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sábado, 26 de diciembre de 2020

Cine y Pediatría (572). “La sonrisa de Mona Lisa” para la emancipación de la mujer por la educación

 

En la Florencia de la segunda mitad del siglo XV nació, en el seno de una familia noble, Lisa Gherardini. Siendo aún adolescente, contrajo matrimonio con un mercader de telas y seda, considerablemente mayor que ella, y con quien tuvo cinco hijos y mantuvo una vida de clase media acomodada y ordinaria. Pero curiosamente ella se convirtió en extraordinaria, pues su marido, por nombre Francesco di Bartolomeo del Giocondo, hizo que a ella se le conociera como “la Gioconda”. Esta mujer se hizo famosa no por su propia vida, sino por haber sido la modelo de uno de los cuadros más famosos de la historia del arte, y que más ha suscitado debates sobre la causa de sus características. Y fue su esposo quien encargó el retrato a Leonardo da Vinci, pero éste nunca quiso entregarlo, ya que jamás estuvo satisfecho con esta pintura, y siempre la consideró inconclusa. 

Ríos de tinta se han escrito sobre uno de los cuadros más enigmáticos de la Historia del Arte: “La Mona Lisa”, también conocida como “La Gioconda”. La obra cumbre de Leonardo da Vinci siempre ha estado envuelta en un halo de misterio fruto de la enigmática sonrisa de su protagonista. Considerada como un símbolo del enigma emocional, muestra una expresión que parece dulce, pero que puede llegar a convertirse en una mueca burlona e incluso en un gesto triste según se va observando la obra, algo que a científicos e historiados del arte les ha traído de cabeza durante siglos. Inicialmente algunos investigadores atribuyeron el enigma de la expresión de la Mona Lisa a la técnica de pintura usada por Leonardo da Vinci, llamada “sfumato”: este procedimiento crea sorprendentes efectos ópticos en los que la imagen parece cambiar cuando se varía el ángulo o la distancia en que se observa, generando una sensación intrigante y levemente perturbadora en el observador. Pero también se han dado explicaciones médicas, diversas, entre las que se han sugerido una hiperlipidemia familiar, una parálisis de Bell o un posible hipertiroidismo. 

Es poco probable que sepamos a ciencia cierta la verdad detrás de esta obra. Tal vez tengamos que seguir lanzando hipótesis, y va a ser complicado que la ciencia llegue al punto que permita confirmarlas. De momento esa sonrisa sigue generando preguntas e inspiración. Y esta historia inspiró el título de la película que hoy nos convoca: La sonrisa de Mona Lisa (Mike Newell, 2003), una película sobre el valor de la docencia en las mujeres de la mitad del siglo XX, a aquellas jóvenes que se les enseña a sonreír aunque les asole la tristeza y decepción. 

Nos encontramos en el otoño de 1953. Katheryne Watson (Julia Roberts), un recién licenciada de arte en la Universidad de Berkeley, viaja desde la liberal y soleada California para incorporarse como profesoras de arte a la conservadora Universidad de Wellesley en Nueva Inglaterra. Esta es una universidad privada femenina fundada en el siglo XIX por Henry Fowle Durant y su esposa Pauline Fowle Durant con la misión de "proveer una excelente educación liberal para mujeres que marcarán la diferencia en el mundo" y cuyo lema es la cita bíblica "Non Ministrari sed Ministrare" (Mt 20, 28; 'No he venido a ser servido, sino a servir'). Y allí comienza un nuevo curso académico con esa liturgia donde una alumna toca la puerta del centro académico con una maza de madera y ese diálogo con la rectora: “Quién llama a la Puerta del Saber?”. “Soy todas las mujeres”. ¿Y qué buscas?”. “Despertar mi espíritu gracias al duro trabajo y dedicar mi vida al conocimiento”. “Pues sé bienvenida. Todas las mujeres que deseen seguirte pueden entrar aquí. Declaro inaugurado el curso académico”. Y allí entran esas chicas brillantes de brillantes familias, estudiantes de gran formación conformes con la tradición de la institución. Y ese viaje del suroeste al noreste de Estados Unidos también será con este curso un viaje vital para esta joven profesora. 

La primera clase de la profesora Watson resulta un fracaso. Pues todas las enseñanzas sobre las filminas de las imágenes de las cuevas de Altamira o de Lescaux, de las obras de Picasso o Van Gohg, resultan baldías, dado que las alumnas conocen al dedillo. Y además recibe la recriminación del director: “Usted sugiere: Picasso será para el siglo XX lo que fue Miguel Ángel para el Renacimiento”. Y comienza a conocer a sus alumnas, especialmente a Joan (Julia Stiles), Giselle (Maggie Gyllenhaal), Betty (Kirsten Duns) y Connie (Ginnifer Goodwin). Chicas muy preparadas desde este colegio clasista que también reciben clases de buenos modales (incluido como cruzar y descruzar las piernas) y se les enseña a servir a sus esposos, aceptando una sociedad machista, y donde un anillo de compromiso es considerado el mayor premio a una buena educación. 

Y a medida que transcurre el curso se nos plantea la típica historia de la profesora cuyos planteamientos educativos chocan con la institución, que duda de su labor educativa y de la que muchos dudan. Entre ellos la coordinadora de estudios: “He recibido llamadas acerca de sus métodos de enseñanza. Son poco ortodoxos para Wellesley. Somos tradicionalistas. Me he dado cuenta. Así que si no le gusta estar aquí…”, insinuándole que evite las enseñanzas sobre el arte moderno. Un arte moderno que precisamente en esa época estaba eclosionando vanguardias tanto en Europa (Pablo Picasso, George Braque, Juan Gris, Le Corbusier, Mies van der Rohe,…) como en Estados Unidos (Andy Warhol, Jackson Pollock, Frank Lloyd Writght,…). 

Pero Katheryne Watson logra superar las adversidades y consigue ganar el respeto y corazón de sus alumnas y hacerles ver el mundo con otros ojos. Y les acaba enseñando a pensar por ellas mismas (no como novias o esposas de nadie) y aprenderán esta importante lección, aunque el camino del cambio nunca es fácil y por ella llega a decirles, entre indignada y triste: “Creí venir a la cuna de las líderes del mañana… no de sus esposas”. Y por ello, durante el metraje surgen diversas relaciones de pareja de la profesora y sus alumnas, con el noviazgo y el matrimonio como horizonte, donde el marido es la meta y el divorcio no se contempla, en esa sociedad machista y quizás no tan lejana. Y esta posición secundaria de la mujer queda reflejada a lo largo de toda la película de Newell, pero baste un ejemplo: el nombre de la sociedad secreta de las alumnas del Wellesley se llama Costillas de Adán, y es así como lo más parecido a una asociación feminista en la escuela recuerda, ya desde su denominación, la posición secundaria y subordinada de la mujer en la sociedad de aquel momento. 

El argumento del docente liberal en lucha contra los valores académicos tradicionales, defensor de la comunicación bidireccional, de la innovación docente y de la construcción de elaborados esquemas cognitivos, no es un tema realmente novedoso. El dilema al que se enfrenta Julia Roberts en esta película ya lo han vivido otros profesores en las historias del séptimo arte, pero una película tiene un gran parecido, algo así como su versión masculina. Hablamos de El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989), donde el profesor John Keating (interpretado por Robin Williams) intenta cambiar a los tradicionales alumnos de la Welton Academy de Vermont a través de la poesía. En La sonrisa de Mona Lisa, la profesora Katheryne Watson intenta cambiar a las tradicionales alumnas de la Universidad de Wellesley a través del arte, principalmente de la pintura. Y ambas transcurren en la década de los 50 de aquel convulso Estados Unidos que acaba de salir de la guerra de Corea, pero donde el temor a los ataques nucleares seguía vigente tras el precedente de la Segunda Guerra Mundial y donde el miedo al comunismo era palpable y sus seguidores eran perseguidos, tanto en los círculos artísticos como industriales, muchas veces de forma impulsiva, debido, en gran medida, a la tensión social generada a raíz de los discursos del senador Joseph McCarthy.  

Es La sonrisa de Mona Lisa una película con críticas y comentarios encontrados. Pero, como la sonrisa de La Gioconda, quizás merezca diversas interpretaciones, más allá de las puramente estéticas, actorales y cinematográficas. Porque la emancipación de la mujer por la educación sigue vigente.

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lunes, 14 de mayo de 2018

Trabando las EMOCIONES con CINE Y PEDIATRÍA


La pasada Reunión Anual de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría (SEUP), la número 23, tuvo lugar entre el 19 y 21 de abril bajo un lema muy especial: "TRABAJANDO LAS EMOCIONES". Y así ha fue... 

Tres días intensos y extensos con 600 congresistas de toda España en Sitges, un marco excepcional y gran organización (hasta el tiempo fue excepcional sobre el horizonte del Mediterráneo). Todo comenzó con la Conferencia inaugural, "Cine y Pediatría, arte, ciencia y conciencia, emociones y reflexiones", y finalizó con la Conferencia de clausura, "La ética de la urgencia, la urgencia de la ética". Y entre medias, centenares de comunicaciones de ciencia con conciencia, mesas redondas, simposios, talleres y encuentros con el experto.

Sin duda, un congreso de cine en una ciudad de cine para una sociedad científica de cine: porque la SEUP es, dentro de las 24 sociedades de especialidades científicas de la AEP, una de las más vitales y vitalistas. Y donde, al que esto suscribe, le han brotado las emociones... y por diversos motivos. 

Nuestro agradecimiento especial por hacer protagonista a CINE Y PEDIATRÍA como parte de ese trabajo en las emociones, por esos 70 libros compartidos entre ponentes y asistentes. Y por hacernos sentir, como Platón, que "todo aprendizaje tiene una base emocional". 

Y por ello os dejamos en este enlace nuestra Conferencia inaugural: "CINE Y PEDIATRÍA, arte, ciencia y conciencia, EMOCIONES y reflexiones". 

Y en donde prescribimos seis trilogías, para mejorar las emociones en las Urgencias de Pediatría. Y estas son: 

1) Tres JOYAS para entender la MEDICINA 
- El Doctor (Randa Haines, 1991) 
- Patch Adams (Tom Shadyac, 1998) 
- Amar la vida (Mike Nichols, 2001) 

2) Tres JOYAS para entender si vale la pena ser MÉDICO 
- Hipócrates (Thomas Lilti, 2014) 
- El milagro de Carintia (Andreas Prochaska, 2011) 
- Las confesiones del Dr. Sachs (Michel Deville, 1999) 

3) Tres JOYAS para entender la importancia de ser MÉDICO 
- Manos milagrosas (Thomas Carter, 2009) 
- 22 ángeles (Miguel Bardem, 2016) 
- A corazón abierto (Joseph Sargent, 2004) 

4) Tres JOYAS para entender la INFANCIA 
- Bebés (Thomas Balme, 2010) 
- Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013) 
- Solo es el principio (Barougier y Pozzi, 2010) 

5) Tres JOYAS para entender la PEDIATRÍA 
- El aceite de la vida (George Miller, 1982) 
- Declaración de guerra (Valerie Donzelli, 2011) 
- Wonder (Stephen Chbosky, 2017) 

6) Tres JOYAS para entender la VIDA 
- El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011) 
- Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) 
- En el mundo, a cada rato (Varios directores, 2004) 

Y todo esto ocurrió en la privilegiada ubicación de SITGES, en el extremo meridional del macizo del Garraf, una cordillera de roca calcárea que constituye una barrera natural, le hace disfrutar de un microclima propio, que con sus 17 playas (cada una con su personalidad) y 18 kilómetros de litoral hacen de esta villa la “Saint Tropez de Cataluña”.