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sábado, 21 de enero de 2023

Cine y Pediatría (680) “Cuidado con los niños”, vienen acompañados de adultos


Vamos conociendo cada vez un poco más del cine que se viene desarrollando en los países nórdicos, y que va mucho más allá de cine noir que tan de moda han impuesto en estos lares. Y hoy hablamos de una película de Noruega, que en algún foro se ha definido como la mejor película humanista de la última década: Cuidado con los niños (Dag Johan Haugerud, 2019), una película de150 minutos de metraje para un drama pausado situado en un centro escolar que va calando poco a poco. Y esta película se suma a las dos únicas películas noruegas ya presentes en Cine y Pediatría: Brothers (Aslaug Holm, 2015) y El viaje de Nisha (Iram Haq, 2017), y ninguna es cine de palomitas.

Pero la primera escena de Cuidados con los niños ya entra directamente en materia: “Se han llevado al niño directamente a la UCI… No es bueno sangrar tanto por la oreja”. Las conversaciones de los profesores que intentan entender lo ocurrido. Al parecer eran amigos los dos implicados, aunque ambos los recuerdan como insolentes en clase. “Las dos familias son de alto nivel. Deberemos pensar una estrategia frente a los medios”, se comenta en el claustro de profesores. Los hechos son estos: durante el recreo de esta escuela. Natalie (a la que llaman Lykke sus padres y Anna su abuela) - la hija de 13 años de un destacado miembro del Partido Laborista, Sigurd Eriksen (Hans Olav Brenner), y una madre periodista de un partido de izquierdas - hiere gravemente en el campo de deporte a su compañero de clase, Jamie, - único hijo de un político de alto nivel de la derecha, Par Erik Lundemo (Thorbjørn Harr), cuya esposa falleció hace tiempo -. Cuando se anuncia horas después desde el hospital que éste ha muerto, las versiones contradictorias entre profesores y padres de lo que realmente sucedió corren el riesgo de empeorar una situación difícil y traumática. Y es así como el segundo largometraje de Dag Johan Haugerud propone una ardua exploración de la culpa, la pena y los problemas de comunicación. 

En el claustro de profesores, Liv (Henriette Steenstrup), la directora, se siente orgullosa de la notas de sus alumnos y de que apenas hay acoso en el centro, “pero si el acoso tiene que ver con esto, tenemos que hacer algo”. Intentan averiguar qué paso y quién tenía que vigilar el patio, y al parecer le correspondía a Anders (Jan Gunnar Røise), el profesor hermano de la propia directora. Natalie (Ella Overbye) dice que bromeaban y le empujó, pero no le pegó; otros chicos presentes dicen algo diferente. Y una reflexión vuela en el aire: “A veces se castiga a los niños por el pecado de sus padres”

Y el largo metraje se divide en diferentes fundidos de diferente color (en rojo, en azul, en negro, en gris o en verde). Y ante semejante tragedia, la película nos devuelve sensatas y calmadas conversaciones, como reflejo de esa sociedad, reflexiva y sin estridencias, donde intentan cuidar las palabras, si bien a medida que avanza la historia también las palabras comienzan a tener un doble filo. La sensación de culpa de Anders, por no estar en el lugar que le correspondía cuando sucedió la tragedia, intenta aliviarla realizando tutorías en casa de Natalie para ser apoyo y conexión con el centro escolar, allí donde tienen conversaciones profundas sobre las amistades del colegio, sobre el uso de las redes sociales, sobre Jamie. Y también somos testigos de las conversaciones de los padres de ella, porque intentan comprender cómo ha podido suceder: “¿No te sientes culpable?”…Tampoco ayuda a Lykke que nos sintamos culpables” o “¿Quién mejor que tus padres para entender la necesidad de mentir?”. 

En los sucesivos consejos de profesores se descubre que Natalie acosaba a otra compañera: “Si Natalie es como una bomba de relojería, no podemos tener a una alumna que sea un riesgo para los demás”. Y unos defienden que fue un accidente, otros que un posible homicidio que cabe no minusvalorar, aunque por la edad no acabe teniendo una repercusión penal sobre ella. Y mientras avanza la historia en busca de la verdad, resurgen los conflictos cruzados entre los diversos protagonistas que aparecen, tanto en la escuela como en sus contextos familiares diversos. Un aspecto llamativo es que Liv tiene como amante al padre de Jamie, pero lo han ocultado, e intentan salir de su confusión y dolor, aunque desemboca en un pensamiento tan duro del padre como éste: “Se saldrá con la suya solo porque es una niña. ¿Sabes lo injusto que es eso?… No puedo evitarlo, quiero que pague por lo que ha hecho. Que sufra. Quiero que se le grave en la mente. Y que nunca vuelva a ser feliz. Incluso si los psicólogos le dicen que no es su culpa, quiero que se sienta culpable el resto de su vida”. Y la crudeza de estas palabras de este padre dolido no van a la zaga del violento encuentro con Natalie en el aparcamiento, donde le dice cosas horribles de las que no puede por menos que arrepentirse luego. 

Es Cuidado con los niños una película en la que solo aparece una niña, Natalie, pues incluso Jamie solo es un nombre, pero no un actor. El resto son adultos, profesores y familiares que se enfrentan a este fatal incidente y donde sutilmente descubrimos hechos en las relaciones entre ellos que desgranan el modelo de bienestar noruego en un thriller con connotaciones políticas y sociales encubiertas. Porque el percance surge de la discusión y amistad de unos niños con orígenes ideológicos maternos y paternos dispares, circunstancias que hacen cuestionar toda la investigación sobre lo ocurrido. Y a pesar del elevado número de temas tratados (sistema educativo, comunidad LGTBI, sindicatos, ocupación nazi de Noruega, conciliación laboral, racismo…), da la sensación de que no se llega a ninguna conclusión sobre el trágico hecho del que parte el largometraje. Parece como si el incidente infantil fuera un recurso narrativo en el guion para cuestionarnos sobre temas actuales y el presunto hecho violento del planteamiento se diluye entonces, mientras se presentan adultos preocupados, débiles, ilusionados, problemáticos, miedosos y cautos, y sus condiciones morales son el tratado en esencia de la película. Y es curioso que en un país donde abunda el noir nórdico, el asunto del posible asesinato pase a un segundo plano y sea la responsabilidad, decir la verdad y ser honesto la preocupación principal de los afectados. 

Cuidado con los niños es un estudio del ser humano complejo, pero también sencillo. Grandes conflictos, pequeños detalles, cruda a veces, amable en otras y absurda en otras tantas… como lo es la vida, como es el análisis de este retazo de sociedad noruega. Y para ello el director se apoya en una música que se repite de forma metálica para incremento de la crispación puntual que puede existir durante el desarrollo de la historia, una banda sonora a cargo de Peder Kjellsby, y también en una cámara en ocasiones agazapada, detrás de las actrices y actores de imponente talento interpretativo que transmiten la empatía necesaria para agarrarte a la historia, llena de interrogantes pendientes de respuesta: ¿ha sido una muerte accidental o provocada?, ¿se desestima el caso por la edad de la agresora o porque realmente se considera no culpable?, ¿ha sido correcta la actuación en el centro educativo tras el accidente?, ¿la comunicación con los padres es la oportuna?, ¿son las redes sociales el mejor homenaje o es un mal uso reiterado?, ¿hasta qué punto influyen las relaciones personales en el trabajo?, ¿es correcto el corporativismo entre el profesorado?, ¿dónde acaba el dolor y cuándo empieza el perdón? 

Es esta película un análisis del ser humano que precisa de un visionado activo y que nos recuerda que sí hay que tener cuidado con los niños es porque vienen acompañados de adultos. Porque como dice su eslogan, cuando la crisis golpea es cuando revelamos nuestra verdadera personalidad.

 

sábado, 3 de septiembre de 2022

Cine y Pediatría (660) “Un pequeño mundo” en el patio de recreo

 

Dos hermanos se abrazan en la entrada al colegio de un nuevo curso. La pequeña Nora (Maya Vanderbeque), de 7 años, solloza, y el mayor, Abel (Gunter Duret), le dice: “Vas a estar bien, te lo juro. Nos vemos en el recreo”. Una escena realmente sorprendente para la pequeña actriz, de una contención que sobrecoge de principio a fin en esta película belga, por título Un pequeño mundo (Laura Wandel, 2021). Ya en el comedor escolar, busca a su hermano. No tiene hambre. Y en el patio de recreo aprecia algo que no comprende cuando otros alumnos le amenazan a Abel: “Aquí somos los jefes, De aquí no te mueves. ¡Como hables te mato! ¡Cállate la boca¡ No te muevas, no me mires”

Porque Un pequeño mundo es una película más sobre el acoso escolar o bullying, pero muy especial. Pues a diferencia de la mayoría de otros filmes que se pone a la altura del acosado, de los acosadores o de los padres, aquí el acoso escolar es visto desde una cámara a la altura de los ojos de Nora, una pequeña actriz sorprendente de inicio a final. Nora intentar proteger a su hermano en un medio tan hostil como puede llegar a ser el colegio. Nora llega a abrazar a su hermano y le pregunta: “¿Por qué hacen eso?” Y Abel le pide un pacto de silencio, para no contarlo a nadie, tampoco a su padre. Y a Nora le resulta más difícil de entender esto que lograr hacer el nudo de sus zapatos. 

Pero hasta las pequeñas compañeras de Nora son crueles en sus comentarios frente a su hermano y su padre. Una crueldad pueril y cotidiana, pero crueldad. Y el entorno no siempre ayuda: “A esta edad es normal pelearse”, excusa una profesora, aunque Nora intenta sacar a la luz la verdad, pero llega a entender que “cuando ayudas, peor”. Y cuando se descubre la verdad, entre los hermanos y el padre todo se enrarece. 

Vale la pena recomendar esta película en todos los sentidos, un pequeña joya de tan solo 72 minutos, suficientes para ver y pensar. Porque Laura Wandel, la directora (y también guionista), que se estrena el largometraje aquí, evita redundancias innecesarias y va al grano, siguiendo con su cámara de cerca a la protagonista, nutriendo la puesta en escena del poderío visual que aportan los primeros planos y el buen hacer de los jóvenes intérpretes. Y nos sumerge en ese microcosmos, en ese pequeño mundo, que es el patio de un colegio, donde Nora va a ser testigo de los malos tratos, humillaciones y vejaciones que sufre su hermano, debatiéndose entre la lealtad al mismo, que le pide guardar silencio, y los dictados de la razón que claman por desvelar semejante atropello. 

Un cruel poema infantil para sentir la cotidianidad del acoso escolar y las dificultades para atajarlo. Y eso sentimos como espectadores que acompañamos a Nora en el colegio (y donde los adultos pasan a un evidente segundo plano en la película), quien observa y sufre ante lo que ve con la rebeldía, espontaneidad e incredulidad de hermana pequeña. Y cuando se pasa de presa a depredador (porque la violencia se contagia) y cuando siempre aparece una nueva presa en los patios escolares. Porque toda la narración de Un pequeño mundo transcurre en el centro docente y, sobre todo, en los momentos de recreo (ya sea el patio, los pasillos, el baño, el comedor, la piscina) donde nos impone una atmósfera intimidatoria, dónde la violencia soterrada se respira, se siente… hasta el desgarrador final. Y así trasciende de la mera narración del buylling, para también ser una buena película de realismo social, que vive de lo mejor del cine social de Bélgica: hablamos de los hermanos Jean Pierre y Luc Dardenne, cuya estética y ética ya hemos conocido en Cine y Pediatría: Rosetta (1999), El hijo (2002), El niño (2005) o El niño de la bicicleta (2011).   

Película minimalista llena de detalles. Aquí el acoso escolar pone la cámara a la altura de su joven protagonista, y con frecuencia casi todos los personajes están fuera de foco. Nora siempre está presente y nítida, pero al resto (especialmente los adultos como el padre y profesores) no veremos sus rostros si no se ponen a la altura de la pequeña. Toda la banda sonora es el bullicio de un patio de recreo, prescindiendo de cualquier acompañamiento musical. La historia narra lo imprescindible y por mucho que nos preguntemos dónde está la madre de Nora y Abel, no vamos a obtener respuesta. Pero esa no es la esencia. 

Es Un pequeño mundo un buen debut de su directora a través de esta obra cautivadora e intensa sobre la complejidad de encajar en un lugar y el comportamiento adecuado en un microcosmos donde la violencia evita los radares adultos. Un relato iniciático reconstruido por una película original, y una tarea difícil y conmovedora para los pequeños arrojados a la arena del mundo (o a los patios de las escuelas, el primer lugar donde entendemos cómo funciona la sociedad). Una pequeña gran película que nos recuerda que ese pequeño mundo que los niños escolarizados viven puede ser un gran infierno para ellos… y ningún adulto (pero sobre todo el profesorado y los padres) debe olvidarlo y estar atento para abortar cualquier señal de bullying en un centro escolar. Esto ya lo hemos denunciado desde Cine y Pediatría en numerosas películas. 

Recientemente hemos publicado un libro sobre “Trilogías del séptimo arte para pediatras” y elegimos tres películas sobre el tema del acoso escolar, de aconsejable prescripción: Después de Lucía (Michel Franco, 2012), Marion, 13 años eternamente (Bourlem Guerdjou, 2016) y El silencio roto (Piluca Baquero, 2017). Pues bien, es probable que Un pequeño mundo ya forme parte de ese listado.  

 

sábado, 13 de marzo de 2021

Cine y Pediatría (583). “Las niñas” musitan confundidos secretos

 

Y justo en el año que todo parecía más difícil para el cine, acabamos de disfrutar de la 35 Gala de los Goya que para muchos pasará como una de las de más grato recuerdo: en el escenario, entregando los premios, directores, actores y actrices consagrados; en la distancia, recibiendo el premio virtual, directores, actores y actrices por descubrir. Y con un protagonismo esencial de las mujeres - magnífico en una gala que tuvo lugar dos días antes del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer - desde las directoras de las dos películas más premiadas (Las niñas y Akelarre) hasta ese hito de la boliviana Daniela Cajías en ser la primera mujer en conseguir el Goya a Mejor fotografía, sin olvidar el Premio de Honor de Ángela Molina o la música en directo de cuatro mujeres en el escenario (Nathy Peluso, Vanesa Martin, Aitana y Diana Navarro). Pero sin duda, el gran triunfador fue Antonio Banderas (y su ya inseparable colaboradora María Casado), pues ellos fueron los directores, guionistas y presentadores de esta gala repleta de sobriedad, elegancia y agilidad, y donde nuestro malagueño internacional fue nuestro embajador en el séptimo arte por el mundo, especialmente abriendo la puerta a decenas de consagradas estrellas de Hollywood y otras filmografías para desear lo mejor al cine español. En conclusión, una gala meditada y respetuosa a la altura de un año complicado por la pandemia que todo lo paró. Pero que no logró parar el buen cine en español. 

El premio más codiciado de todo festival de cine es el de Mejor película, también en los Premios Goya. Un galardón que ha viajado en su primera edición de El viaje a ninguna parte (Fernando Fernán Gómez, 1986) a la última, con Las niñas (Pilar Palomero, 2020). En este recorrido las películas que han obtenido mayor número de premios Goya son: Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004) con 14 estatuillas (de 15 candidaturas), ¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990) con 13 estatuillas (de 15 candidaturas), Blancanieves (Pablo Berger, 2012) con 10 estatuillas (de 18 candidaturas) y La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014), con 10 estatuillas (de 17 candidaturas). Y los directores que más veces han obtenido el premio Goya a la Mejor película son Pedro Almodóvar (con 4 galardones) y Alejandro Amenábar (con 3 galardones). 

Y algunas de estas películas galardonadas con este premio de Mejor película del cine español forman parte ya de la familia de Cine y Pediatría: El Bola (Achero Mañas 2000),  Los otros (Alejandro Amenábar, 2001),  Camino (Javier Fesser, 2008)  Pan negro (Agustí Villaronga, 2010),  Vivir es fácil con los ojos cerrados (David Trueba, 2013),  La isla mínima (Alberto Rodríguez, 2014).  Y también hemos incluid ya otras películas que consiguieron el premio a Mejor director novel: Alas de mariposa (Juan Bajo Ulloa, 1991),  Familia (Fernando León de Aranoa, 1997),  Eva (Kike Maillo, 2011),  A cambio de nada (Daniel Guzmán, 2011),  Verano 1993 (Carla Simón, 2017) y  Carmen y Lola (Arantxa Etxebarría, 2018). 

Y hoy todos estos recuerdos se conjugan, porque nos reúne una obra que ha conseguido ser la Mejor película y la Mejor dirección novel, sin duda la gran triunfadora de los últimos Premios de la Academia: Las niñas (Pilar Palomero, 2020). Esta película obtuvo 9 nominaciones, de los que consiguió cuatro premios: los dos referidos, y también el de Mejor guión original y Mejor dirección de fotografía, para la antes referida Daniela Cajías. De nuevo, y ya van cuatro años seguidos, la mejor dirección novel se declina en femenino, como lo fueron en los años previos con La hija de un ladrón (Belén Funes, 2019), Carmen y Lola (Arantxa Etxebarría, 2018) y Verano 1993 (Carla Simón, 2017). Cuatro películas tan frescas como necesarias, que nos dan confianza en la vitalidad del cine de España, ya rompiendo el techo de cristal. 

Las niñas nos traslada al año 1992 en la ciudad de Zaragoza (lugar de nacimiento de la directora), aquel mítico año en el que España quiso enseñarle al mundo su madurez y su cosmopolitismo con la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla. Y al ver esta película con tintes semiautobiográficos tenemos la sensación de que estos 30 años que han pasado desde entonces parecen mucho más lejanos que lo que quizás queríamos recordar. Y allí conocemos a Celia (Andrea Fandos), una niña de 11 años introvertida, alumna de colegio escolapio de monjas e hija de una madre joven (Natalia de Molina, esta actriz que ya nos sorprendió en Vivir es fácil con los ojos cerrados – David Trueba, 2013 – y Techo y comida – Juan Miguel del Castillo, 2015 -) que apenas está en casa, porque una madre viuda debe trabajar el doble para sacar a su familia adelante.   

El mundo preadolescente de Clara tiene al colegio como epicentro, con su uniforme casi perenne, entre sus profesoras (esas monjas que enseñan matemáticas o costura, esa maestra de gimnasia con obesidad que no se mueve) y sus compañeras (Cristina, Clara, o Brisa, recién llegada de Barcelona), conviviendo con una educación aún a la antigua usanza con la efervescencia de una capital de provincia de donde surgieron grupos como Héroes del Silencio o Niños del Brasil. Y entre sus canciones, de “Héroes de leyenda” a “Viernes”, pasando por “Apuesta por el rock & roll” y por el “Because the Night” de Patti Smith Group, estas niñas experimentan las primeras caladas y sus primeros tragos de alcohol con las alumnas mayores del colegio, comienzan a pintarse los labios o a utilizar tops, ojean el Interviu e intentan descubrir el uso de un condón mientras se debaten sobre cuestiones más trascendentales, con pocas respuestas. Así, cuando Clara le pregunta a su madre: “¿Cómo se sabe que existe Dios”, ella le responde: “Porque sí”

Y en el colegio vale la pena destacar la escena de la revisión escolar (con especial dedicación a la columna vertebral, aunque sin test de Adams), o la fila de todas las niñas acudiendo al confesionario, o esas tardes viendo películas religiosas, con ese icono que fue (y sigue siendo) Marcelino, pan y vino. O esta redacción que declama una monja maestra: “Tema 6. La sexualidad al servicio del amor. La sexualidad forma parte del plan de Dios. El encuentro entre el hombre y la mujer se realiza de forma plena en el matrimonio. Dios dijo, no es bueno que el hombre esté solo. Y entonces crea a la mujer”. Y con ese panorama llega el momento que Clara deje atrás su caja de muñecas para adentrarse en ese mundo de la adolescencia, y lo hace demasiado sola, con la única compañía de una madre absorbida por las obligaciones del trabajo que necesita para salir adelante.  

Y en ese entorno, y entre lo que las compañeras dicen y lo que ella descubre en el Libro de familia, intenta descubrir una verdad que su madre siempre le ha ocultado. Y por ello, Clara le dice enfadada: “Eres una mentirosa”. Y en la iglesia le pregunta al confesor: “Padre, ¿por qué es pecado tener hijos sin estar casada?”

Y todo esto lo cuenta Pilar Palomero con destreza y novedad, con la humildad de lo sencillo, sin artificios: desde la elección de un formato de imagen 4/3 tan poco habitual, pero que sirve como nexo con los códigos de entonces, al uso de un sonido tenue, con conversaciones que se musitan (y que cuesta seguir en ocasiones). Una película que emociona en la simplicidad para mostrarnos a toda esa generación de las hijas de EGB. Una pequeña joya que dará mucho que hablar – y más tras los éxitos conseguidos - entre los futuros nuevos realizadores que verán en Las niñas un referente a seguir, como ya lo vimos con la frescura de Verano 1993 o Carmen y Lola. Y baste ese final, con nuestra Celia musitando esa canción del coro que no le dejaban cantar. Un final catártico que cierra el círculo de forma inteligente, con nuestra protagonista encontrando al fin su voz.…y su mirada, una mirada que recordamos hace años con Ana Torrent.

 

martes, 8 de septiembre de 2020

Pandemia COVID 19 y vuelta al colegio

La vuelta a clase en medio de una pandemia es una experiencia que nadie había tenido hasta ahora, ya que en marzo al decretar el estado de alarma los niños se quedaron en casa, sin guardería, colegio ni universidad. Así que no es de extrañar la gran incertidumbre que se esta generando con la vuelta a clase en este estado de "nueva normalidad".

Los documentos se multiplican, y muchas vecees falta tiempo para leerlos y asimilarlos. A continuación se describen los más recientes.

La Propuesta de actuación ante la detección de un síntoma sospechoso de COVID-19 en un centro escolar de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) describe los pasos para prevenir y detectar y la actuación ante un niño con síntomas, especialmente con fiebre.

En la Propuesta de la Asociación Española de Pediatría-AEP en relación a la apertura gradual de las áreas de educación infanto juvenil se describen las recomendaciones en la escolarización, partiendo de la base de que la reincorporación presencial a los centros escolares "se hace en cumplimiento del derecho que tienen los niños y los adolescentes al aprendizaje y a la socializacion, comonecesidades básicas para su desarrollo, contempladas por la Convención de los Derechos del NIño (CDN)"

En cuanto a las preguntas que se hacen las familias y los educadores acerca de la conveniencia de que los niños con distintas enfermedades acudan a la escuela, la Asociación Española de Pediatría ha publicado las Recomendaciones de las distintas especialidades pediátricas de la Asociación Española de Pediatría acerca de la reincorporación a la escuela de los niños con enfermedades crónicas. 

Preguntas como ¿Puede escolarizarse un niño diabético? ¿Y si ha necesitado un transplante? ¿Pueden ir al colegio los niños y adolescentes asmáticos o con otros problemas pulmonares?. Como es de esperar se producen escenarios diferentes con muchas preguntas para las que las diferentes sociedades tratan de orientar a las familias.  Una de las sociedades que elaboran el documento es la Sociedad Española de Paliativos Pediátricos. Establecen recomendaciones y además realizan la siguiente reflexión: 

"Los efectos de la escolarización son especialmente apreciables en la población infantiojuvenil más vulnerable  y en aquéllos con necesidades de educación especial, a los que se debiera dar prioridad en la reapertura gradual. Los pacientes con patología crónica y complejidad, y sus familias, tienen unas peculiaridades que hacen que los beneficios de mantener una escolarización sean aún mayores que en la población sana. Además de las repercusiones positivas sobre su desarrollo psicomotor y proceso de socialización (algunos de ellos con necesidades de Atención Temprana), tiene unos evidentes beneficios emocionales y sociales".

El documento del Centro Europeo para la Prevención y Control de enfermedades (ECDC), COVID-19 in children and the role of school settings in COVID-19 transmission, revisa el estado de la escolarización y su impacto en la pandemia en los diferentes paises europeos. Concluye que si se realiza distancia física adecuada y se aplican medidas de higiene, es poco probable que las escuelas sean mas propagadoras del virus que otros lugares ocupacionales o de ocio con similar densidad de población. 

En mayo de este año, ante la apertura parcial de los centros educativos en la fase dos, desde el Ministerio de Sanidad y de Educación se publicaron las Medidas de prevención e higiene frente a Covid 19 para la reapertura parcial de los centros educativos en el curso 2019-2020. En el mismo se desarrollan aspectos en cuanto a los centros educativos: la actuación ante la aparición de sintomas, la higiene y limpieza, la distancia de seguridad, las medidas de prevención personal.  Posteriormente el Ministerio de Sanidad publicó la Guía de actuación ante la aparición de casos de Covid-19 en los centros educativos (27 agosto 2020) y el más reciente Guía de actuación ante la aparición de casos de COVID-19 en centros educativos (7 septiembre 2020) describen las líneas de actuación para el manejos de casos, contactos y brotes de COVID-19 en un centro educativo.

En resumen, todo es nuevo y se vive como amenazante. Desde las sociedades científicas y los organismos nacionales e internacionales se elabora información basada en los conocimientos actuales para que las personas estén informadas. De lo que no hay ninguna duda es de que el cierre de las escuelas tiene un impacto negativo muy importante en los niños, especialmente en aquellos más vulnerables. Y que aunque con todas las precauciones y cuidados, los niños deben volver al colegio.




sábado, 28 de mayo de 2016

Cine y Pediatría (333). "Más allá de la pizarra", más allá de la educación en la escuela sin nombre


Hay películas que son lecciones de vida y que se ven con el corazón en un puño, con los ojos bañados de lágrimas y que permanecen durante mucho tiempo en el recuerdo. Si esas películas están basadas en hechos reales, esos sentimientos se incrementan. Basado en el libro del año 2011 "Nobody Don´t Love Nobody; Lessons on Love from the School With No Name" de Stacey Bess, en teoría la propia protagonista, surge la película para la televisión Más allá de la pizarra (Jeff Bleckner, 2011).

Una voz en off de un niña nos dice "La escuela era el lugar que me ayudaba a vislumbrar quien quería ser" y "Siempre me gustó la escuela. Y cuando cumplí 16, abandoné". Y a continuación, en el año 1987 y en Salt Lake City, una joven llamada Stacey Bess (interpretada con maestría por la actriz Emily VanCamp), esposa y madre de dos hijos, cumple su sueño: ser maestra y conseguir su primer puesto de trabajo. Pero su primer trabajo no es lo que esperaba, pues con el curso comenzado acepta un trabajo en una escuela sin nombre, donde le asignan la casi imposible función de enseñar a 20 niños sin hogar de primero a sexto grado en la misma aula. 

Acepta el reto, pero el reto es más complicado de lo que imaginaba, hasta casi convertirse en un pesadilla al comprobar que el lugar llamado aula es un almacén sucio y destartalado, con un par de libros hechos añicos, un escritorio en mal estado, sillas rotas y la guarida de una rata, allí donde el paso del tren próximo provoca un medio terremoto horario. Y nada más comenzar una compañera le espeta: "Soy una maestra, pero esto no es enseñar. Esto es cuidar niños camino al reformatorio. Así que, buena suerte..."

Y surge el abatimiento ya el primer día en nuestra protagonista: "Ha sido terrible. Era una señora simulando ser una maestra. Los niños vieron a través de mi". Y la confesión a su marido: "No es lo que esperaba. Si voy nuevamente mañana, es por una sola razón: no quiero que nuestros hijos me vean flaquear". Y por ello regresa a enfrentarse a aquellos niños desnutridos, sucios, maleducados, que viven hacinados en esa comuna junto a padres maleducados y sucios, con más aficiones al alcohol y drogas que al trabajo, que intentan luchar para salir de la miseria pero que, a la vez, se sienten frustrados. Todo esto muestra una realidad para la joven maestra Stacey: la distancia que hay entre la escuela que soñó y la realidad que tiene enfrente. 

Por otra parte, el director del distrito escolar es inalcanzable cuando ella intenta solicitar recursos para mejorar las condiciones del aula y hacer mejor su trabajo. Pero, pese a todo y a todos, ella consiguió enseñar a los niños palabras con valores que pega en la pizarra: la primera fue "respetuoso" y la segunda "valiente", y llegaron muchas más... Y también les enseña música y les pone la "Oda a la alegría" de Beethoven y otras melodías que hacen que ese refugio vaya adquiriendo el calor a escuela.  
Y a partir de aquí vivimos momentos muy sensibles como la llegada de pupitres y libros nuevos al aula, cuando pintan las paredes y dibujan en ella una vaca y una gallina; cuando reubican al padre de María, esa angelical niña hispana de 12 años; cuando propone enseñar a leer a una madre; cuando se fue María. O la carta de recomendación de Stacey a la joven alumna que cambia de colegio: "Para la nueva maestra de Dana: Dana es una delicia, es inteligente, perspicaz y tiene una aptitud especial para las ciencias. Dana es amable, protectora y tiene un gran carácter. Estoy segura de que disfrutará al tenerla en su clase. Saludos. Stacey Bess. Escuela del Refugio". Y la llamada en la distancia de María: "Voy a ser maestra, como usted... Y prométame que nunca nos diremos adiós". 

Y así, entre emociones llegamos al final de toda historia real, con los títulos finales de crédito: "El Acta McKinney-Vento de 1987 aseguró los derechos para la educación de los niños sin hogar. En 1988 se construyó una nueva escuela para los niños sin hogar en Salt Lake City. Stacey Bess continuó enseñando allí durante ocho años más. Y en 1995 Stacey fue galardonada con el National Jefferson Award por el gran servicio público por una persona de 35 años o menos. Y ella continúa hablando alrededor del país para promover la educación y los servicios a la comunidad". Y luego la presentación de Emily VanCamp, la actriz principal, de la propia Stacey Bess. 

Y cuando llegamos al final, aparecen todas las enseñanzas que nos regala esta película más allá de la pizarra, enseñanzas bien estudiadas en distintos foros: 
- Que toda persona, a pesar de las circunstancias en las que viva (pobreza, desarraigo, injusticia,…) no deja de ser una persona con dignidad, sueños, derechos, expectativas y una vida por delante. Y hay que atenderles como un ser humano que son. 
- Que a pesar de la “crisis” (algo que nos acompaña en España durante ya una década) y los recortes en educación, la necesidad agudiza el ingenio y que debe permanecer la ilusión por el presente y la esperanza por el futuro. 
- Que todos cuentan y contar con los demás nos hace mejores, como Stacey contó con el vejo profesor de arte, o con la mujer que sabía algo de música. 
- Que cuando algo lo hacemos nuestro y lo queremos, lo convertimos en un lugar digno, aunque aparentemente sea indigno. Y que a eso le llamamos vocación, la capacidad de dar la vida por lo que uno cree, sin poder al dinero como primer objetivo. Y la vocación en docencia va unida a la responsabilidad, el trabajo bien hecho, el cuidado y cariño hacia los alumnos
- Que los que deciden hacer algo en nuestra sociedad son los que marcan la diferencia en la vida de las personas, como la diferencia que ha marcado con su ejemplo de vida Stacey Bess. 

Porque Stacy Bess tiene una vida prolífica y ejemplar. Educadora, escritora y conferencista, galardonada con numerosos premios por su labor en pro de los niños sin techo de los Estados Unidos. Casada desde hace tres décadas, es la feliz madre de seis chicos (en la película va por el número tres) y ahora está dedicada a escribir y a dictar charlas por la misma causa. 

Y esta película (basada en su vida) nos devuelve el gran amor y vocación que existe en la profesión de maestro. Porque más allá de la pizarra hay mucho que enseñar, mucho por lo que amar y por lo que luchar. Y más allá de la pizarra están grandes profesores que todos recordamos. Y hoy recuerdo a todos aquellos que conocí en el Colegio La Inmaculada de Armenteros, con Don Samuel a la cabeza.