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sábado, 14 de enero de 2023

Cine y Pediatría (679). “Manolito Gafotas”, de Carabanchel Alto al mundo


Elvira Lindo, nacida gaditana y afincada como madrileña, es una escritora y periodista española que llevamos en la memoria por su personaje literario, Manolito Gafotas, quien apareció en la década de los 90 como la historia de este niño y su familia en el barrio madrileño de Carabanchel (Alto) y que destaca por la caracterización de unos personajes que son típicos de la sociedad española y con el que tanto nos hemos identificado o, al menos, tanto nos hemos sonreído. El éxito obtenido con estos libros en cuanto a su volumen de ventas lo convirtió en todo un clásico de la literatura infantil española, y del que se han publicado ocho novelas, todas bajo el sello de la editorial Alfaguara Infantil y Juvenil, salvo el último que lo hizo Seix Barral: “Manolito Gafotas” (1994), “Pobre Manolito” (1995), “¡Cómo molo!: (otra de Manolito Gafotas)” (1996), “Los trapos sucios de Manolito Gafotas” (1997), “Manolito on the road” (1998), “Yo y el Imbécil” (1999), “Manolito tiene un secreto” (2002) y “Mejor Manolo” (2012l). 

Y con estas novelas nos trasladamos a la casa de los García Moreno, al bar Tropezón, al parque del Árbol del Ahorcado y a los asientos del camión Manolito y a ese soniquete que era la canción “Campanera” de Joselito. Pero, sobre todo, evocamos a esos personajes que rodean a Manolito Gafotas: Catalina, su madre, famosa por sus collejas cuando se enfada; Manolo, su padre, camionero de profesión y quien se pasa mucho tiempo viajando para sacar adelante a la familia y seguir pagando las letras del camión; su hermano pequeño, al que llama El Imbécil, y que siempre lleva su chupete, presto a ofrecerlo al que lo necesita; Nicolás, el abuelo materno, que suele vestir de chándal, tiene predilección por los tintos de verano, sufre prostatitis y tiene en su dentadura una de sus posesiones más preciadas; su mejor amigo, Orejones López, y otros amigos como Yihad, el chulito del barrio, Paquito Medina, el más listo de clase, Arturo Román, que todo lo pregunta, Mostaza, Jessica la exgorda, cursi y pija, y Susana Bragas-Sucias; La Luisa, la típica vecina cotilla que de todo se entera y todo lo cuenta, y su marido, Bernabé, con su famoso peluquín; Sita Asunción, la profesora, quien normalmente llama a todos sus alumnos “delincuentes” y sueña continuamente con la jubilación; o el Señor Solís, el conductor del autobús escolar. 

Con unos antecedentes literarios así, no tardaría en que el personaje se trasladara a la pantalla, tanto a la grande con dos películas, como a la pequeña con una serie de televisión. Y nos detenemos principalmente en la primera adaptación: Manolito Gafotas (Miguel Albadalejo, 1999). Porque bajo el son de “La Campanera” y con la imagen del Bar el Tropezón comienza la voz en off de ese niño: “Este es mi barrio en el verano pasado, Carabanchel Alto. Habrás oído hablar de él porque es uno de los barrios más importantes de Europa. Mi abuelo dice que el suelo de Carabanchel es horroroso, pero que el cielo es de lo más bonitos del mundo, como las pirámides de Egipto o el rascacielos de King Kong”. Aquí se contó con el niño David Sánchez del Rey para el papel de Manolito, Adriana Ozores y Roberto Álvarez eran los padres, y Antonio Gamero el abuelo. 

Y los diálogos y la habitual voz en off de Manolito, nos saca una sonrisa (aunque quizás no tanto como las historias leídas en las novelas). He aquí algunas de sus sensatas reflexiones: “En el Parque del Ahorcado solo hay un banco para cinco viejos. Pero como siempre hay uno meando, porque están todos de la próstata, no tienen problema de espacio”, “Y ese es El Imbécil, mi hermano. Es un mote cariñoso que le puse el día que vino a este mundo para molestarme”, “Y ahí estamos nosotros. Mi mejor amigo, El Orejones López, Susana Bragas Sucias, Yihad el chulito de mi calle, y el de detrás soy yo, Manolito García Moreno, más conocido en Carabanchel como Manolito Gafotas… A mí me gusta que me llamen Gafotas. En mi barrio todo el mundo que es un poco importante tiene un mote. Antes de tener un mote, yo lloraba bastante; desde que soy Manolita Gafotas, insultarme es una pérdida de tiempo”, “Yo sabía que las collejas estaban sobrevolando mi cabeza en aquellos momentos. Una colleja es una torta que te da una madre, o en su defecto cualquiera, en un lugar del cuerpo que se llama nuca”… 

Y las aventuras trascurren entre la familia, el colegio y el barrio, como todas las historias de niños de barrios. Y donde Catalina pasa a la fase de madre histérica con asiduidad y le dice a sus hijos y al abuelo: “Yo os abandono. Fijaros lo que os digo, yo os abandono y me quedo más ancha que larga”. Y donde el abuelo siempre le defiende, tanto de la madre (“No le des tanto al niño en la cabeza, que está estudiando”), como de los malos momentos, incluido el suspenso en matemáticas (“Cervantes, Einstein, Carlos Marx, Julio Verne, todos unos genios. Y no creas que se le daban tan bien las matemáticas…”, un pensamiento bien asertivo). Y en el colegio esas redacciones al final del curso sobre el verano, redacciones que suelen ser iguales a las del año pasado, pues “no cambia casi nada”, como se explican los alumnos. Y una especial mención a esas dos guardias civiles, Benítez (Geli Albadalejo) y Cardona (cameo de la propia Elvira Lindo), a las que el abuelo se les sincera: “Yo les digo una cosa. Si no me voy al asilo es por mis nietos. Porque a mí ese matrimonio me tiene muy harto”. 

Y estas “espeluznantes” historias de verano de Manolito tienen un final muy “made in Spain” con la familia comiendo un arroz marinero mientras una banda, al borde del mar, toca la canción “La campanera” de Joselito. Y entonces recordamos las palabras de Manolito Gafotas: “El mar. Eso es lo único que le faltaba a Carabanchel Alto para ser perfecto. El mar”. 

Luego llegaría la segunda y última adaptación para el cine, con un resultado tan pobre que creo que no les quedaron ganas de una tercera película. Hablamos de Manolito Gafotas en ¡Mola ser jefe! (Joan Potau, 2001), quien traslada las “espeluznantes” historias a las vacaciones de Navidad. Aquí se contó con el niño Doro Berenguer para el papel de Manolito, María Barranco y El Gran Wyoming eran los padres, y Vicente Haro el abuelo, con un papel para Oscar Ladoire como tío, tan desacertado como el resto. Y fue más adelante cuando apareció la serie de Antena 3 televisión, Manolito Gafotas (Luis Oliveros, Antonio Cuadri y Antonio Mercero, 2014) y que contó con 13 episodios, donde solo Adriana Ozores y Antonio Gamero repitieron el papel de la primera película, pero tampoco el resultado de la crítica fue muy positivo. 

Así pues, para rememorar a este personaje que llegó de Carabanchel Alto a través de las novelas de Elvira Lindo, recomiendo revisar solo la adaptación cinematográfica del alicantino Miguel Albadalejo. Ambiente costumbrista y cómico en el seno de la denominada como clase media baja más cañí, pero es a través de la mirada de este niño que nuestra escritora nos introduce a temas inauditos, e incluso revolucionarios, en la literatura infantil del momento, pues se hablaba de mucha temática social. Porque para muchos millenials, Manolito Gafotas es un amigo más. Y para los que somos de generaciones previas, quizás también.

 

sábado, 13 de octubre de 2018

Cine y Pediatría (457). “Héroes” y el recuerdo que nos puede salvar la vida


"Recordar este momento. Guardar el olor y la sensación del sol que quema y del agua que os salpica en la espalda. Los amigos. Todo eso cambiará. Pasarán los años, las tardes se harán más cortas y cada vez os costará más encontrar momentos mágicos. No tengáis prisa en haceros mayores. Hacedme caso. Un día, el recuerdo de este momento os puede salvar la vida”. 

Esta voz en off y de fondo unas fotos antiguas de infancia son el preludio del título de esta película: Héroes. Una película española del año 2010 escrita por Pau Freixas y el multipremiado autor Albert Espinosa (autor de "Planta 4ª", novela que Antonio Mercero llevó al cine en el año 2003 con un título homónimo), un cine que respira infancias y recuerdos de los años 80, y que Pau Freixas dirige con jóvenes protagonistas, muchos de los cuales posteriormente se harían famosos con "Pulseras rojas", la serie dirigida por él mismo y basada en una novela también de Albert Espinosa. Así pues, el tándem formado por el director/guionista Pau Freixas y el novelistas/guionista Albert Espinosa es el responsable de este melodrama adolescente que transmite la alegría de vivir que caracteriza la obra de este último, quien de alguna forma nos muestra siempre su “mundo amarillo” y su filosofía de la vida, incluso a tan tempranas edades.

Héroes nos habla del verano más importante de la vida de cinco amigos de unos 12 años, cuatro chicos y una chica: Xavi (Ferrán Llull), epicentro de historia, Ekaitz (Alex Monner), el líder de la pandilla, Colo (Marc Balaguer), el rarito que no tiene amigos y al que aceptan en el grupo con un tiempo de inmunidad, Roth (Joan Sorribes), un ejemplo de integración con su trisomía 21, y Cristina, a la que llaman Cristo (Mireia Vilapuig), una maravillosa niña tomboy.

La película se inicia cuando un publicista treintañero (Àlex Brendemühl), con una exitosa carrera profesional y una vida personal quizás con menos éxito, se ve envuelto en un viaje para llegar a una trascendental reunión de negocios en Barcelona. Durante el viaje conoce a una chica autoestopista (Eva Santolaria) con la que, a pesar de su opuesta forma de vivir, conectarán y acabarán rememorando la época más mítica y emotiva de su infancia, hasta darse cuenta que se conocían, pues ella es Cristo y él es Oscar, el hermano mayor de Xavi.

Y a través de diferentes flashback reviviremos aquel verano con Xavi y su pandilla, descubriremos los entresijos de su familia, las dudas sobre las mariposas revoloteando en el estómago del primer amor, sus aventuras por conseguir construir el vehículo que les hiciera ganar la carrera en el pueblo, cómo se sintieron héroes cuando luchaban por conseguir aquella cabaña mágica en medio del lago que les podía conceder todos sus deseos o la frustración de conocer que el pueblo iba a ser anegado por un pantano.

En este viaje al pasado, a sus antiguos anhelos y motivaciones, conoceremos tres personas importantes en ese verano de Xavi, su último verano: su madre (Emma Suárez, protagonista de Las hijas de Abril - Michel Franco, 2017 -), su padrastro, que a sus amigos Xavi les dice que es un jardinero rumano, (Lluís Homar, protagonista de No tengas miedo - Montxo Armendáriz, 2011-) y su idílico primer amor (Nerea Camacho, protagonista de Camino - Javier Fesser, 2008 -). Un viaje desde el recuerdo al verano más inolvidable de la vida de los protagonistas y, de alguna manera, a esos veranos que permanecen en el recuerdo de cada espectador, como un oasis lejano de nuestra vida. Y por qué no, también a esos momentos difíciles que nos encontramos y el valor de las segunda oportunidades.

Y todo ello con los recuerdos y homenaje de esos años 80, como nos recuerda la película en esos carteles de pelis que decoran las paredes de la habitación de Xavi (La historia interminable -Wolfgang Petersen, 1984 - o Los Goonies - Richard Donner, 1985), la propia banda sonora (con canciones que van desde el "Last Dance" de Donna Summer al "Te amo" de Humberto Tozzi, pasando por "Forever Young" o "Big in Japan" de Alphaville) y hasta los Tigretones que Colo comparte con sus amigos.

Una película sencilla para recordarnos que, en demasiados ocasiones, en la infancia los niños y adolescentes son héroes, a veces Héroes a la fuerza como nos recordó Diane Keaton en 1995, en otras ocasiones simplemente Héroes como nos recuerdan Pau Freixas y Albert Espinosa hoy.

Porque un día, el recuerdo de estos momentos de la infancia y adolescencia nos pueden salvar la vida. Y así nos lo recuerdan continuamente y en todas las épocas:
“Lo que uno ama en la infancia se queda en el corazón para siempre” (Jean-Jacques Rousseau).
“Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro” (Graham Greene).
“El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta” (Pablo Neruda).
“Todas las personas mayores fueron al principio niños, aunque pocas de ellas lo recuerdan” (Antoine de Saint-Exupéry). 

sábado, 22 de febrero de 2014

Cine y Pediatría (215). “LOL”, universo de adolescentes y padres…


La directora y guionista francesa Lisa Azuelos (quien en su primera etapa firmaba sus películas como Lisa Alessandrin, su verdadero nombre) es principalmente reconocida por la película LOL y sus dos versiones: la original del año 2008, francesa y ambientada en París, y la versión del año 2012, ambientada en Estados Unidos. 

 LOL cuenta el transcurrir de la vida y acontecimientos durante un curso escolar de la adolescente Lola y su madre Anne, recientemente divorciada y quien se hace cargo de ella y de sus dos hermanos pequeños, mientras se debate, ya en la década de los 40, en las dudas como esposa, como madre y como mujer. Aunque ambas versiones son iguales, el original es muy superior a la copia, no sólo en el tono general de la película, sino sobre todo en el dúo madre e hija (Lola-Anne), que en la película original está interpretado por Christa Theret y Sophie Marceau y en la versión americana por Miley Cyrus y Demi Moore. Aunque el dúo americano contaba con un gran tirón mediático (y casi auguraba la rebeldía posterior de Miley Cyrus, quien ha pasado de ser la dulce Hannah Montana de Disney Channel a toda una provocadora mediática en el mundo de la música), lo cierto es que la sintonía y complicidad de Christa Theret y Sophie Marceau (radiante en su interpretación y una belleza natural que supera los cánones a que ya nos tiene acostumbrado) convierten esta película en toda una delicia. 

Es por ello que vamos a dedicar toda nuestra atención a la versión original francesa. LOL son las siglas de “Laughing Out Loud” (risa ruidosa, carcajada) en la jerga de Internet, ampliamente conocida en chats, foros, juegos en red y programas de mensajería instantánea, pero también ya utilizado como término coloquial. Y también es así como llaman a Lola sus amigos, una adolescente cuya vida se divide entre sus estudios en una prestigiosa escuela secundaria de París, sus amigos, sus romances, sus padres divorciados, las drogas, la sexualidad,… su diario secreto y las muchas dudas. 

La película está dividida en tres partes, que corresponden a los tres trimestres de un curso escolar. Y comienza con Lola (Lol para los amigos) que nos presenta a todos sus amigos y compañeros al inicio del curso escolar en el instituto (adolescentes de unos 15 a 18 años). Y es así como, en un mundo cada vez más hiperconectado por las tecnologías y redes sociales, esos adolescentes reparten sus horas entre compañeros de clase y profesores (prototipos en nuestro recuerdo), y se debaten entre las presiones de la amistad y los romances del instituto mientras lidian con sus padres, muchas veces sobreprotectores y tecnológicamente desorientados. Unos padres que siempre creen (o quieren creer) que es imposible que sus hijos se relacionen con el sexo o las drogas, aunque ellos lo hicieran, aunque aún lo hagan. 
Lola es rebelde, como corresponde a un adolescente, con una relación de amor y tensión con su madre Anne. Pero, pese a su rebeldía, desea seguir siendo una niña a la que le gusta que su madre se acueste con ella y le coja la mano. Y en un tono ágil y agradable, sin estridencias, es como la película nos refleja tópicos de la adolescencia (y que nos dibujan una sonrisa): las alumnas que se enamoran de algún profesor, los profesores inseguros ante una clase de adolescentes desmotivados, el juego de las recién formadas parejas, dejar algún novio y encariñarse con el amigo de éste, la experimentación más allá de los límites que ponen los padres, el viaje de curso (memorables escenas en Londres), etc. 
Y es por ello que la escena que se convierte en clave es cuando Anne encuentra el diario de Lol… y lee todo lo que piensa de la vida o de la familia, así como las experiencias con los amigos y ligues… Y en donde llega a escribir frases tan profundas como: “Es tan estupendo amar a la gente que amas que hasta te hace daño. No sé cómo sobrevivir a eso. De verdad, no lo sé”. Y es que, en el fondo, tanto Lol como su madre han encontrado un nuevo amor y comienzan una nueva forma de ver la vida. Y, tras la lectura de ese diario, Anne (y cada espectador en el papel de madre) puede reflexionar como tuvo que luchar contra sus propios padres y contra su marido para conquistar el derecho de ser libre, de disponer de su vidas, pero hoy le cuesta dar esa libertad a su hija, al ver desde otra barrera los riesgos de acceder demasiado joven al sexo, de jugar peligrosamente con las drogas, y el deseo de protegerla de los peligros y desengaños que acechan… y todo esto sin parecer una anticuada. 

Y, aunque hemos destacado la sintonía actoral entre madre e hija (Sophie Marceau y Christa Theret), lo cierto es que todos los personajes son creíbles y reales como la vida misma (y que incluye a la propia directora, que hace un pequeño y divertido papel como psiquiatra de Anne). Y es por ello que no es extraño que la película finalice con un “basado en hechos reales”, pues sí…, porque, sin duda, es otra película alrededor de la adolescencia real como la vida misma y contada, según la propia directora, en tono de comedia humana. 
Una realidad donde el rock está presente en la historia de los personajes y en la banda sonora adquiere gran presencia grupos como Rolling Stones, Bright Eyes o Elvis Presley. Porque, con rock o sin rock, lo que importa para un adolescente, sobre todo, es la presencia y la disponibilidad de la familia y de los buenos amigos, y el que pueda reconocer que de la “edad del pavo”, en la que uno se cree que lo sabe todo, se sale, pero mejor con buena compañía. 

Porque LOL es una película optimista en cuanto a las posibilidades de diálogo entre el universo de los padres y el de los hijos. Y este optimismo lo tenemos por partida doble, en francés y en inglés. Pero no lo dude: salvo error u omisión, cabe quedarse con el original y no con la versión.

sábado, 19 de octubre de 2013

Cine y Pediatría (197). “Las ventajas de ser un marginado” y la búsqueda del amor que creemos merecer


“The Perks of Being a Wallflower” es una novela epistolar publicada en el año 1999 por el autor estadounidense Stephen Chbosky. El mismo autor se atreve en el año 2012 a dirigir la película con el mismo título y que en España conocemos como Las ventajas de ser un marginado. Y el resultado es un amable y fresco retrato generacional con estupendas interpretaciones y en donde el aprendizaje, la amistad, el amor, la familia, y el sufrimiento se condensan en un relato dibujado a través de un triángulos de adolescentes. 

La adolescencia como edad de los ideales infinitos, como un periodo de definición ante un futuro por escribir y también como momento de máxima fragilidad en el despertar de la vida. Así queda reflejado en las cartas que Charlie (Logan Lerman) escribe desde el instituto, cuando ha terminado su primer curso y recuerda su difícil llegada (“He oído que lo pasaste mal el año pasado. Pero dicen que si consigues hacer un amigo el primer día, vas bien”, le recuerda el profesor), sin amigos ni proyectos, con complejos y culpas, siendo blanco de burlas y novatadas. Charlie es un inadaptado que sangra por una herida de la infancia y que sueña con un amor platónico, que siente la inseguridad y timidez a cada paso, y que soslaya su soledad con atisbos de cartas a un amigo imaginario. Él es el protagonista junto a dos hermanastros, Patrick (Ezra Miller, enorme actor, y quien ya nos dejo un escalofrío en su papel de hijo inadaptado en Tenemos que hablar de Kevin - Lynne Ramsay, 2011-) y Sam (Emma Watson, que demuestra que hay vida más allá de su Hermione en la serie Harry Potter, tal como vimos en la reciente The Bling Ring –Sofía Coppola, 2013-), junto a la pandilla que le acoge en ese tiempo en que necesita sentir que forma parte de algo y que las piezas de su interior encajan. 

Porque todos ellos son jóvenes marginados y con algún trauma (un inadaptado con problemas psicológicos por un secreto de la juventud, un homosexual que busca su espacio, una chica que ha sufrido abusos en su infancia, una gótica que quiere ser actriz de cine, etc.), que coinciden en el instituto y en sus diversiones, en sufrimientos y en emociones compartidas. Son adolescentes que necesitan sentir la fuerza del viento mientras descubren la canción del túnel, que necesitan héroes o sentirse héroes, al mejor estilo de David Bowie (la escena a mitad y final de la película se acabarán convirtiendo en un icono del séptimo arte). Son almas sensibles que sufren la falta de afecto, el dolor de la culpa, el sufrimiento del rechazo o el daño causado en su sensibilidad. 
Todo un panorama mil veces llevado al cine, pero aquí Chbosky lo adorna con preciosas canciones y unas frescas interpretaciones que componen unos personajes sin excesivo dramatismo interior… y que nos toca. Y entre medias ese amor casi imposible de dos amigos que se quieren y que se cuidan y esa frase antológica que comparten Charlie y Sam: “aceptamos el amor que creemos merecer”. Una película con sólo un pequeño pero, y es cuando el director quiere imitar al mejor M. Night Shyamalan de el Sexto sentido con un recurso algo forzado y que no terminan de convencer: cuando se nos descubren los traumas de la infancia de Charlie, evocando que casi todos escondemos algún secreto o alguna tragedia… 

Es Las ventajas de ser un marginado (y su novela homónima) una obra llena de referentes literarios y musicales. Durante la historia, el profesor Bill (Dylan McDermott) le deja leer varios libros a Charlie, y nos pasea por una pequeña historia literaria: ”Matar un ruiseñor” de Harper Lee, “Peter Pan” de James Matthew Barrie, “El gran Gatsby” de F. Scott Fitzgerald, “El guardián entre el centeno” de J. D. Salinger, “El almuerzo desnudo” de William Burroughs, “El extranjero” de Albert Camus, “El manantial” de Ayn Rand, etc. Y como música de fondo, Chbosky nos regala la banda sonora de sus años de instituto, lo que incluye algunos de los temas más memorables de finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, entre los que figuran “Asleep“, de The Smiths, “Come On Eileen“, de Dexy’s Midnight Runners, “Could it Be Another Change“, de The Samples, “Araby“, de The Reivers y, sobre todo, la seña de identidad de esa película: “Heroes” de David Bowie. Y también un homenaje al musical “The Rocky Horror Picture Show”. 

Una película con escenas y frases para el recuerdo, y a lo largo de toda la película. 
- Al comienzo de la película, Charlie nos recuerda en su epístola imaginaria: “Bueno, todavía me quedan 1384 días por delante. Así que se podría decir que el instituto es aún peor que el colegio. Si mis padres me preguntan, lo más probable es que no les diga la verdad, porque no quiero que se preocupen porque vuelva a estar mal. Si mi tía Hellen siguiera aquí podría hablar con ella. Sé que ella comprendería que esté al mismo tiempo contento y triste. Todavía intento descubrir como eso es posible. Espero hacer un amigo pronto. Con mucho cariño, Charlie”
- A mitad de película, Patrick dice “Chicos, chicos, brindemos por Charlie. Queremos brindar por nuestro nuevo amigo. Ves cosas y las entiendes. Eres un marginado”. Y Sam acaba el brindis con “Bienvenido a la isla de los inadaptados”… Y a continuación la escena mítica con Sam con los brazos al aire en la trasera del coche cruzando el túnel mientras suena a todo volumen la canción “Heroes” de David Bowie. 
- Y en el colofón, este pensamiento de Charlie, mientras atraviesa otro túnel, de nuevo con la misma canción de Bowie: “No sé si tendré tiempo para escribir mas cartas, porque podría estar demasiado tiempo intentando implicarme. Así que si está acaba siendo mi última carta quiero que sepas que me encontraba mal cuando empecé el instituto y tú me ayudaste. Aunque no supiera de qué hablaba ni conocieras a nadie a quien le hubiera pasado lo mismo, hiciste que no me sintiera solo. Sé que algunas personas dicen que estas cosas no pasan y que hay gente que olvida lo que es tener 16 años cuando cumple los 17. Y sé que algún día todo esto serán anécdotas, que nuestras fotos se volverán viejos recuerdos y que todos nos convertiremos en padres o madres de alguien. Pero ahora mismo estos momentos no son anécdotas, esto está pasando. Estoy aquí y la estoy mirando, porque es preciosa…. Puedo verlo. En ese instante te das cuenta de que no eres una historia triste. Estás vivo. Te pones de pie, ves las luces sobre los edificios y todo lo que hace que te asombres, escuchas la canción de aquella noche en el coche con las personas a las que más quieres en el mundo y, en ese instante, sientes que… somos infinitos”

Porque, marginados o no, todos buscamos, pero más en la adolescencia, el amor que creemos merecer. Y es lo que nos enseñan, con los brazos al aire, Charlie, Sam y Patrick.