Blog personal, no ligado a ninguna Sociedad científica profesional. Los contenidos de este blog están especialmente destinados a profesionales sanitarios interesados en la salud infantojuvenil
Las organizaciones gubernamentales (educativas, científicas, tecnológicas y sociales) y no gubernamentales desempeñan un rol clave en la definición, implementación y supervisión de las normativas que regulan el uso de internet por parte de niños y adolescentes. Estas entidades no solo establecen directrices y marcos legales, sino que también fomentan una cultura digital segura y responsable a través de políticas públicas y programas de concienciación.
Y también la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD), como no podía ser de otra forma, ha participado en este vital enfoque colaborativo y multidimensional para construir un entorno en el que la tecnología actúe como un instrumento de crecimiento y bienestar, sin comprometer la seguridad y la integridad de los usuarios jóvenes.
En este enlace de la AEPD os dejamos la infografía sobre la PROTECCIÓN DEL MENOR EN INTERNET a través de 10 recomendaciones para padres y tutores, y que sintetizamos aquí:
- EDUCA A LOS MENORESsobre los riesgos para su privacidad y su seguridad en el uso de tecnologías móviles. Fomenta el uso responsable de la tecnología.
- LIMITA el tiempo que los menores permanecen conectados.
- HAZLES SABER que es necesario tomar medidas por su propia seguridad.
- USA EL CONTROL PARENTAL. Emplea sistemas operativos, proveedores de internet y terceros que faciliten opciones de control parental para saber el uso que se hace de los dispositivos móviles. Configura las opciones, ya que el control parental ofrece diferentes funcionalidades como el filtrado de contenido, limitación de horarios, bloqueo de aplicaciones, detalles de uso de las redes sociales, localización GPS, etc.
- ELIGE LA HERRAMIENTA que mejor se ajuste a tus necesidades y ofrezca garantías para no introducir nuevos riesgos.
- INFÓRMATE de los periodos de retención de datos y asegúrate de que no se utilizan los datos para finalidades distintas de las que necesitas.
- EMPLEA NAVEGADORES, LAUNCHERS Y APLICACIONES EN SU VERSIÓN INFANTIL, que son alternativas que pueden ser menos intrusivas.
- NO OLVIDES que otros dispositivos conectados como Smart TV o videoconsola están expuestos a riesgos similares.
- UN BLOQUEO EXCESIVO PUEDE SER CONTRAPRODUCENTE. Ten en cuenta que algunas herramientas bloquean en exceso. Mantén abierta la posibilidad de desbloquear contenido a petición del menor y acuerda con él los filtros y restricciones.
- MANTENTE ALERTA Y EN COMUNICACIÓN CON TUS HIJOS. Recuerda que las herramientas de control parental no son infalibles, así que configura adecuadamente las opciones de privacidad y seguridad en aplicaciones y redes sociales. Habla con tus hijos y explícales por qué en internet también es necesario tomar precauciones.
Es fácil reconocer la importancia de estas normas de uso y protección en internet, en aspectos como la educación en el uso responsable, la protección de la privacidad y seguridad, la prevención del acoso cibernético y la explotación sexual en línea, el desarrollo de normativas y estándares internacionales en el ámbito digital, y conseguir la colaboración entre el sector público y privado en esta materia.
Este no es un tema nuevo, tampoco en este blog, donde con frecuencia recordamos este aspecto de promover el buen uso de internet en la infancia y adolescencia, evitar el abuso, y combatir el mal uso. Sirva como ejemplo entradas previas de la última década en este blog:
Es innegable el derecho del niño a vivir con su familia, pero en determinadas circunstancias, y siempre atendiendo al “interés prioritario del menor”, es necesario buscar una nueva familia, formalizando una medida de protección de carácter temporal (acogimiento) o definitiva (adopción). La finalidad tanto de la adopción como de la acogida es conseguir que los niños y niñas que están en situación de desamparo vivan en un entorno seguro, ya sea de forma temporal o definitiva. Pero cabe diferenciar entre ambos conceptos, pues tienen finalidades distintas.
El propósito de la acogida es cuidar temporalmente a un niño dándole el apoyo, el afecto y cuidados que necesita y facilitar que en algún momento pueda volver con su familia biológica si las circunstancias de ésta lo permiten; por tanto, la familia de acogida desempeña el cuidado del menor, de manera temporal comprometiéndose a ocuparse no sólo de su sustento sino también de su formación personal y educativa, hasta que el menor pueda regresar con su familia biológica. El acogimiento puede ser residencial o familiar: en el residencial el niño está una institución y la tutela es de la administración; en el familiar, la custodia está en la familia, pero la tutela siempre es de la administración. Su objetivo final es el de retornar el menor a su familia, para lo que es necesario mantener el contacto mediante las visitas. Hay acogimientos temporales y acogimientos permanentes hasta que el menor pasa a ser mayor de edad. Por el contrario, la adopción tiene un carácter definitivo, dado que es un proceso legal mediante el cual una persona llega a ser un miembro legal de una familia diferente a aquella en que nació. En la adopción son los padres quienes tienen la tutela, guardia y custodia del menor; y tienen las mismas obligaciones que con cualquier hijo biológico, sin diferencia.
Son habituales las películas que versan sobre la adopción, pero menos frecuentes las que abordan el acogimiento familiar. En Cine y Pediatría ya hemos podido revisar varios films en que el acogimiento es un tema presente, como la película checa Kolya(Jan Sverák, 1996), la película estadounidense La buena mentira (Philippe Falardeau, 2014), la película francesa La escuela de la vida (Nicolas Vanier, 2017) o la película sueca Conociendo a Astrid (Pernille Fischer Christensen, 2018), pero donde cabe destacar dos películas españolas donde el acogimiento es un asunto nuclear: La vergüenza (David Planell, 2009) y Marsella (Belén Macías, 2014).
Y a estas dos películas españolas que se sumergen sobre las familias de acogida, se suma hoy con la película francesa Una familia verdadera (Fabien Gorgeart, 2021). Todo comienza como unas joviales vacaciones de familia y con amigos. Piscina, tenis de mesa, música y bailes. Aquí conocemos a la pareja de Anna (Mélanie Thierry) y Dries con sus tres hijos, si bien el más pequeño, de seis años, Simon (Gabriel Pavik), en realidad es un niño de acogida. Y ahora es cuando la jueza les comunica que el padre biológico quiere recuperar la custodia del pequeño, lo que causa un terremoto en la familia, pues le acogieron con 18 meses y forma parte de la familia. Una familia amorosa que juega con sus hijos, comprensiva hasta en la rebeldía del preadolescente, que celebran con alegría los cumpleaños, que va a misa y reza, como lo hace Simon antes de acostarse para que sus hermanos Adrien y Jules, también a Dries y su mamá duerman bien. Amén.
Y este cambio en la vida de Simon no es de su agrado, pero menos a Anna, aunque tenga que disimular. Y comienzan los cambios sugeridos por la jueza, con mucho dolor al decirlo: “Hemos decidido que deberías dejar de llamarme mamá”. Y a las preguntas de ¿por qué? de Simon, las respuesta son más dolorosas: “Porque a tu padre le duele...Porque no soy tu verdadera madre”. Y su respuesta es muy sincera: “Quiero llamarte mamá. Al menos lo haré en mi cabeza”. De momento, se prolongan las estancias de fines de semana con su padre biológico, quien parece un padre cariñoso, aunque el niño comienza a tener pesadillas. En esta nueva situación Anne adopta una posición algo distante, pues aunque es el padre biológico, no puede olvidar que le separa ocasionalmente de su lado, incluida las Navidades. Y es entonces cuando desatiende las llamadas de la jueza mientras pasan esas fiestas en la nieve con Simon, unas maravillosas Navidades de familia porque Simon le pidió a su padre que quería ir a la nieve y éste lo consintió.
Porque Anna es incapaz de dejar marchar al niño tras su paso por el acogimiento durante estos años. Y una decisión judicial hace que la felicidad del pequeño quede sometida a las decisiones de los adultos: por un lado, un padre que desea recuperar a su hijo (la madre del niño ya falleció) y, por el otro, Anna, quien no siendo la madre es quien le ha criado y a quien llama “mamá. Pero, ¿qué es lo mejor para Simon? Esta es la incógnita que plantea esta sensible, empática y humana película. Y realizada con la mesura que lo hace el cine francés… Porque hay muchas formas de contar esta historia. Cada país es posible que utilizara una modalidad, pero el razonamiento moral que desprende el cine francés es muy alentador.
Finalmente la jueza asigna a Simon a otra familia, al darse cuenta que Anna no considera que lo mejor para Simon sea que vuelva con su padre. Y por orden judicial les corta los lazos. Y el dolor llega a todos cuando Simon acude a un hogar de acogida comunitario con animales de convivencia, una especie de granja educativa. Y al grito de “Mamá” y entre lágrimas se despiden. Todo intenta volver a la normalidad, pero la pregunta de la hermana cuando le ven en la distancia en un centro comercial es clara: “¿Habrán visto la misma película que nosotros?”.
Una Familia verdadera es una cinta que transmitirá la sensación que muchos padres de acogida viven en la vida real. Se sabe que la aparición de los padres biológicos es el principal riesgo que una pareja tiene cuando en ese proceso de acogida se plantean poder adoptar a un niño. Y es así como este film con buenas intenciones se estrenó en Francia después de numerosas noticias en los periódicos sobre madres de acogida en que se plantearon situaciones similares a las que aquí ocurren entre Anna y Simon, en una buena actuación actoral la veterana Mélanie Thierry y el pequeño Gabriel Pavik, sorprendentemente espontáneo en su papel. Aquí se muestra que la mayoría de estas familias hacen mucho bien, pese a las dificultades para conseguir que niños con problemas tengan una vida normal.
En España, existen más de 40.000 menores en situación de desprotección. El acogimiento familiar es uno de los recursos de protección posibles para que los niños que se encuentran en situación de riesgo o de maltrato puedan ser retirados de sus familias. Cuando la situación es tan grave como para impedir que los padres biológicos se hagan cargo de los menores indefinidamente, pueden acabar siendo adoptados por una nueva familia. Tanto la adopción como el acogimiento ofrecen a estos niños la oportunidad de crecer en un entorno seguro, responsable y emocionalmente adecuado a las necesidades del niño, pero implican algunos problemas éticos relacionados con la definición del interés superior del menor. El cine se acerca a alguno de estos problemas éticos; incluso, aunque, como en nuestra película de hoy, se trate de una familia verdadera.
Hasta el fondo, yo que suelo desconfiar de todo lo que leo sin antes pasarlo por la corteza cerebral, la encargada de separar el grano de la paja, lo esencial de lo superfluo, la verdad de la mentira.
Me leí entero el artículo del pasado fin de semana publicado en el diario "El Mundo" sobre el caso de Nadia Nerea, una niña afectada de una enfermedad rara, la tricotiodistrofia. "Cuando no hay nada para Nadia" era su título. Quizá fue la influencia prenavideña o que mi corteza cerebral se echó a dormir aquel día dejando a la amígdala cerebral, la responsable de las emociones, de guardia. No lo cribé, lo colgué en mi perfil de Facebook y muchas personas lo compartieron.
No seré yo quien juzgue a estos padres - aunque el padre es quien ha salido en todas partes es de suponer que la madre no era en absoluto ajena a esta situación-. Lo que de verdad me preocupa es la niña: Nadia.
Nadia tiene una enfermedad rara real. Exagerada en cuanto a su pronóstico por su padre pero lo cierto es que tiene esa enfermedad, a tenor de los escasos informes que el padre ha colgado en su cuenta de Facebook. Quizá esto es lo único cierto de toda esta triste historia.
Si como parece todo se confirma, Nadia ha sido explotada por sus progenitores como fuente de ingresos. Ha sido utilizada de una manera descarada. Ha sido paseada por platós de televisión - la historia de Nadia no comenzó el pasado fin de semana, viene de muchos años atrás -, sus padres la exhibían en platós, blogs y en la página en Facebook de la Asociación Nadia Narea para la tricotiodistrofia y enfermedades raras. Nadia, indefensa ante la explotación que de ella se ha realizado. Su rostro es conocido por parte de todo el mundo aunque yo haya puesto una foto suya con el rostro borrado, como debe hacerse cuando de menores estamos hablando. Su derecho a la intimidad ha sido violado.
¿Qué va a ser de Nadia? Muchas personas han donado dinero y ahora se sienten estafadas con toda la razón del mundo y será la Justicia - que ya ha tomado cartas en el asunto - la que dirima las responsabilidades pertinentes. Nadia es la criatura más indefensa de toda esta historia. Y va a necesitar mucha ayuda, y no precisamente monetaria. Ayuda por parte de aquellos familiares suyos que sean ajenos al montaje de los padres. Ayuda de los servicios sociales, pues no sé si toda esta historia no da para incluso una retirada de la guardia y custodia a los padres.
No tengo respuestas. No entiendo por qué hay personas que se comportan del modo en que lo han hecho los padres de Nadia. No entiendo por qué hay periodistas que no comprueban los datos que reciban, Quizá sea por aquello de que "no dejes que la verdad te arruine un buen titular". Vivimos a demasiada velocidad y a veces tomamos como cierto, sin una mínima reflexión, aquello que leemos en las redes sociales, en la prensa on line... No. La reflexión no está de moda. Nos movemos por impulsos en vez de por decisiones razonadas.
Yo asumo mi parte de responsabilidad al hacerme eco, como tantos otros, del reportaje del diario "El Mundo". Mi corteza cerebral está nuevamente despierta. Y... la "lectura crítica" de las noticias y reportajes que leemos en la prensa es fundamental. Lamentablemente no podemos fiarnos de nadie.
En la semana pasada hemos podido leer en prensa, oir en radio y ver en televisión una gran noticia que relaciona el Cine y la Pediatría.
La Junta Directiva de la Academia de Cine ha adopado por unanimidad la medida de excluir a los menores de 16 años de la carrera por los premios Goya, tal como ha comunicado su presidente, Enrique González Macho: "Se ha hecho algo que es esencial, que es proteger al menor. Cuando un niño gana un Goya le puede afectar profundamente en su desarrollo posterior". También ha recordando el "poder mediático" que tienen los galardones y las "presiones y obligaciones" que ganarlos supone para los menores. En cuanto al hecho de haber situado el corte en los 16 años, el presidente de la Academia ha señalado que a esa edad "un adolescente ya tiene una capacidad de juicio y son mucho menos manipulables. Además, cuando recogen la estatuilla ya están rondando los 17 años y la mayoría de edad". En cuanto a las carreras de actores infantiles, el presidente de la Academia considera que todas las decisiones deben ser tomadas por los padres o por los propios menores, llegada la edad en que tengan capacidad de juicio.
Enhorabuena por la medida: nos congratula y apoya una reivindicación sugerida en distintas entradas de nuestra serie Cine y Pediatría. Hemos profundizado en este tema, tanto en las entradas más recientes al hablar al pequeños grandes actores de Hollywood en blanco y negro y en color, como al inicio de la serie cuando comentamos a los niños y adolescentes OSCARizados y a los enGOYAdos. En el caso de los premios Goya, a los nombres de los niños premiados ya conocidos (Andoni Erburu, Juan José Ballesta, María Valverde, Tamar Novas, Jesús Carroza, Ivana Baquero y Nerea Camacho), también en la última edición el premio a mejor actor y actriz revelación recayó en los adolescentes Francesc Colomer y Marina Comas por la película Pa negre (Agustí Villaronga, 2010). Recordamos el colofón de una de las entradas anteriores: "Pequeños grandes actores con trayectorias bien diversas. Y sin nombrar los que se quedaron por el camino de la fama. Vemos la punta del iceberg, la alegre, la del éxito, la de la fama,..., pero el camino no es de rosas (en algunos es patente el descalabro) y el entorno familiar y profesional debe ser muy equilibrado para que la fama no haga un daño irreparable en la infancia y en su transición hacia la adolescencia y madurez personal".
La sociedad debe crear leyes que protejan de cualquier acto que implique algún riesgo de maltrato en la educación de un niño. Y la fama a destiempo puede llegar a considerarse como una forma de maltrato infantil. Y los premios Goya han adoptado una sabia decisión que, sin duda, apoyamos desde el entorno de la Pediatría.
Con esta medida adoptada, la imagen que inicia esta entrada será la última que veamos de un niño con un Premio Goya. Sr González Macho, aunque al aceptar este cargo comentó que "presidir la Academia es un embolao", puedo asegurarle que es un embolao que empieza bien. Gracias.