoso escolar. Y ella se aferra a lo poco que ya le queda y le dice a Romain: “¿Sabes?, si vengo a clase es por ti. Si algún día me dejas…”. Pero el acoso escolar (el implacable bullying) destroza a cualquiera y también pudo con Marion. Y antes de acometer el suicidio dejó escrita una carta narrando lo ocurrido hasta llegar allí.

El después de… es quizás la parte más dura. Cuando los padres, en pleno duelo, intentan entender… y se encuentran con un director del colegio que escurre toda la responsabilidad y con el juicio de una sociedad que ni tan siquiera asume la compasión. Y esa madre coraje (la actriz Julie Gayet, incomprendida en ocasiones hasta por su marido: “Remover la mierda no me lo devolverá”) que lucha para que el Ministerio de Educación tome las medidas judiciales oportunas por el bien de la infancia, principalmente frente al colegio y profesores cómplices que no solo mantuvieron silencio, sino que negaron la realidad y no mostraron la menor compasión, pues ni al entierro acudieron (para rehuir cualquier responsabilidad).

Una madre que busca respuestas… y pregunta a los compañeros de su hija, a los padres de aquéllos, a los profesores. Pero solo recibe el silencio y el rechazo. Y el dolor se nos multiplica, porque a todo el mundo le molesta que busque la verdad,, incluso a su marido: “Necesito silencio para comenzar mi duelo”. Y hasta el hijo pequeño del matrimonio escribe a su madre, ante tal obsesión: “Baptiste y yo estamos aquí. Ocúpate también de nosotros”.

Una madre a la que le faltan las fuerzas en ocasiones, pues se siente como una apestada que puede dañar con sus preguntas a una sociedad cómplice: “Es muy duro sentirse aislado”. Pero su colofón es claro: “No dejaremos que los que te hicieron daño se salgan con la suya. Vamos a seguir luchando y luchando. No pararemos. Estamos contigo”.

No es difícil entender que Marion, 13 años eternamente es una película muy aconsejable para prescribir en las aulas y en las familias. Pues esta película basada en hechos reales está construida para seguir las huellas del acoso escolar y donde el espectador, omnisciente con la cámara, ve lo que sucedió y sigue todo el viaje de los protagonistas hasta un viaje final que se conoce desde el principio. Porque Nora Fraisse quería contar la historia de su hija para advertir sobre el peligro que se esconde en muchas aulas. Y es una película que no olvidaremos, como una madre no olvida a su hija. “Marion, aunque tu corazón haya dejado de latir, el mío late y combate por ti”.

Marion, 13 años eternamente fue todo un éxito en Francia… y no me extraña. Y muchas son las películas que abordan el bullying, pero esta debe ocupar un lugar privilegiado por la directa realidad que emana. Y esta película debe ir de la mano de la película española El silencio roto (Piluca Baquero, 2017), también basada en la experiencia personal de su directora con su única hija acosada. Y con ambas películas prescribimos el hastag #TodosFrentealAcosoEscolar. 

jueves, 21 de enero de 2016

Suicidio por bullying: ¿Le importa a alguien?


Diego dejó una carta de despedida. No es secreta, puede leerse en la prensa generalista. Dice así:

""Papá, mamá, estos 11 años que llevo con vosotros han sido muy buenos y nunca los olvidaré como nunca os olvidaré a vosotros. Papá, tú me has enseñado a ser buena persona y a cumplir las promesas, además, has jugado muchísimo conmigo. Mamá, tú me has cuidado muchísimo y me has llevado a muchos sitios. Los dos sois increíbles pero juntos sois los mejores padres del mundo. Tata, tú has aguantado muchas cosas por mí y por papá, te estoy muy agradecido y te quiero mucho. Abuelo, tú siempre has sido muy generoso conmigo y te has preocupado por mí. Te quiero mucho. Lolo, tú me has ayudado mucho con mis deberes y me has tratado bien. Te deseo suerte para que puedas ver a Eli. Os digo esto porque yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor espero que algún día podáis odiarme un poquito menos. Os pido que no os separéis papá y mamá, sólo viéndoos juntos y felices yo seré feliz. Os echaré de menos y espero que un día podamos volver a vernos en el cielo. Bueno, me despido para siempre. Firmado Diego. Ah, una cosa, espero que encuentres trabajo muy pronto Tata. Diego González".

La carta es ya de por sí estremecedora. Un suicidio infantil más.

Mucho se habla de violencia de género, y con razón. Pero ¿quién protege a los niños? En la llamada "violencia de género" hay una legislación, un teléfono de ayuda... se han destinado tiempo y recursos para minimizar ese drama. Mi pregunta es: ¿Por qué no se establecen medidas semejantes para combatir activamente el acoso escolar, el maltrato entre iguales, el bullying en definitiva?

Porque nada se está haciendo. Rebuscando en la prensa leo que entre el 5-10% de los niños españoles sufre acoso escolar grave. Leo que, según datos de la OMS, "Cada año se suicidan en el mundo alrededor de 600 mil adolescentes entre los 14 y 28 años, cifra en la que, por lo menos la mitad, tiene alguna relación con bullying; siendo los países europeos, los más golpeados por este fenómeno, al contabilizar alrededor de 200 mil suicidios por año.". Leo que en 2013 se quitaron la vida en España nueve niños de edad comprendida entre 9 y 14 años, constatándose una alarmante tendencia creciente respecto a años previos. ¿Cuantos de estos suicidos tuvieron que ver con el acoso escolar?

Estamos ante una lacra social de primera magnitud. El bullying es una práctica común en colegios e institutos y no parece existir ninguna medida que defienda a estos niños y niñas. El motivo está claro: Al menos para mí: los niños no tienen voz propia, no tienen organización que les defienda y... y además los niños no vtan en las elecciones generales. A nuestros políticos el acoso escolar les importa menos que nada.

Escribo esta entrada desde el horror y la impotencia de la noticia del suicidio de este niño. Y desde el horror y la impotencia de quien tiene la seguridad que hechos similares van a seguir produciéndose en nuestro país. Para vergüenza y escarnio de nuestra sociedad y de quienes la dirigen.

viernes, 16 de mayo de 2014

¿De qué mueren nuestros adolescentes?



La valoración de la muerte durante los primeros años de la vida ha experimentado, con el transcurso del tiempo, un cambio radical. Si hace un siglo podía considerarse, en la era pre-antibiótica y con unas condiciones socio-económico-sanitarias mucho peores que las actuales, como algo "normal", en la actualidad se la considera una tragedia y con razón. Conforme las infecciones pudieron ser tratadas (antimicrobianos) o prevenidas (vacunación), otras causas de fallecimiento ocuparon los primeros lugares, especialmente los accidentes y los tumores.

La OMS acaba de hacer público un completo informe sobre la salud de los adolescentes en todo el mundo (de momento está solo disponible en inglés). Y sus conclusiones son muy preocupantes. De la extensa nota de prensa que la OMS ha publicado (en español) extraemos lo siguiente:
  • El informe se centra en adolescentes, entendiendo por tales la población comprendida entre los 10 y los 19 años de edad.
  • La depresión es la principal causa de enfermedad y discapacidad en este grupo de edad.
  • Las tres principales causas de mortalidad entre los adolescentes a nivel mundial son los traumatismos causados por el tránsito, el VIH/sida y el suicidio.
Estas tres causas de muerte son particularmente dolorosas por ser, en principio, evitables. La dimensión de la mortalidad por VIH, creciente en este informe, se debe a la falta de acceso a tratamientos adecuados en regiones del mundo de alta prevalencia de infección como es el caso de África. Y los suicidios ocupan un terrible tercer puesto en esta clasificación. Este hecho, más propio del primer mundo que del tercero, se asocia con la depresión como primera causa de discapacidad en adolescentes de todo el mundo.

La adolescencia debería ser una de las etapas más felices de nuestras vidas... pero en demasiadas ocasiones esto no es así. Ya en 2011 se constató que la mortalidad en adolescentes de 15 años era superior que en menores de diez años.  En los tres años que han transcurrido desde entonces la situación parece que no se ha modificado, salvo en un detalle: la irrupción del VIH/SIDA como segunda causa de merte.

Todos debemos tomar nota de estos datos. Los médicos que trabajamos en atención primaria sabemos que los adolescentes son, probablemente, el grupo de edad que menos consulta. No es cuestión de "perseguirlos", pero sí de - con estos datos de la OMS en la mano - elaborar programas de prevención específicamente dirigidos a ellos. Programas que deben trascender el ámbito exclusivamente sanitario para poder ser efectivos.


jueves, 20 de marzo de 2014

¿Qué hacen los países europeos para prevenir las lesiones intencionadas a los niños?




En este blog nos hemos ocupado repetidas veces de los accidentes infantiles en sus más diversas modalidades. Estos siguen siendo una de las principales causas de morbimortalidad pediátricas, y no nos hemos de olvidar de que, además de su máxima incidencia entre los 2 y 4 años de edad, han surgido nuevas formas, no ya de "accidentes" en su sentido más involuntario, sino de modalidades de agresión que han ido en aumento con el transcurso del tiempo. Me refiero a formas de autoagresión (aumento de la incidencia de casos de autolisis, consumados o bien en grado de tentativa) como de heteroagresión (bullying o acoso entre iguales). Por no hablar del consabido maltrato infantil, que siempre ha estado entre nosotros...

Abordar situaciones tan heterogéneas no es una tarea fácil ni mucho menos. Pero se han realizado esfuerzos en esta dirección. Así, podemos leer en la web de la AEPap que precisamente hoy, 20 de marzo de 2014, "la Alianza Europea para la Seguridad Infantil (ECSA) publicará un informe titulado Acción Nacional para Abordar las Lesiones Intencionadas a los Niños con el respaldo de Isabelle Durant, vicepresidenta del Parlamento Europeo y Bernard De Vos, presidente de la Red Europea de Defensores del Menor".

Y es que es necesario que todos los países de la Unión Europea aborden este problema de una forma conjunta. A todos nos afecta y de todos es la responsabilidad de ponerle coto, de afrontarlo y de minimizar sus consecuencias. El informe establece medidas basadas en la evidencia para combatir este conjunto de problemas que tienen como objetivo común luchas contra todas las formas de agresiones voluntarias que ya hemos referido: "El maltrato infantil, la violencia entre iguales y el suicidio o las autolesiones producen una gran carga a los niños afectados, a sus familias y, en muchos casos, dejan heridas físicas y psíquicas de larga duración que pueden afectar al niño durante el resto de su vida".

Bajo estas líneas podéis leer algunos detalles más específicos de este informe que hoy verá la luz.


sábado, 12 de octubre de 2013

Cine y Pediatría (196). "Las vírgenes suicidas", cuento de hadas sin final feliz


Sofía Coppola, como hija de Francis Ford Coppola, ha vivido una vida que ha transcurrido naturalmente ligada al cine. Probó la interpretación (de la que salió mal parada tras su papel en El padrino III, dirigida por su padre en 1990), pero luego decidió probar con la dirección. Aquí la fortuna le sonrió con una gran opera prima: Las Vírgenes suicidas (1999), basada en la novela homónima de uno de los más grandes escritores norteamericanos actuales, Jeffrey Eugenides: “The virgin suicides”, publicada en 1993. Después vendrían otras películas, algunas con éxito de crítica y taquilla (Lost in Translation, 2003; María Antonieta, 2006) y otras de menor éxito, pero no ajenas a cierto interés (como la recién estrenada The Bling Ring, comentada la semana pasada).

Pero hoy centraremos nuestras atención en Las vírgenes suicidas, este evocativo paseo por la memoria de estos adolescentes de mitad de los años 70 fascinados por la estimulante presencia de cinco rubias y guapas hermanas, recuerdo marcado por la mágica y trágica experiencia final.
A mediados de los años 70, en un barrio residencial de una ciudad americana vive en perfecta armonía la familia Lisbon. Las cinco hermosas hermanas, entre 12 y 17 años, son el secreto objeto de deseo de los chicos, que suspiran por ellas cada vez que ven sus rubias melenas al viento. Son Cecilia, Bonnie, Mary, Therese y Lux (genial Kirsten Dunst que se ganaría aquí las simpatías de Coppola para la posterior María Antonieta), quienes viven condicionadas por un ambiente represivo, que termina conduciendo a la pequeña Cecilia a un intento de suicidio. El psicólogo de Cecilia le recomienda a los padres (el señor Lisbon -James Woods-, profesor de matemáticas algo apocado y la señora Lisbon -Kathleen Turner-, ama de casa beata y fanática religiosa), mayor actividad social con chicos del sexo opuesto. En una de sus primeras escenas el doctor visita a Cecilia, después de su primer intento de suicidio, y le pregunta: “¿Qué haces aquí, guapa? Si todavía no tienes edad para saber lo mala que es la vida...”; entonces la respuesta de la niña no se hace esperar. “Está muy claro, doctor, que usted nunca ha sido una niña de 13 años”.
Finalmente Cecilia realizará un exitoso suicido. La familia siente la pérdida de la niña y, cuando por fin están volviendo a la normalidad, es tiempo del baile de graduación: allí todas las hermanas irán con sus parejas, pero Lux se atreve a tener relaciones sexuales con el galán de la escuela. Debido a esto, las cuatro chicas son encerradas permanentemente dentro de la casa como castigo. Las hermanas Lisbon comienzan a hablar con sus vecinos usando clave morse y les dejan notas en determinados lugares.

Es Las vírgenes suicidas una valiosa ópera prima en muchos aspectos: la sensacional banda sonora (compuesta por Air y complementada por temas importantes de la época, interpretados, entre otros, por Todd Rundgren, los Hollies o Gilbert O´Sullivan), la poética e hipnótica atmósfera que acompaña al recuerdo (y que recuerda, a veces, la fotografía de David Hamilton), la recreación de la época y la construcción de un cuento de hadas sobre recuerdos adolescentes protagonizado por un quinteto de ángeles encerrados en una represiva y protectora fortaleza, adorados por multitud de admiradores que sólo conseguirán retornar a su luminoso paraíso por medio del camino más sencillo: la senda de la muerte. Y en la que Sofia Coppola establece una percepción crítica sobre la importancia de la educación ambiental para el buen funcionamiento emocional y evolutivo del joven en el tránsito a la etapa madura de su vida, al dibujar esa cárcel psicológica en tonos pastel y llena de juguetes que simbolizan su sentencia, la imposibilidad de madurar libremente. Y donde el suicidio parece ser la única escapatoria a un estilo de vida impuesto por una sociedad hipócrita y ultraconservadora, protagonistas de ese sueño americano que así lo exige, aunque sea un imposible.
Por último, los chicos que las admiran quisieron ser sus príncipes y, ciegos en su propio deseo, no se percataron de la desesperación de unas chicas a las que, en realidad, nunca conocieron. Pero detrás de la fascinación por unas hermosas niñas convertidas en mitos, se esconden la frustración y desilusión con sus vidas actuales. No es perfecta esta película, pero es una pequeña joya de obligada visión que recuerda a Picnic at Hanging Rock (Peter Weir, 1975).

La historia es trágica pero no así su tratamiento, que la convierte en un postmoderno cuento de hadas con princesas atrapadas en torres, brujas, príncipes encantados, caballeros andantes y ningún final feliz. Y para ello, Sofia Coppola construye planos muy estudiados que conforman verdaderas composiciones artísticas de todos los estilos, desde renacentistas hasta contemporáneos. La película de Sofía Coppola habla de esa eterna disociación entre la realidad y el deseo que no ha dejado de torturar a los hombres, y que es sin duda el descubrimiento más doloroso a que se tienen que enfrentar los adolescentes en su tránsito hacia la edad adulta: porque todos deben aceptar que esa vida a la que se encaminan es demasiado estrecha para albergar los anhelos que albergan en su interior.

Podemos decir que Las vírgenes suicidas (la novela y la película), más allá de la alegoría de la sociedad estadounidense de todos los tiempos o más que la búsqueda (inútil por otra parte) de una explicación de la muerte, lo que la vuelve inquietante es la atmósfera llena de gases venenosos, represión y claustrofobia que nos hace ubicar, de manera bastante aproximada, las tragedias del alma. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la película indaga en el lado más oscuro de la familia americana convencional, lo que parece haberse puesto de moda en el nuevo cine norteamericano con películas como American Beauty (Sam Mendes, 1999) o Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999).

Y quedan algunas frases en la mente de aquéllos adolescentes, y que aún las recuerdan: “Empezamos a enterarnos de su vida llegando a recordar cosas que no habíamos vivido. Supimos lo que era ser una chica y cómo el serlo te hacía soñar y saber qué colores combinaban bien. Supimos que las chicas eran mujeres disfrazadas que entendían el amor e incluso la muerte y que nuestro trabajo era hacer el ruido que las fascinaba. Lo sabían todo sobre nosotros y nosotros nada sobre ellas...”

 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Antes y después del suicidio



El pasado día 10 de septiembre se celebró el Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

Se trata, qué duda cabe, de una realidad incómoda. Pero que ahí está. Hace ya tiempo que el suicidio tomó la delantera a los accidentes de tráfico como tercera causa de muerte en España. Según es Instituto Nacional de Estadística, en 2011 murieron por suicidio 3180 personas. De ellas, 47 tenían menos de 20 años.

Si el suicidio es de por sí una tragedia, el suicidio infantojuvenil se antoja difícilmente comprensible. No es un suceso frecuente pero es imprescindible conocer qué factores pueden influir a que algunos adolescentes se vean abocados tan trágica decisión. La Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y en la Adolescencia nos ofrece una tabla con los principales factores de riesgo que los pediatras debemos tener en cuenta.

 
Principales factores de riesgo de suicidio from Cristobal Buñuel

Un documental de próxima comercialización trata el tema de los supervivientes. De aquellas personas, familiares y amigos de la persona que ha puesto fin a su vida y de los sentimientos que albergan. Vergüenza, culpabilidad, rabia... Emociones todas ellas que deben ser abordadas con prontitud. El documental tiene por título "Supervivientes".



No podemos permanecer ciegos ante las señales... El acoso escolar es uno de los factores que predisponen al suicidio adolescente. Amanda Todd era una chica de 15 años que, antes de suicidarse, le contó al mundo entero vía Youtube su infierno personal. Que a todos nos sirva de aviso y de reflexión.

lunes, 22 de octubre de 2012

Otra terrible historia de acoso de una adolescente


"Humillada en la Red, humillada en la calle" es la historia de una niña canadiense de 15 años que se suicidó tras sufrir durante tres años un acoso que le destrozó la vida. La historia se puede leer en la prensa. Es sobrecogedora. A los doce años cuelga unas fotos mostrando sus pechos a instancias de su verdugo. Y desde entonces vive en un mundo de amenazas cumplidas, que le destrozan la vida. Un mes antes de suicidarse, graba un video de su calvario, que su familia quiere que siga en la red para que sirva de testimonio.
El acoso puede ser demoledor para quien lo sufre. En Evidencias en Pediatría se ha tratado el tema del acoso. Hay numerosos estudios. Entre ellos podemos leer que "Los escolares acosados tienen más riesgo de autolesionarse en la adolescencia" y que "Los adolescentes que sufren acoso escolar tienen más ideas suicidas". En este blog tambien se ha tratado en Acoso escolar: todos podemos ayudar.
Las nuevas tecnologías añaden nuevas formas de acoso. El ciberacoso o cyberbullying cuando un menor acosa a otro haciendo uso de las nuevas tecnologías. El grooming en el que el acoso tambien es con las nuevas tecnologías, pero el que acosa es un adulto y la víctima un menor. Son acciones realizadas para establecer, de forma deliberada, una relación y control emocional sobre un menor, con el fin de preparar el terreno para el abuso sexual.
Y para prevenirlo hay consejos para los menores que incluyen ser cuidadoso con los datos personales que se publican, no agregar a desconocidos y  tener especial cuidado al colgar contenidos en Internet.
Y por supuesto consejos para los padres, que son los verdaderos responsables. Incluyen que deben involucrarse en el uso que sus hijos hacen de Internet, establecer un horario, inculcarles el uso responsable. Pero el más importante de todos:   Los ordenadores con webcam y acceso a Internet deben estar en zonas comunes de la casa.
Hacerlo de otra manera es exponer a una persona inmadura, una niña, a que sortee riesgos para los que no está preparada.¿Quien dejaría a su hija de 12 o 14 años a solas en casa con un adulto desconocido?

Nunca más un niño acosado que se suicida ante el dolor de lo inevitable. Y como no podemos evitar que haya maltratadores y personas sin escrúpulos, pues podemos y debemos de proteger a nuestros niños y niñas.


martes, 19 de julio de 2011

Prevención y tratamiento de la conducta suicida: por fin disponemos de una guía de práctica clínica


En este blog hemos hablado mucho sobre el suicidio. Muchas entradas han tratado el tema, de forma directa o indirecta. En marzo de 2010 escribíamos que la mortalidad por suicidio aumentaba en España. Ha desbancado a los accidentes de tráfico como tercera causa de mortalidad después de las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Y es ya la primera causa de muerte violenta.

Es cierto que los accidentes de tráfico han disminuido, pero también lo es que la cifra absoluta de suicidios sigue creciendo. Hace pocos días podíamos leer en la prensa general que "la crisis dispara en un 8% los suicidios en España".

El suicidio es en España un problema de salud pública de primera magnitud. Ha merecido por ello la realización de una guía de práctica clínica (GPC) que forma parte del Programa de GPC en el Sistema Nacional de Salud. Ha sido desarrollada por la Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitarias de Galicia (avalia-t).

El nombre de la GPC es: "Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. Suicida. I. Evaluación y Tratamiento".

Como podemos ver por el título estamos ante el "volumen I" de esta GPC, así que es de esperar otros volúmenes que aborden otros aspectos del suicido.

De momento sólo contamos con la versión completa en pdf, sin desglosar en "versión reducida" y "versión para pacientes" aunque es de esperar que en los próximos meses estén disponibles en el portal de Guiasalud.

Instrumentos como esta GPC son fundamentales para lograr un abordaje adecuado de este gravísimo problema de salud que azota a nuestra sociedad (y a todas las sociedades occidentales). Ahora lo que toca es conocer la existencia del documento e implementar sus recomendaciones. Algo que nos parece urgente.

viernes, 1 de abril de 2011

Aumento mundial de la mortalidad en adolescentes


La noticia es así, tal cual. Un reciente estudio publicado en Lancet ha puesto de manifiesto que la mortalidad en el segmento de edad comprendido entre 15 y 24 años es superior al que tiene lugar en menores de esa edad.

Dato sorprendente y preocupante. Es cierto que el progreso en el control de las enfermedades infecciosas por medio de campañas de vacunación y por el desarollo de tratamientos eficaces puede influir en el descenso de la mortalidad en los primeros años de vida. Pero ello no puede ocultar el incremento de la mortalidad en niños más mayores y adolescentes.

Las causas, resumiendo mucho, son tres: accidentes, violencia y suicidios. Tres causas de mortalidad prevenible.

En la web de la BBC en español amplían la noticia: "Según el estudio, ésta es la primera vez en 50 años que se observa una reversión en los patrones históricos de mortalidad.

"Las tasas de muerte en los jóvenes de 15 años ahora son más altas que en los menores de 10 años en países de altos, medianos y bajos ingresos", dicen los autores.

"En particular, los índices de mortalidad de varones de 15 años son ahora dos o tres veces más altas que las de niños varones menores de 10 años".

"La mayoría de los fallecimientos ahora son causados por lesiones".

Los investigadores utilizaron las bases de datos de la Organización Mundial de la Salud para analizar las tasas de mortalidad en 50 países entre 1995 y 2004.
".

"La muerte de niños de entre uno y nueve años ha caído en casi 90%, principalmente -dicen los autores- debido a la disminución de la mortalidad causada por las enfermedades infecciosas como diarrea y neumonía.

Pero mientras esos fallecimientos han disminuido, las tasas de mortalidad no se han reducido entre adolescentes y jóvenes.

Las muertes violentas están en aumento tanto en jóvenes hombres como mujeres, y las tasas de suicidios también se han incrementado entre estos grupos.

"Los resultados muestran que la violencia y el suicidio se han convertido en causas clave de muerte en los jóvenes, y son responsables de entre 25% y 35% de los fallecimientos en este grupo de edad en todas las regiones estudiadas", dicen los autores.

Estos niños y jóvenes, agregan, tienen ahora dos o tres más probabilidades de morir prematuramente que los niños de entre uno y cuatro años.

Tal como explica el doctor Russell Viner, de la Universidad de Londres, quien dirigió el estudio, "la vida moderna es mucho más nociva para los adolescentes y los jóvenes".

"Hemos visto aumentos en los accidentes de tráfico, incrementos en la violencia y en las tasas de suicidio, con índices que no habíamos visto antes con niños pequeños".

"Los años de la adolescencia solían ser la época más sana de nuestra vida. Pero ya no es así", agrega.
".

A partir de ahora las políticas de salud dirigidas a la disminuir la mortalidad evitable mundial deben tener en cuenta muy seriamente estos nuevos y preocupantes datos. La adolescencia, como dice uno de los autores del estudio, "ha dejado de ser la época más sana de nuestra vida". Trabajo para la OMS y para los ministerios de sanidad de los países de todo el mundo: actuar sobre el segmento de edad de 15 a 24 años con el fin de intentar revertir esta preocupante tendencia.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Suicidio adolescente: conociendo al enemigo

Parece que el BuscaGuías que colocamos hace unos días funciona. Lo he utilizado para buscar guías sobre prevención del suicidio, tema que tratamos hace varias entradas.

Y en Nueva Zelanda hemos encontrado una guía sobre el tema. La referencia es:

Ministry of Education and the National Advisory Committee on Health and Disability (National Health Committee). Young people at risk of suicide. A guide for schools. 2001.

Aunque data de 2001, mucha de la información que este documento nos proporciona es poco probable que haya sufrido modificaciones. En concreto, se señalan algunos signos de alerta que pueden ser observados en la escuela y que deben poner sobre aviso a profesores y compañeros/as de clase:

1.- Disminución inesperada del rendimiento académico.
2.- Ideas y temas de conversación sobre depresión, muerte y suicidio.
3.- Cambio en el estado de ánimo.
4.- Dolor por una pérdida significativa: por desintegración familiar o muerte o suicidio de un familiar, o muerte o sucidio de un amigo, o muerte o suicidio de pareja sentimental.
5.- Disminución de las relaciones sociales.
6.- Síntomas físicos de causa emocional.
7.- Conductas de alto riesgo: consumo incrementado de alcohol y drogas

Más abajo se indica que "la importancia de los factores de riesgo mencionados puede acentuarse en jóvenes que carecen del calor de los padres; por ejemplo, sus padres parecen no afectados, no ofrecen apoyo y niegan los problemas del estudiante. Aparecen enojados, se sienten amenazados, mostrnado una actitud defensiva, o bien existen pruebas de una historia prolongada de problemas en el hogar, como maltrato físico o abuso sexual".

Un informe de la Academia Americana de Pediatría, del año 2000, identificaba una serie de factores de riesgo: "Existen factores de riesgo específicos. Los adolescentes de alto riesgo suelen tener un historial de depresión, intentos de suicidio previos, antecedentes familiares de trastornos psiquiátricos (especialmente depresión y conducta suicida), desorganización familiar, y ciertos trastornos físicos crónicos o debilitantes o psiquiátricos. El consumo de alcohol y el alcoholismo son indicadores de elevado riesgo de suicidio. El consumo de alcohol se ha asociado con el 50% de suicidios. Vivir fuera de casa (en una institución correccional) y una historia de abuso físico o sexual son factores adicionales que aparecen con mayor frecuencia en adolescentes que presentan conducta suicida. Otros problemas psicosociales y de estrés, como conflictos con los padres, ruptura de una relación, dificultades o el fracaso escolar, dificultades de orden jurídico, el aislamiento social, y dolencias físicas (incluyendo la preocupación hipocondríaca), se presentan de forma común o son observados en jóvenes que intentan suicidarse. Estos factores desencadenantes son a menudo citados por los jóvenes como razones para intentar el suicidio. Se ha constatado que los adolescentes homosexuales y bisexuales presentan altas tasas de depresión y un riesgo de ideación suicida e intentos autolíticos 3 veces superior que otros adolescentes. Los estudios en gemelos muestran que los gemelos monocigóticos muestran concordancia significativamente mayor de suicidio que los dicigóticos".

Como puede comprobarse, el problema no es nada sencillo. Muchos de los factores de riesgo mencionados, como el uso-abuso de alcohol o drogas, o la desintegración del núcleo familiar, tienen una prevalencia altísima en las sociedades occidentales. Qué decir del fracaso escolar que, además de ser un factor independiente, puede ser también causa o consecuencia de otros factores. En España, hasta el 30,8% de los adolescentes (muy especialmente varones) presentaron fracaso escolar en 2006. Lo que parece claro es que estamos ante un problema que va mucho más allá del ámbito estrictamente sanitario.