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sábado, 19 de julio de 2025

Cine y Pediatría (810) “Nuestra querida profesora”, difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar

 

Las historias alrededor de alumnos y profesores en las escuelas e institutos es un tema recurrente en Cine y Pediatría. Películas llenas de valores desde la ficción o la realidad. Y dentro de la realidad de algunas historias, un buen número de ellas se enmarcan como películas documentales y son ejemplos paradigmáticos las siguientes, desde diferentes nacionalidades: desde Francia, Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002), La clase (Laurent Cantet, 2008), Sólo es el principio (Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010), Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013), El gran día (Pascal Plisson, 2015); desde España, Entre maestros (Pablo Usón, 2012), La hora del patio (Manuel Pérez Cáceres, 2012), El lápiz, la nieve y la hierba (Arturo Méndiz, 2017), Picotazos contra el cristal (Rafael Moles y Pepa Andreu, 2019), Nous, la evolución del pensamiento (Henar Rodríguez y Christian Dehugo, 2019), Las clases (Orencio Boix, 2021); desde Argentina, La educación prohibida (German Doin, 2012), Escuela normal (Celina Murga, 2012), Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013), Las clases (Orencio Boix, 2021); desde Bélgica, Pequeña escuela (Lydie Wisshaypt-Claudel, 2022), Una oportunidad para ellos (Thierry Michel, Pascal Colson, 2017); desde Estados Unidos, Esperando a Superman (Davis Guggenheim, 2010); desde Países Bajos, Los niños de la señorita Kiet (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016); desde Alemania, El profesor Bachmann y su clase (Maria Speth, 2021); entre otras muchas. Y hoy llega la reciente película documental austriaca, Nuestra querida profesora (Ruth Beckermann, 2024).  

Nuestra querida profesora retrata, durante tres años (entre 2020 y 2023) y tres cursos, a un grupo de niños y niñas que crece desde segundo hasta cuarto de Primaria en una escuela pública del distrito de Favoriten, una de las zonas más multiculturales de Viena, y siempre con la misma profesora, Ilkay, de origen turco. De hecho, el título original de esta película es, precisamente, Favoriten. Y en el transcurso de este periodo escolar nos sumergimos en un gran colegio vienés en el que la mayoría de alumnos son inmigrantes (de Turquía, Siria, Túnez, Chechenia, Afganistán, Ucrania, Bulgaria, Macedonia, Albania,…) y están integrándose y aprendiendo en alemán. Además de la falta de recursos, Ilkay y sus colegas profesores se enfrentan a estas clases multiculturales en las que la comunicación a veces se ve dificultada por el idioma. 

Es Nuestra querida profesora una película que se transforma en una oda a la infancia, donde se celebra el trabajo de los educadores y el aprendizaje de cada día, tanto dentro como fuera de las aulas. Y con dos aspectos nucleares que son el punto de partida del documental de Ruth Bechermann: uno, el conocer que del 60 % de los niños de las escuelas primarias vienesas no hablan alemán como primera lengua; y, al mismo tiempo, reconocer que hay una aguda escasez de profesores. Dos datos que pueden sorprender de una sociedad tan aparentemente avanzada y estructurada como la austriaca. 

Y durante estos tres cursos acompañamos a esta clase de alumnos desde los 7 a los 10 años, allí donde su ambiciosa profesora, Ilkay, está decidida a crear un entorno inclusivo y seguro para los esos niños y niñas que en su mayoría no hablan alemán en casa, y donde muchas familias están marcadas por la guerra y se enfrentan a la discriminación. A pesar de contar con pocos recursos, Ilkay guía a su clase a través de las aventuras de la educación, con visibles derrotas y victorias del día a día. Y durante el metraje vamos conociendo a los 24 alumnos de clase (Majeda, Melisa, Teodora, Mohammed, Egemen, Selin, Eda, Hafsa, Ibro, Valentin, Manessa, Alper, Rebeca, Nerjiss, Dani, Beid, Ibrahim, Liemar, Furkan, Selen, Natalia, Danilo, Fátima, David) y también algo de sus familias, con sus luces y sus sombras, con sus dificultades y oportunidades. 

Porque durante estos tres cursos asistimos a muy diversos momentos de esa interacción entre alumnos y su profesora, desde las clases tradicionales a las clases de relajación o natación, desde las visitas a una mezquita a la visita a la catedral de San Esteban de Viena, desde la celebración de la llegada del Ramadán (“Aún sois niños. Los niños aún no estáis obligados a ayunar. Pero también podéis probarlo. El fin de semana, el sábado o el domingo”) a los debates sobre las guerras de Siria y Ucrania (y el mensaje de Ilkay: “Para mí es muy importante que lo recordéis. La paz es lo más importante del mundo. La guerra, las peleas y los golpes, eso también lo aprendemos en la escuela…,¿sirve de algo?”), desde los exámenes a las tutorías con los padres de los alumnos. Y esa continua mediación de la profesora en los conflictos y peleas de sus alumnos en busca de la conciliación. Y todos integrándose al alemán, tal como una alumna recuerda a otra: “No hables turco. Habla alemán. Eso no está permitido”

En un momento dado, el director del centro reúne a los profesores y les cuenta que no contarán este curso con trabajadora social ni con psicóloga por varios motivos, y no saben si tendrán sustituta. Y así ocurre cuando, en cuarto de Primaria, Ilkay comunica a sus alumnos que está embarazada y tendrá que irse de baja a mitad de curso. Y la despedida de sus alumnos es muy emotiva, e incluye mensajes como este que una alumna le regala: “Un buen profesor es difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar”. Y en el momento de la despedida Ilkay se pone a llorar porque no han conseguido que nadie la releve para el resto del curso y muchos de los niños y niñas también lloran desconsoladamente. “Estudiad mucho, demostrar a los demás de lo que sois capaces…Habéis aprendido mucho en los últimos cuatro años… Que sean lágrimas de alegría porque nos volveremos a ver”. Y tras el final, uno a uno se van presentando los 24 alumnos. Y este mensaje como colofón: “Tres días después, se encontró un nuevo profesor para la clase. Rodada entre otoño de 2020 y primavera de 2023 en la escuela primaria más grande de Viena Bernhardsthalgasse, distrito 10, Favoriten”. 

Una película especial, una vivencia especial. Porque Ruth Beckermann filma con una mirada empática pero sin idealizar, y para ello su dirección es contenida y deja que las escenas hablen por sí mismas. Usa ese cine de observación sin entrevistas ni voz en off, donde la cámara es casi invisible, lo que permite una naturalidad y espontaneidad sorprendentes. Y donde hay una clara intención de no juzgar, sino de observar y comprender esta realidad que se nos cuenta en un momento donde Austria, como gran parte de Europa, enfrenta debates sobre la inmigración, la identidad nacional y la integración. El documental evita lo panfletario, pero es profundamente político en su elección de tema: mostrar cómo se construye la sociedad desde abajo, desde el aula. 

Nuestra querida profesora nos regala varios temas para el debate, como el multiculturalismo y migración (donde esa aula se convierte en un retrato de la nueva Europa, un microcosmos de nuestra sociedad, donde la integración, el entendimiento y los choques culturales son parte del día a día), la educación como herramienta social (con el papel central de esta profesora firme y paciente, dialogante y creativa, que intenta integrar los valores familiares y culturales para enseñar respeto mutuo y fomentar la convivencia) y esa construcción de la identidad desde la infancia (porque la película da voz a los alumnos, a sus sueños, sus frustraciones, sus preguntas sobre género, religión y pertenencia, por lo que, a través de ellos, se refleja la tensión entre las raíces culturales de sus familias y los valores del país que los acoge). En general, una película documental conmovedora y reflexiva que destaca la importancia de la educación y la dedicación de los docentes. Y como esta profesora, también una película difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar.

 

sábado, 1 de marzo de 2025

Cine y Pediatría (790) “El último vagón”, oda a la escuela

 

Ángeles Doñate, periodista española de formación y vocación, ha combinado su trabajo en periódicos y revistas con la enseñanza y la comunicación institucional, siempre vinculada al mundo educativo. Además, consta en su biografía que dedica parte de su tiempo a enseñar a leer y a escribir a personas adultas de manera voluntaria. Está claro que la docencia no le es ajena. En su faceta literaria, tras publicar algunos libros de ensayo, dio su salto a la novela con “El invierno en que tomamos cartas en el asunto” (2015), y entre sus obras hay una posterior que ha alcanzado gran popularidad, adaptada al cine, y que rinde homenaje a las escuelas y maestros comprometidos: “El último vagón” (2019), una historia conmovedora ambientada en México y que desde ese país, y distribuía por Netflix, ha visto su adaptación cinematográfica con título homónimo.
 
El último vagón (Ernesto Contreras, 2023) es una película sencilla con mensajes poderosos, buen cine para ver en familia. Allí donde poder revisar temas de tanto interés como la importancia de la educación (especialmente en comunidades marginadas), el valor de los maestros, la amistad y solidaridad desde la más tierna infancia, así como la resiliencia y esperanza desde las familias. Nuestro protagonista es Ikal Machuca (Kaarlo Isaacs), un niño de 11 años, hijo de unos obreros que trabajan en la construcción de las vías del ferrocarril, nómadas por el país. En el nuevo destino acudirá a la escuela vagón Malinalli Teneplat, donde la maestra Georgina (Adriana Barraza), hará todo lo posible para que Ikal aprende a leer y pueda convivir con sus nuevos compañeros (Valentina, Chico, Tuerto,…) y su perro Quetzal. Cabe destacar que en la novela se habla de un maestro, Don Ernesto, que aquí se transforma en maestra, Doña Georgina. Pero no importa el sexo, sino los grandes mensajes que el maestro / la maestra vierten en ese alma en construcción que es todo niño y niña que acude a las aulas. Estos son algunos de las frases inspiradoras que Doña Georgina a Ikal: “Le felicito, joven. Acaba usted de leer su primer libro” o “Mientras usted esté vivo, usted puede convertirse en lo que quiera y puede vivir en donde quiera. Usted que está vivo, escoja bien su vida. Elija bien lo que quiere para que sea feliz”

Pasa el tiempo y vivimos la convivencia de estos compañeros de clase (las aventuras en el río, la llegada del circo, el primer amor,…), tiempo en el que Ikal recibe la gran noticia de que sus padres deciden quedarse ya en este pueblo. Y a la pregunta de la maestra, “¿Alguna vez usted ha pensado lo que quisiera ser de grande?”, su respuesta es contundente, pues quiere ser maestro. Pero cuando el padre fallece, tienen que volver a partir y dejar todo lo que le hacía feliz, incluyendo el apoyo de esa maestra que le despide así: “Es usted un tritón. Alguien que sabe adaptarse a cualquier lugar. Nunca se subestime, Ikal”. Y antes de partir y que Ikal diga “No quiero volver aquí…”, la maestra adelanta la foto de fin de curso con todos los alumnos. 

Y esa foto en blanco y negro es la que nos enlaza con otro personaje que se nos ha presentado entre la historia previa. Es un joven inspector de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Hugo Valenzuela (Guillermo Villegas), quien tiene la misión de comunicar el cierre de muchas escuelas rurales. Y una de estas escuelas es la que hemos conocido, y cuando llega le comunican que ya hace siete años que la directora falleció, y ahora es otra joven maestra la que se hace cargo. No es difícil intuir que esa joven es su compañera Valentina, y que este inspector es Ikal, en realidad Ikal Hugo Machuca Valenzuela, quien enfadado por lo ocurrido rompió con su pasado y decidió utilizar su segundo nombre y apellido. Y con los recuerdos de esa foto de fin de curso, recuerdan el tiempo pasado y sus amigos, pero también llega el compromiso, pues ambos deciden hacerse cargo de esta escuela rural y cumplir el sueño que les inculcó aquella apasionada maestra. 

En un viaje que le llevará a reencontrarse con su pasado, Ikal/Hugo deberá jugarse su futuro, descubriendo que hay huellas que no se pueden borrar, como la familia, los amigos y la escuela. Como las del primer amor o las de un maestro, que a través de la curiosidad y el cariño, nos abre las ventanas al mundo. Y ya lo decía el famoso escritor de radio y televisión estadounidense, Andy Rooney, en un pensamiento que ya es un clásico: “La mayoría de nosotros no tenemos más de cinco o seis personas que nos recuerdan. Los maestros tienen miles de personas que les recuerdan por el resto de sus vidas”

Una novela escrita por una barcelonesa con sabor a México, dirigida por un mexicano, con localizaciones en Tlaxcala, Puebla y Veracruz, y con un contexto histórico real, pues la película hace referencia a las "escuelas Artículo 123", que fueron instituciones educativas creadas en México durante los años 20 y 30 para atender a los hijos de los trabajadores de empresas agrícolas e industriales, especialmente aquellos que se desplazaban por el país. Y que es el contexto de nuestra historia… con esas familias de trabajadores ferroviarios y ese último vagón que cabe no perder. 

Porque El último vagón nos deja al menos estos cuatro mensajes para compartir con los más pequeños de la familia: la educación como motor de cambio (y herramienta fundamental para combatir la desigualdad y construir un futuro más justo), la huella imborrable de un buen maestro o maestra, la importancia de los sueños (y de no rendirnos ante las dificultades) y el poder de la comunidad (con la familia y la escuela en el epicentro). 

La enésima oda a la escuela, a los maestros y a la educación. Y porque la vida nos enseña que es la mejor maestra.

 

sábado, 5 de octubre de 2024

Cine y Pediatría (769) “Sala de profesores”, desconcertante reacción en cadena


Son decenas las películas que en Cine y Pediatría hemos analizado en relación con la docencia en las aulas, ese punto de encuentro de alumnos y profesores. Pero la que hoy vamos a comentar tiene algo de particular. Porque Sala de profesores (Ilker Çatak, 2023) es una impresionante película alemana donde este director turco-alemán (también coguionista) nos relata un drama tenso en formato thriller rodado entre los muros de un colegio con mucha capas, allí donde un incidente pequeño provoca una reacción en cadena de grandes proporciones y que nos devuelve una visión del mundo de la pedagogía desconcertante. La película ha sido multipremiada en diferentes festivales de cine y fue nominada como mejor película internacional en los premios Óscar de 2024, premio que recayó en la película británica La zona de interés (Jonathan Glazer, 2023). 

La protagonista principal es Carla Nowak (Leonie Benesch), una joven profesora polaca que ha comenzado a trabajar en una escuela alemana. Se aprecia que es una profesora idealista y de fuertes convicciones morales, a la que le toca asumir las asignaturas de matemáticas y gimnasia en una clase de secundaria. Llama la atención esa particular manera de comenzar sus clases, con ese particular “guten tag”, así como esas palmadas de toda la clase para ordenar silencio. Pero la noticia de que han ocurrido una serie de robos (de dinero y material escolar) en la escuela desencadena una serie de hechos que le harán enfrentarse a niños agresivos que pierden el respeto, a padres ofensivos y acusadores, a compañeros poco solidarios, a un sistema educativo ineficaz e, incluso, a sus propios principios. 

La directora y su administración están llevando a cabo una investigación que comienza interrogando a los dos delegados de clase, a quien se les recuerda: “Será mejor no contar lo que hemos hablado”. La sospecha inicial recae en un alumno inmigrante turco que está en la clase de Carla, pero el proceder no convence a la profesora, por lo que un compañero le reprende: “Entiendo su indignación, pero usted no sabe desde cuándo lleva pasando esto. Hay gente aquí robando todo lo que puede y más. Tenemos que actuar cuando se presenta la ocasión”. 

Mientras convive con la rebeldía de sus alumnos preadolescentes y las incoherencias de sus colegas, su sospecha sobre quién puede haber sido el causante de los robos lo desestabiliza todo. Y la historia avanza con un cierto tono de thriller con esa particular banda sonora de Marvin Miller, inquietante entre las aulas, pasillos, patio de recreo… y en la sala de profesores. No ocurre nada extraordinario, pero es que lo ordinario que visualizamos no nos da respiro en ese pequeño mundo que es un centro escolar y que se nos presenta como representativa de nuestra convulsa sociedad, entre los derechos y deberes, entre el racismo y el clasismo, entre la libertad de prensa y las redes sociales y, especialmente, en lo complicado que lo tienen lo profesores para impartir una educación en valores. Y todo ello mientras la cámara sigue constantemente el rostro de Carla, una Leonie Benesch en estado de gracia, y quien se debate con su propia brújula moral. 

Y en Sala de profesores hay escenas que vale la pena destacar. La tutoría con los padres y ese enfrentamiento con una madre: “Los padres tienen derecho a saber lo que pasó. Los padres tienen derecho a saber que la profesora de sus hijos irá a juicio…¿Quieren saber lo que ha pasado? Esta mujer ha grabado vídeos a escondidas en el colegio de los trabajadores ¡Ha estado espiando! ¡Acusando! Con calumnias y difamaciones. ¡De todo! Ha arruinado una vida con sus suposiciones. Yo no me creería una palabra de lo que diga. Avergüencese…”. También la entrevista de los alumnos para la revista del colegio y ese tercer grado a Carla con su “Queremos saber que pasa en el colegio”. O la amenaza de ese alumno, Oskar, que defiende a su madre, e intenta que su profesora se retracte: “Discúlpese con mi madre públicamente o sufrirá las consecuencias”. Todo esto hace que el caos, la insubordinación y la violencia se apoderen de la clase y en la sala de profesores deciden expulsar a Oskar durante 10 días y revalorar luego. Y aunque Carla dice a los alumnos aquello de que “Lo que pasa en la sala de profesores se queda allí”, realmente todo trasciende. 

Y todo esto transcurre con una interpretación tan veraz que vivimos muy de cerca los sentimientos de la profesora. Y es sorprende su capacidad de contención para lo que tiene que vivir…, hasta que solicita a sus alumnos que griten, en una de las escenas que más se recuerdan. Y que nos lleva a un desconcertante final…, donde quizás esperábamos algo más. Pero donde entendemos que el robo era un simple “macguffin” para conformar esta historia, allí donde el dictado de tolerancia cero del centro escolar conduce a la denuncia, la sospecha y la exclusión, en lugar de crear un espacio seguro

Porque en Sala de profesores el director Ilker Çatak plantea preguntas morales que no permiten respuestas sencillas, y que nos permite reflexionar sobre lo difícil que es distinguir entre el bien y el mal, allí donde Leonie Benesch nos transfiere de forma magistral la desesperación cada vez mayor de su personaje, con sonrisas inseguras y miradas nerviosas persistentemente. Quizás igual que las nuestras o de la de aquellos profesores que hayan vivido situaciones similares. 

No puedo terminar el análisis de esta película, sin comentar que la sensación de inquietud que me ha provocado fue, de alguna manera, la que sentí en su momento con la película danesa La caza (Thomas Vinterberg, 2012), esa caza a la presunción de inocencia de Lucas, un maestro de guardería, magníficamente interpretado por Mads Mikkelsen. Y también desgarradora y con un final desconcertante. 

  

sábado, 27 de enero de 2024

Cine y Pediatría (733) “El profesor Bachmann y su clase”, más allá de las calificaciones

 

Es de noche y un autobús escolar va recogiendo a los alumnos. Ya amanecido, llegan al centro escolar. Y la voz del profesor pregunta si falta alguien, dejándoles echar una cabezada de sueño sobre el pupitre. Son chicos y chicas adolescentes (12-13 años), algunos alemanes, pero la mayoría de otras nacionalidades (turcos, búlgaros, polacos, marroquís, kazajos,….). Luego este profesor de avanzada edad, con camiseta del grupo musical AC/DC, chándal y gorro de lana, les cuenta algo sobre una guitarra eléctrica y una mesa, que cuesta entender también a los alumnos. Y así transcurren los primeros 15 minutos de una nueva película sobre la educación, la historia de un profesor con métodos docentes poco convencionales y su alumnado, una interacción nutrida de complejas realidades sociales, con el trasfondo del problema de la emigración en Europa y su integración. Estamos describiendo la película alemana El profesor Bachmann y su clase (Maria Speth, 2021), film en formato documental que se desarrolla a lo largo de un curso escolar durante el año previo de estos alumnos al ingreso en la Secundaria. 

La película transcurre fundamentalmente en las aulas del Georg Büchner School, ubicado en la ciudad industrial alemana de Stadtallendorf, en el estado federal de Hesse, al este de Dusseldorf. Ciudad pequeña, con una población de casi 30.000 habitantes y en la que alrededor del 60% son emigrantes de distintos países del Este y de Turquía. El profesor Dieter Bachmann es el centro de atención, así como los alumnos de su clase (Stefi, Ronja, Jamie, Ilknur, Hasan, Anastasia, Regina, Cengizhan, Erdzhan, Mattia, Rabia, Jamie, Tim, Thea, Ayman, Carolin, Ferhan, Martin, Raffaele, Abdu, Alpi, Leoni,…), y ellos realmente no actúan, sino que interaccionan como si no hubiera cámara. Y a medida que interactúan les vamos conociendo y apreciando en su diferente forma de ser. 

Y esta película de 217 minutos de carácter documental nos transporta a los sentimientos, pensamientos, emociones y melancolía de un grupo de estudiantes de diversa procedencia que llevan en sus mochilas el idioma, las tradiciones y las diferentes perspectivas religiosas de sus respectivas familias Y donde comprobamos el respeto del profesor Bachmann hacia cada uno de ellos, hacia sus creencias, acciones y reacciones: “Venid a verme si necesitáis ayuda”, les dice. Pero es un docente sensible, a la vez que firme y también sabe imponer el orden: “Todos, de pie detrás de vuestra silla y limpiad vuestro pupitre. Luego haremos un minuto de silencio. Y vamos a bajar las escaleras igual de silenciosamente”. 

Y mientras transcurre el curso escolar, transcurren las estaciones, de la nieve del frío invernal del inicio a la prometedora primavera del final. Y en ese transcurso convivimos con las clases y conversaciones del Sr. Bachmann y sus alumnos, con las particulares clases de matemáticas (donde enseña las probabilidades matemáticas con una bolsa de papel y varias bolas: “Los matemáticos dicen que la suerte se puede calcular”) y clases de alemán, o esos tiempos para le lectura (donde cada uno lee el libro, cuento o cómic que prefiere) y, sobre todo, para la música, su gran afición. Por ello, en una celebración con familiares, la hermana de un alumno le dice “Sr. Bachmann, ¿tú solo haces música?”. Y su respuesta: “Eso dicen de mí, pero no es cierto. También damos matemáticas, alemán, arte y educación física”. Pero lo cierto es que a lo largo del largo metraje no solo cambia de gorros de lana, sino de temas musicales que comparte con sus alumnos, incluido la versión del “Knockin´n on Heaven´s Door” del grupo Guns N´Roses o sus propias composiciones. 

También conocemos a algunos profesores más, y con ellos compartimos el claustro de profesores, las evaluaciones o el simulacro de incendio. Y el profesor Bachmann habla continuamente con sus alumnos, de forma general en sus clases y de forma particular con cada uno de ellos y sus proyectos de vida. Por ello algún alumno le confiesa: “Mi padre ha dicho que eres un buen y apasionado maestro. Creas muy bien ambiente y eso”. Y a buen seguro que es así, y también muy particular, pues con ellos aborda aspectos polémicos de la vida real, como la religión, el uso del hiyab, la invasión nazi y los campos de concentración (con la visita de ese museo que recuerda la fábrica de bombas en la ciudad) o el amor homosexual. Y en todo momento se muestra conciliador, humano y dialogante, aunque riguroso en mantener la disciplina. Y cuando recuerda a un compañero que ya tiene 65 años y está a punto de jubilarse después de décadas de maestro, profesión que aprendió a amar con el tiempo, aquel le dice: “Eras como E.T. entre los profesores”. 

Quizás la parte final de la película es la más simbólica. Con esa explicación que Bachmann realiza de forma individual de las notas de cada alumno, apoyando cada uno de los suspensos o dificultades. Con ese viaje de fin de curso a la campiña, con la convivencia continua durante varios días entre alumnos y profesores. Con esa despedida de una de las profesoras: “Habéis sido un dolor de cabeza la mayor del tiempo, tengo que admitirlo. Pero realmente os he llegado a apreciar en muy poco tiempo”. Y esas palabras finales del profesor Bachmann a esos alumnos que cambian ya de instituto: “Todos sois personas completamente diferentes. Estas calificaciones no reflejan en absoluto quien eres. Son solo instantáneas de cosas sin importancia como las matemáticas y el inglés. Lo que es mucho más importante es que sois chavales excelentes. Todos vosotros sois honestos. Permaneced fieles a vosotros mismos. No es tan importante lo bueno o malo”. 

Y finaliza con esa escena final de espaldas con su gorro y con la clase vacía… Y durante tres horas y media hemos sido partícipes de esta historia que es como un homenaje a todos aquellos profesores que, con su personal modo de practicar la enseñanza y su pasión por ayudar al alumnado, consiguen poco a poco inculcarles valores, motivarles para que sigan adelante y no abandonen los estudios, con la meta de llegar a ser adultos de provecho. 

Porque El profesor Bachmann y su clase es una oportunidad para sentir el amor y pasión por enseñar y sacar lo mejor posible de su alumnado, en este caso un alumnado donde se combina emigración e integración. Y cuya enseñanza va mucho más allá de las calificaciones…Y, pese a su ambicioso metraje, retrata de nuevo otra figura carismática de un profesor inolvidable que aporta valores para un mejor desarrollo humano de sus alumnos, una forma alternativa de enseñar compensando las diferencias culturales y sociales. 

Y el nombre del Sr. Bachmann se une al de tantos otros docentes prestigiosos del séptimo arte, unos en la ficción, otros en la realidad: Arthur Chipping en las dos versiones de Adiós, Mr. Chips, la de blanco y negro (Sam Wood, 1939) y la de color y musical (Herbert Ross, 1969); Anna Sullivan en El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962); Mark Thackeray en Rebelión en las aulas (James Clavell, 1967); John Keating en El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989); LouAnne Johnson en Mentes peligrosas (John N. Smith, 1995); Glenn Holland en Profesor Holland (Stephen Herek, 1995); Sean McGuire en El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997); Roberta Guaspari en Música del corazón (Wes Craven, 1999); Don Gregorio en La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999); Georges López en Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002); Katherine Watson en La sonrisa de Mona Lisa (Mike Newell, 2003); Clément Mathieu en Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004); Erin Gruwell en Diarios de la calle (Richard LaGravenese, 2007); François Marin en La clase (Laurent Cantet, 2008); Pascaline Dogliani en Sólo es el principio (Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010); Stacy Bess en Más allá de la pizarra (Jeff Bleckner, 2011); Bachir Lazhar en Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011); Henry Bathes de El profesor (Detachment) (Tony Kaye, 2011); Carlos González de Entre maestros (Pablo Usón, 2012); Anne Gueguen en La profesora de Historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014); Master Carvelle en El coro (François Girard, 2014); la hermana Margueritte en La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améris, 2014); Maria Drazdechova en La profesora (Jan Hrebejk 2016); Miss Kiet en Los niños de la señorita Kiet (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016); François Foucault en El buen maestro (Olivier Ayache-Vidal, 2017); Lisa Spinelli en La profesora de parvulario (Sara Colangelo, 2018); o Ugyen Dorji en Lunana: un yak en la escuela (Pawo Choyning Dorji, 2019); por citar algunos de los ya comentados en Cine y Pediatría.                       l  

 

sábado, 14 de enero de 2023

Cine y Pediatría (679). “Manolito Gafotas”, de Carabanchel Alto al mundo


Elvira Lindo, nacida gaditana y afincada como madrileña, es una escritora y periodista española que llevamos en la memoria por su personaje literario, Manolito Gafotas, quien apareció en la década de los 90 como la historia de este niño y su familia en el barrio madrileño de Carabanchel (Alto) y que destaca por la caracterización de unos personajes que son típicos de la sociedad española y con el que tanto nos hemos identificado o, al menos, tanto nos hemos sonreído. El éxito obtenido con estos libros en cuanto a su volumen de ventas lo convirtió en todo un clásico de la literatura infantil española, y del que se han publicado ocho novelas, todas bajo el sello de la editorial Alfaguara Infantil y Juvenil, salvo el último que lo hizo Seix Barral: “Manolito Gafotas” (1994), “Pobre Manolito” (1995), “¡Cómo molo!: (otra de Manolito Gafotas)” (1996), “Los trapos sucios de Manolito Gafotas” (1997), “Manolito on the road” (1998), “Yo y el Imbécil” (1999), “Manolito tiene un secreto” (2002) y “Mejor Manolo” (2012l). 

Y con estas novelas nos trasladamos a la casa de los García Moreno, al bar Tropezón, al parque del Árbol del Ahorcado y a los asientos del camión Manolito y a ese soniquete que era la canción “Campanera” de Joselito. Pero, sobre todo, evocamos a esos personajes que rodean a Manolito Gafotas: Catalina, su madre, famosa por sus collejas cuando se enfada; Manolo, su padre, camionero de profesión y quien se pasa mucho tiempo viajando para sacar adelante a la familia y seguir pagando las letras del camión; su hermano pequeño, al que llama El Imbécil, y que siempre lleva su chupete, presto a ofrecerlo al que lo necesita; Nicolás, el abuelo materno, que suele vestir de chándal, tiene predilección por los tintos de verano, sufre prostatitis y tiene en su dentadura una de sus posesiones más preciadas; su mejor amigo, Orejones López, y otros amigos como Yihad, el chulito del barrio, Paquito Medina, el más listo de clase, Arturo Román, que todo lo pregunta, Mostaza, Jessica la exgorda, cursi y pija, y Susana Bragas-Sucias; La Luisa, la típica vecina cotilla que de todo se entera y todo lo cuenta, y su marido, Bernabé, con su famoso peluquín; Sita Asunción, la profesora, quien normalmente llama a todos sus alumnos “delincuentes” y sueña continuamente con la jubilación; o el Señor Solís, el conductor del autobús escolar. 

Con unos antecedentes literarios así, no tardaría en que el personaje se trasladara a la pantalla, tanto a la grande con dos películas, como a la pequeña con una serie de televisión. Y nos detenemos principalmente en la primera adaptación: Manolito Gafotas (Miguel Albadalejo, 1999). Porque bajo el son de “La Campanera” y con la imagen del Bar el Tropezón comienza la voz en off de ese niño: “Este es mi barrio en el verano pasado, Carabanchel Alto. Habrás oído hablar de él porque es uno de los barrios más importantes de Europa. Mi abuelo dice que el suelo de Carabanchel es horroroso, pero que el cielo es de lo más bonitos del mundo, como las pirámides de Egipto o el rascacielos de King Kong”. Aquí se contó con el niño David Sánchez del Rey para el papel de Manolito, Adriana Ozores y Roberto Álvarez eran los padres, y Antonio Gamero el abuelo. 

Y los diálogos y la habitual voz en off de Manolito, nos saca una sonrisa (aunque quizás no tanto como las historias leídas en las novelas). He aquí algunas de sus sensatas reflexiones: “En el Parque del Ahorcado solo hay un banco para cinco viejos. Pero como siempre hay uno meando, porque están todos de la próstata, no tienen problema de espacio”, “Y ese es El Imbécil, mi hermano. Es un mote cariñoso que le puse el día que vino a este mundo para molestarme”, “Y ahí estamos nosotros. Mi mejor amigo, El Orejones López, Susana Bragas Sucias, Yihad el chulito de mi calle, y el de detrás soy yo, Manolito García Moreno, más conocido en Carabanchel como Manolito Gafotas… A mí me gusta que me llamen Gafotas. En mi barrio todo el mundo que es un poco importante tiene un mote. Antes de tener un mote, yo lloraba bastante; desde que soy Manolita Gafotas, insultarme es una pérdida de tiempo”, “Yo sabía que las collejas estaban sobrevolando mi cabeza en aquellos momentos. Una colleja es una torta que te da una madre, o en su defecto cualquiera, en un lugar del cuerpo que se llama nuca”… 

Y las aventuras trascurren entre la familia, el colegio y el barrio, como todas las historias de niños de barrios. Y donde Catalina pasa a la fase de madre histérica con asiduidad y le dice a sus hijos y al abuelo: “Yo os abandono. Fijaros lo que os digo, yo os abandono y me quedo más ancha que larga”. Y donde el abuelo siempre le defiende, tanto de la madre (“No le des tanto al niño en la cabeza, que está estudiando”), como de los malos momentos, incluido el suspenso en matemáticas (“Cervantes, Einstein, Carlos Marx, Julio Verne, todos unos genios. Y no creas que se le daban tan bien las matemáticas…”, un pensamiento bien asertivo). Y en el colegio esas redacciones al final del curso sobre el verano, redacciones que suelen ser iguales a las del año pasado, pues “no cambia casi nada”, como se explican los alumnos. Y una especial mención a esas dos guardias civiles, Benítez (Geli Albadalejo) y Cardona (cameo de la propia Elvira Lindo), a las que el abuelo se les sincera: “Yo les digo una cosa. Si no me voy al asilo es por mis nietos. Porque a mí ese matrimonio me tiene muy harto”. 

Y estas “espeluznantes” historias de verano de Manolito tienen un final muy “made in Spain” con la familia comiendo un arroz marinero mientras una banda, al borde del mar, toca la canción “La campanera” de Joselito. Y entonces recordamos las palabras de Manolito Gafotas: “El mar. Eso es lo único que le faltaba a Carabanchel Alto para ser perfecto. El mar”. 

Luego llegaría la segunda y última adaptación para el cine, con un resultado tan pobre que creo que no les quedaron ganas de una tercera película. Hablamos de Manolito Gafotas en ¡Mola ser jefe! (Joan Potau, 2001), quien traslada las “espeluznantes” historias a las vacaciones de Navidad. Aquí se contó con el niño Doro Berenguer para el papel de Manolito, María Barranco y El Gran Wyoming eran los padres, y Vicente Haro el abuelo, con un papel para Oscar Ladoire como tío, tan desacertado como el resto. Y fue más adelante cuando apareció la serie de Antena 3 televisión, Manolito Gafotas (Luis Oliveros, Antonio Cuadri y Antonio Mercero, 2014) y que contó con 13 episodios, donde solo Adriana Ozores y Antonio Gamero repitieron el papel de la primera película, pero tampoco el resultado de la crítica fue muy positivo. 

Así pues, para rememorar a este personaje que llegó de Carabanchel Alto a través de las novelas de Elvira Lindo, recomiendo revisar solo la adaptación cinematográfica del alicantino Miguel Albadalejo. Ambiente costumbrista y cómico en el seno de la denominada como clase media baja más cañí, pero es a través de la mirada de este niño que nuestra escritora nos introduce a temas inauditos, e incluso revolucionarios, en la literatura infantil del momento, pues se hablaba de mucha temática social. Porque para muchos millenials, Manolito Gafotas es un amigo más. Y para los que somos de generaciones previas, quizás también.

 

sábado, 13 de febrero de 2021

Cine y Pediatría (579) “El pequeño Nicolás” o el príncipe destronado

 

“Le petit Nicolas” es una serie de libros infantiles, obra del escritor y guionista de cómics francés René Goscinny, creador de personajes como Astérix y Obélix, y del dibujante Jean-Jacques Sempé, y cuya idea procede de una tira cómica en la revista belga Le Moustique. Todos los libros de la serie son colecciones de historias cortas protagonizadas y narradas en primera persona por Nicolás, un chico travieso de 8 años proveniente de una familia francesa de clase media durante el periodo que comprende las décadas de 1950 y 1960. Libros que gozaron y siguen gozando de un enorme éxito, especialmente en Francia, y constituyen toda una parodia amable del modo en que razonan y se expresan los niños. Un canto a la infancia y desde la infancia. 

Una serie así es lógico que haya tenido diversas adaptaciones en la pantalla, como una serie de televisión animada en 3D, que se estrenó en Francia en 2009, y la película El pequeño Nicolás (Laurent Tirard, 2009). Dado el éxito de esta película, el director y la mayor parte de los actores adultos repitieron para la secuela, estrenada en 2014 con el título Las vacaciones del pequeño Nicolás

Hoy nos reúne la película El pequeño Nicolás, donde lo verdaderamente interesante es que la pandilla de Nicolás parece salida directamente del libro. Y ya antes de los deliciosos títulos de crédito, comienza con una divertida presentación de Nicolás y de sus amigos del colegio. Donde el protagonista, Nicolás (Maxime Godart), relata en primera persona sus andanzas y las de su pandilla: Alcestes (Vincent Claude), el mejor amigo de Nicolás, que es gordito porque come sin parar y solo piensa en comida; Godofredo (Charles Vaillant), hijo de un padre muy rico que le compra todo lo que quiere, pero que es el mayordomo quien se ocupa de él, pues su padre trabaja mucho; Clotario (Victor Carles), el último de la clase, despistado, le castigan por todo y sueña con ser campeón ciclista; Eudes (Benjamin Averty), quien de mayor quiere ser bandido; Rufo (Germain Petit Damico), quiere ser policía, como su padre y le gusta hacer el tonto; Anino (Damien Ferdel), el empollón de la clase y preferido de la maestra, y a quien los demás niños no le pueden pegar tan a menudo como quisieran porque lleva gafas. Y donde también tienen cabida otros personajes, como María Eduvigis (Elisa Heusch), que parece angelical, pero en realidad es tan traviesa como los chicos y tramposa en los juegos. 

Todos los actores son jóvenes debutantes que nos despiertan la sonrisa y hasta la risa por la espontaneidad, ingenuidad y candor de sus personajes y de sus interpretaciones. Aparte de los personajes infantiles, cabe destacar el papel de los adultos, con la participación de caras conocidas como Sandrine Kiberlain (a quien recordamos en otros dos películas de Cine y Pediatría como son Cuando tienes 17 años - André Téchiné, 2016 - y En buenas manos - Jeanne Herry, 2018 –) en el papel de maestra o ese guiño de Gerard Jugnot (icónico en Los chicos del coro - Christophe Barratier, 2004-) como director de ese imposible coro del colegio.   

Nicolás es hijo único y nos habla así de sus padres (Kad Merda y Valérie Lemercier): “A mi edad mi padre ya quería ser muchas cosas. A menudo me recuerda que si no se hubiera casado con mi madre se habría convertido en un campeón de fútbol, un campeón de natación e, incluso, campeón de ciclismo… Y luego está mi mamá. Estoy seguro que mamá siempre ha querido ser mamá y por nada del mundo quisiera que fuera otra cosa…Ahora entiendo porque no sé lo que quiero ser de mayor. Me encanta mi vida y no quiero que cambie”. Unos padres que discuten mucho, pero que siempre lo solucionan, aunque el padre le llegue a decir: “Nicolás, no te cases nunca”. Un padre que busca un ascenso laboral como puede de su jefe, el Sr. Moucheboume. 

Y en este contexto es cuando conoce que su compañero Joaquín (Virgile Tirard) va a tener un hermano pequeño, de donde surge el comentario de la pandilla en el patio de recreo: “Un hermano es un problema. Los padres dicen que tienes celos y después te castigan”. Y a partir de ahí es cuando Nicolás ve signos en sus padres que le hacen sospechar de que él también va a tener un hermanito y se imagina que sus padres se quieren deshacer de él en el bosque. Y en ese momento se nos muestran las divertidas estrategias para deshacerse del futuro bebé (que solo está en la imaginación de Nicolás), mientras los padres invitan a cenar al jefe y a su mujer y maquinan cómo poder estar a la altura en su forma de vestir, tener conversaciones interesantes y otras formas de aparentar. 

Es El pequeño Nicolás una gozada visual de adaptación a aquellos años de nuestra infancia, con escenas inolvidables, entre las que quisiera destacar aquellas de la revisión médica escolar, especialmente cuando les indican que interpreten las imágenes cuando ven las tarjetas de Rochard (ese método proyectivo de psicodiagnóstico a través de imágenes con simetría bilateral y que se utiliza para evaluar principalmente la personalidad) y lo que cada uno interpreta, que es un buen reflejo de cada uno de estos niños. 

Y con esta película podemos rememorar muchos aspectos alrededor de la infancia y sus alrededores (la familia, el colegio y las pandillas de amigos) y, sin duda, es un guiño al síndrome del príncipe destronado, que se caracteriza por la aparición de celos en un niño ante el nacimiento de un nuevo hermano, allí donde la estructura familiar pasa por un momento de cambio, en el que se deben de reajustar funciones y roles en los progenitores. 

Una película que se ve con una sonrisa permanente, como se declara en la frase final de Nicolás: “Cuando sea mayor lo que quiero es hacer reír a los demás”. Y vaya que si lo consigue. Y por ello es una película muy aconsejable para ver en familia y a todas las edades.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

Recomendaciones acerca de la reincorporación a la escuela de los niños con enfermedades crónicas

 


La Asociación Española de Pediatría (AEP) ha editado un documento que conviene compartir para darlo a conocer: las RECOMENDACIONES acerca de la reincorporación a la ESCUELA de los niños con ENFERMEDADES CRÓNICAS.  Un documento útil para profesionales sanitarios, pero también para aquellos padres y familiares que tengas dudas sobre la implicación de la infección por el nuevo coronavirus en la enfermedad crónica de su hijo o hija. 

Agradecemos a la AEP y las 14 sociedades científicas de las distintas especialidades pediátricas de la AEP que representan a todos los pacientes en edad pediátrica en situaciones especiales de cronicidad (Cardiología, Gastroenterología, hepatología y nutrición, Endocrinología, Errores innatos del metabolismo, Genética y dismorfología, Hematología/Oncología, Infectología, Inmunología y Alergia, Nefrología, Neumología, Neuropediatría, Paliativos, y Reumatología Pediátrica) por la implicación en este documento. 

Como bien se comenta en la introducción de este documento de 37 páginas, ante la eminente apertura escolar es importante tener unas recomendaciones al inicio del curso para los niños con enfermedades crónicas en el contexto de la pandemia COVID-19. Un documento realizado bajo cuatro premisas: 

- Que estas recomendaciones se realizan a pesar de que en el momento actual no hay evidencia científica que los niños con enfermedades crónicas tengan un mayor riesgo de infección por SARS-CoV-2. 

- Que aún así, este documento puede ser un trabajo de partida como herramienta importante y de gran ayuda para todos los pediatras y profesionales con dedicación a los niños con cronicidad y también tranquilizadora para los pacientes, padres y familiares, para estos tiempos tan difíciles del COVID-19.

- Que se desglosan un conjunto de medidas que se consideran importantes y específicas en cada grupo de pacientes, bajo dos aspectos: las recomendaciones para aquellos pacientes que pueden escolarizarse y las situaciones especiales de los niños que no deben incorporarse a la escuela hasta que mejore el estado de pandemia o su situación clínica lo permita. Y, en todo caso, siempre teniendo en cuenta que para tomar estas decisiones y ante cualquier duda se debe de consultar con el especialista responsable de cada paciente. 

- Que estas recomendaciones se irán revisando por los expertos y podrán ser modificadas en función de la evolución de la situación epidemiológica, las recomendaciones generales del Ministerio de Sanidad y de la publicación de nuevos documentos científicos que modifiquen la evidencia de la que se dispone hasta el momento actual. 

Os dejamos el documento para su consulta, en el que existe una información que puede ser relevante para aquellos pacientes pediátricos con patología oncológica, cardiopatías congénitas, diabetes mellitus, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, hepatopatías crónicas, inmunodeficiencias, asma, fibrosis quística, patología renal crónica, enfermedades neuromusculares, artritis idiopática juvenil y otras conectivopatías, pacientes en tratamiento paliativo, y muchos otros. 
 

martes, 8 de septiembre de 2020

Pandemia COVID 19 y vuelta al colegio

La vuelta a clase en medio de una pandemia es una experiencia que nadie había tenido hasta ahora, ya que en marzo al decretar el estado de alarma los niños se quedaron en casa, sin guardería, colegio ni universidad. Así que no es de extrañar la gran incertidumbre que se esta generando con la vuelta a clase en este estado de "nueva normalidad".

Los documentos se multiplican, y muchas vecees falta tiempo para leerlos y asimilarlos. A continuación se describen los más recientes.

La Propuesta de actuación ante la detección de un síntoma sospechoso de COVID-19 en un centro escolar de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) describe los pasos para prevenir y detectar y la actuación ante un niño con síntomas, especialmente con fiebre.

En la Propuesta de la Asociación Española de Pediatría-AEP en relación a la apertura gradual de las áreas de educación infanto juvenil se describen las recomendaciones en la escolarización, partiendo de la base de que la reincorporación presencial a los centros escolares "se hace en cumplimiento del derecho que tienen los niños y los adolescentes al aprendizaje y a la socializacion, comonecesidades básicas para su desarrollo, contempladas por la Convención de los Derechos del NIño (CDN)"

En cuanto a las preguntas que se hacen las familias y los educadores acerca de la conveniencia de que los niños con distintas enfermedades acudan a la escuela, la Asociación Española de Pediatría ha publicado las Recomendaciones de las distintas especialidades pediátricas de la Asociación Española de Pediatría acerca de la reincorporación a la escuela de los niños con enfermedades crónicas. 

Preguntas como ¿Puede escolarizarse un niño diabético? ¿Y si ha necesitado un transplante? ¿Pueden ir al colegio los niños y adolescentes asmáticos o con otros problemas pulmonares?. Como es de esperar se producen escenarios diferentes con muchas preguntas para las que las diferentes sociedades tratan de orientar a las familias.  Una de las sociedades que elaboran el documento es la Sociedad Española de Paliativos Pediátricos. Establecen recomendaciones y además realizan la siguiente reflexión: 

"Los efectos de la escolarización son especialmente apreciables en la población infantiojuvenil más vulnerable  y en aquéllos con necesidades de educación especial, a los que se debiera dar prioridad en la reapertura gradual. Los pacientes con patología crónica y complejidad, y sus familias, tienen unas peculiaridades que hacen que los beneficios de mantener una escolarización sean aún mayores que en la población sana. Además de las repercusiones positivas sobre su desarrollo psicomotor y proceso de socialización (algunos de ellos con necesidades de Atención Temprana), tiene unos evidentes beneficios emocionales y sociales".

El documento del Centro Europeo para la Prevención y Control de enfermedades (ECDC), COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission, revisa el estado de la escolarización y su impacto en la pandemia en los diferentes paises europeos. Concluye que si se realiza distancia física adecuada y se aplican medidas de higiene, es poco probable que las escuelas sean mas propagadoras del virus que otros lugares ocupacionales o de ocio con similar densidad de población. 

En mayo de este año, ante la apertura parcial de los centros educativos en la fase dos, desde el Ministerio de Sanidad y de Educación se publicaron las Medidas de prevención e higiene frente a Covid 19 para la reapertura parcial de los centros educativos en el curso 2019-2020. En el mismo se desarrollan aspectos en cuanto a los centros educativos: la actuación ante la aparición de sintomas, la higiene y limpieza, la distancia de seguridad, las medidas de prevención personal.  Posteriormente el Ministerio de Sanidad publicó la Guía de actuación ante la aparición de casos de Covid-19 en los centros educativos (27 agosto 2020) y el más reciente Guía de actuación ante la aparición de casos de COVID-19 en centros educativos (7 septiembre 2020) describen las líneas de actuación para el manejos de casos, contactos y brotes de COVID-19 en un centro educativo.

En resumen, todo es nuevo y se vive como amenazante. Desde las sociedades científicas y los organismos nacionales e internacionales se elabora información basada en los conocimientos actuales para que las personas estén informadas. De lo que no hay ninguna duda es de que el cierre de las escuelas tiene un impacto negativo muy importante en los niños, especialmente en aquellos más vulnerables. Y que aunque con todas las precauciones y cuidados, los niños deben volver al colegio.




martes, 26 de mayo de 2020

¿Nos hemos olvidado de los niños en los tiempos de COVID-19?

“La mayoría de los gobiernos en el mundo han cerrado de forma temporal los colegios, para controlar la pandemia COVID-19.
Estos cierres impactan en el 70% de los estudiantes en el mundo. Las escuelas se han cerrado rapidamente, pero a la hora de abrirlas, muchos países se muestran indecisos”

Esto declara el informe reciente de la UNESCO. En el mismo describe que el cierre de las escuelas conlleva unos costes sociales y económicos elevados, afectando a los más vulnerables y marginales. Según UNESCO este cierre interrumpe el aprendizaje, empeora la nutrición, dificulta el trabajo de los padres que pueden dejar a los niños sin un cuidado adecuado, eleva el fracaso escolar, incrementa la posibilidad de violencia y explotación y conlleva aislamiento social.

¿Los niños se infectan? ¿Se enferman? ¿Contagian a la gente de su entorno?

Por un lado parece que se infectan en menor proporción. Estudios actuales describen que las tasas de infección en los niños son bajas al comparar con los adultos.

Cuando se infectan, la infeccion en niños tiene un curso más leve, a diferencia de los adultos, con una baja proporción de ingresos y de mortalidad.

Y a la hora de contagiar, pues parece que podrían tener una infección respiratoria mas leve, con menos contagio del virus. Datos de un estudio en Guangzhou encontraron que los niños contagiaban en los contactos familiares un 5% frente al 17% en los mayores de 59 años.

Resultados similares en cuanto a la baja infectividad de los niños se han encontrado en otros estudios Tambien en estudios observacionales realizados en Francia o en Australia encuentran  que los niños contagian poco en los casos producidos en las escuelas.

Y en España ¿hay muchos niños infectados?

En España, en el informe sobre la situación de COVID-19 de 21 de mayo,  de 250 287 casos diagnosticados, solo 0,6% son menores de 14 años (1399).

En el estudio nacional de sero-epidemiologia de la infección por SARS-CoV-2 en España (ENE- COVID-19) se incluyeron 8243 menores de 15 años de un total de 60 893 participantes (13,5%). Tuvieron anticuerpos positivos (IgG) un 3,15%, siendo el porcentaje menor en los más pequeños. Esta proporción de infectados es inferior a la de la población general (5%).

En resumen, se puede decir que los niños se enferman menos, se contagian menos, y que a la hora de contagiar parece que contagian menos que los adultos.

¿Nos hemos olvidado de los niños?

Tras dos meses y medio de la declaración de pandemia, los organismos internacionales alertan acerca de las consecuencias para la salud de los niños en el mundo. Es decir que de no poner remedio, muchos niños enfermarán y morirán por causas prevenibles.

La OMS dice: al menos 80 millones de niños tienen riesgo de enfermedades como difteria, sarampión y polio, ya que la COVID-19 altera los esfuerzos para vacunar.

Y UNICEF declara que unos 6000 niños podrían fallecer diariamente por causas prevenibles debido a que la COVID-19 continua debilitando los sistemas de salud y alterando los servicios rutinarios.

En España, en cuanto a la cobertura vacunal,  el informe del Comité Asesor de Vacunas, describe la pérdida de muchas vacunaciones.

¿Se puede hacer algo por los niños?

En medio de la crisis y la incertidumbre, la vuelta a la escuela es una necesidad. La AEP ha elaborado un documento con recomendaciones acerca de edades, medidas e higiene. En el mismo se puede leer "proponemos que, en cuanto la situacón de la epidemia lo permita, se debe organizar la reapertura de todas las actividades escolares. Esta reapertura será paulatina y progresiva y deberá basarse en grupos de edad, siendo deseable extenderla a todos los niveles educacionales".


Estamos tan preocupados por todo, que parece que los niños se nos han olvidado. Urge que desde los servicios de salud, las instituciones, los profesionales, los responsables de la infancia, se tomen medidas para paliar a nivel local, nacional y mundial los efectos negativos de la pandemia en los niños, en cuanto a su aprendizaje, su salud, su futuro.

A este paso no se morirán por la COVID-19 sino por muchas otras causas que se podrían haber evitado.



sábado, 3 de agosto de 2019

Cine y Pediatría (499). “Matilda”, cuando los hijos sobreviven a la familia y a la escuela


“Todo el mundo nace, pero no todo el mundo nace igual. Hay quien nace para carnicero, panadero o cerero. Algunos solo servirán para hacer ensalada de tapioca. Pero de una manera u otra, cada ser humano es único para bien o para mal. La mayoría de los padres creen que sus hijos son las criaturas más bonitas que adornan el planeta. Otros reaccionan de forma menos emocionada”. Con esta introducción en voz en off comienza una película muy especial sobre una familia disfuncional en la que nace una niña que tiene que hacerse poderosa para sobrevivir a ese entorno. 

Y la voz en off prosigue, y ya nos quedan pocas dudas tras las primeras escenas: “Harry y Zinnia Wormwood vivían en un barrio muy agradable y en una casa agradable, pero ellos no eran agradables. Estaban tan inmersos en su estúpida vida que apenas se daban cuenta de que tenían una hija. Y si hubiera prestado un poco de atención, habrían advertido que era una niña bastante extraordinaria”. Y el narrador prosigue en la descripción de esta familia: “Cada mañana, el hermano mayor de Matilda, Michael, iba al instituto. Su padre se iba a trabajar vendiendo coches usados a un precio injusto. Y su madre se iba al bingo. Matilda se quedaba sola y eso le gustaba”

La película ya casi todo el nombre la reconoce, Matilda, que es el nombre de su pequeña protagonista. Una película dirigida en el año 1996 por el reconocido actor Danny DeVito – también productor y director ocasional – en lo que es una fiel adaptación del libro con el mismo título y escrito por Roald Dahl, un escritor galés especializado en crear personajes extraordinarios que desnudan las contradicciones del mundo de los adultos y un escritor especial en el que muchas de cuyas obras se han adaptado al cine, como Gremlins (Chris Columbus, 1984), James y el melocotón gigante (Henry Selick, 1996), Charlie y la fábrica de chocolate (Tim Burton, 2005) o Mi amigo el gigante (Steven Spielberg, 2016).

Es Matilda una novela y una película en la que, a lo largo de la obra, se muestra la contraposición entre valores positivos y negativos, lo bueno y lo malo y la diferencia entre ayudar y dañar a los demás. Matilda y Miss Honey representan aquellos valores positivos de la sociedad (ser amable, ayudar a los demás o procurar el bien común), mientras que los padres de Matilda y Miss Trunchbull caracterizan la maldad y todo aquello dirigido a hacer daño a las personas (engaño, maltrato o aprovecharse del más débil). Se trata en definitiva de cuestionar la autoridad, sobre todo moral, de los adultos.

Desde las primeras escenas confirmamos que la extraordinaria mente Matilda (Mara Wilson, soberbia en su papel y quien actuó durante toda la película aun habiendo sufrido la pérdida de su madre durante el rodaje) no ha nacido en el mejor hogar, por lo que debe recurrir a sus instintos de autodefensa para poder convivir con su familia directa, encontrando un fuerte aliado en la lectura. Henry (Danny DeVito), el padre, es un vendedor de coches usados, desaprensivo, ignorante y enemigo de todo aquello que dé motivo para pensar seriamente; su madre, Zinnia (Rhea Perlman), es una mujer hueca que se ajusta perfectamente al escaso nivel intelectual de su marido, una madre de lo más “fashion-victim que no se entera ni de cuántos años tiene su hija; finalmente, su hermano mayor, Michael, es un bobalicón que parece seguir el camino de sus padres y con quien la niña no tiene ninguna posibilidad de comunicación. Cuando Matilda es recurrentemente abandonada en el hogar, busca refugio en la Biblioteca Municipal, en los libros, en la lectura y en la imaginación. Todos los días lee un libro y su mente crece con la lectura, mientras la de sus padres iba disminuyendo con la televisión (recordamos como se reúnen para ver el concurso "Pégueme y págueme"). Los padres la detestan por listilla y no integrarse en la familia; y ella no los aguanta por lo mediocres que son, hasta el punto que los castiga y los reprende, como cuando le dice a su padre: “Lo que haces es ilegal… Eres un estafador”.

Es tal el desapego que se olvidan incluso de llevarla al colegio cuando cumple los 6 años. Y cuando finalmente la envían, así la presentan ante la directora Trunchbull (Pam Ferris, en uno de los papeles imprescindibles de esta película): “Tengo un hijo, Michael, y una equivocación, Matilda”. Pero esa expresión no impresiona a la directora, prácticamente un ogro que trata a los alumnos como si fueran animales, y que piensa así: “Mi concepto de una escuela perfecta es aquélla en que no hay ningún niño, ninguno”. Su consuelo es la presencia de la angelical Miss Honey (Embeth Davidtz), su maestra – y, a la vez, sobrina de la directora -, quien le brinda su cariño al descubrir en ella un alma noble carente de afecto y con especiales cualidades. Pero, pese a no ser la escuela ideal, Matilda piensa: “Después de todo, cualquier escuela es mejor que no tener escuela”. 

Y Matilda acaba descubriendo sus poderes de telequinesia para controlar y revertir a su favor determinadas situaciones ante los desaprensivos adultos que le rodean: “Dicen que los seres humanos solo usamos una pequeña parte de nuestro cerebro. Matilda podría no saber la gran fuerza de su mente si no fuera por los acontecimientos que empezaron al día siguiente”. Y tras muchos avatares, haciendo humor negro de la tragedia, llegamos a un final feliz cuando Matilda es adoptada por Miss Honey, y ambas consiguen una familia en la que demostrarse su cariño.

Porque Matida es una película para todos los públicos: aparentemente dirigida a un público infantil, desarrolla elementos con carácter adulto, tan importantes como el maltrato infantil, la familia, la educación, la estafa o los valores en la vida. Es por esto que la película puede usarse como recurso didáctico para tratar estos temas tan sensibles con nuestros hijos.

Matilda es un ejemplo, tratado con acidez, de cuando los hijos sobreviven a la familia y a la escuela, a determinadas familias y determinadas escuelas – los dos lugares principales para su desarrollo – y que se resume en esta frase que su padre y la directora Trunchbull dicen a Matilda: “Tú eres tonta, yo lista; tú pequeña, yo mayor; tú no tienes razón, yo siempre. Y no puedes hacer nada para remediarlo”. Dolorosa asimetría de poder. 

sábado, 26 de enero de 2019

Cine y Pediatría (472) Refugiados en la pedagogía con ”Miss Kiet´s Children”


Son pocas las películas holandesas que llegan a las carteleras de nuestro país. En Cine y Pediatría hemos revisado en estos nueve años solo dos: Skin (Hanro Smitsman, 2008), la perturbadora piel de los jóvenes skinheads nacionalistas; y Kauwoy (Boudewijn Koole, 2012), una película que nos habla de la pérdida a través de la insólita amistad entre un niño y su grajo. 

Y hoy llega una más, el largometraje Miss Kiet´s Children dirigido en 2016 por Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, un matrimonio que ya han dirigido juntos otras películas documentales, si bien todas ellas inéditas en España. Porque en 2007 ya habían realizado el multipremiado film If We Knew sobre pediatras en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Y con nuestra película de hoy regresan a la infancia y nos presentan este riguroso documental que hará las delicias de todo aquél que se quiera sumergir en el minimalismo del proceso de enseñanza en niños en edad de preescolar. Casi dos horas de duración entre el aula y el patio, entre la maestra y los jóvenes alumnos, que no es fácil de ver quizás, pero si es sencilla de sentir. Porque es difícil pensar en muchas películas que se hayan acercado a la infancia con tanto respeto y con tanta integridad. 

Y la película comienza con este mensaje: “Es una escuela primaria de un pueblo holandés, la Srta. Kiet enseña a un grupo de niños inmigrantes. Algunos son refugiados de zonas en guerra”. Y es así como Miss Kiet es la maestra cuyos alumnos son en su mayoría niños refugiados de Siria de diversas edades, que conviven con niños holandeses. Y es allí donde la profesora, con cariño, conocimiento y paciencia infinita, les enseña a respetarse los unos a los otros, a tener confianza en sí mismos y en los demás, a sentirse iguales y bien: “Que todos seamos distintos lo hace todo más bonito”, les dice. Porque solo así es posible enseñar y conseguir que se adapten. 

Y con este planteamiento la historia nos hace recordar otro maravilloso documento sobre la enseñanza: Ser y tener (Nicolas Philibert, 2001), la pequeña historia de Georges Lopez, un maestro de escuela en la región de Auvernia de Francia y su relación con sus jóvenes estudiantes. Es posible que la recuerde, pero nuestra película de hoy es diferente, pues todo el protagonismo (y la cámara) se pasea en los primeros planos de de estos particulares pequeños alumnos, en sus encantadores expresiones espontáneas, en sus reacciones. Pero también se detiene en la voz y la palabra de esta peculiar educadora, Miss Kiet, quien da título a esta obra. Una maestra holandesa que distribuye su magisterio de manera uniforme entre sus alumnos, enseñándoles a ser responsables de sus acciones y haciéndolo de una manera siempre afectiva y efectiva, con un admirable dominio de la situación y de la profesión. 

Y solo alumnos y maestra son las dos verdaderas estrellas de la película. Y la cámara se pasea sobre los alumnos, mientras dibujan y deletrean, juegan con una pizarra digital, ensayan un musical, relatan un sueño o escuchan los sonidos de una pelota en el recreo. Y vamos recordando en la película cómo la infancia es el terreno de la contradicción y la ambigüedad, y como espectadores vemos a niños que quieren pegar, también quieren abrazar, que quieren que sus amigos sean sus enemigos y que sus enemigos vuelvan a ser sus amigos. Y ante estas situaciones Miss Kiet no regaña y nunca levanta la voz, ella es una perfecta docente que escucha, responde y sigue. Y no importa si estos niños y niñas hablan árabe o ya un poco de holandés, lo que importa es que algunas conversaciones te emocionarán. 

Una película que se cocina a fuego lento, como los buenos platos, que cuenta muy poco: una pequeña maravilla no apta para todos, pero que haría bien a cualquier documentalista y/o pedagogo. Una obra con dos temas nucleares y bien entramados: la educación y los niños refugiados, algunos de ellos recién salidos del horror de la guerra en Siria, cuyos bombardeos aún resuenan en sus terrores nocturnos. 

Por tanto, Miss Kiet´s Children es mucho más que una extraordinaria película documental sino una deslumbrante lección práctica sobre las sutilezas de la educación entendida como diálogo de cercanía que tiene en el afecto y la paciencia sus más delicadas herramientas. Y poco a poco, vamos conociendo a estos peques por su nombre: Ayham, Bronche, Maksen, Ahmad, Jorj, Rianna, Nour, Haya, Leanne, Abdulah,... 

Al visionar Miss Kiet’s Children, podemos tener sentir diferentes sensaciones, pero que se resumen en dos: me gusta o no me gusta la película. Una obra que es muchas cosas, entre la ternura y la realidad, entre el aliento y el agotamiento, entre la emoción y la denuncia. Porque es difícil encontrar películas que se acerquen a la niñez con tanto respeto y con tanta integridad. Y nos queda otro mensaje que esta maestra dice a sus pequeños alumnos: “Hay una solución para cada problema”. Y todo ello porque la pedagogía es tan importante para nuestra sociedad, que no nos queda más remedio que refugiarnos en ella para lograr una sociedad mejor. 

sábado, 27 de octubre de 2018

Cine y Pediatría (459): “El gran día”… puede ser hoy


Hoy es un gran día. Porque este fin de semana estamos disfrutando del 23 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria (SEPEAP). Y ayer pude desarrollar la Conferencia extraordinaria del congreso bajo el título de “El cine y la pediatría”, bajo un auditorio que se volcó con el corazón para unir el arte y la ciencia, la humanización y la tecnología. Y hoy moderaré una Mesa redonda muy, muy especial… Y todo ello gracias al Dr. Juan Manuel González (Juanma), presidente del Comité Organizador de este congreso, gran amigo y gran amante del proyecto Cine y Pediatría, a quien dedico este película de hoy que, qué casualidad, se titula El gran día. 

En la conferencia de ayer pude prescribir muchas películas, para distintas patologías y en distintos enfoques docentes. Pero las más importantes fueron “las tres joyas para entender la infancia”, de las que ya hemos hablado en ocasiones. Tres películas que tienen varios puntos en común: las tres son de nacionalidad francesas (el cine en francés siempre recordamos que un plus hoy en día de calidad, proceda de Francia, Bélgica o Canadá), las tres son películas con carácter documental y las tres son muy hermosas para comprender la infancia, desde tres puntos de vista. Estas son: Bebés (Thomas Balme, 2010) para entender la normalidad de un recién nacido y lactante; Solo es el principio (Pierre Barougier y Jean-Pierre Pozzi, 2010) para reconocer a los niños como nuestros pequeños filósofos; y Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013) para reflexionar sobre los distintos caminos que nos llevan a la escuela. 

Pues bien, El gran día fue la siguiente película documental del director Pascal Plisson, responsable de Camino a la escuela, y funciona como complementaria de la anterior, como una conmovedora y maravillosa historia sobre el esfuerzo humano, un himno a la educación, la dedicación, esperanza y coraje. Y si en Camino a la escuela los personajes fueron cuatro niños y adolescentes (Jackson en Kenia, Zahira en Marruecos, Carlos en Argentina y Samuel en India) que deben enfrentarse diariamente con una multitud de adversidades y peligros para llegar a la escuela, en El gran día también se nos narra la historia real y extraordinaria de cuatro niños y adolescentes de distintos países y que se enfrentan a una prueba que podrá cambiar y mejorar sus vidas para siempre. 

Ellos son Albert, 11 años, vive en La Habana (Cuba) y se entrena duro cada día para poder vencer en un combate de boxeo y llegar a ser seleccionado como figura prometedora, algo que no pudo conseguir su padre; Tom, 19 años, vive en el Parque Nacional Queen Elizabeth (Uganda) e intenta conseguir un puesto de trabajo de guarda forestal; Deegii, 11 años, vive en Oulan Batur (Mongolia) y se esfuerza para poder seleccionada como contorsionista en un prestigioso circo; y Nidhi, 15 años, vive en Benarés (India), quien estudia con ahínco preparándose para el “Súper 30” (una exigente prueba selectiva que superan únicamente 30 de 5000 aspirantes) y poder acceder así a la Escuela Politécnica de Benarés. 

Porque Pascual Plisson se vio tentado a repetir el éxito de su anterior película y copió el mismo esquema y el mismo propósito de fondo: poner de relieve los valores relacionados con el esfuerzo de superación por parte de un grupo de cuatro niños y adolescentes de clase social baja en distintos lugares del orbe, de distintos países y continentes. Y por eso se comenta en la película: “Sois chicos brillantes. La educación constituye el arma más poderosa para librarnos de la pobreza y progresar en la vida… ¿Queréis escribir el futuro…?”. Y por ello de nuevo nos traslada el director su impronta humanista centrada en la infancia y adolescencia: una propuesta que de nuevo se sustenta sobre la elocuencia de la sencillez para entender que solo la lucha y el esfuerzo puede salvar a estos chicos de una condición de clase que les condena a la pobreza, cuando no a la marginación. Y para ello la cámara de Pascal Plisson se introduce en los núcleos familiares de estas humildes familias, en donde destaca la fortaleza del núcleo familiar, la comprensión y el aliento que esta brinda para conseguir el sueño que cada uno de ellos persiguen. 

Y la película avanza hasta que cada uno de nuestros cuatro jóvenes protagonistas han de enfrentarse en próximas fechas a una prueba que no solo va cambiar su futuro, sino posiblemente el de su familia. Y como ocurría en Camino a la escuela, en los minutos finales aparecen breves fragmentos del devenir actual de cada uno de ellos. Albert lleva una vida dura entre el boxeo y los estudios, pero se aferra a su sueño: ser campeón olímpico; Tom, además de trabajar como guardabosques, escribe una tesis sobre simios; Deeghi ingresó, unos meses más tarde, en la prestigiosa Escuela de Circo de Singapur, y con ello persigue su sueño de ser artista, su sueño de niña; y Nidhi estudia en la actualidad ingeniería, tal como deseaba. 

Y todo ello nos lo relata Plisson sin juzgar, sin adoptar una actitud condescendiente o paternalista con la realidad que retrata. Una realidad que recibe el consabido montaje paralelo de las cuatro historias a través de tres momentos que resultan clave: la presentación de los personajes los esfuerzos que deben realizar para preparar la prueba y, finalmente, el día de la prueba y su resultado. En realidad, películas como esta trascienden al propio hecho cinematográfico: no importa que sean joyas de arte por el cómo, pero son maravillosas por el por qué. Y es por ello que películas así cumplen también una importante labor social, de ahí que resulte esencial el patrocinio de la UNESCO y la circunstancia de que parte de los beneficios de la película vayan destinados a la ONG Save the Children. 

Tanto Camino a casa en un principio como ahora El gran día abogan por la importancia de la educación, y por el reto de que cuando se alcance una educación universal y equitativa, se mitigarán muchas de las injusticias que siguen asolando nuestro mundo. No en vano nuestra película de hoy comienza con esta reflexión: “En este u otro lugar, con la esperanza de una vida mejor, niños y niñas luchan por conseguir su sueño, su pasión”. 

Porque el gran día puede ser hoy, puede ser cada día. Solo que algunos lo tenemos más fáciles que otros… Y hoy, 27 de octubre de 2018, curiosamente ha sido un gran día para mí: y gracias a Juanma, al que dedico esta película por su implicación por la pediatría y por la vida.