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lunes, 23 de febrero de 2026

Documento de consenso sobre la alimentación saludable y sostenible en el primer ciclo de Educación Infantil

 

En el año 2025 la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) ha publicado el “Documento de consenso sobre la alimentación saludable y sostenible en el primer ciclo de Educación Infantil”. 

Esta documentación técnica establece las directrices oficiales para la alimentación en centros de Educación Infantil, abarcando desde el nacimiento hasta los tres años. El contenido regula la gestión de la lactancia materna diferida y la preparación segura de fórmulas, garantizando la continuidad de la leche materna en el ámbito escolar. Se detallan protocolos estrictos sobre la introducción de alimentación complementaria a partir de los seis meses, priorizando una nutrición equilibrada y sostenible. Asimismo, se definen medidas de seguridad para la prevención de atragantamientos y la gestión de alergias, intolerancias o enfermedad celíaca. Todo el marco normativo busca fomentar una alimentación responsiva y saludable supervisada por profesionales cualificados en nutrición. Finalmente, se integran disposiciones legales nacionales y autonómicas para asegurar la equidad y calidad del servicio de comedor escolar. 

Un texto de 74 páginas y fácil lectura que se puede revisar en este enlace. Como ejemplo de su contenido, damos respuesta a cinco preguntas. 

1) ¿Cómo implementar la alimentación responsiva en la escuela infantil? 

La implementación de la alimentación responsiva en la escuela infantil se basa en un modelo de reciprocidad entre el niño o niña y la persona cuidadora, donde se reconoce y responde adecuadamente a las señales de hambre y saciedad de la criatura. Para llevarla a cabo de manera efectiva en el entorno escolar, los centros deben seguir estas pautas fundamentales. 

El personal educativo debe basar el momento de la comida en tres acciones consecutivas: 
- Observación de señales: el niño o niña expresa hambre o saciedad mediante acciones motoras, expresiones faciales o vocalizaciones. 
- Reconocimiento y respuesta rápida: el educador identifica estas señales y responde con rapidez y de manera adecuada a la necesidad expresada. 
- Experiencia previsible: la criatura percibe una respuesta constante a sus señales, lo que genera seguridad y confianza. 

En la escuela infantil, la responsabilidad se divide de la siguiente forma: 
- El adulto decide qué alimentos (saludables) se ofrecen, en qué lugar y en qué momento. 
- La criatura decide cuánto comer, regulando su propia ingesta energética según su apetito. 
- No forzar: munca se debe obligar a comer más de lo que desean ni a probar alimentos rechazados, ya que esto puede generar aversiones permanentes. 
- Evitar premios y castigos: la comida no debe utilizarse como una herramienta de control emocional o conductual. 

Entorno y ambiente educativo: 
- Clima relajado: se debe crear un ambiente cómodo y tranquilo, evitando distracciones como las pantallas durante las horas de comida. 
- Paciencia y amor: el momento de comer debe entenderse como un periodo de aprendizaje, afecto e interacción social. 
- Continuidad del cuidador: se recomienda que, siempre que sea posible, la alimentación sea realizada por la misma persona cuidadora para fortalecer el vínculo y la comprensión de las señales del menor. 

Fomento de la autonomía: 
- Respetar habilidades motoras: la consistencia y variedad de los alimentos deben adaptarse a la madurez de cada niño, permitiéndoles progresivamente comer de forma autónoma (usando las manos o cubiertos). 
- Exploración sensorial: métodos como el Baby Led Weaning (BLW) o su versión modificada BLISS pueden integrarse para permitir que la criatura manipule los alimentos, fomentando su independencia y curiosidad natural. 

Coordinación con las familias: 
Es esencial que el centro informe a las familias sobre su política de alimentación y mantenga una comunicación fluida sobre los ritmos y preferencias individuales de cada menor. Además, se debe facilitar que las madres que deseen continuar con la lactancia materna (presencial o diferida) puedan hacerlo con el máximo respeto a sus ritmos. 
Implementar este enfoque no solo previene problemas de sobrealimentación o subalimentación, sino que también favorece un crecimiento sano y el desarrollo cognitivo y social del alumnado. 

2) ¿Qué pautas seguir para la lactancia materna diferida? 

Para implementar la lactancia materna diferida de manera segura y eficaz en el entorno de la escuela infantil, las fuentes establecen una serie de pautas estrictas sobre la higiene, el transporte, la conservación y la manipulación de la leche. 

Extracción e higiene inicial: 
- Higiene de manos: la madre debe lavarse siempre las manos y las uñas con agua caliente y jabón antes de la extracción. 
- Método: la extracción puede realizarse de forma manual o con un sacaleches (de uso personal), idealmente en un ambiente cómodo, tranquilo y privado. 
- Limpieza de utensilios: todas las piezas del extractor y los recipientes deben lavarse con agua caliente y jabón después de cada uso y dejarse secar al aire; no es estrictamente necesario esterilizarlos. 

Envases y etiquetado: 
- Tipo de recipiente: se recomiendan recipientes de cristal, ya que conservan mejor las propiedades de la leche. También pueden usarse envases de plástico duro o bolsas especiales, siempre que sean para uso alimentario y estén libres de Bisfenol A (BPA). 
- Etiquetado obligatorio: cada envase debe llegar a la escuela claramente identificado con tinta permanente, indicando: nombre y apellidos de la criatura, cantidad (en cc o ml), y la fecha y hora de extracción. 
- Dosis: se debe entregar la leche en dosis de una sola toma, preferiblemente en el mismo biberón o recipiente en el que se administrará. 

Transporte y conservación: 
- Transporte: la leche debe transportarse siempre en una nevera portátil o bolsa isotérmica con acumuladores de frío o hielo. 
- Tiempos de conservación: ◦ Temperatura ambiente (19-26 ºC): hasta 2 horas. ◦ Refrigerada (4 ºC): hasta 4 días. No debe colocarse en la puerta de la nevera para evitar oscilaciones térmicas. ◦ Congelada: desde 2 semanas (en congelador dentro de la nevera) hasta 6-12 meses (en arcón a -20 ºC). 
- Leche descongelada: una vez descongelada, debe consumirse en 24 horas y nunca debe volver a congelarse. 

Recepción y administración en la escuela: 
- Almacenamiento: el personal del centro debe guardar la leche en el frigorífico (entre 0 y 4 ºC) inmediatamente tras su recepción. 
- Prioridad: si la madre aporta tanto leche materna como de fórmula, la escuela debe administrar siempre primero la leche materna. 
- Calentamiento. Métodos permitidos: baño maría diferido (introducir el envase tras retirar el agua del fuego), calientabiberones o bajo el chorro de agua caliente del grifo. Prohibiciones: no usar el microondas (destruye nutrientes y hay riesgo de quemaduras) ni calentar directamente al fuego, ya que la leche no debe llegar a ebullición. 
- Gestión de sobras: si sobra leche de una toma, debe desecharse para evitar riesgos de contaminación; no se puede guardar para más tarde. 

Es vital que la escuela mantenga una coordinación fluida con las familias y que el personal reciba formación específica para garantizar que estas condiciones higiénico-sanitarias se cumplan rigurosamente. 

3) ¿Cómo prevenir atragantamientos y riesgos en el comedor escolar? 

Para prevenir atragantamientos y otros riesgos en el comedor escolar, especialmente en el primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años), las fuentes establecen pautas estrictas que abarcan desde la selección de alimentos hasta protocolos de seguridad e higiene. 

Prevención de atragantamientos y asfixia: 
Para evitar accidentes por atragantamiento, se debe prestar especial atención al tamaño, forma y consistencia de los alimentos: 
- Frutos secos: se prohíbe el consumo de frutos secos enteros en menores de 6 años. Estos deben ofrecerse siempre molidos, en polvo o en crema. 
- Alimentos sólidos de riesgo: jasta los 5 años, se deben evitar alimentos que por su tamaño o consistencia supongan riesgo de asfixia, tales como: trozos grandes de manzana o zanahoria cruda, uvas enteras, tomates cherri, cerezas, aceitunas con hueso, palomitas de maíz, caramelos y salchichas. 
- Texturas adecuadas: la consistencia de los platos debe adaptarse a la madurez de cada niño, evitando prolongar el uso de triturados innecesariamente, pero asegurando que los trozos ofrecidos sean seguros y fáciles de gestionar. 

Prevención de riesgos toxicológicos y químicos: 
Ciertos alimentos contienen sustancias que pueden ser peligrosas para el desarrollo infantil: 
- Nitratos: se deben evitar las espinacas, acelgas y remolacha antes del primer año de vida. Entre el año y los 3 años, el consumo de espinacas y acelgas no debe superar los 45 gramos al día. La borraja debe evitarse por completo hasta los 3 años. 
- Mercurio: se debe evitar el consumo de especies de pescado con alto contenido en mercurio, como el pez espada (emperador), atún rojo, lucio y tiburón (cazón, tintorera, etc.). 
- Arsénico: para minimizar el riesgo por arsénico inorgánico, se recomienda usar arroz blanco en lugar de integral hasta los 3 años. También se deben evitar las bebidas de arroz y el consumo diario de tortitas de arroz. 
- Plomo: se debe evitar el consumo de carne de caza silvestre o limitarlo a piezas no abatidas con munición de plomo. 

Prevención de riesgos biológicos y seguridad alimentaria: 
El personal del comedor debe seguir prácticas de higiene rigurosas debido a la vulnerabilidad del sistema inmunitario de los niños, 
- Higiene de manos y heridas: es obligatorio el lavado frecuente de manos y cubrir cualquier herida con apósitos impermeables. 
- Cocinado seguro: los alimentos deben alcanzar una temperatura mínima de 75 ºC durante el cocinado para destruir microorganismos patógenos. 
- Consumo inmediato: la comida debe consumirse en las 2 horas posteriores a su preparación; de lo contrario, debe refrigerarse o congelarse rápidamente. 
- Evitar alimentos crudos de riesgo: no se debe ofrecer carne o pescado poco hecho, huevos crudos, leche cruda ni quesos no curados elaborados con leche cruda. 
- Botulismo: para prevenir el botulismo infantil, no se debe administrar miel ni infusiones de especies vegetales a menores de un año. 

Gestión de alergias e intolerancias: 
Para prevenir reacciones graves, el centro debe tener identificados a los niños con alergias y disponer de sus informes médicos. Es fundamental evitar la contaminación cruzada en la cocina (usando utensilios exclusivos) y conocer el protocolo de actuación de urgencia, que puede incluir la administración de adrenalina autoinyectable si la familia la proporciona. 

4) ¿Qué beneficios tiene el Baby Led Weaning en la escuela? 

El método Baby Led Weaning (BLW), o alimentación dirigida por el propio niño o niña, ofrece diversos beneficios dentro del entorno de la escuela infantil, centrados principalmente en el desarrollo integral y la autonomía del alumnado. Los beneficios de implementar este enfoque son: 
- Fomento de la autonomía e independencia: al permitir que las criaturas se alimenten por sí mismas utilizando sus manos, se promueve su independencia desde edades muy tempranas. 
- Exploración sensorial intensa: este método facilita que el niño o niña descubra y disfrute de los diferentes sabores, texturas, olores y colores de los alimentos de forma directa. 
- Desarrollo físico y bucodental: el hecho de ofrecer alimentos enteros o en trozos (adecuados a su capacidad) contribuye a un buen desarrollo oral y de la dentición. 
- Educación alimentaria y formación del gusto: ayuda a la criatura a madurar su paladar y a formar su gusto personal al responder a su curiosidad natural por la comida que consume el resto de la familia o grupo. 
- Coordinación y habilidades motoras: favorece la coordinación óculo-manual al tener que mirar el alimento, cogerlo y llevarlo a la boca por sí mismos. 
- Mejor transición a la dieta sólida: evita que la fase de alimentación exclusiva a base de triturados se prolongue innecesariamente, facilitando una transición más natural hacia la alimentación familiar. 

También se destaca que el BLW es totalmente compatible con la alimentación responsiva, ya que permite que sea la propia criatura quien regule su ingesta según sus señales de hambre y saciedad, siempre bajo la supervisión de la persona cuidadora para garantizar la seguridad y evitar riesgos de asfixia. 

5) ¿Cómo manejar una reacción alérgica grave en la escuela infantil? 

Para manejar una reacción alérgica grave (anafilaxia) en la escuela infantil, es vital actuar con rapidez y seguir un protocolo estricto, ya que la prevención y el tratamiento precoz son las mejores herramientas para garantizar la seguridad del menor. A continuación se detallan las pautas de actuación. 

Preparación y prevención: 
- Identificación: todo el personal del centro (docente, comedor, transporte, etc.) debe tener identificados a los niños y niñas con alergias y conocer el alimento desencadenante. 
- Documentación obligatoria: la familia debe proporcionar un informe médico que especifique el tipo de alergia, el alimento a evitar y el tratamiento de urgencia que debe administrarse. 
- Disponibilidad del fármaco: los medicamentos deben estar en un lugar seguro, accesible y conocido por todo el personal. 

Reconocimiento de síntomas graves; 
Es fundamental identificar rápidamente las señales de una reacción grave que afecta a órganos vitales: 
- Garganta: sensación de garganta cerrada, ronquera, tos repetitiva o hinchazón de lengua, labios o párpados. 
- Respiración: dificultad para respirar (respiración entrecortada) o tos seca persistente. 
- Circulación y estado general: pulso débil, palidez, labios o piel azulada, desvanecimiento o agotamiento extremo. 

Protocolo de actuación de urgencia: 
Ante una reacción grave, se debe seguir este orden de prioridades. 
- Nunca dejar solo al niño o niña: se debe permanecer con la criatura en todo momento. 
- Administrar el tratamiento inmediatamente: siga las indicaciones del protocolo médico facilitado por la familia. El fármaco de elección para reacciones graves es la adrenalina autoinyectable. 
- Avisar a emergencias (112): una vez administrado el tratamiento, se debe llamar al 112 y, posteriormente, a la familia. 
-Traslado médico: tras el uso de la adrenalina, es obligatorio el traslado a un centro médico para supervisión. 

Cómo administrar la adrenalina autoinyectable: 
Si el menor dispone de un autoinyector (dosis de 0,15 o 0,30 mg según prescripción), se debe aplicar siguiendo estos pasos: 1. Sujetar el dispositivo con firmeza con la mano dominante; 2. Retirar el tapón de seguridad con la otra mano; 3. Apoyar el dispositivo en la cara lateral del muslo (ángulo de 90º); 4. Presionar con fuerza hasta escuchar un "clic" y mantenerlo presionado durante 10 segundos. 
Recordar que, ante la duda sobre la gravedad de la reacción, es preferible administrar la adrenalina. La responsabilidad de evitar la exposición al alérgeno y saber actuar es colectiva de todo el centro educativo.

Cinco ejemplos de preguntas que se pueden responder con este documento.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Cine y Pediatría (609) “La profesora de parvulario” supera los límites entre docente y dicente

 

El techo de cristal de la mujer en la dirección cinematográfica también ha sido difícil de romper. He aquí una selección de películas dirigidas por mujeres que cabe tener presente, algunas ya presentes en Cine y Pediatría: El autoestopista (Ida Lupino, 1953), Cleo de 5 a 7 (Agnès Varda, 1962), Pasqualino: Siete bellezas (Lina Wertmuller, 1975), Daughters of the Dust (Julie Dash, 1991), El pequeño Tate (Jodie Foster, 1991),  El piano (Jane Campion, 1993), Boys Don´t Cry (Kimberly Peirce, 1999),  Buen trabajo (Claire Denis, 1999), Las vírgenes suicidas (Sofía Coppola, 1999),  Thirteen (Catherine Hardwicke, 2003),  Lost in traslation (Sofía Coppola, 2003), Buda explotó por vergüenza (Hana Makhmalbaf, 2007),  Lirios de agua (Céline Sciamma, 2007),  Siete mesas de billar francés (Gracia Querejeta, 2007), XXY (Lucía Puenzo, 2007),  Madre (Mabel Lozano, 2007),  LOL (Lisa Azuelos,2008), En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008), Home, ¿dulce hogar? (Ursula Meier, 2008),  Fish Tank (Andre Arnold, 2009),  El último verano de la boyita (Julia Solomonoff, 2009),  Winter’s Bone (Debra Granik, 2010),  Tenemos que hablar de Kevin (Lynne Ramsay, 2011),  Joven y alocada (Marialy Rivas, 2012),  La bicicleta verde (Haifaa Al Mansour, 2012),  Inch’Allah (Anaïs Barbeau-Lavalette, 2013),  Selma (Ava DuVernay, 2014), Un monstruo en mi puerta (July Jung, 2014),  Mustang (Deniz Gamze Ergüven, 2015),  Línea de meta (Paola García Costas, 2015),  Diario de una chica adolescente (Marielle Heller, 2015), Toni Erdmann (Maren Ade, 2016), Rara (Pepa San Martín, 2016),  Lady Bird (Greta Gerwig, 2017), El viaje de Nisha (Iram Haq, 2017),  Verano 1993 (Carla Simón, 2017),  Cafarnaúm (Nadine Labaki, 2018),  Carmen y Lola (Arantxa Etxebarría, 2018),  Conociendo a Astrid (Pernille Fischer Christensen, 2018),  Atlantique (Mati Diop, 2019), La inocencia (Lucía Alemany, 2019),  The Farewell (Lulu Wang, 2019), Retrato de una mujer en llamas (Céline Sciamma, 2019), Las niñas (Pilar Palomero, 2020),  Nunca, casi nunca, a veces, siempre (Eliza Hittman, 2020).

Pues bien, a ese listado (a buen seguro incompleto), se suma hoy la directora estadounidense Sara Colangelo y su atrevida película del año 2018, La profesora de parvulario, en realidad una adaptación de la película homónima israelí del año 2014 dirigida por Nadav Lapid. Curiosamente es un “remake” con pocos años de diferencia, pero lo cierto es que ambas obras están a la altura de este estudio psicológico de una maestra que llega demasiado lejos para proteger la rara sensibilidad poética de uno de sus pequeños alumnos, una obra que resulta perturbadora por la ambigüedad de la que envuelve a su protagonista, y por las preguntas que deja sin responder sobre los límites de la docencia y el potencial nocivo de superarlo. 

Lisa Spinelli (descomunal Maggie Gyllenhaal) es una maestra de parvulario de Staten Island, quien combina su pasión por la educación infantil con su alma de poeta, de forma que asiste a unas clases nocturnas de poesía con el profesor Simon (Gael García Bernal). Un día escucha a uno de sus alumnos de 5 años recitar un poema que llama su atención y comienza a interesarse por el inusual talento del pequeño prodigio. Este niño de origen indio se llama Jimmy Roy y conoce que sus padres están peleados por su custodia. Es así como Lisa se obsesiona por el poder creativo de Jimmy y arriesga su vida familiar, su libertad y hasta su profesión para intentar que el niño desarrolle su talento. Incluso le da al niño su teléfono para que le recite los poemas que surgen de su mente, poemas con los que Lisa triunfa en sus clases de poesía nocturna. 

La profesora le dice al padre de Jimmy: “Creo que tenemos a un pequeño Mozart. Tiene un don, señor Roy. El nivel de poesía que escribe está muy por encima de los normal a su edad”. Y el padre le contesta: “Quiero ayudar a mi hijo y, sobre todo, si disfruta con esto. Quiero que a mi hijo le vaya bien en la escuela, que sea listo, pero también que tenga una vida normal. Que gane dinero y que sea práctico”. Y a medida que avanza el metraje esa relación profesora y pequeño alumno se hace un poco más incómoda a cada paso. Y llega a convencer al padre de que se pueda hacer cargo de su hijo en los ratos que él no puede, logrando expulsar a su cuidadora habitual. Y en esos momentos acude con Jimmy a museos de arte moderno, al teatro, a recitales de poesía. Y más adelante Lisa también logra que expulsen a su ayudante de clase, y ello porque Jimmy le expresa afecto en un poema y crea su celotipia. Tal es la obsesión que vuelca hacia él, que casi ignora a sus hijos mayores. Y cuando Simon, el profesor de poesía, descubre lo que está ocurriendo le expresa algo que sentimos los propios espectadores: “Deberías dejar la clase, Lisa. Me incomoda que presentes obras que no son tuyas. Todos los artistas toman cosas de otros, pero lo que tú haces…, no sé, es otra cosa. Estás explotando a un niño. Dañaste la confianza de toda la clase, toda la ética. No entiendo qué pretendes. No, no está claro lo que haces”. 

Y esa búsqueda de Lisa por proteger el talento de su joven alumno de parvulario le llega a cometer actos cada vez más difíciles de entender. Incluso intenta secuestrarle, aunque confirmamos que no era su intención, sino protegerle para cuidar de su don para la poesía y que no pase desapercibido. 

Es así que La profesora de parvulario explora temas como la frustración vital, la crisis creativa, las contradicciones del sistema educativo y los delicados límites entre profesores y alumnos, entre docentes y dicentes. En el original bajo la dirección de un hombre, Nadav Lapid, quien obtuvo el premio a Mejor director en el Festival Internacional de Cine de Buenos Aires; en la copia bajo la dirección de una mujer, Sara Colangelo, quien obtuvo el premio a Mejor directora en el Festival de Sundance. Y en ambos casos (original y copia) poesía y prosa, realidad y psicología se dan cabida en esta especial historia alrededor de los dones y la felicidad de los niños superdotados y la dificultad de ser respetados por las personas que les rodean.

Y con La profesora de parvulario seguimos rompiendo el techo de cristal y algunos tabúes. 

  

sábado, 28 de marzo de 2015

Cine y Pediatría (272). “Mis hijos” y nuestros conflictos


Vivir en Oriente Medio es una cuestión de identidad, es convivir con una larga (recurrente e inacabable) historia a las espaldas de sus habitantes en esa continua lucha por la tierra, tierras con fronteras espirituales y religiosas, miedos, terror, momentos de gracia, esperanza y odio que han dividido a sus gentes, a sus naciones y a las naciones del mundo, ahora y durante mucho tiempo.
Independientemente que te despiertes en Belén, Eilat, Gaza, Haifa, Hebrón, Jericó, Jerusalén, Nazaret, Nablus, Ramallah, Tel Aviv o Tira (la ciudad en la que nace nuestro protagonista de la película que hoy viene a “Cine y Pediatría”), cada día te tienes que enfrentar con quién eres (judío o árabe), con lo que crees y con el lugar en el que quieres verte el día de mañana, preguntas que no son fáciles de responder y aún menos fáciles de vivir con ellas. Porque es una vida entre muros, alambradas, toques de queda y salvoconductos. 

El cine no ha dado la espalda a este conflicto vivo y estas son algunas de las películas emblemáticas, entre la historia, el documental y el cine denuncia: Éxodo (Otto Preminger, 1960), 21 horas en Munich (William A. Graham, 1976), Hanna K. (Constantin Costa-Gravas, 1983), Kippour (Amos Gital, 2000), Intervención divina (Elia Suleiman, 2002), Promise Land (Amos Gital, 2004), Munich (Steven Spielberg, 2005), Paradise Now (Hany Abu-Assad, 2005), Syriana (Stephen Gaghan, 2005), Zona Libre (Amos Gitai, 2006), Los Limoneros (Eran Riklis, 2008), Ajami (Scandar Copti y Yaron Shani, 2009) Una botella en el mar de Gaza (Thierry Binisti, 2011). Omar (Hany Abu-Assad, 2013), y un largo etcétera. 
Algunas de estas películas ya forman parte del mundo de Cine y Pediatría, como Vete y vive (Radu Mihaileanu, 2005), Inch Allah (Anaïs Barbeau-Lavalette, 2012) o El hijo del otro (Lorraine Levy, 2012), una historia con francas similitudes a la que hoy nos visita. 

Porque El hijo del otro era una apuesta por ponerse al lado del enemigo, por aceptar las diferencias y encontrar, más allá de prejuicios culturales o religiosos, puntos en común en tanto seres humanos. Y es así como no se convierte en una película política, sino ideológica y en donde su directora reivindica la consabida ingenuidad para tratar e intentar resolver un conflicto tan marcado entre judíos y árabes. Y algo parecido pretende Mis hijos (Eran Riklis, 2014). 

El director israelí Eran Riklis adapta la novela autobiográfica “Dancing Arabs”, escrita en el año 2002 por el escritor israelí (que publica en hebreo), Sayed Kashua. La historia comienza en la década de los 80 en Tira, donde Eyad, un niño palestino, vive con su familia. Eyad nació y creció en una típica ciudad árabe y su adolescencia la pasa en una escuela judío-israelí de élite en Jerusalén, gracias a una beca. Allí intenta encajar con sus compañeros, intentar mantener el amor de Naomi (Daniel Kitsis), una compañera judía, intenta conservar la amistad de un joven tetrapléjico (posiblemente afecto de una esclerosis lateral amiotrófica), intenta respetar a su familia y ser respetado por su padre, intenta conservar el cariño de la madre de su amigo (Yaël Abecassis). 
Y es así como Eyad (Tawfeek Barhom) está constantemente a la fuga, con un conflicto permanente entre quién es, quién se supone que es, de lo que se espera de él. Pero cansado de no ser aceptado por sus orígenes y cegado por la ambición de ser admitido en sus nuevos círculos, Eyad comprende que tendrá que sacrificar su auténtica identidad para ser aceptado: tendrá que tomar una decisión que puede cambiar su vida para siempre. 

Una historia en la que el deseo por encajar, la solidaridad, la violencia ciega y la posibilidad de convivencia pacífica son los temas principales. Porque Eyad es criado como palestino en el odio a los israelíes, pero la vida le lleva a adoptar la identidad de su amigo israelí fallecido por una enfermedad terminal y decide ser “adoptado” como el nuevo hijo de una madre israelí, que le ama y le respeta. Y es así como nuestro protagonista empieza a sentirse fascinado por quienes debería odiar, hasta el punto de cuestionarse la relevancia de sus orígenes y la educación recibida en esa travesía del desierto emocional e intelectual que es crecer en la adolescencia, antesala de una madurez en la que nada es seguro, salvo la conciencia de haberse reinventado a sí mismo de acuerdo con la desesperación que le ha procurado la experiencia. 

Porque frente al odio religioso queda el amor, frente a los conflictos políticos siempre permanece la familia. Y Mis hijos ahora, como antes lo hiciera El hijo del otro, hacen hincapié en que no hay nada como las relaciones personales para superar odios y prejuicios muy instalados socialmente. Porque el amor, la amistad y la entrega son el mejor arma para combatir nuestros conflictos.

 

sábado, 2 de agosto de 2014

Cine y Pediatría (238). “El hijo del otro”, un alegato a favor de la reconciliación


No hay ningún lugar más cargado de historia y sangre que la Tierra Santa, llamada Israel, Palestina, Canaán, etc.: diferentes pueblos, diferentes dioses y diferentes hombres luchando por dominar una zona que se ha convertido en una encrucijada real y simbólica por milenios. Desde el hombre primitivo y canaanitas hasta los judíos y palestinos, pasando por los egipcios, asirios, israelitas, babilonios, macedonios, griegos, ptolomeos, selúcidas, hebreos, macabeos, romanos, bizantinos, árabes, cruzados, otomanos y británicos. 

El día 29 de Noviembre de 2012 la ONU reconoce a Palestina como “Estado observador no miembro” de la organización, reafirmando de un modo ambiguo el derecho del pueblo palestino a un territorio bajo las fronteras definidas antes de la guerra de 1967. Las relaciones se destensan un poco, aunque Israel se altere, y es un momento propicio para que la directora/guionista francesa de origen judío, Lorraine Levy, saque del armario una historia que le interesa, una parábola bien intencionada y de decidida vocación conciliadora en su película El hijo del otro (2012). Y se fundamenta en un argumento incontestable por su fuerza dramática y que surge cuando dos familias estructuradas de Israel y Palestina viven con perplejidad como su sangre no es compatible con la de uno de sus hijos. Porque el intercambio no intencionado de dos hijos en la maternidad ya ha sido tratado recientemente en la película japonesa, De tal padre, tal hijo (Hirokazu Kore-eda, 2013), pero aquí se añade un condimento más importante: que la historia ocurra en uno de los habituales puntos calientes del globo, y con el eterno problema entre judíos y palestinos de fondo. Dos hijos intercambiados y que, cuando avanzan por su adolescencia casi juvenil se encuentran que su verdadera entidad genética está al otro lado del muro. Ese muro y esa alambrada interminable, como una cicatriz queloide en la mente de los palestinos y los israelíes. 

Joseph (Jules Sitruk) es un joven israelí que está a punto de empezar el servicio militar. Cuando va a entrar en las fuerzas armadas, descubre que fue intercambiado al nacer de forma accidental con otro niño en la maternidad, debido a un bombardeo en Haifa durante la Guerra árabe-israelí y la precipitación al refugiarse en el sótano provoca el error en la asignación de los niños. Y es así como Joseph descubre que no es hijo biológico de sus padres, sino que ese hijo es Yacine (Mehdi Dehbi), el bebé de una familia palestina que vive en los territorios ocupados de Cisjordania. 
El mundo se derrumba alrededor de estas dos familias. El rechazo, la duda, la pérdida de identidad, los prejuicios de raza y religión se erigen como espinosa barrera en sus vidas, una barrera más dura que los muros y las alambradas que les separan desde hace décadas. Y todos (padres e hijos) deberán intentar superar lo que significa ser judío y haber sido criado como palestino, y ser palestino y haber sido educado como judío. Y esa superación solo será posible a través de la comprensión, la amistad y la reconciliación en una atmósfera dominada (históricamente) por el miedo y el odio, cuando las barreras religiosas y civiles pueden suponer un impedimento en el reencuentro. 

En esa reconciliación tienen un papel clave las dos madres, dos mujeres maravillosas que asumen su nueva circunstancia y también ayudan a sus maridos, quienes no pueden entender lo que les está pasando. Porque serán los padres los que tienen más cercana la agresión presente en sus territorios, haciendo responsables a sus dirigentes de una situación difícil de compartir. Sorprende como el rabino le cuenta a Joseph que está circuncidado y que, efectivamente, estudia la Torá, pero a partir de ahí la naturaleza indica que ha nacido de una árabe y, por lo tanto, no puede ser judío en sus derechos y obligaciones que tenía previamente asignados. Y la directora nos presenta al joven palestino (pueblo invadido) como más maduro (estudia Medicina en París), que el joven judío (pueblo invasor) que lo puede presentar como de carácter más débil, un músico y artista en potencia. 
Y la duda de los protagonistas a cada paso. La duda de Joseph: “¿Voy a tener que cambiar mi kipá por un cinturón de explosivos?”. La duda de Yacine: “Soy mi peor enemigo, pero tengo que quererme a pesar de todo”. La reflexión de la madre: “Abre tu corazón hijo mío, sé que es grande…”

Cine positivo e imprescindible con un mensaje claro: atender las diferencias del otro y hacerlo con respeto. Aunque el desarrollo de la historia se acerca más a la fábula que a una realidad, sin duda, más compleja. Porque El hijo del otro apuesta por ponerse al lado del enemigo, por aceptar las diferencias y encontrar, más allá de prejuicios culturales o religiosos, puntos en común en tanto seres humanos. Y es así como no se convierte en una película política, sino ideológica y en donde su directora reivindica la consabida ingenuidad para tratar e intentar resolver un conflicto tan marcado. 
Porque la fábula está configurada como un alegato a favor de la confraternización y la coexistencia pacífica. Y es así como la escena final de los tres “hermanos” en el hospital se convierte en toda una declaración de principios por la paz y el entendimiento: las manos apretadas de los tres es un símbolo de reconciliación por encima de religiones y política. 

Y tras este trasfondo, la inevitable pregunta, ya realizada en la película De tal padre, tal hijo: ¿Quién es nuestro verdadero hijo… alguien con el que pasamos todo nuestro tiempo o alguien con el que compartimos la sangre? o lo que en el mundo anglosajón plantean de forma tan gráfica como “nature or nurture?”. Pero en este caso con un gran trasfondo político y social, arropado por interpretaciones de nivel que aportan credibilidad y borran cualquier sombra de artificio. 

Porque de nuevo queda claro que no es la sangre ni la biología lo más importante, sino la educación y entorno. Y a partir de ahí es donde se empieza a vislumbrar una luz al final del túnel,… una luz necesaria para el túnel eterno del conflicto palestino-israelí. Un túnel muy largo y oscuro y donde El hijo del otro se convierte en un gran alegato frente a la reconciliación,… justo y necesario.

Y como nada es casualidad, el destino hace que esta entrada se haya programado justo ahora mismo que estamos asistiendo en vivo y en directo, a los efectos devastadores sobre la población civil del ataque de Israel sobre Gaza, con decenas de niños muertos, y medio mundo (o el mundo entero) indignado, incluida la reciente carta de la revista The Lancet: "An open letter to the people in Gaza". Porque la unión hace la fuerza y porque si la indiferencia es la norma estamos definitivamente perdidos..., aunque sea el hijo de otro.

sábado, 4 de enero de 2014

Cine y Pediatría (208): “De tal padre, tal hijo”, ¿genética o educación?


La infancia y la familia suele estar presente en el cine de Hirokazu Kore-eda, cineasta peculiar para la observación del detalle y para extraer grandes interpretaciones verosímiles de los niños de sus películas. Y para ello disfraza la complejidad de sencillez, y se mueve con soltura entre el naturalismo y cierto aliento poético. Y así se nos presenta Kore-eda como el François Truffaut del cine oriental, como ha demostrado en sus obras anteriores (en el año 2004 en la descarnada Nadie sabe, en el año 2008 en la familiar Still walking/Caminando, o en el año 2011 en la fábula ya comentada de Kiseki/Milagro), pero es ahora, en el año 2013 con De tal padre, tal hijo, cuando nos presenta su más emotiva película, con dudas y reflexiones sobre el afecto y la vida familiar en general. 

Porque De tal padre, tal hijo plantea el dilema de si la verdadera paternidad es biológica o de quien la ejerce, dado que el amor verdadero surge de las relaciones diarias. Una nueva lección del cine japonés sobre los valores familiares (que va de Yasujiro Ozu a Yôji Yamada, Yojiro Takita o el propio Hirokazu Kore-eda.), un relato equilibrado que saca a la luz algunas preguntas sobre la verdadera esencia de la paternidad. Con un trasfondo muy personal del propio director (porque el director tiene una hija de 5 años con la que pasa poco tiempo y él mismo se pregunta cuándo se portará como un buen padre), y que se transmite en alguna de las muchas frases que la cinta nos regala: “Para los niños no hay nada más importante que el tiempo…”

La pregunta es clara: ¿Quién es nuestro verdadero hijo… alguien con el que pasamos todo nuestro tiempo o alguien con el que compartimos la sangre? o lo que en el mundo anglosajón plantean de forma tan gráfica como “nature or nurture?”. Ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes y el Premio del Público en el Festival de San Sebastián, De tal padre, tal hijo se presenta como un melodrama comedido sobre el desequilibrio de dos familias que conocen a partir de los 6 años que han estado educando al hijo de la otra pareja. 

Ryota Nonomiya (Fukuyama Masaharu) es un exitoso arquitecto que vive obsesionado con su trabajo. Su vida familiar es, por su parte, bastante tranquila: vive felizmente con su mujer Midori (Ono Machiko) y su único hijo Keita, un niño modelo al que están preparando a conciencia para lograr entrar en una escuela privada de élite y así no defraudar a sus padres. Sin embargo, todo va a cambiar de la forma más insospechada cuando recibe una inoportuna e inesperada llamada del hospital donde su mujer dio a luz a su hijo hace ya seis años. La noticia que les dan es que su verdadero hijo fue entregado a otra familia, la familia Yudai, una familia con escaso dinero (viven en una casa destartalada a las afueras de la ciudad), pero mucho tiempo para sus hijos (todo lo contrario a ellos). 
Y es así como los Nonomiya deciden conocer a los Yudai, al padre Saiki (Lily Franky) y su mujer Yukari (Maki Yoko) y al hijo de ambos, el hijo ‘verdadero’ de los Nonomiya, para plantearse una importante y difícil decisión: recuperar a su verdadero hijo, o seguir criando al pequeño con el que llevan seis años. 

Todo un lujo de película con sentido y sensibilidad, con emociones y reflexiones basadas en preciosas imágenes que hablan por sí solas, en una buena selección de la música de piano y de los silencios para acompañarnos al debate interior que todo espectador tendrá cuando vea la película. Un debate sobre el problema que supone el intercambio de hijos y el dilema sobre cuál es la verdadera paternidad, esa perfecta combinación de genética y de educación con tiempo de calidad. 

En una sociedad enfocada al éxito cada vez queda menos tiempo para perder (que es ganar) con nuestros hijos. Y la pregunta queda suspendida en el aire: ¿es importante el éxito social si fracasamos como padres?.

lunes, 28 de octubre de 2013

Elogia, pero hazlo bien






En un dominical de gran tirada apareció la semana pasada un artículo del psicoanalista Stephen Grosz que me llamó la atención.
Habla de cómo los elogios excesivos o inadecuados por lo desmesurado no resultan favorecedores de la autoestima de un niño, sino que incluso pueden terminar minando la confianza en sí mismo.
El título del artículo es precisamente este “Cómo los elogios pueden causar una pérdida de confianza”.
Explica Grosz que es generalizada la creencia de que los elogios, la confianza en uno mismo y el rendimiento académico van siempre de la mano. Pero hay investigaciones que ponen en entredicho esta afirmación.
Es muy interesante el experimento de las psicólogas Carol Dweck y Claudia Mueller que pidieron a niños de 10-11 años que realizaran determinado ejercicio matemático sencillo. Tras su finalización, a un grupo se les alabó por su inteligencia “lo has hecho muy bien, eres muy inteligente”, al otro grupo se les alabó por su esfuerzo “lo has hecho muy bien, te has esforzado mucho”. Un segundo ejercicio de mayor complejidad mostró que el grupo al que se había alabado por su esfuerzo mostraron más imaginación, y más voluntad para solucionar los problemas, mientras que a los que se había alabado por su inteligencia, preocupados por el temor a fracasar, tendían a elegir tareas que confirmaban lo que ya sabían, con ansiedad y disminución de autoestima.
Si un niño hace un dibujo y se le dice que el suyo es el más bonito ¿para qué va a dibujar otra cosa si ya ha hecho el dibujo más bonito?, mientras que si se le hacen comentarios abiertos sobre su tarea, se fomenta su imaginación para explicar lo que hace, le impulsamos a explorar mas, le dedicamos un tiempo hablando sobre su dibujo, estamos con él.
Grosz cree que se elogia de forma desmesurada a los niños para a través de ello aumentar nuestra propia autoestima como padres: “mi hijo es el mejor porque yo soy el mejor padre o madre”.
Elogiar en la justa medida a los niños, y elogiar actos difíciles como compartir juguetes o ser pacientes, es un acto de buen educador, y darles conversación sobre lo que están haciendo es la mejor manera de estimular su interés y su motivación. 
En este caso, como en muchos otros de la educación infantil, el equilibrio es fundamental para no quedar cortos en la valoración de los logros (tan necesario para la autoestima) pero tampoco elogiar vanamente en exceso lo que les puede dar una imagen falsa de sí mismos que se dará de bruces con la realidad en entornos ajenos a la familia.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Cine y Pediatría (194). “Napola”, escuelas del mal


En los últimos años han aparecido una serie de películas que ahondaban en el pasado de Alemania y, en cierto modo, denuncian las atrocidades cometidas alrededor del nazismo. Películas como Amén (Constantin Costa-Gravas, 2000), El Hundimiento (Oliver Hirschbiegel, 2004) o La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck, 2006) serían claros ejemplos de ello. Hemos dedicado un capítulo especial a la mirada inocente de la infancia ante el holocausto nazi, con películas que nos permiten reconocer el antes (La cinta blanca del suizo Michael Haneke, 2009), el durante (La vida es bella del italiano Roberto Beningni, 1997; Rutka: un diario del Holocausto del inglés Alexander Marengo, 2009)) y el después (La llave de Sarah del francés Gilles Paquet-Brenner, 2010) del holocausto nazi, y también otras películas a lo largo del tiempo: Kapò (Gillo Pontecorvo, 1960), El tambor de hojalata (Volker Schlöndorff, 1979), Hijos de un mismo Dios (Yurek Bogayevicz, 2001), El niño con el pijama de rayas (Mark Herman, 2008). 

Una película especial mereció un detallado análisis: La Ola (Dennis Gansel, 2008), la adaptación cinematográfica de el experimento llevado a cabo en 1967 en un instituto de California: un experimento con los alumnos que quería demostrar que, incluso las sociedades libres y abiertas, no son inmunes al atractivo de ideologías autoritarias y dictatoriales, lo que explicaría que en la primera mitad del siglo XX el Partido Nazi exterminara a millones de judíos. Este director alemán, nos regaló unos años antes la película que hoy vamos a analizar: Napola (Dennis Gansel, 2004). 

Al poco de llegar Hitler al poder en 1933, se crearon en Alemania las Napola (National Politische erziehungs Anstalt), unos internados pensados para formar a toda una élite de jóvenes líderes arios, escuelas donde se preparaba a una selecta minoría de alumnos entre los 10 y los 18 años para ser los futuros dirigentes políticos. En las Napola sólo se aceptaba a los “mejores”, o sea, los más capaces física y/o intelectualmente. Y durante un periodo de nueve años se trataba de eliminar lo que se consideraban defectos del carácter, como la compasión o el libre pensamiento, un lavado de cerebro en toda regla. En su calidad de centros para la educación nacional-política comunitaria, las Napolas tenían la misión de conseguir hombres disponibles para el pueblo alemán, que hubiesen crecido en un clima de sacrificio y exigencia, capaces de ser la generación rectora en un futuro inmediato. Para cumplir esa función precisaban tales centros de un plantel de aspirantes sanos, racialmente puros, de buen carácter y muy dotados en cuanto a condiciones anímicas. Las asignaturas que tenían que estudiar los jóvenes eran, principalmente, biología, historia, geografía, química, física, alemán, inglés, latín, matemáticas, música, canto y dibujo, combinadas con otras materias de extraña naturaleza como, por ejemplo, Weltanschauliche Schulung, una especie de adiestramiento para la "visión del mundo", concepto altamente relevante en la doctrina hitleriana. Los programas de asignaturas como biología e historia estaban totalmente invadidos por conceptos y consideraciones racistas, sociodarwinistas y ultranacionalistas. Al entrenamiento físico se le concedió especial importancia dentro del sistema: disciplinas como remo, boxeo, esgrima, natación, vuelo sin motor, tiro, hípica y conducción de motocicletas y automóviles se consideraban necesarias. Existían otros aspectos complementarios en la formación: los viajes y el trabajo. 

El director Dennis Gansel se inspiró en la experiencia personal de su propio abuelo, que pasó por una de estas siniestras napolas. Y así, Napola narra una curiosa historia de amistad entre dos adolescentes, Friedrich Weimer (Max Riemelt) y Albrecht Stein (Tom Schilling) en el año 1942, en plena Segunda Guerra Mundial. Friedrich proviene de una familia de trabajadores, aficionado al boxeo y que, por sus condiciones físicas extraordinarias, ingresa en la napola (en contra de la opinión de su familia) en busca de un futuro prometedor. Albrecht Stein es el hijo de un dirigente nazi y entra en la napola por voluntad de su padre; si bien es un chico inteligente y sensible, también es frágil y, desde el principio, muestra un carácter y una ideología incompatibles con el ideario de nacionalsocialista. Es en la relación de esos dos personajes, y en su contraste, donde la película tiene su mayor atractivo. Aunque nos encontramos con otros personajes reseñables, como el profesor de boxeo (su manera de entender el boxeo refleja el ideario propio de la napola), el profesor de educación física (su dureza y crueldad es un claro exponente del funcionamiento de la escuela) y el padre de Albrecht (bestia negra del ideario nacionalsocialista). Una bella historia de amista adolescente que sirve como excusa para ser una nueva muestra de ese cine alemán que trata de saldar cuentas con un pasado reciente y abominable, que desearíamos que nunca hubiera ocurrido. 

En esta especie de purificación de la memoria histórica, el joven Dennis Gansel entrega una historia intensa, llena de dramatismo y humanidad, con algunos momentos de gran dureza. Y hace reflexionar acerca de los horrores y bajezas en que puede caer el hombre cuando olvida su excelsa dignidad. Destacamos cinco secuencias, en donde estas escuelas del mal tienen toda su expresión: 
- Las pruebas de ingreso: el joven Friedrich supera las pruebas físicas para ingresar en la napola y cómo, a pesar de que el padre se opone a que ingrese en una organización nazi, el adolescente no quiere dejar escapar esa oportunidad de prosperar en la vida. 
- Las clases en la napola: cuyo desarrollo deja transpirar la ideología que subyace en ellas. De especial interés resultan las clases de educación física y las referencias a la teoría de la evolución de las especies de Darwin. 
- El combate de boxeo: frente a un alumno de otra napola y cómo ver dos actitudes muy diferentes: la del profesor de boxeo de Friedrich (combativa y sin compasión frente al rival) y la de su amigo Albrecht (quien le recrimina que no haya tenido compasión por el rival). 
- La tragedia en la nieve: la búsqueda nocturna de unos prisioneros rusos que han huido por el bosque y que les dejará profunda huella, porque finalmente los prisioneros eran niños rusos desarmados y abatidos por los tiros de los alumnos. 
- La expulsión de la napola: Albrecht, enfrentado abiertamente a su padre y al ideario de la napola, aprovecha una dura prueba de la clase de Educación Física para suicidarse, ante los ojos atónitos de sus compañeros y la desesperación de su amigo. Tras este acontecimiento, Friedrich participa en un combate de boxeo durante el cual toma una decisión que motivará su expulsión definitiva de la napola. 

Pese a la dureza de las imágenes y la historia, la banda sonora de Normand Corbeil y Angelo Badalamenti posee una extraña belleza. Porque Napola narra una historia que no sólo es de ayer, sino de también puede ser de hoy: escuelas donde se enseña a la juventud que la diferencia no es algo complementario que nos acerca a los demás, sino algo diferencial que nos aleja de quien elegimos nuestros opresores. Creo que es nuevamente momento de recordar la frase de La Ola: “Fascismo. Todos nos hemos considerado mejores, mejores que los demás. Y lo que es aún peor, hemos excluido de nuestro grupo a todos aquellos que no pensaban igual. Les hemos hecho daño...”.

 

viernes, 5 de abril de 2013

Que no te cuenten cuentos... o sí.


Ayer, Beatriz Ogando, médico general con gran formación y mayor entusiasmo, gran amiga (del cine y ya de la profesión), compartía un enlace que merece su difusión. Corresponde a un enlace sobre Cuentos infantiles que pone a disposición CEAPA (Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos). 

CEAPA es una entidad social, no confesional, progresista e independiente, que trabaja por una escuela pública de calidad, lograr el éxito escolar de todo el alumnado, democratizar la enseñanza y mejorar las condiciones de la infancia. Es la mayor confederación de APAS de todo el Estado, pues agrupa a cerca de 12.000 asociaciones de padres y madres de alumnos de la enseñanza no universitaria. Por ello, es el interlocutor principal de los padres y madres ante el Ministerio de Educación en sus negociaciones sobre las acciones y políticas a impulsar en el sistema educativo. CEAPA tiene como finalidad ser órgano de relación y coordinación entre las federaciones y confederaciones que la integran, al objeto de potenciar sus respectivas posibilidades de actuación, así como facilitar la labor de las asociaciones de padres y madres del alumnado. 

En su página web podéis descubrir todas las posibilidades de esta entidad. Pero una de ellas es la que queremos destacar: una sección de cuentos infantiles con valores, especialmente dirigidos para la edad de 6 a 12 años. Porque los cuentos están diseñados para facilitar el dialogo con los niños y niñas sobre temas educativos que es importante tratar preventivamente ya desde la infancia. El cuento, es un marco de juego que se adapta al lenguaje y la manera de pensar de los niños. 
Y nos muestran algunos cuentos (hay muchos más, por supuesto) sobre: 

- Cuentos para fortalecer la autoestima y los derechos de los niños y niñas 
- Cuentos para educar sobre ocio y tiempo libre 
- Cuentos para coeducar 
- Cuentos para fomentar la educación sexual y para leer en familia 
- Cuentos para promover los valores del deporte 
- Cuentos para prevenir el consumo de drogas a través de la educación emocional 
- etc. 

Tal como está el percal de la vida, la sociedad, la política, la economía, los valores sociales, etc., no estamos para que nos cuenten cuentos. Pero de estos sí. Este tipo de cuentas son bienvenidos. Así que ya tenemos todos algo que hacer este fin de semana. Que sea provechoso para todos.

martes, 2 de abril de 2013

El movimiento slow






En un viaje reciente en coche, escuché por la radio una entrevista al escritor Carl Honoré, con motivo de su nuevo libro “La lentitud como método”. Me impresionó su lenguaje cadencioso, su perfecto español con acento Hispanoamericano pero también anglosajón, y hablaba de no tener prisa, de vivir cada momento apreciando lo bueno que nos rodea.

Habló de que se adhirió a algo que llamó “movimiento slow” porque le atrapó su filosofía, y que el punto de inflexión en su vida, que le hizo reaccionar, fue cuando se alegró al conocer una publicación en la que editaban cuentos para contar a los niños al acostarlos, que duraban tan solo un minuto.
Yo no conocía nada de esto, y al llegar a casa busqué en Google.

Carl Honoré, nació y estudió en Edimburgo y posteriormente se trasladó a Canadá. Estudió historia e italiano pero se dedicó al periodismo y ha escrito tres libros:
-        Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad (2004).
-        Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente (2010).
-        La lentitud como método (2013).

En el último libro habla de que las decisiones precipitadas, la vía rápida de la solución de problemas, suele llevar a problemas mayores, y que la forma lenta y reflexiva es mucho más eficaz. La tendencia generalizada a solucionar los problemas solo a corto plazo conduce, demasiado a menudo, a generar complicaciones mayores en el futuro. Este es un  mal generalizado no solo personal, sino político y social. El cortoplacismo.

Su anterior libro, el de 2010 (Bajo presión: cómo educar a nuestros hijos en un mundo hiperexigente), está dedicado a la educación de nuestros niños, tal como aparece en los comentarios del libro: “Nos revela cómo los padres corren el peligro de sobreestimular a sus hijos y nos enseña cómo ayudarles a crecer de manera feliz sin tanta presión. El padre que grita desde las gradas a su hijo de ocho años para que rinda al máximo; la madre embarazada que toca Mozart a su hijo aún no nacido: son ejemplos habituales de la hipereducación. Honoré hace un llamamiento a padres y profesores para que permitan a los niños crecer a un ritmo más lento. ¿Dónde se ha quedado el tiempo de jugar con los amigos o simplemente de sentarse y soñar?

Honoré, ha descrito el movimiento "Slow" como "una revolución cultural. Un uso del tiempo más sano, más humano y -y esto no es una paradoja- más productivo. De tratar de hacer cada cosa lo mejor posible, en vez de hacerla lo más rápido posible. Es una filosofía que se puede aplicar en todos los ámbitos: comida, sexo, trabajo, diseño, medicina...".

"Hemos creado una embrutecedora cultura del perfeccionismo. Esperamos que todo sea perfecto -nuestros dientes, nuestros cuerpos, nuestras vacaciones-. Y queremos hijos perfectos para redondear el retrato. El problema es que no hay tal cosa y esa búsqueda se está volviendo contra nosotros".

¿Utópico? No tanto. Pasar más tiempo con nuestros hijos, contarles historias sin prisas, jugar con ellos, dejarles ser niños, aburrirse de vez en cuando también. Dedicarle a cada actividad el tiempo que necesita,…a mí me gusta decir, contra las prisas: una cosa después de otra.