Mostrando entradas con la etiqueta centros escolares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta centros escolares. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de febrero de 2025

Cine y Pediatría (787) “La calumnia”… que se hizo realidad

 

William Wyler fue el prototipo de director de estudio en el Hollywood clásico, calificado de artesano por unos y de artista por otros, alabado, criticado y controvertido a partes iguales. Acusado de no tener un estilo particular, lo cierto es que no se le reconoce un fracaso en su filmografía, lo que le valió numerosos premios y el éxito del público. Cuatro décadas detrás de las cámaras, habiéndos curtido en decenas de corto y mediometrajes filmados a lo largo y ancho de los años veinte en el cine mudo, y ya con el cine sonoro perfectamente instaurado, comienzan algunos de sus primeros éxitos, como Jezabel (1938) y Cumbre borrascosas (1939). Y a partir de ahí comenzarían sus dos décadas gloriosas, los 40 y los 50, donde se convertiría en un auténtico tótem del séptimo arte. Sirvan algunos ejemplos: La carta (1940), La señora Miniver (1942), Los mejores años de nuestra vida (1946), La heredera (1949), Vacaciones en Roma (1953), Horizontes de grandeza (1958), o Ben-Hur (1959), sabiendo que esta sigue siendo la película más oscarizada de la historia con 11 premios, solo igualada muchas décadas después por Titanic (James Cameron, 1997) y El Señor de los Anillos: el retorno del Rey (Peter Jackson, 2000). Polémica aparte de si fue un artesano o un artista del cine, lo que no hay duda es que Wyler nos ha dejado grandes películas. 

Y es así que comenzó su última década, la de los 60, con una sus películas más valientes, un drama psicológico filmado en blanco y negro alrededor de un internado escolar: La calumnia (1961), uno de los clásicos más espinosos de Hollywood, adaptación al cine de la conocida obra de teatro “The Children´s Hour” de Lillian Hellman, curiosamente su primera obra, y que el propio Wyler había llevado a la gran pantalla años antes bajo el título de Esos tres (1936), aunque más descafeinada. Una atrevida historia para su tiempo al ser uno de los primeros films en mostrar de forma abierta la homosexualidad de sus protagonistas, en la que dos profesoras son acusadas por una de sus alumnas de ser lesbianas. Cabe recordar que entre los numerosos trabajos literarios que sirvieron de guion a las películas de William Wyler, fue la dramaturga Lillian Hellman una de las más utilizada por él, reflejado en estas dos películas y también en La Loba (1941). 

La película nos traslada a la década de los 60 en la Escuela de Niñas Wright-Dobie, apellidos de las dos profesoras que regentan esta institución: Karen Wright (Audrey Hepburn) y Martha Dobie (Shirley MacLaine). Ellas han trabajado y trabajan duro para gestionar este entorno educativo exclusivo, casi de élite para la época, y donde tienen como apoyo a Lily Mortar (Miriam Hopkins), la tía de de Martha, una ex actriz de teatro que vive con ellas. Allí conocemos a los otros tres personajes importantes en esta historia: el Dr. Joe Cardin (James Garner), prometido de Karen, la alumna Mary (Karen Balkin) y su abuela (Fay Bainter). 

La próxima boda entre Karen y Joe provoca una reacción celotípica de Martha. La discusión de las amigas, que termina con un beso de reconciliación, es observada por Mary, una alumna de unos 12 años que se es presentada como una niña malcriada, mentirosa, maliciosa y manipuladora, acostumbrada a salirse con la suya gracias a la influencia de su adinerada abuela. Por su comportamiento es corregida por sus profesoras y sufre algún castigo, por lo que decide inventar la peor calumnia con tal de no asumir las consecuencias de sus actos y de vengarse de quienes considera que la han perjudicado. Es así que la venganza de la niña no se hace esperar y por ello cuenta a su abuela que no quiere volver al colegio y que tiene miedo de sus profesoras porque “tienen secretos o algo así”, comentarios que compromete su dignidad. Ante las dudas, la abuela va al colegio y conversa con la tía Lily, quien de forma espontánea le dice que su sobrina Martha tiene un comportamiento antinatural (expresión que hoy duele), pues solo le interesa la escuela y su devoción por Karen. Estos mensajes provocan confusión en la abuela de Mary, y en ella surge la sospecha de que Karen y Martha son amantes, lo que acaba extendiéndolo como la pólvora entre las demás familias, motivo por el que todos sacan a todas sus hijas del colegio. Aunque confusas al principio las profesoras, finalmente entienden que ha sido Mary la responsable de esa difamación, e intentan defenderse: “No crea que le permitiremos difundir esa mentira”. Pero la mentira, la difamación y la calumnia progresan. Y la escuela queda vacía y ellas aisladas, observadas como bichos raros ante la sociedad ("Tengo ocho dedos y dos cabezas, ¿no lo ves? ¡Soy un monstruo!"), y por ello acaban diciéndose: “Es como si estuviéramos en una pesadillas y no pudiéramos despertar”. Porque hasta el juez determinó su amistad como “relaciones sexuales que ponían en peligro la moralidad de nuestros alumnos”. Y aunque Joe les apoya, hasta las dudas se ciernen en él y por eso Karen le expresa: “Ya no quedan muchas palabras seguras”. 

Y aunque nada de lo que se les acusa, ocurrió, al final Martha confiesa a Karen que esos eran sus sentimientos: “¡Te he querido de la forma que dijeron!... Se encontró la mentira con una pizca de verdad…Me siento tan sucia y enferma”. Y tras esta confesión entre las amigas, se descubre que la niña Mary había confabulado esa mentira para vengarse de sus profesoras, y aunque la abuela les pide perdón y una disculpa pública, el daño ya está realizado. Y es así que deviene un final con esa dimensión trágica que habla de la maestría de Wyler y que cabe no descubrir. 

Cabe recordar que esta historia de ficción no fue ajena de la propia realidad de Lillian Hellman, cuya autobiografía fue llevada a la pantalla en la película Julia (Fred Zinnemann, 1977), allí donde la escritora (Vanesa Redgrave) conoce a Julia (Jane Fonda), la hija de una acaudalada familia escocesa, y ese ferviente amor por ella transcurre en una arriesgada aventura bajo dominio del nazismo. Y con La calumnia se abordan temas como la maldad (desde la más tierna infancia, esa hora de los niños de la que nos habla la obra de teatro original), la difamación y los prejuicios sociales (ante un hecho, el amor homosexual, que en esa época se consideraba antinatural). Una calumnia que se hizo realidad, pero que de antemano sentimos como espectadores un desasosiego similar al que recordamos en otra pérdida de la presunción de inocencia de un adulto en base a las declaraciones de un niña: hablamos de la película danesa La caza (Thomas Vinterberg, 2012).  

Porque La calumnia es una muestra más que nos confirma que William Wyler ha sido uno de los realizadores más exitosos y versátiles del clasicismo cinematográfico estadounidense, un director que tuvo la base de las obras literarias que adaptó y la altura de sus actores y colaboradores (directores de fotografía y cine). Baste recordar la dimensión de esos nombres en ambas adaptaciones cinematográficas de “The Children´s Hour”: en Esos tres el papel de las profesoras recayó en Miriam Hopkins y Merle Oberon, la música de Alfred Newman y la fotografía de Greg Toland; en La calumnia contó con las inolvidables (y ya oscarizadas) Audrey Hepburn y Shirley MacLaine, la música de Alex North y la fotografía de Franz Planer. Cine de ayer para un tema de siempre: la devastadora reacción en cadena de una calumnia, incluso cuando esta llega desde la infancia. Allí donde una pizca de verdad de la insoportable niña es el rumor suficiente para que Martha se declare prófuga del régimen heterosexual de naturaleza matrimonial y procreadora.

 

martes, 8 de septiembre de 2020

Pandemia COVID 19 y vuelta al colegio

La vuelta a clase en medio de una pandemia es una experiencia que nadie había tenido hasta ahora, ya que en marzo al decretar el estado de alarma los niños se quedaron en casa, sin guardería, colegio ni universidad. Así que no es de extrañar la gran incertidumbre que se esta generando con la vuelta a clase en este estado de "nueva normalidad".

Los documentos se multiplican, y muchas vecees falta tiempo para leerlos y asimilarlos. A continuación se describen los más recientes.

La Propuesta de actuación ante la detección de un síntoma sospechoso de COVID-19 en un centro escolar de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) describe los pasos para prevenir y detectar y la actuación ante un niño con síntomas, especialmente con fiebre.

En la Propuesta de la Asociación Española de Pediatría-AEP en relación a la apertura gradual de las áreas de educación infanto juvenil se describen las recomendaciones en la escolarización, partiendo de la base de que la reincorporación presencial a los centros escolares "se hace en cumplimiento del derecho que tienen los niños y los adolescentes al aprendizaje y a la socializacion, comonecesidades básicas para su desarrollo, contempladas por la Convención de los Derechos del NIño (CDN)"

En cuanto a las preguntas que se hacen las familias y los educadores acerca de la conveniencia de que los niños con distintas enfermedades acudan a la escuela, la Asociación Española de Pediatría ha publicado las Recomendaciones de las distintas especialidades pediátricas de la Asociación Española de Pediatría acerca de la reincorporación a la escuela de los niños con enfermedades crónicas. 

Preguntas como ¿Puede escolarizarse un niño diabético? ¿Y si ha necesitado un transplante? ¿Pueden ir al colegio los niños y adolescentes asmáticos o con otros problemas pulmonares?. Como es de esperar se producen escenarios diferentes con muchas preguntas para las que las diferentes sociedades tratan de orientar a las familias.  Una de las sociedades que elaboran el documento es la Sociedad Española de Paliativos Pediátricos. Establecen recomendaciones y además realizan la siguiente reflexión: 

"Los efectos de la escolarización son especialmente apreciables en la población infantiojuvenil más vulnerable  y en aquéllos con necesidades de educación especial, a los que se debiera dar prioridad en la reapertura gradual. Los pacientes con patología crónica y complejidad, y sus familias, tienen unas peculiaridades que hacen que los beneficios de mantener una escolarización sean aún mayores que en la población sana. Además de las repercusiones positivas sobre su desarrollo psicomotor y proceso de socialización (algunos de ellos con necesidades de Atención Temprana), tiene unos evidentes beneficios emocionales y sociales".

El documento del Centro Europeo para la Prevención y Control de enfermedades (ECDC), COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission, revisa el estado de la escolarización y su impacto en la pandemia en los diferentes paises europeos. Concluye que si se realiza distancia física adecuada y se aplican medidas de higiene, es poco probable que las escuelas sean mas propagadoras del virus que otros lugares ocupacionales o de ocio con similar densidad de población. 

En mayo de este año, ante la apertura parcial de los centros educativos en la fase dos, desde el Ministerio de Sanidad y de Educación se publicaron las Medidas de prevención e higiene frente a Covid 19 para la reapertura parcial de los centros educativos en el curso 2019-2020. En el mismo se desarrollan aspectos en cuanto a los centros educativos: la actuación ante la aparición de sintomas, la higiene y limpieza, la distancia de seguridad, las medidas de prevención personal.  Posteriormente el Ministerio de Sanidad publicó la Guía de actuación ante la aparición de casos de Covid-19 en los centros educativos (27 agosto 2020) y el más reciente Guía de actuación ante la aparición de casos de COVID-19 en centros educativos (7 septiembre 2020) describen las líneas de actuación para el manejos de casos, contactos y brotes de COVID-19 en un centro educativo.

En resumen, todo es nuevo y se vive como amenazante. Desde las sociedades científicas y los organismos nacionales e internacionales se elabora información basada en los conocimientos actuales para que las personas estén informadas. De lo que no hay ninguna duda es de que el cierre de las escuelas tiene un impacto negativo muy importante en los niños, especialmente en aquellos más vulnerables. Y que aunque con todas las precauciones y cuidados, los niños deben volver al colegio.




lunes, 7 de septiembre de 2020

Enfermería escolar: figura clave en la vuelta al colegio en tiempos de COVID-19

 


La vuelta al colegio del alumnado en España (y en el mundo) está en el centro de atención y preocupación de madres, padres, profesores, familias, profesionales sanitarios, gestores y de toda la sociedad. Y ello porque la gestión de los “criterios de sospecha COVID-19” aplicados a la infancia van a provocar continuas dudas en las familias y en las escuelas, un maremágnum de pruebas PCR, continuas ausencias a las clases, habituales cuarentenas y aislamientos, y muchas dudas de carácter epidemiológicos, salubrista y sanitario. 

Y ante toda esta difícil situación, que comienza esta misma semana, se han publicado muchas normas, recomendaciones y protocolos adaptados a cada centro escolar. Y en donde aparece la figura del “coordinador Covid”, figura que tal como pinta el panorama sería recomendable que recayera en un sanitario, pero en la mayoría de las ocasiones recaerá en un docente. Y es aquí donde vuelve a aparecer la figura de un profesional sanitario que se viene reclamando hace décadas en nuestro país: la enfermera escolar. 

La enfermera escolar se define como el profesional de enfermería que realiza su desempeño en el ámbito escolar, prestando atención y cuidados de salud a la comunidad educativa. Su objetivo es contribuir al pleno desarrollo y máximo bienestar físico, mental y social de dicha comunidad, debiendo estar integrada en la misma, y en consecuencia, presente en el centro educativo durante todo el horario escolar. La enfermera escolar no es una figura novedosa, pues ya está institucionalizada y consolidada en otros países, en colegios privados y colegios públicos específicos de educación especial. 

El debate de la necesidad de la enfermera escolar, surge en Londres, en el año 1891 en el Congreso de Higiene y Demografía cuando se plantean los beneficios de las visitas regulares de enfermería a los colegios para revisar la salud de los escolares. Esto conduce a que en 1897 se funde The London School Nurses‘ Society y se creen puestos de enfermeras escolares en colegios ingleses de enseñanza primaria . La sociedad londinense, tras una profunda reflexión, ve que la salud de los escolares está mejorando y se decide dotar a los centros de una enfermera a tiempo completo. Finalmente, en la primera reunión anual de The London School Nurses‘ Society se establecen las principales funciones de la enfermería escolar. 

Pocos años después, en 1907, la figura de la enfermera escolar se extiende a Suecia y Escocia. En 1909 llega a Boston (EE.UU.), donde se lleva a cabo un estudio en el que introducen a dos enfermeras en varios colegios para controlar el absentismo escolar debido a las enfermedades físicas y contagiosas. Es tal el éxito, que en 1926 la Organización Nacional de Enfermería en Salud Pública (ONESP) señala la eficacia en la educación sanitaria cuando interacciona el cuerpo docente con la enfermería, alcanzando un abordaje completo en la salud infantil y en la educación sanitaria a los padres. En 1999 en Estados Unidos surge el término de School Nursing, que es designado por primera vez por la National Association of School Nurses (NASN) fruto de la especialización del profesional de enfermería en el ámbito escolar. 

Hoy en día, la enfermería escolar se encuentra consolidada en países como EE.UU (más del 75% de las escuelas americanas cuentan con una enfermera escolar a tiempo completo), Inglaterra (tal vez sea el país donde más importancia se dé a esta figura y es una línea de especialización en la enfermería), Francia (cuenta de forma reglada con la figura de L’Infirmier de l’Éducation Nationale), Escocia (tiene al menos una enfermera en cada colegio y dan preferencia a las que poseen una formación adicional en salud pública) y Suecia (cada enfermera se encarga entre 2-5 colegios diferentes). 

En España, hay un gran debate entre enfermería escolar-enfermería comunitaria, ya que dicha figura en la enseñanza pública aún no se encuentra implantada y la ausencia se cubre por las enfermeras comunitarias y los programas de salud escolar. En toda esta controversia, hay posturas que defienden la integración de una enfermera dentro del escenario escolar, mientras que otras creen que la necesidad que viene a cubrir la enfermera escolar ya está cubierta por la enfermera comunitaria, si bien ésta ya asume una elevada carga de trabajo en su centro de salud. Este debate político, social y sanitario nos muestra la necesidad de establecer una enfermera dentro del colegio para atender adecuadamente a la comunidad escolar, de manera continuada, programada y guiada. 

Contar con este tipo de profesional en un colegio no es un capricho, sino una necesidad. Y en España, muy pocos centros escolares tienen una enfermera en su plantilla. Y ahora es cuando vamos a acordarnos de Santa Bárbara, cuando truena: y es tarde. Porque las ventajas de contar con un servicio de enfermería escolar son evidentes y están bien descritas en sus cuatro niveles: funciones asistenciales, funciones docentes, funciones de gestión y funciones de investigación. Aprovecho el artículo de Amanda Encinar Casado para revisar estas funciones. 

Funciones asistenciales: 
- Promocionar, proteger, mantener y rehabilitar la salud de la comunidad educativa. 
- Identificar y valorar las necesidades de salud y los cuidados que requieren los individuos, considerando los aspectos biopsicosociales. 
- Realizar la actividad asistencial en función de las necesidades de cuidados detectadas y actuar según protocolos validados científicamente. 
- Realizar los pertinentes planes de atención de enfermería a los alumnos que lo requieran basados en los diagnósticos enfermeros. 
- Actuar ante emergencias o incidencias que surjan durante el horario escolar. 
- Administrar los tratamientos y medicaciones prescritos por profesionales médicos, a los escolares que lo requieran, previa autorización por escrito. 
- Control y seguimiento del alumnado con enfermedades crónicas en colaboración con las familias, facultativos y demás miembros del equipo de salud. 
- Prevenir y detectar de forma precoz los principales problemas de salud más prevalentes en la edad escolar. Dentro de este ámbito la enfermera colaborará estrechamente con la dirección y gabinete psicopedagógico del centro en los casos en los que se detecten problemas de salud emocionales y/o psicológicos. 
- Supervisar el equilibrio de la alimentación ofrecida por el comedor escolar participando en la Comisión de Comedor, para la evaluación mensual de los menús y adecuación de éstos a los alumnos/as con necesidades alimentarias especiales. 
- Asesorar como especialista en el marco sanitario a toda la comunidad escolar en la Consulta de Enfermería. 
- Crear una historia individualizada de los escolares y un diario de consultas. 
- Derivar al alumno/a al centro sanitario cuando se considere necesario con previo aviso a los padres o tutores del alumno/a. 
- Diseñar, implementar y evaluar los protocolos específicos y guías de acción para la práctica de la enfermería en el ámbito escolar. 
- Participar activamente en el equipo interdisciplinar que conforma la comunidad educativa, aportando la visión de experto en el área que le compete. 


Funciones docentes: 
- Promover la salud y la adquisición de hábitos saludables y habilidades que favorezcan las conductas saludables a través de los programas de EpS (Educación para la salud) dirigidos a toda la comunidad escolar. Entre ellos: a) Formar a madres, padres y asociaciones de APAS sobre los problemas frecuentes en el centro educativo (enfermedades transmisibles, prevención de accidentes...), cómo prevenirlos y en general, fomentar unos hábitos saludables desde el ámbito familiar participando en la Escuela de Padres; b) Colaborar en la formación de profesionales y trabajadores de la comunidad educativa (personal de comedor, educador, maestro, equipo directivo, etc.) desarrollando seminarios y talleres sobre hábitos de vida saludables; c) Trabajar colaborativamente con el equipo docente y el claustro de profesores para integrar la salud en todas las materias de manera transversal. 
- Educar a alumnos que padecen enfermedades crónica, y al resto de la comunidad educativa, sobre el autocuidado. 
- Realizar recomendaciones dirigidas a madres-padres, y personal docente y no docente sobre los procesos patológicos más comunes en la infancia y cómo prevenirlos. 
- Explicar el proceso de la enfermedad, beneficios y ventajas de algunas pruebas diagnósticas, buen uso del sistema sanitario, etc. 
- Aportar a la comunidad educativa una visión de la salud como un bien positivo que hay que cuidar cuando la persona está sana. 

Función investigadora: 
- Desarrollar estudios científicos diversos con el fin de conocer los conocimientos, actitudes y hábitos de salud de los escolares, para así mismo, conocer la situación de partida y poder evaluar la actuación enfermera haciendo estudios comparativos posteriormente. 
- Colaborar con grupos de investigación desarrollando el trabajo de campo en el ámbito escolar. 
- Evaluar los resultados y el cumplimiento de los objetivos propuestos en la promoción de hábitos saludables. 
- Medir la satisfacción de los usuarios (alumnado, madres, padres y docentes) con el servicio de enfermería escolar. 
- Evaluar la calidad de vida relacionada con la salud de los escolares. 
- Mejorar los recursos didácticos de EpS a través de métodos como el de la investigación acción en el aula. 
- Potenciar la formación en investigación. 
- Fomentar la auto-evaluación de las enfermeras escolares a través de reuniones y dinámicas individuales y grupales. 
- Difundir los resultados de los estudios a través de revistas científicas y participación en congresos. 

Función gestora: 
- Coordinar con el equipo profesional y directivo del centro escolar, la planificación de la actuación enfermera, especialmente la relacionada con su función docente, incluyendo ésta en el Proyecto Educativo de Centro (P.E.C.) y en la Programación General Anual (P.G.A.) 
- Ser el referente de salud y el nexo de unión entre los diferentes organismos involucrados en la salud de los escolares (Centro de Atención Primaria, Servicio de Odontopediatría, Salud Pública, Unidad de Prevención Comunitaria, etc.) facilitando la puesta en marcha de los distintos programas de promoción de la salud que ofertan las Administraciones Públicas y Privadas. 
- Coordinar la actuación enfermera con los diferentes profesionales de los niveles asistenciales de salud, que atienden a los alumnos/as (pediatra, y enfermera del centro de Atención Primaria, médico especialista, fisioterapeutas, psicólogos, etc.) e incluso a través de los padres o tutores legales si fuera necesario. 
- Gestionar el proceso de atención, recopilación y almacenamiento de la información referente a los alumnos. Registro y actualización de las historias de salud de cada alumno/a, garantizando la confidencialidad en base a la Ley de protección de datos vigente. 
 - Supervisar la adecuada dotación del Servicio de Enfermería de los recursos materiales necesarios y su reposición. 
- Controlar y registrar todas las acciones desarrolladas a todos los niveles. 

Pues bien, si se hubiera hecho bien el trabajo o bien se hubiera trabajado estos últimos meses con ímpetu, la figura de la enfermera escolar estaría presente. Porque a estas cuatro funciones de la enfermería escolar hoy sumaríamos una fundamental, como es el poder constituirse en el “coordinador Covid” de las escuelas. De hecho, AMECE (Asociación Nacional e Internacional de Enfermería Escolar) viene realizando su gran trabajo y también en esta materia, entre ellos el Plan estratégico de Enfermería Escolar para la prevención COVID-19 en los centros educativos, un documento de más de 50 páginas que su presidenta (y amiga), Natividad López Langa me hizo llegar hace unas semanas y que hoy quiero compartir con vosotros. Un documento lleno de información práctica y de anexos útiles, así como de elementos gráficos como los que acompañan este post. 


Hace unos días, en mi post titulado “Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro, versión COVID-19”  planteaba dos preguntas a los responsables de la gestión de la crisis del coronavirus:
¿quién ocupará el cargo de “coordinador Covid” en los colegios, un profesor o un sanitario – en este caso, sin duda, en la figura de la tan demanda enfermera escolar -? y ¿para hacer una realidad los “grupos burbuja” de convivencia estable y reducidos, cómo se va a duplicar la plantilla de profesores necesarios para ello? 

Tengo la triste sensación que en la mayoría de los colegios, la respuesta no se va a poder responder de forma afirmativa o positiva en ninguna de las dos. Es decir, no existirá suficiente plantilla de profesores para disminuir el tamaño de las clases y de los “grupos burbuja” y la figura del “coordinador Covid” no recaerá en una enfermera escolar en la mayoría de las ocasiones. Y está claro que la enfermera escolar no va a solucionar todos los problemas que van a surgir de aplicar el protocolo COVID a la infancia en las escuelas (en esta época de otoño-invierno que iniciamos), pero ayudaría mucho a dar respuesta a difíciles decisiones de carácter sanitario, salubrista y epidemiológico. Y así se demanda desde el ámbito de la Educación y desde el ámbito de la Sanidad.

Ojalá la amenaza que supone la COVID-19 para mantener la normalidad en la educación de los centros docentes (no universitarios) sea la oportunidad para consolidad la figura de la enfermera escolar.
 

sábado, 7 de octubre de 2017

Cine y Pediatría (404). "Evil", el demonio de la violencia


La violencia no es una buena compañera de viaje, y violencia es cualquier forma de maltrato (físico, psicológico o social), más en la infancia y adolescencia. La violencia es el demonio que nos acompaña como miembros de una sociedad en la que convivimos con otros, incluso con identidades e ideas diferentes. Y es bueno reflexionar sobre ello, y por ello la película de hoy. Una película basada en la novela autobiográfica de Jan Guillou, una película sueca del año 2003 dirigida por el también sueco Mikael Hafström y que fue seleccionada en su momento por su país para optar a los Oscar en su categoría de Mejor película de habla no inglesa: su título original Ondskan, pero conocida en nuestro país como Evil. 

Evil es un drama de principio a fin, lleno de todo tipo de escenas violentas. El comienzo marca la pauta: una escena del maltrato que un padrastro somete hacia su hijo en una familia que parece de bien, mientras la madre mira con dolor a otro lado y toca el piano; y, sin dilación, violencia de ese hijo hacia otros jóvenes en una reyerta callejera. Ese joven es Erik Ponti (Andreas Wilson), un adolescente de 16 años que reproduce en la calle casi lo que ve en casa, una existencia fundamentada en la violencia. "Solo una palabra le define: maldad" le dice el director del instituto antes de expulsarle por su comportamiento agresivo, aunque solo reproduzca patrones de su irascible padrastro sobre él. Debido a todo ello, Erik es internado en un centro educacional para adolescentes de familias aristocráticas y acaudaladas, Stjärnsberg como una última posibilidad para liberarse de su vida anterior y seguir sus estudios. 

Por tanto, nos adentramos en una película más sobre la interrelación de un internado escolar, sus profesores y alumnos. Hay ejemplos de diferentes tipo, desde la musicalidad de Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004) a la descripción de una realidad como en Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987), pasando por la dureza de ciertos internados vinculados a la iglesia con prácticas inapropiadas, como fueron Las hermanas de la Magdalena (Peter Mullan, 2002), Los niños de San Judas (Aisling Walsh, 2003), Philomena (Stephen Frears, 2013) o El refugio (Marc Brummund, 2015). Y hoy en Evil viene a profundizar en las agresiones de los bachilleres a los alumnos de cursos inferiores, algo que está tolerado por la dirección, quienes miran para otra parte. Y no son las novatadas de Novatos (Pablo Aragüés, 2015), son algo más...

Erik comparte su habitación con el empollón Pierre, quien desde el principio intenta darle buenos consejos: "Procura no destacar. Lo mejor es ser del montón". Porque Erik llega al internado con la idea de retomar sus estudios, sacar buenas notas, evitarse problemas y que su madre se sienta orgullosa de él. Pero es esta escuela una jungla donde el más fuerte consigue lo que quiere presionando cruelmente al débil, donde hay unos códigos fundamentados en el acoso escolar continuo, impune a la dirección (como lo es el bullying en determinados centros escolares que ni se plantean este problema). Y donde los profesores, salvo honrosas excepciones, derraman su ponzoña, su hiel y sus ideología políticas sobre los alumnos: ¿nos suena...?.

Aprecien la disertación del maestro ante dos alumnos, para diferenciar las tribus germánicas de las tribus eslavas procedentes del este. Así describe a Erik delante de toda la clase: "Mirada fija, nariz recta, mentón fuerte, una mandíbula ancha. Observen el armónico desarrollo que ha tenido la musculatura de sus brazos y piernas. En definitiva, como pueden observar es el prototipo germánico. Muchos de los carolingios de Carlos XII debían tener el mismo aspecto. Los azules". Y luego describe, también delante de todos, a su compañero de habitación, Pierre: "Ojos incrustados, vista pobre, nariz carnosa, hombros caídos como en una botella, la cintura es como la base de un bolo. Observen además sus piernas delgadas. Seguramente tiene los pies planos. Como pueden observar, es un espléndido ejemplo de oriundo meridional". Cruel, ¿verdad? Pues esto está ocurriendo en realidad en ciertas escuelas catalanas con educadores fanáticos independentistas, los que han amasado el nacionalismo en las mentes de las nuevas generaciones desde los años 80.

Y también la película nos muestra la violencia entre los alumnos, con los matones impunes ante la mirada de los profesores y cuidadores, con un acoso escolar continuado contra los nuevos y débiles. La humillación de las matones, el seguimiento sin sentido de las masas, la locura colectiva, el mal lo puede todo: y esto que ocurre en un centro escolar es perfectamente extrapolable a nuestra sociedad... y más en estos días.

Pero en esta difícil situación, Erik intenta reconducir su vida y casi lo consigue: tiene un amigo de habitación que le ayuda a estudiar, su entrenador le apoya en la natación, su gran afición, y se enamora de Marja, una de las camareras. Pero no acepta la violencia y el chantaje, y le llaman "Rata", intentando aguanta ante las continuas humillaciones. Porque no puede revelarse, pues sería expulsado. Pero ¿hasta cuándo se puede aguantar la humillación?

Y solo la voz de un profesor surge, de los pocos con alma en ese centro: "Lo que distingue a los humanos de los animales no es solo la inteligencia, también es la moral. La capacidad de distinguir el bien del mal. Os habéis comportado como animales, como buitres. Es indecoroso. Esto tiene que acabar".

Mañana es mi cumpleaños, y en estas fechas siempre me regalo una película especial. Quizás esta no lo sea por su belleza, pero sí es necesaria por su mensaje. Y sobre todo es necesaria la frase final para que la tengan en cuenta todos aquellos que han provocado la profunda quiebra de la sociedad catalana y española a espaldas de la legalidad y el marco democrático y de libertades en que se mueven las sociedades del siglo XXI. 

 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Guía para centros docentes sobre temas pediátricos


La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) nos tiene acostumbrado a buenas obras: y obras son amores y no buenas razones. Un grupo tan numeroso y dinámico como son nuestros compañeros de Atención Primaria nos traen un producto más y de gran interés. Hablamos de la Guía AEPap para centros docentes. 

Una guía de ayuda que pretende dar unos conocimientos básicos y suficientes para atender con un mínimo de seguridad los problemas clínicos más frecuentes en los niños, que ocurren o pueden ocurrir en los colegios y guarderías. 

Está destinada a ser una ayuda para los profesores en su tarea diaria. Porque los niños y niñas pasan una parte importante de su vida en el medio escolar y, aunque la mayoría de ellos gozan de buen estado de salud, no es infrecuente que presenten problemas y patologías, tanto agudas como crónicas. 

Es así que el objetivo fundamental de esta guía es proporcionar a los profesores y otros profesionales que trabajan en los centros escolares de Educación Primaria y Secundaria, y las guarderías o escuelas infantiles; los conocimientos y habilidades necesarios para abordar estas situaciones que pueden afectar a la salud y calidad de vida de la población infantil. 

Los autores son pediatras de Atención Primaria expertos en educación para la salud. La guía está escrita de manera rigurosa utilizando un lenguaje claro y sencillo. Para cada problema se responde a las preguntas: ¿qué es?, ¿qué hay que saber?, ¿cómo actuar? Se aportan también enlaces y documentos de interés relacionados con las patologías, así como consejos sobre higiene y prevención y se abordan otros aspectos que preocupan a los docentes en relación con temas legislativos. 

En la guía, cada problema o patología está acompañada de una presentación de diapositivas para su uso en exposiciones y sesiones educativas en el centro escolar, que pueden correr a cargo tanto de los propios docentes como de los pediatras y enfermeras de Atención Primaria. 

Sirven para difundir las habilidades y conocimientos de esta guía al personal del centro educativo de forma que todos puedan estar preparados para actuar en caso necesario, lo cual, claro está, no significa hacer nada que no les corresponda ni suplir la labor de los sanitarios. 

Vale la pena revisar la web en este enlace, y en donde apreciamos en estos momentos 49 enlaces a otros tantos temas, divididos en estos apartados:

a) GUÍA PARA COLEGIOS E INSTITUTOS 
1. Situaciones de urgencia
2. Accidentes
3. Niños con enfermedades crónicas
4. Consejos sobre higiene y prevención
5. Otros consejos

b) GUÍA PARA CENTROS DE ATENCIÓN INFANTIL de 0 a 3 AÑOS ( escuelas infantiles, guarderías, ludotecas,...)
1. Situaciones de urgencia
2. Accidentes
3. Niños con enfermedades crónicas
4. Consejos sobre higiene y prevención
5. Otros consejos

c) TEMAS COMUNES DE INTERÉS
- Normativa y documentos
- Teléfonos y direcciones de interés
- Evaluación de la guía

sábado, 30 de julio de 2011

Cine y Pediatría (81). La infancia en el cine de Truffaut (II): “La piel dura”


Dentro de la importancia de los niños en el cine de François Truffaut, la educación en la infancia es una de las líneas abiertas a lo largo de la carrera. Un ejemplo paradigmático es su película La piel dura (1976), en donde aborda este tema con una serie de historias corales que recorren la hipotética infancia de los niños en Thiers, una pequeña población de provincias, durante el curso escolar de 1976. Infancia que planea alrededor del colegio, el omnipresente colegio, incluso más patente que la propia familia. Padres, maestros y, sobre todo, niños y más niños, son los verdaderos protagonistas de esta pequeña joya. El mundo de los niños ha sido fuente de inspiración para Truffaut en numerosas ocasiones: el ingenio, la imaginación, la vulnerabilidad y la fuerza en los niños vuelven a quedar reflejados en esta deliciosa historia que aúna drama, comedia y fantasía.

Cada niño, cada alumno, es fácilmente identificable y sus historias se entrecruzan. Historias que son también nuestras, porque muchas de sus escenas podrían ser escenas de nuestra juventud: las clases, los compañeros, los deberes, los chistes en el patio, la revisión médica escolar, los amigos, el enamoramiento de juventud, el primer amor… y el primer beso. Truffaut, como no podía ser de otra manera, da una especial relevancia al cine y a los cines en esas infancias: cómo colarse en el cine del pueblo sin pagar, los primeros flirteos entre sus butacas, las películas que recordamos (curiosa la historia de Öscar, el niño que se comunica silbando y cómo los niños lo imitan en clase al cantar la tabla del ocho).

Niños alrededor de la escuela, pero que son el producto de sus familias, con dos antítesis: Julien (y su jersey a rayas blanco y azul) vive en un hogar casi abandonado con su abuela y su madre alcohólica, quienes lo maltratan, y termina convertido en ladrón y buscavidas, en un superviviente; Patrick (y su camiseta morada) vive con su padre inválido al que cuida con esmero, y busca el amor y cariño, bien el amor imposible en la madre de un amigo o el amor juvenil en Martine, una compañera de colegio. Truffaut realiza en La piel dura un esfuerzo para presentar, no solamente niños, sino también a sus maestros, con dos antítesis: el maestro Richet (Jean-Francoise Stévenin), agradable y empático con su grupo, flexible con el programa del curso y que sabe dosificar tanto la formación como la información en sus alumnos (Truffaut hace un homenaje a ese maestro que se preocupa por sus alumnos, que los conoce y aprecia, que es a veces padre y a veces amigo, y que acompaña al alumno en algunos difíciles años de su vida); la maestra Petit (Chantal Mercier), autoritaria e inflexible, a la que preocupa más la tarea que los alumnos.

Algunas escenas pueden causar un especial impacto como espectadores: la del gato y del niño de 2 años en la ventana, nos pondrá en vilo (con la previsible defenestración desde un noveno piso); la de la niña a la que castigan sus padres en el piso cuando ellos se van a comer, nos provocará la sonrisa (al apreciar la solidaridad del vecindario); la de las preguntas que los alumnos hacen al profesor, que acaba de ser padre, sobre la salud del hijo y de la madre, nos parecerá entrañable (incluyendo imágenes que son todo un alegato a favor de la lactancia materna); la escena final de argumentación del profesor ante su clase en defensa de los derechos de la infancia (y en contra de los malos tratos por los adultos), nos emocionará.

Pero el mensaje principal de la película surge de boca del profesor Richet y en tres ocasiones, en tres escenas que se convierten en metáfora:

- Al principio de la película, en la primera lección que da el maestro: “Quería deciros que si elegí el oficio de maestro fue porque guardo un mal recuerdo de mi juventud y porque no me gusta la forma en que se trata a los niños. La vida no es fácil, es dura, y es importante que aprendáis a endureceros para que podáis enfrentaros a ella. Ojo, endureceros no es ser insensibles. Por una especie de extraño equilibrio, aquéllos que tuvieron una infancia difícil están generalmente mejor dotados para enfrentarse a la vida adulta que aquellos otros que disfrutaron de protección o de un exceso de cariño: es una especie de ley de compensación…Porque la vida está hecha de ese modo: no podemos vivir sin querer y ser queridos”.

- A mitad de la película, en esa inverosímil defenestración del niño de la que sale ileso, viene seguida por una conversación entre el profesor y su esposa: “No es verdad del todo que los niños estén en peligro constantemente. Un adulto hubiera muerto por el impacto, pero un niño no. Los niños son como una roca. Tropiezan por la vida sin quedar lastimados. Ellos se encuentran en estado de gracia y eso les permite tener la piel dura. Son mucho más resistentes que nosotros”.

- Al final de la película, en el monólogo de fin de curso: “El caso de Julien es tan terrible que no podemos evitar el comparar nuestras vidas con la suya. Mi infancia no fue tan trágica, pero créanme estaba ansioso por crecer. Me daba cuenta que los adultos tenían todos los derechos. Son dueños de sí mismos, pueden vivir sus vidas como quieran. Un adulto que no es feliz puede comenzar su vida en otra parte, desde cero. Pero un niño que no es feliz está condenado a la impotencia. Sabe que es infeliz, pero no puede expresar esa infelicidad con palabras y, lo que es peor, algo dentro de él le impide poder dudar de sus padres o de los que lo hacen sufrir. Si un niño no es amado y sufre, él cree que es culpable y ¡eso es lo terrible!. De todas las injusticias de la humanidad, la injusticia hacia los niños es la peor, la más despreciable. La vida no siempre es justa y nunca lo será”.

Como en su primera película (Los cuatrocientos golpes), Truffaut reclama para sus niños (los de sus películas, o quizás para sí mismo), atención, respeto y, sobre todo, cariño. Una falta de cariño que nos ha estado confesando continuamente a lo largo de su filmografía. Y, aunque el propio Truffaut se reserva una pequeña aparición al principio de la película (como padre de Martine), es aquí la figura (y la voz) del profesor Richet su alter ego y quien habla por él.

Pese a la importancia en la vida real de los niños, estos han desempeñado en el cine un papel marginal: pues, aunque existen muchas películas en las que aparecen niños, hay pocas películas sobre la vida de éstos. La piel dura es una de estas excepciones, pues toda la película ronda alrededor de los niños. Y como los niños ya traen automáticamente consigo la poesía, estos convierten a La piel dura en un poema en imágenes. Un poema que nos dirige un mensaje: los adultos, al haber perdido la inocencia y espontaneidad de los primeros años de vida, a medida que endurecen su corazón, hace blanda su piel; por el contrario, los niños tienen el corazón blando y la piel dura.

La piel dura vuelve a hablar de la importancia de la educación en la infancia. Ya hemos hablado de otras películas francesas que son también pequeñas joyas de arte a la hora de reflexionar sobre la aventura de educar. Y cuando uno aprecia estas películas, no puede uno por menos que sentir vergüenza del estreno de películas como Bad teacher (Jake Kasdan, 2011), a mayor gloria de Cameron Díaz, una película soez, sin valores y con un mensaje que, aunque sea en tono de comedia, hiere la sensibilidad: puedes ser mal hablado, vago, sin valores ni metas (bueno, si, conseguir unas tetas más grandes)… y triunfarás. En realidad, esto nos suena hoy en día: es el mensaje tipo “gran hermano” (y prometen volver con edición 14… que Dios nos pille confesados).

Pero no le demos más vueltas a lo negativo. Quedémonos con la poesía de las palabras (en francés, por favor, siempre en versión original) y la fuerza del mensaje que el profesor Richet dirige a sus alumnos (no pestañean ante sus palabras) antes de sus vacaciones. ¿Se imaginan cómo esas palabras penetrarán en el cerebro y el corazón en plena formación de esos niños...?. Esa es la importancia del maestro, la importancia de la educación, la aventura de educar.

sábado, 23 de julio de 2011

Cine y Pediatría (80). La infancia en el cine de Truffaut (I): “Los cuatrocientos golpes”



Libertad de expresión y libertad técnica en el campo de la producción fílmica fueron los dos postulados que movieron a la Nouvelle Vague, nombre con el que se designó a un grupo de cineastas franceses surgidos a finales de la década de 1950 a partir de la revista especializada Cahiers du Cinéma. Muchos de ellos siguieron el mismo camino: primero críticos y escritores, luego guionistas y, finalmente, el salto a la dirección. El año 1959 marcó un hito con tres directores y tres películas emblemáticas: Hiroshima mon amour de Alain Resnais, Al final de la escapada de Jean-Luc Godard y Los cuatrocientos golpes de Fraçois Truffaut.

Este grupo surgió en contraposición con el Cinéma de Qualité, anquilosado en las viejas glorias francesas y se declaró firme defensor del cine norteamericano (de Howard Hawks, John Ford, Alfred Hitchcock o Samuel Fuller) y el cine realista y visual de Jean Renoir, Robert Bresson, Jacques Tati y Max Ophüls. Las películas surgidas se caracterizaban por su espontaneidad (tanto en el guion como en la actuación), por su iluminación natural y porque sus historias solían ser cantos a la plenitud de la vida y el deseo de libertad como valor central en todas sus dimensiones. La Nouvelle Vague supuso una renovación del lenguaje cinematográfico que llenó ríos de tinta.

En este contexto, Truffaut cogió por primera vez a los 27 años una cámara para filmar Los cuatrocientos golpes. Y revolucionó la escena y enseñó al mundo que, para hacer cine, no hacía falta ninguna escuela: se podía aprender a rodar películas desde una butaca, siendo espectador y crítico primero. Los cuatrocientos golpes es un título que hace referencia a una expresión francesa cuya traducción podría ser "hacer las mil y una", refiriéndose a todas las trasgresiones del personaje en la película, aunque también juega con la enorme cantidad de golpes que la vida propina al protagonista.

La película nos presenta a Antoine Doinel, un adolescente de 13 años, con problemas familiares y escolares. Y cuya vida transcurre entre una familia que no le acoge con cariño, con sus aventuras y desventuras escolares y el vagar por las calles de París con sus amigos. Tras el robo de una máquina de escribir, acaba internado en un centro de menores, mientras sufre los golpes que le da la vida a tan corta edad. Encontramos escenas destacables en cada parte nuclear del guion: la escena inicial de la escuela (esas escuelas de antaño con tan peculiares maestros), los días de novillos por las calles de París (los niños escapando progresivamente de la fila del profesor de gimnasia tiene un sabor especial), su interés por la lectura y el cine (con un homenaje a Balzac incluido), las escenas en el centro de menores (con el impactante primer plano de Antoine durante cuatro minutos ante las preguntas de la psicóloga). Y, sobre todo, la larga carrera final del protagonista, cuando se escapa del reformatorio, llega hasta el mar y nos mira de frente… en un final lleno de interrogantes.

Los cuatrocientos golpes es en gran parte autobiográfica, y presenta la primera aparición del personaje de Antoine Doinel, álter ego del propio Truffaut y que interpretará a lo largo de 20 años el mismo actor, Jean-Pierre Léaud. Esas películas fueron El amor a los veinte años (1962), Besos robados (1968), Domicilio conyugal (1970) y El amor en fuga (1978). En ellas Antoine Doinel evolucionó poco a poco, de la infancia a la madurez, y con ello el personaje (el propio Truffaut transfigurado) nos transmite sus inseguridades, sus alegrías y miedos, sus amores,... Jean-Pierre Léaud también participó en otros films de Truffaut en papeles diferentes al de Antoine Doinel, como en Las dos inglesas y el amor (1971) y La noche americana (1973). La película está dedicada a André Bazin, fundador de Cahiers du Cinéma y padre artístico-espiritual de Truffaut. Y también existe un agradecimiento a Jeanne Moreau, actriz musa de la Nouvelle Vague, por su ayuda a la realización de la película.

Se dice que toda la obra de Truffaut es una búsqueda de la infancia perdida y lo que más le interesaba en la vida es la infelicidad de los niños. Y la frase se comprende en toda su extensión cuando apreciamos la manera en que Truffaut ha modelado a Antoine Doinel, su alter ego. Y, aunque el cine de Truffaut abarca muy diversos géneros (Jules y Jim, 1961; Fahrenheit 451, 1966; La sirena del Mississippi, 1969; La mujer de al lado, 1981; etc), la verdad es que uno de los factores comunes que interconecta su cine es la presencia permanente de la infancia. Además de la que hoy ha ocupado esta entrada, otras dos destacan en su filmografía con nombre propio: El pequeño salvaje (1970) y La piel dura (1976). A ellas dedicaremos nuestras próximas entradas.

François Truffaut tuvo una solitaria y triste infancia, en la que dejó los estudios de adolescente para desempeñar múltiples oficios. Pero, a diferencia de lo que le ocurre a Antoine Doinel, le salva del reformatorio su interés por el cine y su amistad con André Bazin. Un ejemplo del cine como terapia a los fantasmas de nuestras infancias, infancias que a veces son en color, pero otras en blanco y negro.

sábado, 16 de julio de 2011

Cine y Pediatría (79). “Adiós, muchachos”, un canto a la amistad entre las paredes de un internado


Louis Malle dividió su carrera cinematográfica en tres etapas: una primera etapa francesa (El soplo al corazón, 1970; Lacombe Lucien, 1973), une etapa intermedia estadounidense (La pequeña, 1978; Atlantic City, 1980) y una etapa final nuevamente francesa (Adiós, muchachos, 1987; Milou en mayo, 1989; Herida, 1992; Vania en la calle 92, 1994).

Su consagración en el cine viene de la mano de una película que procede de un hecho real que vivió en su infancia y que le impresionó de tal manera que cambió su forma de ver el mundo. Y que determinó su vocación cinematográfica. Pero tuvieron que pasar bastantes años y 16 películas, tras su nuevo regreso a Francia, para sentirse suficientemente maduro (en su calidad como guionista, director y productor) para hacer Adiós, muchachos. Y, aunque no fue su última película, fue consciente de que este film sería su verdadero legado a la memoria, familiar y colectiva. Compañero de generación de los realizadores de la Nouvelle Vague, con los que mantuvo numerosos rasgos en común y ciertas distancias, gracias a los recuerdos recuperados en Adiós, muchachos obtuvo el León de Oro en el Festival de Venecia y 7 premios César, una obra que permanece vigente y en la que la madurez confluye con la maestría acumulada con el tiempo. También fue candidata a Mejor película de habla no inglesa en los Óscar, pero ese año el premio recayó en la danesa El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987).

En el invierno de 1944, a finales de la ocupación alemana de Francia, Louis Malle tiene 11 años y estudia en un internado en Fontainebleau. En esos momentos, vive un imborrable hecho: la Gestapo detiene a tres alumnos por ser judíos y al sacerdote que les protegía. En Adiós, muchachos narra la historia de amistad y lealtad entre Julien Quentin (Gerard Manesse, alter ego de Malle), un niño de 12 años católico, y Jean Bonnet/Jean Kippeinstein (Raphael Fejtö), hijo de padres judíos, separado de la familia y oculto en el internado. Con precisión casi entomológica, la cámara atrapa la vida cotidiana de un colegio internado: las clases, los momentos de recreo, el comedor, los dormitorios, las bromas infantiles, su curiosidad por el sexo, las ceremonias religiosas, etc. 

La obra, sutil y compleja, propone diversas líneas de reflexión: el desarrollo de una relación de amistad entre dos adolescentes, el trauma de unos chicos judíos ocultos bajo una falsa identidad. Sin embargo, resulta especialmente sobrecogedor que la amistad que se nos narra en la película nunca existiera, que sea solamente una proyección de su director que se vale de la magia del cine para convertir en realidad una situación personal traumática. Ya en los comienzos de su carrera, el cineasta baraja la posibilidad de fabular y contarnos cómo hubiese sido esa amistad, pero no puede. La tarea le lleva más de 40 años, tal es el peso de los recuerdos y de la culpa. Malle recorre el camino inverso al de su amigo y compañero de generación François Truffaut quien sí fue capaz de trazar un certero retrato de su infancia en su conocida y celebrada opera prima Los cuatrocientos golpes (1959). Pese a todo, Adiós, muchachos se convierte en uno de los más bellos cantos a la amistad jamás rodados, narrado con ternura, honestidad y una sensibilidad a flor de piel.

La narración no contiene juicios de valor, no contiene ni elogios ni condenas. Son escenas destacadas del film la despedida de la madre en la estación de París, la lectura nocturna que los dos chicos hacen de una escena de amor, los juegos de guerra en el patio o las magníficas escenas finales (con la emotiva despedida que dio lugar al título de la película). También destaca ese momento gozoso compartido entre chicos, religiosos y profesores en la proyección de la película Charlot emigrante (Charles Chaplin, 1917). Tampoco parece fortuito que Louis Malle dedique esta película a sus tres hijos, y sea su propia voz la que se escuche al final del relato:: “Han pasado más de 40 años, pero hasta el día de mi muerte, yo recordaré cada segundo de esa mañana de enero”.

Un buen guion (que pone el acento en la descripción de la inocencia de la infancia y el valor de la amistad), un buena dirección (con un ritmo atenuado y equilibrado, que subraya la emotividad del relato en una progresión magistral) e interpretación (destaca la espontaneidad de los dos protagonistas, desconocidos actores debutantes que no prolongaron su fama; sólo Irene Jacob, la profesora de piano, siguió la estela del séptimo arte), se dan la mano con una adecuada fotografía (colores neutros y contrastes de tonos) y música (destacan lo solos de piano tomados del "Movimiento musical nº 2" de Schubert y del "Rondó caprichoso" de Saint-Saëns) para configurar la película que marcó el inicio de la consagración internacional de Louis Malle. 

Constituye una invitación a favor de la inocencia, tolerancia y amistad y una denuncia contra de la barbarie del racismo (otra más, como ya hemos comentado en entradas previas: La cinta blanca -Michael Haneke, 2009- o La llave de Sarah - Gilles Paquet-Brenner, 2010-). Al mismo tiempo se describe con añoranza la educación de los colegios religiosos internados de antaño (nada que ver con los tópicos anticlericales recurrentes en algunos cineastas, como en Las hermanas de la magdalena –Peter Mullan, 2002-, Los niños de San Judas - Aisling Walsh, 2003- o La mala educación –Pedro Almodovar, 2004-) y película nos muestra cómo se forma a los chicos en valores espirituales, científicos y humanos.

No sé si alguno de los que leen esta entrada han vivido la experiencia de estudiar en un internado en su infancia. Yo si la viví y, aunque no fueron tiempos de guerra, las imágenes de Adiós, muchachos provocan en mi un entrañable recuerdo por su gran parecido. Como le ocurrió a Louis Malle, también para mi fueron vivencias muy intensas y no fáciles, pero creo que supe leer entre líneas y marcaron positivamente mi vida. Mis años en el Colegio La Inmaculada de Armenteros (Salamanca) también se convirtió en un canto de amistad entre las paredes de un internado. Quizás hoy sea una buena excusa para dedicar a mis profesores (especialmente a Samuel, cura y uno de mis mejores amigos) mi sencillo homenaje por aquellos años de educación en valores. Quién me iba a decir que 30 años después recordaría en un blog aquellas tardes de cine que Samuel nos ponía en el salón de actos (y que sigue poniendo, sin faltar a la cita).

jueves, 12 de mayo de 2011

Educación para la salud sobre asma en centros escolares: un estudio y una fundación


A través de una reciente editorial de Anales de Pediatría, bajo el título "Asma, educadores y escuela", somos conocedores del interesante trabajo denominado "Estudio de asma en los centros escolares españoles".
En la editorial, firmada por los doctores Korta y López-Silvarrey, se nos describe las características de este estudio observacional de prevalencia descriptivo, desarrollado entre marzo de 2009 y junio de 2010 en 9 provincias de España y en el que 4.679 profesores de 208 colegios (seleccionados aleatoriamente) cumplimentaron un cuestionario al respecto. El estudio ha contado con la participación de 11 investigadores principales (entre los que se encuentran los autores de la editorial, actuando el doctor López-Silvarrey como director del estudio) y 14 investigadores colaboradores. Sobre este estudio también se hacía eco hace unas semanas nuestra amiga pediatra, Isabel Rubio, en su blog Maynet.

Los datos son expuestos con exhaustividad en el documento previo y en el que destacamos el Decálogo de recomendaciones de la Sociedad Española de Neumología Pediátrica (SENP) (pág 55 y 56 del trabajo). El documento está avalado por la SENP y cuenta con la colaboración de la Fundación BBVA y, especialmente, por la iniciativa de la Fundación María José Jove. Esta fundación fue constituida en el 2003 en memoria de María José Jove Santos, joven empresaria fallecida inesperadamente en A Coruña en marzo del 2002 y que siempre estuvo muy vinculada al compromiso social orientado a los colectivos menos favorecidos, constituyendo la infancia una de sus grandes preocupaciones. Por este motivo, su familia quiso crear esta Fundación y llevar a la práctica su extraordinaria sensibilidad.
La Fundación María José Jove trabaja para: mejorar las condiciones de vida de la infancia, la integración social de los discapacitados, promover una mayor implicación de los padres en la educación de sus hijos, potenciar el espíritu creativo de los más jóvenes, impulsar un ocio saludable, la conciliación de la vida laboral y familiar. Y para lo cual ha creado cuatro líneas de actividad: 1) Área de Promoción Cultural; 2) Área de Salud; 3) Área de Educación y Formación; y 4) Área de Ocio y Tiempo libre responsable.

Un estudio y una fundación que los pediatras conviene que conozcamos y tengamos presente.