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miércoles, 3 de enero de 2018

La multiculturalidad y el apoyo a madres inmigrantes y familias


La MULTICULTURALIDAD es una realidad. Hoy las sociedades occidentales se caracterizan, sobre todo, por la pluralidad de todo tipo: cultural, étnica, religiosa, ética, lingüística, etc. Y en estas sociedads cada vez más multiculturales garantizar los derechos (también los de salud) se convierte en una cuestión que afecta de una manera transversal a todas las políticas. Porque el pilar fundamental de la sociedad multicultural es la justicia social. 

Algunos hechos debemos tener presente: 
- Los profesionales de la salud necesitamos formación en diversidad cultural porque trabajamos día a día con personas de otros contextos sociales y culturales. 
- El proceso migratorio actúa como factor de estrés y pone en riesgo el capital de salud de la mayoría de las personas inmigradas. 
- La construcción de una sociedad más justa e inclusiva pasa por enfatizar la humanización de los servicios sanitarios. 

Y con estas premisas previas, conocimos hace poco ASTI-Alicante, el programa de apoyo a madres inmigrantes y sus familias, una organización que trabaja desde hace muchos años con nuestro hospital. Hace un par de semanas nos presentaron en el Servicio de Pediatría todos sus servicios gratuitos de apoyo: 1) Atenciòn jurídica, 2) Orientación y apoyo social; 3) Grupos de mamás y bebés; y 4) Vivienda de respiro para madres extranjeras y sus familias en situación de vulnerabilidad. 

E integramos su trabajo en nuestro Hospital General Universitario de Alicante, pues somos el hospital de referencia de la cuarta provincia en población de España, pero una población con estas características para entender la multiculturalidad: 
- En España 1 de cada 10 personas es de nacionalidad extranjera, en total más de 4,6 millones de personas. La Comunidad Valenciana es la tercera Comunidad con más población extranjera en España, con un 13,6% del total y que representa más de 670.000 personas. Y de ellas Alicante es la que tiene mayor porcentaje de población con otra nacionalidad, un 18,7%, lo que la convierte en la tercera provincia de España, por detrás de Madrid y Barcelona. 
- En la provincia de Alicante hay registradas un total de 118 nacionalidades. La mitad de estas personas son, en este orden, de Reino Unido, Marruecos, Rumanía, Alemania y Rusia. Dos de cada tres extranjeros en la provincia de Alicante son de origen europeo. 
- Más del 60% de la población extranjera viene en 12 localidades de las 141 que hay en la provincia de Alicante. De hecho, un tercio de las personas extranjeras son vecinas de estas cuatro ciudades: Alicante, Torrevieja, Orihuela y Elche. Pero en algunos pueblos como Llíber y Rojales representan más del 70% del total de vecinos. 
- Respecto a la edad de esta población, más del 12% correponden a población infantil entre 0 y 14 años. Si bien la franja de edad más numerosa de esta población extranjera es la de 35 a 39 años con el 21% y los mayores de 65 años con el 22%. Cuando las cifras se trasladan a las aulas, se confirma que el 13% del total de alumnos en las escuelas es de nacionalidad extranjera. 
- Para la obtención de la nacionalidad se requieren 10 años de residencia legal y dos en el caso de países iberoamericanos, Andorra, Guinea Ecuatorial, Portugal o sefardíes. De ahí que tres países (Marruecos, Colombia y Ecuador) acaparen más de la mitad de los nuevos españoles nacionalizados. 

La multiculturalidad ha sido creada por la diversidad cultural en el mundo. Sin embargo, con ella ha traído problemas como la exclusión y discriminación racial y social.  A pesar de las leyes y organizaciones que defienden la multiculturalidad, siempre han existido graves problemas como la discriminación social, la exclusión, el racismo y la xenofobia que es el rechazo de diferentes culturas. Estos grandes problemas, se encuentran alrededor de todo el mundo, pero se hacen más visibles en las grandes potencias con la entrada de personas de diferentes países o continentes.

La discriminación y el racismo, se han convertido en monstruos que aquejan y lastiman al planeta y sus habitantes, llegando incluso a la violencia no sólo moral sino también física. Nelson Mandela; ganador del Premio Nobel de la Paz, alguna vez dijo: "Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar, el amor llega más naturalmente al corazón humano que su contrario." 

Sirva la foto que inicia este post para recordarlo, una icónica foto de 1936 de Dorothea Lange, "La Madre migrante", una de las fotos más conocidas del siglo XX, y que sirve para situarnos en materia. Una imagen que hay que revisar en su contexto histórico y su utilización, pero, también, con su indudable calidad artística. En cuanto a composición y contenido, la imagen es paralela a la de las Vírgenes renacentista: sólo que ahora la Virgen es sustituida por una madre sufriente con tres niños. Y están a nuestro lado...

Por todo ello, damos la bienvenida a ASTI-Alicante y a cualquier organización que luche en pro de la multiculturalidad, también en sanidad. Y comenzamos el año en el blog con este post de concienciación. 

jueves, 20 de octubre de 2016

Escuela-Taller de Padres y Madres


Afortunadamente, ya (casi) no hace falta defender la necesidad del amamantamiento prioritario, el ingreso conjunto de niños y madres o la visita abierta de la familia a los pacientes pediátricos. Pero hemos ido asistiendo a un sesgo gradual en el perfil de las iniciativas preventivas asociadas con la Pediatría, particularmente neonatal. Porque todos apostamos la humanización de los cuidados sanitarios. 

Dada la creciente y elogiable dedicación de la Enfermería Profesional a la promoción de la salud, los “Cursos de preparación maternal” han sido prácticamente liderados por matronas excelentemente preparadas en su ámbito, lo que ha tenido más de una consecuencia positiva en lo que hace a la cercanía y participación comunitaria. Pero este énfasis encomiable para preparar el nacimiento con el mejor apoyo profesional se encuentra con la obvia realidad, que luego del nacimiento hay un niño o niña, un bebé con una madre y una familia, con dificultades prospectivas, inquietudes, temores o expectativas, y que no todas, y probablemente ni siquiera la mayoría, son abarcables en el contexto del embarazo o del parto. 

Se trata de deshacer malentendidos y proveer de lo que en literatura anglosajona se conoce como “anticipatory guidance”, lo que no consiste como se pudiera suponer en repartir octavillas o hacer exhortaciones saludables, sino en justipreciar la importancia de los problemas potenciales evitando tanto su ignorancia como su sobreestimación (tan negativas la una como la otra). 

Con este sentido, y con el apoyo y experiencia de nuestro compañero pediatra, el Dr. Carlos Loeda, hemos inaugurado nuestra ESCUELA-TALLER PARA PADRES Y MADRES y con los siguientes objetivos: 

- Objetivos generales: incrementar nuestra Cartera de Servicio en el ámbito de la Perinatología-Neonatología y proporcionar un continuum de atención al recién nacido y su familia, dentro y fuera del hospital. Y así, sumar a la Educación preparto que se hace a las embarazadas y al Cuidado Centrado en la Familia y en el Desarrollo que se establece en el hospital (tanto en Maternidad como en la UCI Neonatal), este programa de Escuela-Taller de Padres tras el nacimiento y alta hospitalaria. 

- Objetivos específicos: 
 • Dialogar con los padres sobre los temas e inquietudes más comunes tras el alta hospitalaria, tanto si el recién nacido ha sido sano (estancia en Maternidad) como si ha tenido algún problema (estancia en Neonatología), pero también en Lactantes y otras edades. 
• Promover el diálogo y el intercambio de ideas entre familias y sanitarios para que puedan ponerse en común los conceptos más productivos. 
• Contrarrestar con rigor y seriedad, el “diluvio” de información indocumentada, arbitraria, inoportuna o pseudo-científica al que están sometidas las familias en la sociedad moderna, por el efecto de desorientación y ansiedad por la búsqueda de respuestas alternativas que produce en los padres. Y proveerles de un ámbito donde explorar sus dudas, cotejarlas con otras familias en situación similar, y dar respuesta a dichas dudas. 

En el archivo adjunto comentamos los pormenores (Antecedentes, Justificación, Metodología de trabajo y desarrollo) de este proyecto que ahora se inicia, que no es nuevo, pero si necesario. Y viene a cubrir un hueco en el que es bueno que el pediatra tome un lugar activo en normalizar la infancia, la crianza y el desarrollo. 

Porque Ana María Matute ya nos regaló este pensamiento: "A veces la infancia es más larga que la vida" Y, por fortuna, los pediatras lo vivimos día a día... y tenemos la obligación de velar por ello.
 

sábado, 21 de marzo de 2015

Cine y Pediatría (271). L´enfant terrible Xavier Dolan (2): "Mommy"


Xavier Dolan, este fenónemo canadiense que ha dado el cine, sigue fiel a los temas de sus películas (la adolescencia y la incomprensión, la búsqueda de identidad y la soledad, y la relación con las madres) y a su estilo (películas contundentes que colisionan con el espectador como un puñetazo en el estómago). Así lo hizo ya en su ópera prima, Yo maté a mi madre (comentada la semana pasada), y así sigue haciéndolo con su última película, Mommy (2014), motivo de la entrada de hoy. 

Hay un indudable paralelismo entre la primera y la última película de Dolan: en ambas se narra una complicada relación madre-hijo con un tercer personaje como tabla de salvación, como vía de escape y único soplo de aire fresco en la tórpida relación materno-filial. Pero mientras que en Yo maté a mi madre buscaba, de alguna manera, castigar a su propia madre, en Mommy narra una relación madre-hijo complicada, pero de amor incondicional, de ese “te voy a seguir queriendo aunque intentes matarme”. Y en ambas se confirma que Dolan es de actores fijos: Anne Dorval hace de madre en las dos películas, dos madres radicalmente diferentes que interpreta con igual talento; Suzanne Clément también tiene un papel similar en las dos películas, pues en Yo maté a mi madre es la profesora del hijo (Hubert, interpretado por el propio Xavier Dolan), y en Mommy, una vecina que traba una intensa amistad con la madre y el hijo (Steve, Antoine-Olivier Pilon, alter ego de Xavier Dolan, y sorprendente en su papel de hijo problemático). 

“En un Canadá ficticio llega un nuevo gobierno durante las elecciones federales de 2015. Dos meses después, se aprueba la ley S-18, con vistas a solventar la política sanitaria canadiense. Concretamente, la polémica ley S-14 estipula que los padres de hijos con problemas de conducta en una situación de apuro económico, peligro físico o psíquico, tienen el derecho legal y moral de confiar a sus hijos a un hospital público, sin un proceso judicial. Esta es la historia de Diane “Die” Després, una mujer cuyo destino parece estrechamente ligado a este asunto”. 
Con este prólogo comienza Mommy, donde se nos narra la compleja relación de Diane, una madre viuda, quien intenta volver a encargarse de la educación de su hijo adolescente Steve, tras su expulsión de un centro correccional, en donde ha permanecido ingresado debido a su especial patología psiquiátrica (entre la psicosis y la hiperactividad, con un marcado trastorno oposicionista-desafiante y explosiones de violencia incontrolable), pero donde ya no pueden con él. “La peor cosa que puede hacerle a su hijo es dejar que se crea invencible. Amar a una persona no la salva. El amor aquí no cuenta. Por desgracia”, le dice la cuidadora del correccional a la madre. 
Su salida a la vida real e intentar una vida normal no es fácil para Diane y Steve. Lo intentan, pero los brotes de ira de Steve complican su integración social. No es de extrañar que suene la canción de Dido, “Whyte Flag”, pues realmente es para sacar la bandera blanca y pedir la rendición a veces, con hijos así. Pero cuando parecía que todo estaba perdido, un soplo de esperanza llega al conocer a su misteriosa nueva vecina Kyla: una mujer que se integra ella misma en la vida de la madre y su hijo, propocionando a la madre y al hijo el apoyo que anhelaban. 

Queremos destacar dos recursos en Mommy dignos de comentar: el plano de la imagen y el uso de la música. 
- El plano de la imagen: en esta película el plano es cuadrado, más cercano a una fotografía de Instagram que a la pantalla de cine. Una imagen que ocupa menos de la mitad de la pantalla (y que uno piensa al principio que es un error del proyeccionista), un plano que pasa a ser centrípeto, opresivo, para expresar el caos y el dolor de la realidad. Y que Dolan ensancha el cuadro a pantalla completa en los pocos momentos de alegría, esa vida feliz y soñada. Es así como la cámara tiene psicología propia y nos acompaña en los controvertidos sentimientos que emana la relación de esos dos personajes que hablan y gritan en un francés estridente y poco inteligible, y lo hacen como una explosión tanto estética como emocional. 
- El uso de la música: porque mientras en la mayoría de las películas la música suele convertirse en protagonista invisible, cuando no en leit-motiv, en Mommy es protagonista principal, donde la música no se insinúa, sino que las canciones suenan en toda su amplitud y dimensión. Y además es una B.S.O. espectacular, con 15 canciones de artistas actuales y que van desde Dido a Ludovico Einaudi, pasando por Beck, Céline Dion, Counting Crows, Craig Armstrong, Eiffel 6S, Elle Goulding, Oasis, One Republic, Sarah McLachlan, Simple Plan o la gran Lana del Rey. Canciones míticas para escenas clave. 

Una relación triangular complicada sin figura paterna. Y la afirmación de la madre a su hijo: “¿Sabes cuál es mi único problema? Tu, Steve. Sin trabajo, por tu culpa. Sin dinero. Sin vida. Pastillas, fianzas, internados. ¡Y ahora, una querella! ¿Alguna vez voy a poder descansar?...” Afirmaciones duras, como duras son muchas escenas, como dura es la relación de Diane y Steve: la del taxi, la del karaoke, la del supermercado y, especialmente, la reentrada en el centro psiquiátrico. Y el subyacente complejo de Edipo de Steve planeando, y la declaración de su madre: “Lo que va a pasar es que cada vez te querré más. Y serás tú quien me quieras cada vez menos… Es ley de vida”. 

Xavier Dolan no es el primero, ni será el último, en escribir sobre las relaciones maternofiliales: lo hizo Hitchcock, especialmente en Psicosis (1960), porque, no en vano, se dice que el propio Hitchcock tenía una obsesión con su madre, hasta el Edipo reprimido de Woody Allen en Historias de Nueva York (1989), un tema con el que cualquiera ha podido verse identificado de alguna manera u otra en algún momento de su vida. 

La simplicidad nunca ha sido el fuerte de Xavier Dolan, más dado a llevar el gusto por la estética al extremo y a relatar historias en torno a sentimientos desbocados. Mommy es una película intensa y extensa (139 minutos de metraje), que hay que digerir bien. Pero si se digiere, produce grandes emociones y grandes reflexiones. Así lo entendieron en Cannes (Premio del Jurado 2014) y en su propio país (donde fue seleccionada el pasado año para los Oscar como Mejor película extranjera). 

Y nos quedamos con la escapada final de Steve, mientras la canción “Born to die” de Lana del Rey suena en los créditos finales. Porque así es Mommy, una relación en la que se vive y se muere, un amor entre una madre y un hijo que puede llegar a ser imposible. 

Esta es la peculiar visión del controvertido Xavier Dolan (o lo amas o lo odias, pero nunca dejará indiferente) sobre las especiales relaciones entre madres e hijos adolescentes.

 

sábado, 14 de marzo de 2015

Cine y Pediatría (270). L´enfant terrible, Xavier Dolan (1): "Yo maté a mi madre"


El cine que proviene de Canadá siempre es bienvenido en “Cine y Pediatría”, pues suele reflejar valores de una cultura muy madura. Hoy viene a nuestras páginas Xavier Dolan, un joven que plantea películas incómodas que nos enfrenta a realidades que nos duelen (y preferimos no mirar) y que le han valido el conocido apelativo de “enfant terrible”, como mucho otros artistas que ha dado el cine y otras artes a lo largo de la historia. 

Y hoy presentamos su ópera prima: Yo maté a mi madre. Xavier Dolan la escribió con 16 años, la dirigió, produjo e interpretó con 19 y la presentó en Cannes con 20. Ahora que tiene 26 y ya con cinco películas en su filmografía: tras Yo maté a mi madre vinieron Los amores imaginarios (2010), Laurence Anyways (2012), Tom à la Ferme (2013) y la recientemente estrenada Mommy (2014), de la que hablaremos la semana que viene. En todas sus obras Dolan crea con el espectador una colisión, películas que son como un puñetazo en el estómago. Dolan se ha dicho que es una extraña mezcla entre Sigmund Freud y Charles Bukowski llevada a la gran pantalla como el mejor John Cassavettes que recordamos. 

El largometraje arranca con una cita del escritor francés Guy de Maupassant que dice: “Amamos a nuestras madres casi sin saberlo, y sólo nos damos cuenta de lo arraigado que es ese amor en la separación última”. Y luego un monólogo del protagonista: “Yo no sé lo que pasó. Cuando era pequeño nos queríamos. Todavía la quiero. Puedo mirarla, decirle hola, estar a su lado. Pero… No puedo ser su hijo. Podría ser el hijo de cualquiera. Pero no el suyo”. 
De esta manera nos plantea, de una manera tan simple como eficaz, el punto de partida de un demoledor retrato de una turbulenta relación entre el adolescente de 16 años, Hubert Minel (Xavier Dolan) y su madre Chantale (Anne Dorval), un tour de forcé a dos de una familia de dos (los padres están separados y no tiene hermanos), con la aparición esporádica de personajes de su entorno. Hubert odia a su madre, pero no como todos los adolescentes odian un poco a sus madres, sino de un modo visceral e insoportable: no soporta su manera de comer, de vestir, de decorar la casa, de tratarle. Él es un adolescente un poco complicado e irascible, con una compleja vida interior que exterioriza en su vena artística y en su incipiente homosexualidad que no exterioriza a su madre. El motor de la tensión interna de la pareja protagonista no es otro que el de la incomunicación social. 

Es un ópera prima arriesgada y valiente, pero que descansa sobre un buen guión con diálogos (o monólogos) muy verosímiles, honestos y brutales en algunos momentos, y un duelo actoral de gran tensión. Algunos de estos monólogos proceden de imágenes de primer plano de Hubert en blanco y negro, mientras se graba cámara en mano: 
“Ella no quería tenerme. Soy una carga para ella. No está hecha para ser madre. Se casó y tuvo un hijo porque… eso es lo que todos esperaban de ella. De hecho, eso es lo que se espera de las mujeres. Bueno, casi todo el mundo”. 
“Deberíamos ser capaces de suicidarnos. En nuestras cabezas. Y luego renacer, Para poder hablar, mirarnos los unos a los otros, estar juntos. Como si nunca nos hubiéramos conocido antes. Si mi madre y yo nos conociéramos, seguro que nos llevaríamos bien”.
“Cuando lo digo, lo digo en serio. Es verdad, la quiero. Pero no es amor de hijo. Es extraño… si alguien le hiciera daño, querría matarle. Le mataría. Sin embargo, se me ocurren 100 personas a las que quiero más que a mi madre. Es bastante irónico…tener una madre a la que no eres capaz de querer, pero eres incapaz de no quererla”. 
“Cuando era pequeño mi madre y yo éramos amigos. Sus compañeros de trabajo le dijeron que estaba muy mimado, y que me merecía un cachete. Como esas señoras que dicen: es peculiar. Como me fastidia. Cuando la gente dice “peculiar” es porque les falta inteligencia para entender “diferente”. 
“Igual no mucho más, igual se han olvidado. No lo sé. Pero me da igual. Lo han hecho”. 

Película escasa de medios, pero brillante en la resolución de su puesta en escena, que en algunos momentos roza la teatralidad, para mostrarnos esta relación disfuncional que roza el maltrato inverso de un hijo a su madre, un hijo en ocasiones grosero, soez, brutal, violento…al que le cuesta más decir te quiero, que te odio, aunque en una ocasión llega a declarar a su madre: “Te amo. Te lo digo para que no se te olvide”. Pero también es capaz de lanzarle estos proyectiles dialécticos: “Cuando intento imaginar cómo es la peor madre del mundo, no se me ocurre nadie peor que tú” o “¿Nunca te has preguntado por qué no tienes marido?”…¿El propósito de tu vida es que seamos enemigos?”. Porque hay maltratos inversos, demasiados e intolerables, como no hay duda de que consideramos intolerante el maltrato de hijos. 

“La madre de un hijo nunca será su amiga (Cocteau)”, refiere esta sentencia la profesora a su alumno Hubert en referencia a las relaciones padres-hijos. Y él responde: “Honrarás a tu padre y a tu madre (Dios)” Con frases así se entiende que Yo maté a mi madre es una obra excesiva, exagerada y contundente, como la filmografía posterior de Xavier Dolan. Y en ella presenta los temas que va a tratar de ahí en adelante: la búsqueda de identidad y la soledad, la adolescencia y la incomprensión, la homosexualidad, las madres. Y en esta película profundiza en la compatibilidad psicológica entre padres e hijos, los límites de esa relación y la capacidad de soportarse. Y por ello, esta película (y él mismo) cuenta con tantos fans como detractores. 

Y quedan las imágenes finales sobre el lago, con la puesta de sol y las manos entrelazadas de madre e hijo. Y este pensamiento: “Eres un pez de grandes profundidades, ciego y luminoso. Nadas en aguas turbulentas con la rabia de la era moderna, pero con la delicada poesía de otro tiempo… Diez años de silencio, diez segundos de sonido. La vida es absurda”.

 

sábado, 14 de junio de 2014

Cine y Pediatría (231). “Dos madres perfectas” al filo del tabú


En el año 2007 una mujer recibió el Premio Nobel de Literatura por su “capacidad para transmitir la épica de la experiencia femenina y narrar la división de la civilización con escepticismo, pasión y fuerza visionaria”. Una mujer que nació en Irán y vivió en Zimbaue, Sudáfrica y Reino Unido. Una escritora comprometida con las ideas liberales y que, aunque nunca quiso dar ningún mensaje político en su obra, fue el icono de las causas marxistas, anticolonialistas, antisegregacionistas y feministas. Una mujer de larga vida (94 años) y de extensa obra (más de 40 novelas) repleta de autobiografía. Ella es Doris Lessing, quien se inició en la literatura en 1950 con “Canta la hierba”, que nos regaló grandes obras (especialmente “El cuaderno dorado”) y que, con la lucidez y vitalidad de sus 85 años nos dejó “Las abuelas”. 

Es “Las abuelas” un libro compuesto de cuatro relatos largos, una de las obras más personales de Doris Lessing iluminada por la experiencia de la vida, una obra que disecciona insatisfacciones, duelos, diferencias de clases y trampas. Y en el primer relato nos cuenta una historia tan inverosímil que sólo alguien como ella se atrevería a plasmarlo en papel: dos mujeres, amigas íntimas, que establecen relaciones sexuales cada una con el hijo de la otra sin que merme su amistad. Sólo las bodas de los hijos pueden romper esa compleja y, a la vez, fácil relación doble; es decir: otras mujeres. El previsible resultado es altamente dramático, pero lo más interesante es ver cómo una historia tan difícil de sostener, tan excesiva, funciona en cuanto el lector descubre que la anécdota está trascendida por un análisis de las relaciones afectivas de gran calado. Lo que parece artificial se acaba convirtiendo en una situación de gran fuerza donde dos maneras de enfrentar el mundo se suceden en el tiempo: la fortaleza de las madres (ya abuelas) en cuanto a la elección de sus vidas frente a la fragilidad de los hijos que las suceden; las convicciones frente a las indecisiones; las vidas llenas frente a las vidas previsibles y, finalmente, el coraje frente al desconcierto, pero la fortaleza es también una forma de debilidad, la autoprotección una forma de vampirismo, el mundo un lugar donde esconderse. 

No era fácil el reto de llevar adelante esta obra a la gran pantalla y ha sido la franco-luxemburguesa Anne Fontaine (quien en 2009 nos sorprendió con Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel y en 2003 nos provocó con Nathalie X) quien se atreve a ello, bajo el título en español de Dos madres perfectas (2013) y para ello cuenta con el guionista Christopher Hampton (responsable de la adaptación de Las Amistades Peligrosas) y con dos estrellas de Hollywood en los papeles principales. 

Dos madres perfectas nos presenta, ya en la cuarentena, a Roz (Robin Wright) y a Lil (Naomi Watts), dos grandes amigas desde su infancia, que han crecido juntas en una idílica ciudad costera de Australia. E igual que ellas, sus hijos adolescentes Tom (James Frecheville) e Ian (Xavier Samuel) han desarrollado una amistad tan fuerte como el lazo que une también a sus madres, una amistad junto a la playa y el surfing, en un entorno paradisíaco con el horizonte de la costa como testigo y una balsa de madera en el mar como refugio de sentimientos. 
Lil es viuda desde hace años y Roz convive con su marido, un profesor que consigue un ascenso profesional en Sidney. Y es en ese contexto y en esas familias donde surge algo que nos sorprende y nos inquieta, entre la incredulidad y la duda. Cada madre se enamora del hijo de su amiga, cada hijo se enamora de la madre de su amigo y estas relaciones se consolidan con el beneplácito de las partes (pese a que cruza los límites de lo que la sociedad considera lícito y moral), hasta conseguir la felicidad y casi un amor pleno y verdadero. 

La película (aunque no llega a la calidad de la obra literaria) es un relato cargado de erotismo sobre el amor ciego y una celebración de la eterna naturaleza de la amistad femenina, un estudio de la psique de las mujeres de mediana edad y del concepto de familia y del amor. Profundamente emotiva y apasionante, (más la novela que la película), Dos madres perfectas plantea un tremendo drama moral sobre la familia, la sensualidad, la compasión y, por encima de todo, el amor. 

Una película que provoca conciencias y que incita a la reflexión, a la ética y a la moral. Una película que nos enfrenta a un nuevo modelo de relación y de concepto de familia, inadmisible en algunas culturas, pero posible en otras. Una película y un tema tabú… que la directora zanja con una escena final sorprendente: esa escena cenital en la que vemos a las dos madres y a los dos hijos sobre la balsa de madera en medio del mar tomando el sol. Y el espectador abandona la sala con el desconcierto y la pregunta: ¿dónde comienza el tabú, donde termina el amor…?. Y entonces recordamos la frase: “La mente determina lo que es posible, el corazón la sobrepasa”.