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miércoles, 19 de agosto de 2026

Crianza de los hijos en la era digital


La crianza de los hijos en la era digital constituye uno de los grandes desafíos de las familias contemporáneas, ya que las tecnologías forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. Internet, los dispositivos móviles y las redes sociales ofrecen importantes oportunidades para el aprendizaje, la comunicación y el entretenimiento, pero también plantean riesgos relacionados con la exposición excesiva a las pantallas, la privacidad, la seguridad y la calidad de los contenidos. En este contexto, educar no implica únicamente limitar el uso de la tecnología, sino acompañar a los hijos en el desarrollo de hábitos saludables, pensamiento crítico, responsabilidad y competencias digitales que les permitan desenvolverse de forma segura y equilibrada en la sociedad actual. He aquí algunas preguntas clave… 

a) ¿Cómo afectan los videojuegos y las redes sociales a la salud mental del niño y adolescente? 

El impacto de los videojuegos y las redes sociales en la salud mental de la infancia y adolescencia es un tema complejo que no tiene una respuesta única, sino que se define por una mezcla de riesgos, beneficios y matices individuales. Si nos centramos en el adolescente, estos son algunos aspectos de interés: 

- El impacto de las redes sociales en la salud mental. Existe un debate activo sobre si las redes sociales causaron el aumento de problemas de salud mental en la última década. 
Se estima que hay un 75% de probabilidad de que las redes sociales hayan contribuido a la crisis de salud mental adolescente, especialmente desde 2012, cuando estas plataformas se volvieron masivas en los teléfonos inteligentes. Los riesgos se dividen en el uso excesivo (que interfiere con el sueño y la actividad física) y las experiencias dañinas (como el acoso escolar o la exposición a contenido que afecta la imagen corporal, algo que impacta desproporcionadamente a las niñas). También es cierto que ofrecen oportunidades para la conexión social, el aprendizaje y el descubrimiento, especialmente para adolescentes que se sienten marginados en su vida diaria. 

- El impacto de los videojuegos. A diferencia de las redes sociales, la investigación general sobre videojuegos muestra poca evidencia de daño inherente y sugiere algunos beneficios. 
Se ha encontrado evidencia de que jugar videojuegos puede mejorar la memoria de trabajo, la atención y las habilidades cognitivas espaciales. Además, son una vía social fundamental, especialmente para los varones, quienes juegan un promedio de 2 horas y 20 minutos al día. Pero existe evidencia de que los videojuegos violentos pueden causar un aumento a corto plazo en pensamientos y sentimientos agresivos, aunque no hay pruebas definitivas de que causen conductas criminales o violentas a largo plazo. El problema surge cuando el juego se convierte en una adicción (afectando entre el 1% y 9% de los adolescentes) o cuando desplaza actividades esenciales como el sueño o los estudios. 

El efecto final depende de quién es el adolescente. Aquellos que ya enfrentan dificultades sociales, emocionales o conductuales fuera de internet tienen más probabilidades de sufrir impactos negativos en línea. Por ejemplo, los jóvenes que sufren acoso en persona suelen ser los mismos que lo padecen en redes sociales. En resumen, más que el tiempo total de pantalla, lo que importa es qué actividades se están reemplazando y si el uso de estas tecnologías interfiere con el bienestar general, el sueño y las relaciones cara a cara. 

b) ¿Cómo puedo diferenciar si mi hijo o hija tiene una adicción? 

Diferenciar entre un uso frecuente de la tecnología y una adicción real es fundamental. Aunque el término "adicción" se usa a menudo de forma coloquial, en términos clínicos se refiere a patrones de comportamiento que causan un deterioro significativo en la vida diaria. 

Para determinar si nuestro hijo/a podría tener una adicción (específicamente un trastorno por videojuegos), debes observar si se cumplen estos tres criterios clave: 1) Falta de control sobre el juego: esto ocurre cuando el joven no puede controlar la frecuencia, la intensidad, la duración o el momento en que deja de jugar; 2) Prioridad creciente: el videojuego o el uso de pantallas se vuelve más importante que otros intereses vitales y actividades diarias; 3) Continuación a pesar de las consecuencias negativas: el joven sigue jugando o incluso aumenta el tiempo de uso a pesar de saber que esto le está causando problemas evidentes en su vida o salud. 
Y, además de los criterios anteriores, es útil considerar qué actividades están siendo reemplazadas por las pantallas: desplazamiento de necesidades básicas (como el sueño o la higiene personal), impacto académico (disminución notable en su rendimiento escolar debido al tiempo dedicado a los dispositivos) o angustia emocional (en el caso de las redes sociales, una señal de uso problemático es sentir angustia o malestar intenso cuando no se puede acceder a la plataforma). 

¿Qué hacer si sospechamos de una adicción? Si observas estos patrones de forma persistente (generalmente durante un periodo de 12 meses, aunque puede ser menos si los síntomas son graves), se recomienda: 
• Consultar con un profesional: habla con su pediatra o un profesional de la salud mental. 
• Terapia cognitivo-conductual: este tipo de tratamiento ha demostrado ser efectivo para ayudar a manejar el uso problemático de la tecnología. 
• Fomentar el equilibrio: asegúrate de que tenga tiempo protegido para actividades que mejoren su estado de ánimo, como el ejercicio físico, el tiempo al aire libre y las interacciones sociales en persona. 

c) ¿Cómo puedo fomentar actividades sin pantallas para mi hijo? 

Para fomentar actividades sin pantallas, lo más efectivo es centrarse en el equilibrio, asegurando que los niños tengan suficiente tiempo para jugar, hacer ejercicio físico e interactuar con otras personas. Está claro que no existe una única solución, sino una amplia variedad de opciones que dependen de la energía del niño y del entorno. Aquí el ejemplo de algunas estrategias y actividades concretas basadas en las recomendaciones de los expertos, útiles más para niños y niñas (no tanto para adolescentes): 

- Actividades en casa según el nivel de energía, pues es útil tener opciones preparadas para diferentes momentos del día: 
• Alta energía (para quemar cartuchos): puedes organizar una fiesta de baile, crear un circuito de obstáculos con cojines y toallas, jugar al escondite, construir un fuerte con mantas o jugar al "que no caiga" con globos. 
• Baja energía (más sedentarias): actividades como el uso de pegatinas, plastilina, rompecabezas, juegos de construcción (como bloques o LEGO) y, por supuesto, la lectura de libros son excelentes para momentos de calma. 

- Convertir las tareas del hogar en juegos. 
La clave es dejar de lado la expectativa de que la tarea sea "útil" y verla como una oportunidad de juego e interacción: 
• Cocinar juntos: darles una tabla de cortar de plástico y un cuchillo sin filo para que "ayuden" troceando alimentos blandos como fruta o queso. 
• Limpiar el coche o regar las plantas: son actividades que los niños suelen disfrutar y que fomentan la responsabilidad. 
• Lavar platos: siempre que se mantengan alejados de los objetos de vidrio, jugar con el agua y el jabón es muy entretenido para los más pequeños. 

- Aventuras al aire libre. 
Incluso si hace frío o está oscuro, el cambio de ambiente es muy beneficioso: 
• Exploración nocturna: usar linternas para dar un paseo por el vecindario puede hacer que una caminata normal se sienta como una aventura. 
• Búsquedas del tesoro: crear una lista de cosas que deben encontrar (hojas de cierto tipo, luces de colores, animales) para mantenerlos motivados durante un paseo. 
• Gimnasio en el jardín o en el parque: que usen bicicletas, patinetes o hula-hoops. 

- Salidas estratégicas (gratuitas y pagadas) 
• Opciones gratuitas: visitar la biblioteca, tiendas de mascotas (solo para mirar), o asistir a talleres gratuitos en tiendas de bricolaje. 
• Opciones pagadas: museos de ciencia, acuarios o pistas de patinaje. 

- Estrategias para facilitar la transición 
Uno de los mayores retos es el momento en que se apaga la pantalla. Para fomentar el éxito de las actividades alternativas, puedes aplicar lo siguiente: 
• Planificar la actividad post-pantalla: inmediatamente después de usar un dispositivo, ofrece una actividad que se ajuste a su necesidad del momento, ya sea algo relajante como un rompecabezas o algo activo como saltar. 
• Involucrarlos en el plan: pregúntales qué actividad sin pantallas les gustaría hacer después de que termine su tiempo permitido; esto les da una sensación de control. 
• Fomentar la interacción "serve-and-return": las actividades que requieren que tú respondas a sus acciones (hablar, señalar, jugar juntos) son las que más ayudan a su desarrollo y los mantienen comprometidos sin necesidad de dispositivos. 

Recuerda que los niños suelen imitar lo que ven; si te ven realizar actividades creativas o participar en juegos imaginativos (como jugar a "ir a trabajar" con una bolsa), es más probable que ellos también se interesen por el juego independiente. 

d) ¿Cómo puedo ser un buen modelo de conducta para mi hijo? 

Ser un buen modelo de conducta para tu hijo es fundamental, ya que los niños tienden a imitar naturalmente lo que ven en sus padres. Un referente positivo no se trata de ser perfecto, sino de mostrar de manera intencional los valores y habilidades que deseas que ellos desarrollen. Algunas de las estrategias clave para lograrlo son las siguientes.

- Modela el comportamiento social y los valores 
La mejor forma de enseñar valores como la amabilidad o la gratitud es practicándolos tú mismo frente a ellos. 
• Gratitud: los estudios indican que cuando los padres muestran gratitud, tanto verbalmente como a través de su comportamiento, existe una mayor probabilidad de que los hijos también lo hagan. 
• Resolución de conflictos: en lugar de evitar las discusiones, modela interacciones positivas y resolución saludable de conflictos tanto con tu pareja como con otros miembros de la familia. 
• Colaboración: si mantienes una actitud colaborativa hacia las tareas del hogar, es más probable que ellos sigan ese ejemplo. 

- Demuestra habilidades de afrontamiento emocional 
Los adolescentes y niños aprenden a gestionar sus sentimientos observando cómo los adultos manejan los suyos. 
• Gestión de emociones: es vital que modeles habilidades de afrontamiento saludables. Esto incluye etiquetar tus propias emociones y mostrar cómo usas herramientas como la respiración profunda o el autocuidado cuando estás estresado. 
• Reencuadre de pensamientos: puedes usar técnicas de terapia cognitivo-conductual para evaluar si tus pensamientos son útiles y verdaderos, compartiendo este proceso mental con ellos cuando sea apropiado (por ejemplo, al manejar el estrés laboral). 

- Actúa como el "piloto" de la familia 
Un concepto central es la crianza autoritativa, que equilibra el afecto con las reglas claras. Y se puede utilizar la metáfora del piloto: imagina que eres el piloto de un avión y tus hijos son los pasajeros; ante la "turbulencia" (berrinches o problemas), un buen piloto no entra en pánico ni ignora el miedo de los pasajeros; en cambio, valida sus sentimientos ("sé que esto asusta") pero mantiene la estructura ("por favor, haz lo que te pido).

sábado, 20 de septiembre de 2025

Cine y Pediatría (819) “Sorda”, la maternidad desde el silencio

 

Desde Cine y Pediatría ya son varias las películas alrededor de la hipoacusia: historias reales como El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962) y La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améries, 2014); historias ficticias en tono de comedia como la película francesa La familia Bélier (Eric Lartigeau, 2014) y su remake estadounidense CODA: Los sonidos del silencio (Siân Heder, 2021), o historias ficticias en todo de drama como la película portuguesa Listen (Ana Rocha, 2020); también alguna película documental como la argentina Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013). Y a todas estas se suma hoy la película española Sorda (Eva Libertad, 2025), una nueva ópera prima de esa gran escuela de directoras de cine en nuestro país y que procede de un corto previo de éxito.      

Ese paso del corto al largometraje en nuestro país ya lo hemos visto en la película Madre (Rodrigo Sorogoyen, 2019), Cerdita (Carlota Pereda, 2022) y La mitad de Ana (Marta Nieto, 2024). Y también lo vemos en nuestra película de hoy: primero llegó el cortometraje del año 2021 de 18 minutos de duración, y ahora llega el largometraje de 99 minutos. En ambos se cuenta la relación entre una joven sorda Ángela (Miriam Garlo en ambas películas) y su pareja oyente, por nombre Darío (Pepe Galera) en el corto y Héctor (Álvaro Cervantes) en el largo, enfrentados a llegada de su primer hijo en común. Cabe referir que Miriam Garlo es una actriz sorda y hermana de la directora; y que recordamos a Álvaro Cervantes en su papel en una de las historias de Adú (Salvador Calvo, 2020), pero especialmente por encargar al rey Carlos I de España y emperador Carlos V en la serie Carlos, Rey Emperador. Y ambos se dejan la piel en su interpretación.     

Es Sorda una de las agradables sorpresas del cine español de este año, este retrato tierno y realista de cómo una mujer sorda y su pareja oyente se enfrentan al nacimiento de su primer hijo en una sociedad hecha por y para los que oyen. Una película grabada en Molina de Segura, pueblo de nacimiento de la directora, y en distintos enclaves de la huerta de Murcia. Premio del Público en la sección Panorama del Festival de Berlín de 2025 y gran triunfadora en el de Málaga del mismo año (mejor película, actriz, actor, ópera prima y Premio del Público). 

La película comienza sin sonido, todo un guiño que se repetirá de forma más contundente al final de la historia. Nuestra pareja protagonista se baña en la poza de un río y en su conversación buscan el nombre para su hijo o hija que nacerá en breve. Vamos conociendo a Ángela, de quien sabemos que nació oyente, pero se quedó sorda años después (y también son sordos en su familia la abuela paterna y una tía), trabaja como alfarera en una fábrica, le gusta reunirse con sus amigos sordomudos para festejar (y ahora celebran su embarazo). Cuando acude a la revisión ginecológica les informan que hay probabilidad de que su descendencia sea sorda y esa preocupación se extiende en toda la familia (quizás más en el padre y abuelos maternos, todos oyentes). En la espera, Ángela observa con pesar como los hijos oyentes de sus amigas sordas se avergüenzan de que sus madres sigan signando. Compartimos con ella en la espera algunas de sus dudas… 

Cuando Ángela rompe aguas, la directora nos hace partícipe paso a paso de todo el proceso. Aunque ella quiere dar a luz en casa, le convencen de acudir al hospital: matrona, monitorización, epidural, contracciones, bradicardias en el monitor, aviso al ginecólogo, ventosa, aviso al pediatra, expulsión en tiempo real, llanto del bebé, es una niña. Todo ha llegado a buen puerto, pero en el camino Ángela ha tenido que apoyarse en las órdenes sanitarias que le transmitía Héctor, no exento de algún momento de tensión. Y ella no oye el llanto de su hija. 

Durante la estancia en Maternidad, el pediatra realiza el cribado universal de hipoacusia con las otoemisiones acústicas y llega la frase no esperada (pero tan habitual): “Bueno, la prueba no es concluyente. No nos dice si la niña oye o no… A veces, queda líquido amniótico, líquido del vientre de la madre, en los conductos del oído y el aparato no detecta bien… Tenemos que hacer otra prueba en un par de meses”. Y llega la tremenda espera para saber si Ona, el nombre que han puesto a la niña, es oyente o no. 

Durante esas interminables semanas de espera, comienzan las dudas. El padre le hace a escondidas pruebas a su hija chasqueando los oídos, la madre lo ve y piensa. Ya buscan guardería, pero la madre comenta: “Todavía no sabemos si es sorda u oyente. Pero si es sorda, no podrá ir ahí, tendrá que ir a la asociación… Mejor esperamos a ver qué pasa”. Y llega la nueva visita médica con la realización de los potenciales evocados auditivos y el diagnóstico final: “Pues la prueba sale normal. Oye perfectamente de los dos oídos”. Es uno de los momentos clave de la película, allí donde cada uno contiene su sentir: la alegría del padre, la duda de la madre de su capacidad de criar a una hija oyente. 

Porque somos partícipes de esa maternidad/paternidad y crianza entre lo sonoro y el silencio, entre la palaba y la signación… donde Ángela no se siente a gusto. Basta con recordar esas escenas diferentes de contar un cuento a la hija: el padre con la voz, la madre con los signos. Ángela no acepta ponerse los audífonos, pero si intenta ponerle cascos a su hija para estimularle que aprenda a signar. Es tal la extraña vivencia que están pasando como pareja por el modelo de crianza, que hasta Héctor tiene que contener su alegría cuando Ona dice su primera palabra. La confusión de la madre es tal que llega a decir a su pareja: “Tu sigue siendo el padre perfecto y disfruta de tu hija. Yo qué hago aquí… Antes era la sora que daba un toque mágico a tu hija. Pero ahora, desde que ha llegado Ona, ¿yo qué soy? Un estorbo, una carga”. A lo que Héctor replica: “¿Sabes lo que te pasa? Que tu quieres una pareja soda y una hija sorda. Pero me has elegido a mí y yo soy oyente. Y tu hija es oyente. Y el mundo es oyente”. 

Por ello Ángela tiene que volver a sentir y demostrar que es capaz y exclama: “¡Ser sorda es una mierda, una puta mierda!”. Y a partir de ahí la película da un brutal cambio a escenas sin sonido, para poner al espectador en la piel (y el oído) de Ángela, como ella lo vive en esa crisis de pareja. Unos 15 minutos finales sin sonido o con el ruido distorsionado que le proporcionan los audífonos. Y así llegamos a esa fiesta de celebración del primer cumpleaños de Ona en la guardería, en un final tan sencillo como contundente. 

Y el sonido reaparece con los títulos de crédito finales y la canción “Neskaren Kanta” de Verde Prato, nombre artístico de la artista multidisciplinar Ana Arsuaga. Y con esa canción analizamos las muchas emociones y reflexiones que nos ha dejado esta historia: la “violencia social” que experimentan las personas sordas antes las barreras de comunicación; la exploración de la maternidad desde una perspectiva única y no normativa, donde Ángela debe afirmarse como madre y mujer en sus propios términos; la representación inclusiva y no ejemplarizante, porque Ángela no es una heroína perfecta ni una víctima, sino un personaje complejo con sus virtudes y defectos; y ese juego entre el sonido y el silencio para sumergir al espectador en la experiencia sensorial de la protagonista. 

La maternidad desde el silencio con la honestidad de Sorda, gracias a dos hermanas, Eva Libertad, la directora oyente, y Miriam Garlo, la actriz con hipoacusia grave.

 

lunes, 28 de abril de 2025

De los estilos de crianza… a los estilos de liderazgo

 

Diana Baumrind (1927- 2018) fue una psicóloga clínica, especializada en psicología del desarrollo, conocida por su investigación sobre los estilos de crianza parental. Su trabajo pionero en la década de 1960 identificó tres estilos parentales iniciales, a los que posteriormente Maccoby y Martin añadieron un cuarto. Estos estilos se basan en dos dimensiones clave del comportamiento parental: la exigencia (el grado en que los padres establecen reglas y esperan obediencia) y la respuesta (el grado en que los padres son sensibles a las necesidades de sus hijos, los apoyan y se comunican con ellos). 

Los estilos de crianza son importantes debido a que la forma en que un padre interactúa con su hijo sienta las bases para el desarrollo social y emocional futuro del niño. He aquí los cuatro estilos.

1. Estilo Autoritario 
• Características: Alto en exigencia y bajo en respuesta. Los padres autoritarios son estrictos, establecen muchas reglas y esperan obediencia sin cuestionamientos. Utilizan el castigo y la disciplina firme, a menudo sin explicar las razones detrás de las reglas. La comunicación suele ser unidireccional, de padres a hijos. 
• Impacto en los hijos: Los niños criados bajo este estilo tienden a ser obedientes y competentes, pero pueden ser menos felices, tener baja autoestima, ser más ansiosos y tener dificultades para tomar decisiones por sí mismos. Pueden mostrarse más agresivos fuera de casa. 

2. Estilo Permisivo o Indulgente 
• Características: Bajo en exigencia y alto en respuesta. Los padres permisivos son cálidos y afectuosos, pero establecen pocas reglas y límites. Son indulgentes y evitan la confrontación. Tienden a ser más amigos que figuras de autoridad. 
• Impacto en los hijos: Los hijos de padres permisivos pueden tener dificultades con la autodisciplina y el autocontrol. Pueden ser impulsivos, inmaduros, demandantes y tener problemas con la autoridad. Aunque suelen tener buena autoestima y habilidades sociales, pueden presentar bajo rendimiento académico y mayores problemas de conducta. 

3. Estilo Democrático 
• Características: Alto en exigencia y alto en respuesta. Los padres autoritativos establecen reglas claras y expectativas elevadas, pero también son cálidos, sensibles y comunicativos. Explican las razones detrás de las reglas, escuchan las opiniones de sus hijos y fomentan la independencia dentro de los límites establecidos. Utilizan la disciplina con apoyo y razonamiento, en lugar de castigos severos. 
• Impacto en los hijos: Los niños criados con este estilo tienden a ser más felices, seguros de sí mismos, socialmente competentes, responsables y con mejor rendimiento académico. Desarrollan buenas habilidades de autorregulación y toma de decisiones. Este estilo se considera el más beneficioso para el desarrollo infantil en culturas occidentales. 

4. Estilo Negligente o No involucrado 
• Características: Bajo en exigencia y bajo en respuesta. Los padres negligentes muestran poco interés en la vida de sus hijos. Proporcionan las necesidades básicas, pero son emocionalmente distantes, no establecen reglas ni límites, y no supervisan a sus hijos de manera adecuada. A menudo están centrados en sus propios problemas. 
• Impacto en los hijos: Los niños criados en este ambiente suelen tener baja autoestima, problemas de conducta, bajo rendimiento académico, dificultades en las relaciones sociales y un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud mental y abuso de sustancias. Este estilo tiene los resultados más negativos en el desarrollo infantil. 

Según esto, el modelo de Baumrind ofrece un marco valioso para comprender cómo los diferentes enfoques parentales pueden influir en el desarrollo de los niños. Si bien cada estilo tiene sus propias características e impactos, la investigación sugiere consistentemente que el estilo democrático se asocia con los resultados más positivos para los niños. Este estilo logra un equilibrio entre establecer límites claros y ofrecer calidez y apoyo, fomentando así el desarrollo de niños competentes y bien ajustados. 

Es importante tener en cuenta que estos estilos representan categorías generales y que la práctica parental real puede ser más compleja y variar en diferentes situaciones y a lo largo del tiempo. Además, el contexto cultural también influye en la efectividad de los diferentes estilos de crianza. Pero no deja de ser una buena orientación. 



Pues bien, estos estilos de crianza son equiparables, de alguna forma, a los estilos de liderazgo (y como pediatras, ambos nos tocan muy de cerca). Porque el liderazgo en las organizaciones es la capacidad de influir, motivar y guiar a un grupo de personas hacia el logro de objetivos comunes. Va más allá de la simple autoridad o gestión, ya que implica inspirar confianza, fomentar la colaboración y crear una visión compartida. Un líder efectivo no solo dirige, sino que también apoya, desarrolla y empodera a su equipo. 

Es importante destacar que no existe un único estilo de liderazgo "mejor" para todas las situaciones. La efectividad de un estilo de liderazgo depende de diversos factores, como la cultura organizacional, la naturaleza de la tarea, las características del equipo y la situación específica. Un líder eficaz a menudo utiliza una combinación de diferentes estilos según las circunstancias, pero está claro que el liderazgo democrático o participativo tiene mucho ganado para el equipo y para el que lo lidera. 

Sobre liderazgo hemos hablado durante mucho tiempo en este blog, y aconsejo el libro “Liderar con corazón” de Joan Carles March, sobre el que realizasmo dos post hace una década (ver enlace 1 y 2).  

sábado, 1 de febrero de 2025

Cine y Pediatría (786) “Mil uno”, esa búsqueda de un espacio seguro para la crianza y la identidad

 

En el año 1978 se inauguró en el poblado de Park City (cerca de Salk Lake City, capital del estado de Utah) el U.S. Film Festival de Utah, utilizando la imagen del icónico actor y director Robert Redford para atraer estudios y distribuidores. Fue en el año 1981 cuando se funda Sundance Institute con el objetivo de reunir a un grupo de amigos y colegas que fomentarían y apoyarían el cine independiente, más allá de las exigencias del mercado. Y Sundance Institute asumió en 1985 el control creativo y administrativo del U.S. Film Festival, que en la edición de 1991 comenzaría a llevar el nombre Sundance Film Festival. Y, desde entonces, Sundance se ha convertido en una plataforma crucial para cineastas emergentes y una vitrina para las películas más innovadoras y originales del año. 

Porque Sundance es sinónimo de cine independiente, aquí donde se estrenan películas que a menudo no encuentran cabida en los grandes estudios de Hollywood, ofreciendo una visión más diversa y personal del mundo. El festival ha sido el trampolín de lanzamiento de numerosas carreras exitosas, tanto en la dirección (Joel y Ethan Coen, Steven Soderbergh, Quentin Tarantino, Richard Linklater, Robert Rodríguez,…) como en la actuación (Ryan Gosling, Frances McDormand, Amy Adams, Jennifer Lawrence, Brie Larson,…). El mayor galardón de este festival es el Gran Premio del Jurado, y algunas de estas películas ya forman parte de la familia de Cine y Pediatría, como Bienvenidos a la casa de muñecas (Todd Solondz, 1995), Quinceañera (Richard Glatzer, Wash Westmoreland, 2006), Precious (Lee Daniels, 2009), Bestias del sur salvaje (Benh Zeitlin, 2012), Yo, él y Raquel (Alfonso Gomez-Rejon, 2015), La (des)educación de Cameron Post (Desiree Akhavan, 2018), Minari. Historia de mi familia (Lee Isaac Chung , 2020) y CODA. Los sonidos del silencio (Siân Heder, 2021). Y a todos eso hoy se suma Mil uno (A.V. Rockwell, 2023), drama social sobre la maternidad, la familia, la identidad y la búsqueda de un futuro mejor ante las condiciones sociales adversas.         

La historia comienza en el Correccional de Rikes Island, Nueva York, en el año 1994, allí donde conocemos a la bella Inez (interpretada por la actriz y cantante Teyana Taylor), una joven de 22 años, peluquera de profesión, pero cuya vida derivó entre la toxicomanía y la prostitución. Regresa a los suburbios de Brooklyn, donde se ha criado con la comunidad de color y donde se reencuentra con su hijo Terry, de 6 años, que está en un centro de acogida y quien le pregunta: “Me abandonaste en una esquina?...¿dónde está mi padre?”. Y ella le contesta: “Pueden intentar lo que quieran, pero esta vez no nos van a separar”, pues decide quedarse de él y separarle de los Servicios Sociales. A partir de ahí, Inez se convierte en esa antiheroína con cariz de madre coraje que lucha a lo largo de los años por sacar adelante a su hijo enfrentándose a la dureza de las calles de Brooklyn y Harlem, y con el objetivo de darle la vida que ella no pudo tener. En este proceso Inez acaba casándose con otro ex convicto, Lucky (William Catlett), quien pese a las dudas (“¿Qué saben los delincuentes de formar una familia?”), acaba asumiendo un rol de padre con Terry, al que le asegura: “Te daremos la vida que nosotros no tuvimos”. 

El filme aborda el contexto sociopolítico de la ciudad de Nueva York y coincide con el paso de Rudy Giuliani y Michael Bloomberg como alcaldes, años marcados por una política persecutoria a los afroamericanos y una gentrificación salvaje de los suburbios. Y curiosamente estos alcaldes aparecen intercalados en esta historia, incluido ese eslogan de Giuliani, que tan alejado parece de la vida de Inez: “Soñar, crecer, planificar y actuar. Estas son las bases de todo procesos de cambio”. Y esta historia da dos saltos temporales: en 2001, con un Terry adolescente de 13 años, un buen chico y estudiante, y en 2005, ya con 17 años y con las dudas de poder acudir a la universidad (incluso piensan en el MIT, Harvard). En ese periodo Lucky enferma de cáncer y en el ocaso de su enfermedad no deja de dejarle reflexiones: “No te sientas atrapado por lo que te rodea… Me llevó un tiempo aprender eso. No quiero que caigas en las mismas trampas que tu madre y yo. Quiero que tomes mejores decisiones que yo con respecto a ella y con respecto a todo”. 

Cuando su orientadora escolar le busca una salida laboral, Terry tiene que presentar su documentación y es cuando denscubre que tiene papeles falsos. Y se le desvela que, en realidad, Inez no es su madre biológica, sino la persona que lo encontró a los dos años en la calle y esperó horas a que alguien lo recogiera…aunque finalmente era ella quien más lo necesitaba. Y ahora, en esta dura despedida, ella está orgullosa porque su Terry será alguien en la vida, aunque este le pregunte: “¿Dónde está mi casa ahora?”. Y esa despedida final: “Te quiero, mamá”. Un final que invita a la reflexión, como toda la película. 

Mil uno es una crítica social incisiva, allí donde, a pesar de la inestabilidad y las dificultades, el hogar es un concepto central en la película, donde nuestra protagonista lucha por construir un espacio seguro para su hijo, un lugar donde pueda crecer y sentirse amado. Y ese hogar, donde viven de alquiler como pueden, tiene marcado en la puerta el número del piso: 10-01. Mil uno.

 

sábado, 1 de julio de 2023

Cine y Pediatría (703) “Las semanas mágicas” de la crianza

 

Pañales, biberones, juguetes de bebés, un libro por título “Oei, ik groei” y los gritos de una mujer dando a luz en la bañera de su casa, acompañada de su marido y una matrona. Con estas rápidas imágenes en el recorrido de cámara comienza Las semanas mágicas (Appie Boudellah, Aram van de Rest, 2023), película neerlandesa distribuida por la todopoderosa Netflix, cuyo guion parte del libro que vemos en esa escena. 

Porque “Oei, ik groei” es ya todo un clásico escrito en los Países Bajos por la antropóloga Hetty van de Rijt y el etólogo y psicólogo del desarrollo Frans Plooij. Y cuyo título se ha traducido como “The Wonder Weeks / Las semanas mágicas”, título de la propia película. Publicado el libro originalmente en 1992, y debido a su continuado éxito, tuvo una actualización en 2019. En realidad es un libro de autoayuda a padres y madres, y que se fundamenta en los muchos años de observación y análisis del neurodesarrollo infantil de sus autores, por lo que brinda una guía práctica para ayudar al desarrollo cognitivo del bebé a través de sus etapas predecibles o "saltos", como ellos lo definen. Su base teórica es la Teoría del control perceptivo, que predice y explica los fenómenos observados y, aunque también ha sido cuestionado, lo cierto es que el libro continúa siendo popular y el editor ha producido una aplicación móvil basada en el libro y su propia web.  Y es así que “las semanas mágicas” son definidas por estos autores como aquellas semanas en las que el comportamiento del bebé, debido a su desarrollo cerebral, suelen ir precedidas por periodos más intensos de llantos, apego, irritabilidad e insomnio. 

Y el guiño continúa con esta película que nos adentra en esta comedia sobre la maternidad (y paternidad) que gira alrededor de tres parejas modernas que hacen lo que saben (o lo que pueden) para conciliar sus relaciones y sus exigentes carreras profesionales mientras se enfrentan a las vicisitudes de la crianza. De hecho, en la carátula de presentación de Las semanas mágicas se indica que es una película que sigue la estela de ¿Qué esperar cuando estás esperando? (Kirk Jones, 2012), película también basada en un libro superventas, “What to Expect When You're Expecting”, publicado en 1984 por Heidi Murkoff y apodado como “la Biblia americana del embarazo”; y aquí la historia de la película, ya tratada en Cine y Pediatría, nos introduce en la intimidad de cinco parejas de Atlanta que están esperando a un recién nacido. 

En Las semanas mágicas todo comienza con el nacimiento de tres bebés… y la promesa de una de las madres: “Vas a tener los mejores padres del mundo. Lo prometo”. Y la pregunta de rigor: "¿Qué tal la prueba de Apgar?” y la respuesta esperada “Ha sacado siete puntos. No nos tenemos que preocupar”; pero la madre procreadora replica: “¿Siete?...¿puede volverá hacerla?”. Un buen guiño y un buen comienzo… 

Primera familia. Anne (Salle Harnsen), prometedora abogada especializada en divorcios y separaciones familiares, y su esposo Barry (Soy Kroon) avanzan en la crianza de Mia, quienes tienen que sobrellevar que le diga la pediatra que es una lactante con sobrepeso. Y se tienen que apoyar en una niñera a la que le marcan pautas y horarios rígidos para el cuidado de Mia. Aún así, siguen agobiados, sobre todo por el obsesivo control que Anne ejerce sobre su hija (con el monitor continuamente), pero también sobre su matrimonio, la propia niñera y su vida. 

La visita a la pediatra no tiene precio: “Su hija está en la parte más alta de crecimiento. Puede tener consecuencias a largo plazo para las capacidades motoras y el desarrollo físico y emocional… Su bebé está gorda. Código amarillo” Y la conversación posterior con los padres seguro que nos va a sacar más de una sonrisa a los pediatras, por reconocer que tanta medicina preventiva puede no ser buena para la salud: “Hagan algo diferente. Yoga para bebés, natación para bebés, todo ayuda”, les dice la pediatra con la cara de susto correspondiente de los progenitores. Y al regresar tiempo después a la consulta, ya el código se ha convertido en rojo. Y la madre se justifica: “Seguimos todos los horarios. Fuimos a natación para bebés y a reiki”. Y es que son de esos padres que viven todo como si fuera el principio y el fin, desde conseguir guardería hasta que su hija voltee por primera vez. 

Luego vienen los “ckeck list” que la madre deja al padre cuando ella se incorpora al trabajo en relación con el cuidado del bebé, mientras ella se lleva ese sacaleches espacial a la oficina de su bufete de abogados. Y surgen continuos debates: hasta cuándo la lactancia materna y cuándo introducir biberón; quién acude por la noche ante los llantos (que casi acaba recayendo del lado de quien tiene dos cromosomas X). Y cuando buscan guardería, la lista de espera para entrar es peor que hacerlo en la Universidad de Harvard: “Apunté aquí a mi hija hace unos meses y aún no sé nada”. Y para conseguirlo se tiene que apuntar al grupo "Mamás por mamás", un club de élite particular. 

Segunda familia. Kim (Katja Schuurman, famosa cantante y presentadora) y Roos (Sarah Chronis) forman una pareja de lesbianas que tienen a un padre donante, el apuesto Kaj (Louis Talpe), que ahora se ha encariñado con el segundo hijo que les ha dado, Teun; y que, además, crean un acuerdo de custodia compartida finalmente con el bebé y la otra preciosa hija de 8 años, Didi, de la que también es donante de esperma y, por tanto, padre biológico (ah, y el tercer bebé en camino). Kim además es la creadora del grupo de apoyo "Mamás por mamás", allí donde las madres miembro realizan actividades a favor de la dieta infantil saludable, el embarazo en adolescentes y otras similares. Y aunque Kaj quiere mucho a sus hijos biológicos y se esfuerza en ello, ciertos antecedentes penales que saca a la luz Kim, le cuestan la custodia. 

Tercera familia. Ilse (Yolanthe Cabau) tiene de pareja a Sabri (Iliass Ojja), musulmán de origen y quien, tras el nacimiento de Samih, trae a su madre para “ayudar”, así como a su amplia familia de Marrakech, con el consiguiente malestar para la relación de pareja. Y chocan las costumbres culturales entre ellos, con epicentro en la circuncisión. 

Y la película avanza de forma simpática entrecruzándose los personajes y las confusiones, en este formato de comedia que se sonríe con algunas circunstancias que surgen alrededor de la crianza de los hijos y alrededor de una sociedad neerlandesa moderna donde la diversidad familiar es la pauta. Y tras los conflictos que se desencadenan, llega la reconciliación. Con ese mensaje final tan positivo para la sociedad, donde el perdón y el amor todo lo solucionan. Y con el primer cumpleaños conjunto de los tres bebés finaliza esta película sobre cómo ser madres y padres hoy en día a través de las semanas mágicas. 

Una película fácil de ver, refrescante para este verano entre la poco original cartelera que nos rodea, y donde los padres (y por qué no, también los pediatras) podrán rescatar algunos mensajes de aquellos estereotipos alrededor de la crianza en nuestra sociedad actual.

 

sábado, 18 de septiembre de 2021

Cine y Pediatría (610) “Ser padre”, una dramedia sobre la paternidad a solas

 

En el año 2014 un director tan especial como el estadounidense Richard Linklater nos regaló la película Boyhood, un canto al poder de la infancia y al poder de lo cotidiano, y que fue todo un experimento cinematográfico grabado durante 12 años (la producción más larga en la historia del cine).  Ese mismo año 2014 una directora tan especial como la francesa Céline Sciamma nos regaló Girlhood, la obra que cierra la trilogía de películas que hablan de la identidad sexual, de la importancia del género en la construcción de uno mismo, de los sentimientos de ambigüedad entre adolescentes y del trastorno que conlleva el hecho de sentirse diferente. Y este 2021, siguiendo la estela de estos títulos, con el apoyo y sello de Netflix (con lo bueno y menos bueno que eso entraña), llega Fatherhood, que en nuestro país se ha traducido como Ser padre. En este caso bajo la dirección de Paul Weitz, un director más particular que especial, y que comenzó su trayectoria como director y guionista junto con su hermano Chris Weitz, con películas como American Pie (1999), De vuelta a la Tierra (2001) o Un niño grande (2002). Precisamente en esta última ya trata el tema de la paternidad, como nuestra película de hoy. 

Ser padre se basa en el libro “Two Kisses for Maddy: A Memoir of Loss and Love”, escrito en el año 2011 por Matthew Logelin, y que cuenta su propia historia de criar solo a su hija Maddy tras la muerte su esposa Liz, fallecida al día siguiente de la realización de la cesárea como consecuencia de un tromboembolismo pulmonar, una de las complicaciones más graves asociadas con el embarazo y el parto, y una de las principales causas de muerte materna en los países desarrollados. Esta devastadora tragedia de la vida real es la trama de la nueva película de Paul Weitz, que se implica como director, guionista y productor. 

La película sigue a Matthew (Kevin Hart, un actor negro más vinculado con la comedia que con el drama, pero que se vinculó también como productor), quien lidia con el dolor mientras intenta criar a su hija recién nacida y honrar el legado de la mujer que perdió demasiado pronto. Aunque es un padre viudo, se da cuenta de que tiene una comunidad de amigos y familiares para ayudar a moldear la vida de su hija Maddy, y debe aprender a apoyarse en ellos, especialmente a medida que ella crece. Ser padre describe el viaje de Matt como padre joven en términos conmovedores y desgarradores. Porque su historia real se capturó por primera vez en su blog, donde compartió actualizaciones sobre cómo navegar por la pérdida de su esposa en medio del caos de cuidar a un recién nacido. Un blog que se convirtió en un salvavidas para muchos padres que experimentaban luchas similares, y de ahí surgió la novela. 

La película comienza mezclando escenas de un entierro y los preparativos, días antes, de la cesárea para el nacimiento del primer hijo de la pareja. Y los momentos de felicidad por la buena nueva se truncan a las 24 hs, con una repentina disnea y posterior pérdida de conocimiento al intentar Liz levantarse de la cama. Y las palabras de dolor de Matt al equipo médico: “No me digan que mi mujer ha muerto”. Y la salida del hospital con su hija en brazos y con el dolor de hacerlo sin su esposa, como un viudo que tiene que enfrentarse a la crianza. 

Una crianza en la que ni él ni los que le rodean confían en que sea posible, por los comentarios que surgen en los familiares: “No sé cómo se las va a apañar”, “La crianza es un no parar. Todo el día y toda la noche”. Pero no acepta la alternativa de que Maddy sea cuidada por las abuelas y que eso suponga trasladarse a otra ciudad a vivir. Por lo que Matt da el paso de salir adelante solo, mientras escucha palabras de apoyo llenas de buena intención, pero claramente equivocadas e innecesarias. Y se enfrenta a la pregunta más habitual: “¿Y la madre?”. 

Un argumento así, otras veces visto, corre el riego de enfrentarse a tópicos, pero son los tópicos de toda crianza. Como el acudir a un grupo de apoyos de madre (aunque él es un padre) donde le orientan sobre el significado del cólico del lactante y el valor de aplicar para ello el “ruido blanco” (que le funciona) y el piel con piel. Como la visita a la pediatra y esas positivas palabras de ánimo que recibe. Como el apoyo de canguros. Como su bautizo, su entrada al colegio, sus primeros accidentes. Porque Maddy va creciendo y Matt mantiene vivo el recuerdo de su madre con esa frase tan habitual en sus vidas: “Dos besos. Uno por mamá y otro por mi”. 

Matt finalmente tendrá que ir tomando decisiones por el bien de su hija, dejando el lastre de culpa y responsabilidad por la muerte de su esposa. E, incluso, superar que su posible nueva pareja se llame Liz también. Porque es la propia Maddy la que cuestiona a su padre: "¿Por qué cuando pasa algo bueno nos lo quitan?”. Y esta tragedia real (como la vida misma) finaliza de forma simpática y esperanzadora. Por ello la tragedia se transforma en dramedia. Y se agradece. 

Por ello, Ser padre es una dramedia sobre la paternidad a solas, una historia de amor y superación. Y que se suma a otras películas que nos han aproximado al reto de la crianza de los hijos por parte de un padre solo, separado o viudo. Ya lo vimos en la mítica Matar a un ruiseñor (Robert Mulligan, 1962) y la especial figura de Atticus Finch, un honesto abogado viudo con dos hijos pequeños (Scout y Jem) que vive en una pequeña ciudad del estado de Alabama en la década de 1930 en una película llena de valores. Y a partir de ahí se han ido sumando películas, todas ellas ya presentes en Cine y Pediatría, y desde distintas nacionalidades: desde Estados Unidos, Yo soy Sam (Jessie Nelson, 2001),  En busca de la felicidad (Gabriele Muccino, 2006), o  El niño de Marte (Menno Meyjes, 2007);  desde Italia, Líbero (Kim Rossi Stuart, 2006);  desde Australia, Rómulo, mi padre (Richard Roxburgh, 2007);  desde España, Ismael (Marcelo Pyñeiro, 2013);  desde Francia, Mañana empieza todo (Hugo Célin, 2016);  o desde Turquía, Milagro en la celda 7 (Mehmet Ada Öztekin, 2019). Todas ellas nos recuerdan que una madre es muy importante para los hijos en su crianza. Pero esa importancia es especialmente patente cuando el padre tiene que conseguir solo esa función.

 

jueves, 25 de mayo de 2017

Tercer Encuentro PediaTic

Hace ya varios años que un grupo de pediatras, auténticos entusiastas de las redes sociales, decidieron unir sus esfuerzos en una iniciativa que fue bautizada como PediaTic.

¿Qué es PediaTic? Quien mejor puede explicarlo son sus promotores: "El nombre debería decirlo todo, Pedia (pediatría) y TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación), pero el caso es que oculta mucho más. No se trata de pediatría, así en plan de médicos y esas cosas. Tampoco se trata de TICs, en plan informática y community manager. Se trata de infancia, niñez, crianza, desarrollo, docencia, diversidad… Se trata de que todos los que tenemos algo que ver con los niños –padres, docentes, profesionales de la salud o de la información, asociaciones de pacientes…–, todos, nos reunamos en esta jornada para compartir nuestras experiencias y conocimientos para aprender aún más y enriquecernos como personas. Así, al volver a nuestro quehacer diario tengamos aún más herramientas que ofrecer para ayudar a nuestros peques".

El próximo sábado 27 de mayo PediaTic celebra su tercer encuentro.con  más de veinte exposiciones sobre soluciones y propuestas de futuro en la e-Salud infantil. Será en Madrid, en el Colegio de Médicos. El programa es completo y estimulante. Podéis consultarlo desde aquí.

Desde "Pediatría Basada en Pruebas" queremos difundir esta excelente iniciativa y os animamos a acudir a la misma. Podéis conseguir vuestro ticket de entrada desde Ticketea.

viernes, 24 de julio de 2015

Crianza & Salud, una revista humanística en Pediatría orientada a la familia


El Comité de Puericultura, Crianza y Salud de la Sociedad Colombiana de Pediatría (SCP) fomenta, como tema principal entre sus miembros, prácticas de crianza saludable y justas para los niños, niñas y adolescentes de Colombia. A través de hábitos de vida saludable que contribuyen al buen crecimiento de la infancia en el país, esta agrupación busca mejorar la calidad de vida de los más pequeños haciendo énfasis en temas como Nutrición, Salud, Educación y Crianza, entre otros, los cuales se verán reflejados en su futuro. 

Fruto de este trabajo surge una de las revista de la SCP: la revista Crianza & Salud, cuyo director es un buen amigo. el Dr. Juan Fernando Gómez Ramírez, profesor de la Universidad de Antioquia (Medellín) y un pediatra humanista donde los haya, una persona que desde este blog nos ha acercado a la infancia en la obra de Gabriel García Márquez, a la niñez de algunos genios o ver la Pediatría desde el punto de vista del humor. Un profesional con este sentido y esta sensibilidad solo puede dirigir una revista en el buen camino. 

Pude disfrutar en directo del último número de Crianza & Salud, una revista de una gran calidad en la forma y en el fondo, una revista humanista para el bienestar de la familia y en donde se cuida más el alma que el cuerpo de la familia, los padres y sus hijos. 

Baste repasar los títulos de algunos artículos del último número: 
- La relación médico-paciente en Pediatría. 
- La espiritualidad en la crianza. 
- El pediatra amoroso, antes, ahora y siempre. 
- A propósito de tu hijo, tu espejo. 

Con ello, Crianza & Salud se suma a las diferentes publicaciones que atesora la SCP (Revista de Pediatría, Pedianet, Pediavoz, Fascículo PRECOP), pero con una clara orientación humanística de la profesión, lo que se constituye en un ejemplo poco conocido y muy recomendable.

sábado, 27 de abril de 2013

Cine y Pediatría (172). “Un feliz acontecimiento”, sobrevivir a la maternidad


La maternidad como reto, como pánico, como regalo, como trauma, como experiencia transformadora de la mujer, de la familia, del sexo, de las expectativas, de la identidad. Ser madre es toda una experiencia de supervivencia cuya magnitud trasciende la postal familiar prototipo y cuya única certeza es su carácter siempre imprevisible. Con estas premisas y tras conocer la novela “Un heureux événement”, escrita en el año 2005 por Éliette Abécassis, el director Rémi Bezançon nos regala la película Un feliz acontecimiento, todo una acontecimiento cinematográfico en el año 2011 en Francia.  

Una película que trata de evitar los tópicos sobre la maternidad, una atinada propuesta que propone una visión más realista y alejada de la idealización cinematográfica del embarazo. Una película que trata de reinventarse visualmente, y que disfruta de una fabulosa química entre la pareja protagonista: una entregada y brutal Louise Bourgoin, esa joven madre con todos los registros en el papel de Bárbara, y un adecuado Pio Marmaï, en el papel de Nicolás. Es esta película una cinta especialmente recomendable para padres primerizos, en donde se nos presenta la visión íntima de una maternidad sincera y sin tabúes. Una experiencia que transforma la vida de la pareja, especialmente la de la madre: "Me acorraló, me sacó de quicio, me enfrentó a lo más absoluto: amor, sacrificio, ternura, abandono. Me dislocó, me transformó. ¿Por qué no me lo había dicho nadie? ¿Por qué no se habla de eso?", nos recuerda Barbara. 

Arranca la película, en los créditos de inicio, con el sonido de una noche de placer (orgasmo incluido) y la inmediata imagen cenital de una joven en sus últimos meses de gestación. A partir de ahí, el recuerdo de cómo ha pasado, con el primer encuentro de la pareja. Y se nos presenta a Bárbara, estudiante de filosofía, quien un día conoce a Nicolás, que trabaja en el videoclub que frecuenta. Los encuentros se repiten y el enamoramiento cuaja al hilo de un guiño cinéfilo, original y simpático arranque, en donde los mensajes entre los protagonistas proceden de las carátulas del videoclub alquiladas. Ella alquila la película Deseando amar (Wong Kar Wai, 2000), todo un icono visual y sonoro del slow love y, luego, Todo por un sueño (Gus Van Sant, 1995). En la siguiente ocasión, él le presenta Un hombre y una mujer (Claude Lelouch, 19666) y Las reglas del juego (Roger Avary, 2002), pero ella elige La gran ilusión (Jean Renoir, 1937). Más adelante, ella sigue entrando al videoclub, donde él le muestra Corazonada (Francis Ford Coppola, 1982) y El bazar de las sorpresas (Ernst Lubitsch, 1940), pero ella elige Los sueños (Akira Kurosawa e Ishirô Honda, 1990). Más adelante, él le enseña las carátulas de Sólo un beso (Ken Loach, 2004) y Lee mis labios (Jacques Audiard, 2001), pero ella elige ¿Qué les pasa a los hombres? (Ken Kwapis, 2009). Él le muestra Sin perdón (Clint Eastwood, 1992), Crueldad intolerable (Joel y Ethan Coen, 2003),… hasta que ella elige Atrápame si puedes (Steven Spielberg, 2002). Simplemente un comienzo de película que atrapa, a la vez que todo un guiño cinéfilo… 

A partir de ahí y con un ritmo dinámico, la cámara sigue esta carrera de maduración a partir de la paternidad/maternidad, y el guion acierta al tratar con intensidad dramática los momentos difíciles y, a la vez, oxigenarlos con momentos de felicidad y de humor inteligente. Y así, Rémi Bezançon, nos pasea por la primera cita, el primer beso,… y el primer hijo. Y los nueves meses que se prometían felices comienzan a narrarse como una carrera de fondo: 
- Las visitas al ginecólogo, las ecografías (y la emoción de oír sus latidos del corazón a través del doppler), el querer conocer (o no) el sexo del feto, las primeras patadas, el sentir “que un alien vive dentro de ti”…,los cambios hormonales, los cambios corporales, los cambios de humor, los consejos de vida (no fumar, no beber, no comer carne sin cocer, etc.). 
- El decirlo a la familia (o no), el comentarlo en el trabajo (o no), el sexo durante el embarazo y los remordimientos (“Como si él nos observara…”), la búsqueda del nombre al próximo hijo (o hija), la compra del carrito de bebés y otros enseres. 
- Los ejercicios preparto, las contracciones del parto, la monitorización y el parto… con su epidural, su episiotomía, … y las emociones del primer llanto, el primer abrazo, las primeras tomas de pecho. 
 - La temida depresión postparto (porque “la verdad es que dar a luz significa desgarrarte y coserte con hilo y aguja”) y las dudas sobre si serás una buena madre, el estrés de los primeros días… y el temido cólico del lactante… y las decenas de libros de puericultura de autoayuda. 
- El cansancio y la sensación de que nada se hace bien, ni el papel de madre, ni de esposa ni de trabajadora. Y el colecho obligatorio, con el bebé en medio de la cama de los padres. Y los vídeos caseros del bebé (eso, claro, sólo en el primer hijo….). 
- Y las tensiones con la suegra, más los frecuentes consejos para abandonar la lactancia materna por el biberón. Y el encuentro con los grupos de apoyo a la lactancia materna (genial, porque aquí no se libra nadie de la visión crítica de la película…), y el cuidado del lactante y la duda entre la guardería o los abuelos,… o un canguro. 
- Las dudas como pareja (“Mi cuerpo estaba insensible. No sentía nada, sólo vergüenza. Enfermeras, médicos, comadronas, tocólogos, todos me habían tocado de forma mecánica. Y ahora todo estaba desacralizado. Mi sexo ya no era sexual. Ahora era un lugar de paso, desgarrado, cosido, descosido, sin llegar a cicatrizarse”), la crisis de pareja, el reencuentro familiar, la reconciliación… 

Cuando uno ve esta obra de Bezançon, no puede por menos que recordar otra película francés del mismo año: Declaración de guerra (Valérie Donzelli, 2011). Un paralelismo entre las películas de Bezançon y Donzelli, dos historias de pareja alrededor de un hijo en dos obras que se esfuerzan en la reinvención visual como fórmula enérgica para erradicar el tópico: en Un feliz acontecimiento alrededor de la maternidad, simple y sencilla; en Declaración de guerra alrededor de una enfermedad oncológica en un hijo. 

Si bien el espectro meramente técnico de Un feliz acontecimiento funciona en conjunto de un modo notable (buena fotografía, banda sonora acertada en su funcionamiento por asociación a los acontecimientos, guión inteligente, etc.) lo que realmente impulsa a la película es la entrega de Louise Bourgoin, radiante en su recorrido de arriba abajo, de abajo a arriba, como hija, como novia, como amante, como esposa, como madre… 

Es Un feliz acontecimiento una película que nos habla de cómo sobrevivir al viaje de la maternidad. Y lo recordamos en un día en que compartiremos experiencias en el I Congreso Nacer del Agua (Málaga, 27 y 28 de abril) con la ponencia “Embarazo, maternidad y adolescentes a través de la mirada del cine: emociones y reflexiones”. Y es aquí, con esta coincidencia, esta emoción y esta reflexión, donde cabe aquí recordar algunas frases alrededor de la maternidad, algo ineludiblemente asociado a nuestras vidas: 
“Antes de concebirte ya te quería. Antes de que nacieras ya te amaba. Antes de que tuvieras una hora de nacido ya moría por ti. Este es el milagro del amor de madre” (Maureen Hawkins).
“Tomar la decisión de tener un hijo es trascendental. Se trata de decidir que tu corazón caminará siempre fuera de tu cuerpo”. (Elisabeth Stone). 
“Un bebé es algo que llevas dentro de ti durante nueve meses, en tus brazos durante tres años y en tu corazón hasta el día que te mueras” (Mary Mason).

 

viernes, 11 de enero de 2013

¿Existen los trastornos del sueño infantil?



Las investigadoras María Berrozpe Martínez y Gemma Herranz Sánchez-Cosgall han elaborado una revisión extensa de la bibliografía relacionada con el sueño infantil y la han publicado en formato blog, con el título de “El debate científico sobre la realidad del sueño infantil”.

Las autoras concluyen que los resultados les confirman en su idea de que los problemas del sueño en la infancia no son tales, sino más bien son un problema de desajuste entre lo que el niño necesita dormir y en qué condiciones necesita dormir, y las expectativas de sus padres; por lo tanto, añaden, al final no es que los niños desarrollen una  "capacidad natural" para "dormir toda la noche", sino que lo acaban haciendo porque no les queda más remedio, forzados por el comportamiento de sus padres. 

Nos hablan del debate sobre qué es lo “normal” en el sueño infantil, nombrando a otros autores como Carlos González que en “bésame mucho” dice "..... la definición de sueño normal es arbitraria y absurda, contraria a los conocimientos científicos y tan estricta que sólo la cumplen un 15% de los niños normales."

Rosa Jové, también hizo una exhaustiva revisión bibliográfica en su libro Dormir sin lágrimas (Jové, 2006), en la que llama la atención sobre la falta de evidencias científicas que apoyaran ese considerado "sueño normal" y, por extensión, la existencia del BIC (Behavioral Insomnia of Childhood).

Las autoras de esta revisión no encuentran pruebas científicas que apoyen tanto el concepto de sueño saludable que tienen muchos profesionales de la pediatría del sueño como, por extensión, la existencia de esta patología llamada insomnio infantil por hábitos incorrectos (o BIC por sus siglas en inglés). 

Una vez establecida la patología de insomnio infantil por hábitos incorrectos (BIC), el siguiente paso consistió en encontrar un tratamiento efectivo. Mayoritariamente, las aproximaciones fueron dos: medicación y métodos conductistas de modificación de la conducta o técnicas cognitivo-conductuales [Cognitive behavioral therapy (CBT)].

Describen los diferentes tipos de técnicas conductistas:

1- Crying it out (dejar llorar), unmodified extinction (extinción no modificada) o extinction  

2- Controlled comforting (consuelo controlado), controlled crying (llanto controlado) o graduated extinction (extinción gradual) 
3- Scheduled waking (despertares programados)
4- Camping out (retirada) o Parental presence (presencia parental) 
5- Bed time fading (retraso de la hora de acostarse)
6- Positive routines (rutinas positivas)
7- Parent education/prevention (educación de los padres/prevención)
8- Huggy-Puppy intervention (Intervención Cachorro-cariñoso)

Dicen las autoras que en la literatura científica revisada, han visto que los más entusiastas en la defensa del BIC y su necesidad de tratamiento presentan una clara tendencia  en el tiempo hacia la utilización de los métodos menos agresivos, a pesar de lo cual, en la actualidad, el  método  controlled comforming o controlled crying (considerado agresivo) es el más utilizado en la población general bajo la dirección de los bestsellers de los doctores Ferber y Estivill (este último en España y Latino américa) (Estivill et al, 2010).

¿Cuál es el origen de estos conceptos tan arbitrarios de cómo debe ser el sueño del niño y de cuándo sufre insomnio infantil, compartidos por un número tan importante de profesionales de la pediatría del sueño, y que obliga a la aplicación de un "tratamiento" para "curar" de esta "enfermedad" hasta a un 30% de la población infantil?

Es un texto que toma un claro partido en el debate sobre la relación de los distintos modelos de crianza, la lactancia materna y el colecho, y su relación con los llamados trastornos del sueño, pero que vale la pena considerar por su exhaustiva revisión y la bibliografía tan amplia que aportan.

Reiteramos también la existencia de una Guía de Práctica Clínica reciente sobre los trastornos del sueño, ya comentada en otra entrada de este blog.

Y es que el sueño infantil se ha convertido en un negocio suculento al que es muy difícil renunciar.

jueves, 27 de diciembre de 2012

PediaTIC se consolida como iniciativa en Internet



PediaTIC comenzó como una reunión en Lleida en octubre de 2012... y se ha consolidado como proyecto en Internet. Como un punto de encuentro entre padres, educadores y pediatras. Esta iniciativa se centra en tres temas clave: salud, educación y crianza.

Sobre salud, podemos leer en la web de PediaTIC: "La salud no es cuestión únicamente de pediatras o enfermeras, existen otros muchos profesionales implicados en el cuidado y desarrollo de la salud infantil. ¿Y las familias?¿No tienen nada que decir en estos temas? Aquí encontrarás artículos y opiniones sobre salud infantil y juvenil de muchos y diferentes colectivos."

Sobre educación: "Los niños pasan gran parte del día entre profesores y maestros, las aulas no deben ser el único espacio educativo, la educación es responsabilidad de padres. Como educar con salud es el interés de la tribu. Podréis encontrar artículos sobre educación desde los multiples puntos de vista interesados en esta sección.".

Sobre crianza: "Madres y padres, no hay un modelo único de criar todos queremos hacerlo lo mejor posible, con salud y con criterio, lactancia y maternidad, asistencia al embarazo y parto, los primeros años vistos desde la tribu, entornos familiares, nuevos núcleos parentales, los abuelos. ¿Ayudan las Tic?".

Acabando en TIC, lógicamente, PediaTIC va más allá de su web y está presente en Facebook, Twitter, Youtube y Linkedin.

Desde este blog apoyamos a PediaTIC y nos haremos eco de todas las novedades que vaya generando.