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sábado, 30 de agosto de 2025

Cine y Pediatría (816) “Katmandú, un espejo en el cielo”… de Verónica Echegui

 

La madrileña Icíar Bollaín se introdujo en el cine a través de la actuación, y debutó con tan solo 15 años para ser la Estrella adolescente de esa obra de luz y poesía fílmica que nos regaló Víctor Erice con El Sur (1983). Pero pronto, con 28 años, debutó como directora para abordar el problema de la soledad en la sociedad moderna con Hola, ¿estás sola? (1995). Y ahí se mantiene, con esa sensibilidad especial a la hora de escoger proyectos, todos de hondo calado social y alrededor de mujeres: la inmigración en Flores de otro mundo (1999), el maltrato a la mujer en Te doy mis ojos (2003), la difícil conciliación para la mujer de su vida profesional y personal en Mataharis (2003), la raíces familiares de una joven con su abuelo en El olivo (2016), la emancipación de la mujer en La boda de Rosa (2020), la reconciliación tras el terrorismo de ETA en Maixabel (2021), o el acoso sexual laboral en Soy Nevenka (2024). Estas dos últimas proceden de historias basadas en hechos reales, al igual que nuestra película de hoy, Katmandú, un espejo en el cielo (2011), una historia de superación a través de un proyecto educativo en Nepal.  

Películas todas ellas donde brillan sus actrices: Silke, Candela Peña, Lissete Mejía, Laia Marull, Najwa Nimri, Anna Castillo, Blanca Portillo, Mireaia Oriol,... Y en Katmandú, un espejo en el cielo brilló Verónica Echegui, en lo que hoy queremos que sea un homenaje a esta gran actriz que ha fallecido hace unos días a la edad de 42 años por un cáncer de ovario. Porque todos recordamos su debut en el largometraje como esa adolescente de extrarradio en Yo soy la Juani (Bigas Luna, 2006), lo que le valió su nominación como actriz revelación en los Goya. Su siguiente nominación, pero ya como actriz principal, llegó con su papel de Isa, esa particular atracadora en El patio de mi cárcel (Belén Macías, 2008), y repitió nominación con el papel de Laia, la joven maestra que se traslada de Barcelona a Nepal en Katmandú, un espejo en el cielo. Finalmente consiguió su ansiado Goya como directora en el cortometraje Tótem loba (2021), donde se revisan las tradiciones populares y la normalización de la violencia contra las mujeres. Una gran carrera truncada demasiado joven. Y al revisar nuestra película de hoy confirmamos su potencial para emocionarnos como actriz. 

Katmandú, un espejo en el cielo tiene el protagonismo de tres mujeres, las dos citadas y una más: Icíar Bollaín como directora y guionista con sus señas de identidad; Verónica Echegui en su papel protagonista en todas y cada una de las escenas de esta historia llena de valores; y Victoria Subirana, pedagoga y cooperante catalana nacida en Ripoll en el año 1959, más conocida con el nombre de Vicki Xerpa. Su historia merece un receso, pues es el fundamento de nuestra película: Victoria viajó a los 30 años a Nepal y allí decidió iniciar un proyecto educativo basado en los principios de enseñanza de María Montessori; fue en el año 1993 cuando puso en marcha la Escola Daleki con el objetivo de facilitar las necesidades sociales, intelectuales y psicopedagógicas de los más desfavorecidos de la comunidad; en el año 1998 crea Family Project para la sostenibilidad de los proyectos y mejorar las condiciones de vida de las familias sin recursos; en el año 2000 crea el segundo centro escolar en Katmandú y, en el año 2002, la asociación Amigos de Vicki Xerpa se transforma en la Fundació EduQual (Educació de Qualitat per tothom), una ONG encargada de financiar los proyectos en Nepal. Y ese año 2002 también publica el libro autobiográfico "Vicki Xerpa, una mestra a Katmandú" donde narra sus experiencias, lo que sirve de base para el film que hoy nos convoca. 

Pero aquí nuestra protagonista no se llama Vicki, sino Laia (Verónica Echegui), su alter ego en la película, esta joven maestra catalana que desde el inicio de la historia vemos como voluntaria en una escuela local de Katmandú, esa ciudad de un millón de habitantes fascinante y caótica ubicada en el valle del mismo nombre y rodeada de montañas, una mezcla cultural vibrante de budismo e hinduismo y que funciona como la capital de Nepal, situada en el centro del país y una de las puertas del entrada a la cordillera del Himalaya. Aquí pronto descubrirá la pobreza que le rodea y un panorama educativo desolador que además deja fuera a los más necesitados (los llamados “intocables”), y donde la corrupción no es ajena. Pero ella ha viajado desde Barcelona porque quiere ser aquí maestra por encima de todas las dificultades que se le presenten, y para ello cuenta con el apoyo de la joven maestra local, Sharmila, quien acabará siendo también su mejor amiga. En el primer tercio de la película abundan los flashbacks a su infancia y juventud en Barcelona, con vivencias en el hogar y en la escuela que no son idílicas tampoco. 

Para no ser expulsada del país, tiene que arreglar un matrimonio de conveniencia para legalizar su situación, y lo hace con un Tsering, un joven desconocido, reservado y respetuoso, cuya familia vive en las recónditas alturas del Himalaya, quien acaba siendo su gran soporte y del que acaba por enamorarse. Y, en ese espectacular paisaje, Tsering le comparte un pensamiento de su abuelo: “Mi puñado de tierra, mi espejo en el cielo”. Shamila y Tsering se convierte en sus dos baluartes para que Laia consiga su espejo en el cielo y logren abrir una escuela. Pero no es fácil, pues apenas acuden niños y niñas, pues están trabajando para traer dinero y que sus familias pueda comer: “Laia, es la pescadilla que se muerde la cola”, le recuerda Shamila sobre las difíciles condiciones sociales. Finalmente logran que acudan al colegio con el acuerdo de que allí se les dará de comer. Y más adelante consigue que también acudan las madres a aprender a leer y escribir. En esa experiencia vivirá historias duras con algunas alumnas, como es el caso de Kushila y Bimala, pero que solo harán que reforzar su voluntad de seguir adelante. 

Así es como Laia se embarca en un ambicioso y personal proyecto pedagógico en los barrios de chabolas de Katmandú. Regresa a Barcelona para conseguir apoyos y desde allí escribe a Tsaring: “Mi espejo en el cielo está en Nepal con los niños, con Shamila, contigo…”. Y en su regresó retoma ese viaje que la llevará hasta el fondo de la sociedad nepalí y también hasta el fondo de sí misma, aunque llegará un momento en que tendrá que continuar sola, pues Tsering y Shamila ya no estarán con ella por motivos que el espectador descubrirá en el tramo final de la película. Y recordamos las palabras de Laia: “Necesito hacer esto. Nunca había hecho algo con tanto sentido”. Y también recodamos la banda sonora de Pascal Gaigne, un buen complemento a las imágenes y los mensajes.
 
Recomiendo ver esta película en versión original (la versión doblada ha originado críticas duras, pero es que siempre un film debería verse sin doblar). Aunque la historia no tenga un guion tan conseguido como la primeras obras de Icíar Bollaín, lo cierto es que es todo un viaje emocional que nos invita a la reflexión, mostrando un choque cultural y una búsqueda personal en un entorno complejo. Y donde cabe revisar tres temas: el dilema del "salvador blanco", pues a todo cooperante occidental cabe recordarle que la verdadera ayuda no es paternalista, sino colaborativa; la educación como motor de cambio, subrayando de nuevo el poder transformador de la educación como mejor herramienta para romper el círculo de la pobreza y la discriminación; y ese “espejo en el cielo" (que forma parte del título de la película) que transforma a la ciudad de Katmandú en el lugar donde Laia encuentra su espejo interior, lo que le permite confrontar sus propios prejuicios y descubrir su verdadera vocación y fuerza interior. 

Y ese espejo en el cielo que deseamos a Verónica Echegui. Sea nuestro homenaje desde Cine y Pediatría, con la recomendación de que vale la pena prescribir esta película para formarse en valores. Un regalo de tres mujeres: Icíar, Verónica y Victoria.

 

sábado, 19 de julio de 2025

Cine y Pediatría (810) “Nuestra querida profesora”, difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar

 

Las historias alrededor de alumnos y profesores en las escuelas e institutos es un tema recurrente en Cine y Pediatría. Películas llenas de valores desde la ficción o la realidad. Y dentro de la realidad de algunas historias, un buen número de ellas se enmarcan como películas documentales y son ejemplos paradigmáticos las siguientes, desde diferentes nacionalidades: desde Francia, Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002), La clase (Laurent Cantet, 2008), Sólo es el principio (Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010), Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013), El gran día (Pascal Plisson, 2015); desde España, Entre maestros (Pablo Usón, 2012), La hora del patio (Manuel Pérez Cáceres, 2012), El lápiz, la nieve y la hierba (Arturo Méndiz, 2017), Picotazos contra el cristal (Rafael Moles y Pepa Andreu, 2019), Nous, la evolución del pensamiento (Henar Rodríguez y Christian Dehugo, 2019), Las clases (Orencio Boix, 2021); desde Argentina, La educación prohibida (German Doin, 2012), Escuela normal (Celina Murga, 2012), Escuela de sordos (Ada Frontini, 2013), Las clases (Orencio Boix, 2021); desde Bélgica, Pequeña escuela (Lydie Wisshaypt-Claudel, 2022), Una oportunidad para ellos (Thierry Michel, Pascal Colson, 2017); desde Estados Unidos, Esperando a Superman (Davis Guggenheim, 2010); desde Países Bajos, Los niños de la señorita Kiet (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016); desde Alemania, El profesor Bachmann y su clase (Maria Speth, 2021); entre otras muchas. Y hoy llega la reciente película documental austriaca, Nuestra querida profesora (Ruth Beckermann, 2024).  

Nuestra querida profesora retrata, durante tres años (entre 2020 y 2023) y tres cursos, a un grupo de niños y niñas que crece desde segundo hasta cuarto de Primaria en una escuela pública del distrito de Favoriten, una de las zonas más multiculturales de Viena, y siempre con la misma profesora, Ilkay, de origen turco. De hecho, el título original de esta película es, precisamente, Favoriten. Y en el transcurso de este periodo escolar nos sumergimos en un gran colegio vienés en el que la mayoría de alumnos son inmigrantes (de Turquía, Siria, Túnez, Chechenia, Afganistán, Ucrania, Bulgaria, Macedonia, Albania,…) y están integrándose y aprendiendo en alemán. Además de la falta de recursos, Ilkay y sus colegas profesores se enfrentan a estas clases multiculturales en las que la comunicación a veces se ve dificultada por el idioma. 

Es Nuestra querida profesora una película que se transforma en una oda a la infancia, donde se celebra el trabajo de los educadores y el aprendizaje de cada día, tanto dentro como fuera de las aulas. Y con dos aspectos nucleares que son el punto de partida del documental de Ruth Bechermann: uno, el conocer que del 60 % de los niños de las escuelas primarias vienesas no hablan alemán como primera lengua; y, al mismo tiempo, reconocer que hay una aguda escasez de profesores. Dos datos que pueden sorprender de una sociedad tan aparentemente avanzada y estructurada como la austriaca. 

Y durante estos tres cursos acompañamos a esta clase de alumnos desde los 7 a los 10 años, allí donde su ambiciosa profesora, Ilkay, está decidida a crear un entorno inclusivo y seguro para los esos niños y niñas que en su mayoría no hablan alemán en casa, y donde muchas familias están marcadas por la guerra y se enfrentan a la discriminación. A pesar de contar con pocos recursos, Ilkay guía a su clase a través de las aventuras de la educación, con visibles derrotas y victorias del día a día. Y durante el metraje vamos conociendo a los 24 alumnos de clase (Majeda, Melisa, Teodora, Mohammed, Egemen, Selin, Eda, Hafsa, Ibro, Valentin, Manessa, Alper, Rebeca, Nerjiss, Dani, Beid, Ibrahim, Liemar, Furkan, Selen, Natalia, Danilo, Fátima, David) y también algo de sus familias, con sus luces y sus sombras, con sus dificultades y oportunidades. 

Porque durante estos tres cursos asistimos a muy diversos momentos de esa interacción entre alumnos y su profesora, desde las clases tradicionales a las clases de relajación o natación, desde las visitas a una mezquita a la visita a la catedral de San Esteban de Viena, desde la celebración de la llegada del Ramadán (“Aún sois niños. Los niños aún no estáis obligados a ayunar. Pero también podéis probarlo. El fin de semana, el sábado o el domingo”) a los debates sobre las guerras de Siria y Ucrania (y el mensaje de Ilkay: “Para mí es muy importante que lo recordéis. La paz es lo más importante del mundo. La guerra, las peleas y los golpes, eso también lo aprendemos en la escuela…,¿sirve de algo?”), desde los exámenes a las tutorías con los padres de los alumnos. Y esa continua mediación de la profesora en los conflictos y peleas de sus alumnos en busca de la conciliación. Y todos integrándose al alemán, tal como una alumna recuerda a otra: “No hables turco. Habla alemán. Eso no está permitido”

En un momento dado, el director del centro reúne a los profesores y les cuenta que no contarán este curso con trabajadora social ni con psicóloga por varios motivos, y no saben si tendrán sustituta. Y así ocurre cuando, en cuarto de Primaria, Ilkay comunica a sus alumnos que está embarazada y tendrá que irse de baja a mitad de curso. Y la despedida de sus alumnos es muy emotiva, e incluye mensajes como este que una alumna le regala: “Un buen profesor es difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar”. Y en el momento de la despedida Ilkay se pone a llorar porque no han conseguido que nadie la releve para el resto del curso y muchos de los niños y niñas también lloran desconsoladamente. “Estudiad mucho, demostrar a los demás de lo que sois capaces…Habéis aprendido mucho en los últimos cuatro años… Que sean lágrimas de alegría porque nos volveremos a ver”. Y tras el final, uno a uno se van presentando los 24 alumnos. Y este mensaje como colofón: “Tres días después, se encontró un nuevo profesor para la clase. Rodada entre otoño de 2020 y primavera de 2023 en la escuela primaria más grande de Viena Bernhardsthalgasse, distrito 10, Favoriten”. 

Una película especial, una vivencia especial. Porque Ruth Beckermann filma con una mirada empática pero sin idealizar, y para ello su dirección es contenida y deja que las escenas hablen por sí mismas. Usa ese cine de observación sin entrevistas ni voz en off, donde la cámara es casi invisible, lo que permite una naturalidad y espontaneidad sorprendentes. Y donde hay una clara intención de no juzgar, sino de observar y comprender esta realidad que se nos cuenta en un momento donde Austria, como gran parte de Europa, enfrenta debates sobre la inmigración, la identidad nacional y la integración. El documental evita lo panfletario, pero es profundamente político en su elección de tema: mostrar cómo se construye la sociedad desde abajo, desde el aula. 

Nuestra querida profesora nos regala varios temas para el debate, como el multiculturalismo y migración (donde esa aula se convierte en un retrato de la nueva Europa, un microcosmos de nuestra sociedad, donde la integración, el entendimiento y los choques culturales son parte del día a día), la educación como herramienta social (con el papel central de esta profesora firme y paciente, dialogante y creativa, que intenta integrar los valores familiares y culturales para enseñar respeto mutuo y fomentar la convivencia) y esa construcción de la identidad desde la infancia (porque la película da voz a los alumnos, a sus sueños, sus frustraciones, sus preguntas sobre género, religión y pertenencia, por lo que, a través de ellos, se refleja la tensión entre las raíces culturales de sus familias y los valores del país que los acoge). En general, una película documental conmovedora y reflexiva que destaca la importancia de la educación y la dedicación de los docentes. Y como esta profesora, también una película difícil de encontrar, difícil de dejar e imposible de olvidar.

 

sábado, 3 de febrero de 2024

Cine y Pediatría (734) “Maria Montessori”, una vida dedicada a un método educativo para la infancia más necesitada

 

En nuestra entrada de la semana pasada comentamos la película alemana El profesor Bachmann y su clase, y también recordamos el nombre de algunos maestros “de cine”, algunos reales, la mayoría ficticios. Pero hoy vamos a hablar de la historia de una pedagoga que creó un método docente, una mujer italiana nacida en el último cuarto del siglo XIX con una vida extraordinaria, ella que también fue médica, filósofa, humanista, activista feminista y sufragista italiana, además de devota católica. Hablamos de María Tecla Artemisia Montessori, más conocida como María Montessori.  

Y vamos a utilizar para ello lo que el cine nos ha dibujado. Y lo ha realizado a través de dos películas: la primera italiana, María Montessori (Maria Montessori - Una vita per i bambini, Gianluca Maria Tavarelli, 2008), el biopic para la televisión dividido en dos partes e interpretado por Paola Cortellesi; la segunda francesa, María Montessori (La nouvelle femme, Léa Todorov, 2023), interpretado por Jasmine Trinca. Y ambas historias se acercan al proceso de creación de un revolucionario método educativo para trabajar con los llamados entonces como "niños deficientes" y que años después se convertirá en una de las pedagogías mejor valoradas en todo el mundo: el Método Montessori. Y entre ambas películas podemos delinear su historia, dos films de gran valor histórico y educativo que bien vale prescribir. 

Nacida en 1870 en Chiaravalle, pequeña población de la provincia de Ancona, se trasladó a Roma junto a su familia en la adolescencia para tener acceso a una mejor educación. A los 14 años comenzó a estudiar ingeniería, después se apasionó por la biología y, finalmente, fue aceptada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Roma “La Sapienza”. Años más tarde, en una época en la que las mujeres solo estudiaban magisterio, se convirtió en una de las primeras mujeres en obtener un título de Medicina en Italia, con solo 26 años. “Eres la primera mujer que va a cruzar esa puerta”, le dice su madre el primer día de ingreso en la Facultad de Medicina, cuando el techo de cristal era la norma.

Poco después se interesó por la antropología e hizo un doctorado en filosofía. Además, incursionó en uno de los primeros cursos de psicología experimental, a partir del cual se animó a desarrollar su propia clasificación de las enfermedades mentales. Por ese tiempo también tuvo a su primer hijo, Mario Montessori, fruto de un amor fallido con el profesor de psquiatría Guiseppe Montesano y que tuvo que ser criado por una familia apartada del foco mediático del momento. Algo que marcaría la vida de María y su mayor paradoja: ella que tuvo una vida dedicada a la infancia, no pudo cumplir bien su papel de madre, pues tiene que ocultar su parto y maternidad a los ojos de una sociedad que no perdonará su embarazo como mujer soltera. Y el biopic italiano se centra bastante en este drama que vivió esta extraordinaria mujer que educó con pasión a miles de niños, pero no pudo hacerse cargo de su propio hijo. 

Fue precisamente en ese período tan complejo de su vida cuando comenzó a trabajar con niños con alteraciones mentales, quienes le sirvieron de inspiración para crear años más tarde su famoso método de educación infantil. Y plantea que a esos niños con problemas, más que curarles, hay que educarles para que sean felices. Porque Montessori se dio cuenta de las potencialidades que tenían y todo lo que podían llegar a conseguir si los adultos le brindaban la oportunidad de crecer y desarrollarse por sí solos: “Estos niños solo fueron privados de los estímulos adecuados, de un método pedagógico pensado para ellos. Si nos dan la posibilidad de seguirlos, pueden hacer grandes progresos. Pueden aprender a leer y a escribir como los niños normales”. Y sacó a estos niños de los manicomios donde andaban recluidos y sin estímulos, con esa heroicidad de enseñar a menores con grandes dificultades, como ya lo hicieran Anna Sullivan en El milagro de Anna Sullivan (Arthur Penn, 1962), Jean Itard en El pequeño salvaje (François Truffaut, 1969), o la hermana Marguerite en La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améries, 2014).    

Se trasladó a Londres y París para estudiar nuevas metodologías y, a su regreso a Roma, fundó en 1907 la primera Casa dei Bambini, un lugar donde los niños tenían la oportunidad de aprender con sus innovadores métodos de enseñanza. El objetivo del proyecto consistía en adaptar ese espacio para procurar una vida mejor a los niños del barrio como parte del proceso de rehabilitación del mismo. Sin embargo, María Montessori también se propuso el objetivo pedagógico de educar a esos niños para que pudieran desarrollar todo su potencial. Su metodología no tardó en hacerse eco a nivel mundial y, en 1909, Montessori publicó su obra fundamental sobre la pedagogía científica aplicada a la educación infantil “Il método della pedagogía científica applicato all educazione infantil nelle case dei bambini”, que luego sería traducida a varios idiomas. Y así lo explica en alguna escena de la película: “Debemos ayudar al niño a actuar por sí solo. A querer por sí solo. A pensar por sí solo. El niño que encierra en sí el secreto de nuestra naturaleza, debe convertirse en nuestro maestro”. 

A partir de ese momento María Montessori se dedicó a dictar conferencias, organizar cursos de formación y participar en congresos donde estableció nuevos contactos con otros profesionales de la enseñanza. Tras el estallido de la Primera y Segunda Guerra Mundial, la familia Montessori se vio obligada a residir en diferentes países europeos, primero Barcelona, luego Países Bajos y, más tarde, India, desde donde Montessori continuó con sus trabajos en la enseñanza infantil. Tras el fin del conflicto, la familia volvió a los Países Bajos, donde María Montessori continuó llevando a cabo cursos y conferencias en distintas partes de Europa. Y aunque a Montessori se la relacionó en un principio con el dictador Benito Mussolini, nada más lejano a su método y a su papel posterior de activista. Y ese activismo y compromiso se mantuvo hasta su fallecimiento a los 82 años. 

Es difícil resumir los principios de la educación Montessori, pues más que un método se trata de una filosofía sobre la crianza y el desarrollo infantil. Sin embargo, existen algunas cuestiones fundamentales que podemos resumir en estos 10 principios de la educación Montessori sobre el aprendizaje y el desarrollo infantil: 

1. Aprendizaje a través del autodescubrimiento. Porque uno de los principios básicos de la metodología Montessori se basa en la libertad de los niños para descubrir su entorno a través del movimiento, la experimentación y la manipulación. Una manera sencilla con la que no solo adquieren habilidades indispensables para su desarrollo físico y motor, sino con la que además desarrollan su cognición y aprenden a proponerse objetivos. 

2. Libertad de elección de los niños. De forma que los adultos deben permitir a los pequeños tomar un rol más activo en su aprendizaje y estimular su capacidad de decisión, lo que les ayudará a convertirse en personas más independientes y autónomas, así como dirigir su atención a las cosas que realmente les importan. Una manera de ayudarles a encontrar su propio camino y a estimular su motivación intrínseca. 

3. Respeto ante todo, respeto hacia todas las personas, independientemente de su edad. Eso implica reconocer que cada niño tiene una forma única de ser y aprender que debe ser respetada por los adultos, lo que resulta una manera sencilla de reforzar la autoestima y la seguridad en los más pequeños y de enseñarles a convertirse en personas más tolerantes y respetuosas con quienes les rodean. 

4. Intereses como base del aprendizaje. Porque cuando les interesa lo que están aprendiendo, se concentran más, se motivan a profundizar en el contenido y comprenden mejor los conceptos. La educación Montessori es partidaria de permitir a los niños elegir el contenido que quieren aprender y darles rienda suelta para que decidan su propio programa formativo. 

5. Aprendizaje colaborativo. Porque la interacción representa una parte fundamental del proceso de aprendizaje, de manera que promueve la formación de entornos con pocos niños, pero de diversas edades. Y esto les enseña a ser más tolerantes, respetuosos y solidarios con las personas de su entorno. 

6. Motivación intrínseca como agente impulsor del aprendizaje. A diferencia de la educación tradicional, la metodología Montessori no trabaja con premios o castigos, ni recompensas externas, sino que fomenta la motivación intrínseca por el aprendizaje. Es decir, incentiva a los niños a trabajar y aprender no por los logros o resultados que puedan conseguir con ello, sino por la satisfacción que les reporta. 

7. De lo concreto a lo abstracto. Porque en la educación Montessori la elección de los materiales es un elemento fundamental para el aprendizaje infantil, siendo clave la manipulación y experimentación con los materiales de su entorno. Es precisamente a través de los materiales que los niños se forman una idea del mundo que les rodea y aprenden los conceptos en la práctica antes de llevarlos al plano de lo abstracto. 

8. Entorno preparado y organizado. En la educación Montessori el entorno no solo debe estar bien limpio y ordenado para permitir a los niños interactuar libremente, sino que debe ser estéticamente atractivo y contar con elementos naturales que cautive la atención de los más pequeños. 

9. Orden en el ambiente y la mente. El orden cobra un papel fundamental en la educación Montessori, porque contar con un orden adecuado en el uso de los materiales y las actividades no solo ayuda a conferirle una secuencia lógica al proceso de aprendizaje, sino que contribuye a que los niños se organicen mentalmente. 

10. Los niños como participantes activos. En la práctica son los propios niños quienes gestionan su aprendizaje a partir de los medios educativos que los adultos les facilitan. Según esta metodología, tanto los educadores como los padres deben asumir un rol pasivo en la crianza infantil, limitándose a ser simples guías o facilitadores. 

Y solo por esos 10 principios que vamos a ir descubriendo en las películas, considero que son dos films interesantes para los educadores y padres. Y ello para visualizar la vida y obra de esta mujer que se formó como médico, y dedicó su vida a curar el alma y el cuerpo de la infancia a través de su innovador sistema docente. Y María Montessori solía decir: “Estudié a mis niños y ellos me enseñaron como enseñarles”. Y hasta tres veces estuvo nominada al Premio Nobel de la Paz. Y en esta frase de su más conocida biógrafa, Cristina De Stefano, se resume su legado: “Sigmund Freud descubrió el inconsciente, Albert Einstein descubrió la relatividad y María Montessori descubrió al niño”.

 

sábado, 27 de enero de 2024

Cine y Pediatría (733) “El profesor Bachmann y su clase”, más allá de las calificaciones

 

Es de noche y un autobús escolar va recogiendo a los alumnos. Ya amanecido, llegan al centro escolar. Y la voz del profesor pregunta si falta alguien, dejándoles echar una cabezada de sueño sobre el pupitre. Son chicos y chicas adolescentes (12-13 años), algunos alemanes, pero la mayoría de otras nacionalidades (turcos, búlgaros, polacos, marroquís, kazajos,….). Luego este profesor de avanzada edad, con camiseta del grupo musical AC/DC, chándal y gorro de lana, les cuenta algo sobre una guitarra eléctrica y una mesa, que cuesta entender también a los alumnos. Y así transcurren los primeros 15 minutos de una nueva película sobre la educación, la historia de un profesor con métodos docentes poco convencionales y su alumnado, una interacción nutrida de complejas realidades sociales, con el trasfondo del problema de la emigración en Europa y su integración. Estamos describiendo la película alemana El profesor Bachmann y su clase (Maria Speth, 2021), film en formato documental que se desarrolla a lo largo de un curso escolar durante el año previo de estos alumnos al ingreso en la Secundaria. 

La película transcurre fundamentalmente en las aulas del Georg Büchner School, ubicado en la ciudad industrial alemana de Stadtallendorf, en el estado federal de Hesse, al este de Dusseldorf. Ciudad pequeña, con una población de casi 30.000 habitantes y en la que alrededor del 60% son emigrantes de distintos países del Este y de Turquía. El profesor Dieter Bachmann es el centro de atención, así como los alumnos de su clase (Stefi, Ronja, Jamie, Ilknur, Hasan, Anastasia, Regina, Cengizhan, Erdzhan, Mattia, Rabia, Jamie, Tim, Thea, Ayman, Carolin, Ferhan, Martin, Raffaele, Abdu, Alpi, Leoni,…), y ellos realmente no actúan, sino que interaccionan como si no hubiera cámara. Y a medida que interactúan les vamos conociendo y apreciando en su diferente forma de ser. 

Y esta película de 217 minutos de carácter documental nos transporta a los sentimientos, pensamientos, emociones y melancolía de un grupo de estudiantes de diversa procedencia que llevan en sus mochilas el idioma, las tradiciones y las diferentes perspectivas religiosas de sus respectivas familias Y donde comprobamos el respeto del profesor Bachmann hacia cada uno de ellos, hacia sus creencias, acciones y reacciones: “Venid a verme si necesitáis ayuda”, les dice. Pero es un docente sensible, a la vez que firme y también sabe imponer el orden: “Todos, de pie detrás de vuestra silla y limpiad vuestro pupitre. Luego haremos un minuto de silencio. Y vamos a bajar las escaleras igual de silenciosamente”. 

Y mientras transcurre el curso escolar, transcurren las estaciones, de la nieve del frío invernal del inicio a la prometedora primavera del final. Y en ese transcurso convivimos con las clases y conversaciones del Sr. Bachmann y sus alumnos, con las particulares clases de matemáticas (donde enseña las probabilidades matemáticas con una bolsa de papel y varias bolas: “Los matemáticos dicen que la suerte se puede calcular”) y clases de alemán, o esos tiempos para le lectura (donde cada uno lee el libro, cuento o cómic que prefiere) y, sobre todo, para la música, su gran afición. Por ello, en una celebración con familiares, la hermana de un alumno le dice “Sr. Bachmann, ¿tú solo haces música?”. Y su respuesta: “Eso dicen de mí, pero no es cierto. También damos matemáticas, alemán, arte y educación física”. Pero lo cierto es que a lo largo del largo metraje no solo cambia de gorros de lana, sino de temas musicales que comparte con sus alumnos, incluido la versión del “Knockin´n on Heaven´s Door” del grupo Guns N´Roses o sus propias composiciones. 

También conocemos a algunos profesores más, y con ellos compartimos el claustro de profesores, las evaluaciones o el simulacro de incendio. Y el profesor Bachmann habla continuamente con sus alumnos, de forma general en sus clases y de forma particular con cada uno de ellos y sus proyectos de vida. Por ello algún alumno le confiesa: “Mi padre ha dicho que eres un buen y apasionado maestro. Creas muy bien ambiente y eso”. Y a buen seguro que es así, y también muy particular, pues con ellos aborda aspectos polémicos de la vida real, como la religión, el uso del hiyab, la invasión nazi y los campos de concentración (con la visita de ese museo que recuerda la fábrica de bombas en la ciudad) o el amor homosexual. Y en todo momento se muestra conciliador, humano y dialogante, aunque riguroso en mantener la disciplina. Y cuando recuerda a un compañero que ya tiene 65 años y está a punto de jubilarse después de décadas de maestro, profesión que aprendió a amar con el tiempo, aquel le dice: “Eras como E.T. entre los profesores”. 

Quizás la parte final de la película es la más simbólica. Con esa explicación que Bachmann realiza de forma individual de las notas de cada alumno, apoyando cada uno de los suspensos o dificultades. Con ese viaje de fin de curso a la campiña, con la convivencia continua durante varios días entre alumnos y profesores. Con esa despedida de una de las profesoras: “Habéis sido un dolor de cabeza la mayor del tiempo, tengo que admitirlo. Pero realmente os he llegado a apreciar en muy poco tiempo”. Y esas palabras finales del profesor Bachmann a esos alumnos que cambian ya de instituto: “Todos sois personas completamente diferentes. Estas calificaciones no reflejan en absoluto quien eres. Son solo instantáneas de cosas sin importancia como las matemáticas y el inglés. Lo que es mucho más importante es que sois chavales excelentes. Todos vosotros sois honestos. Permaneced fieles a vosotros mismos. No es tan importante lo bueno o malo”. 

Y finaliza con esa escena final de espaldas con su gorro y con la clase vacía… Y durante tres horas y media hemos sido partícipes de esta historia que es como un homenaje a todos aquellos profesores que, con su personal modo de practicar la enseñanza y su pasión por ayudar al alumnado, consiguen poco a poco inculcarles valores, motivarles para que sigan adelante y no abandonen los estudios, con la meta de llegar a ser adultos de provecho. 

Porque El profesor Bachmann y su clase es una oportunidad para sentir el amor y pasión por enseñar y sacar lo mejor posible de su alumnado, en este caso un alumnado donde se combina emigración e integración. Y cuya enseñanza va mucho más allá de las calificaciones…Y, pese a su ambicioso metraje, retrata de nuevo otra figura carismática de un profesor inolvidable que aporta valores para un mejor desarrollo humano de sus alumnos, una forma alternativa de enseñar compensando las diferencias culturales y sociales. 

Y el nombre del Sr. Bachmann se une al de tantos otros docentes prestigiosos del séptimo arte, unos en la ficción, otros en la realidad: Arthur Chipping en las dos versiones de Adiós, Mr. Chips, la de blanco y negro (Sam Wood, 1939) y la de color y musical (Herbert Ross, 1969); Anna Sullivan en El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962); Mark Thackeray en Rebelión en las aulas (James Clavell, 1967); John Keating en El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989); LouAnne Johnson en Mentes peligrosas (John N. Smith, 1995); Glenn Holland en Profesor Holland (Stephen Herek, 1995); Sean McGuire en El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997); Roberta Guaspari en Música del corazón (Wes Craven, 1999); Don Gregorio en La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999); Georges López en Ser y tener (Nicolas Philibert, 2002); Katherine Watson en La sonrisa de Mona Lisa (Mike Newell, 2003); Clément Mathieu en Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004); Erin Gruwell en Diarios de la calle (Richard LaGravenese, 2007); François Marin en La clase (Laurent Cantet, 2008); Pascaline Dogliani en Sólo es el principio (Jean-Pierre Pozzi y Pierre Barougier, 2010); Stacy Bess en Más allá de la pizarra (Jeff Bleckner, 2011); Bachir Lazhar en Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011); Henry Bathes de El profesor (Detachment) (Tony Kaye, 2011); Carlos González de Entre maestros (Pablo Usón, 2012); Anne Gueguen en La profesora de Historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014); Master Carvelle en El coro (François Girard, 2014); la hermana Margueritte en La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améris, 2014); Maria Drazdechova en La profesora (Jan Hrebejk 2016); Miss Kiet en Los niños de la señorita Kiet (Peter Lataster y Petra Lataster-Czisch, 2016); François Foucault en El buen maestro (Olivier Ayache-Vidal, 2017); Lisa Spinelli en La profesora de parvulario (Sara Colangelo, 2018); o Ugyen Dorji en Lunana: un yak en la escuela (Pawo Choyning Dorji, 2019); por citar algunos de los ya comentados en Cine y Pediatría.                       l  

 

lunes, 14 de agosto de 2023

La cita con D. Santiago Ramón y Cajal… y sus citas

 

Es uno de los científicos más icónicos de España, un nombre y una trayectoria ejemplar la de este médico navarro nacido a mediados del siglo XIX en el pequeño pueblo de Petilla de Aragón. Y la peculiaridad geográfica de este pueblo, al ser un exclave de Navarra enclavado en la provincia de Zaragoza (es decir, un territorio navarro rodeado por tierras aragonesas) ha sido el acicate de la eterna discusión sobre si SANTIAGO RAMÓN Y CAJAL (nacido en la localidad) era aragonés o navarro, por el hecho de que Ramón y Cajal abandonara en su más tierna infancia las tierras navarras de Petilla y se criara en tierras aragonesas, además de ser hijo de aragoneses. Y es lógico reivindicar el origen del considera como padre de la Neurociencia moderna y el mejor científico de la historia de España. 

Era Santiago hijo de médico cirujano, y fue este oficio el que hizo que tuviera que vivir una infancia entre continuos cambios de residencia por distintas poblaciones aragonesas (Larrés, Luna, Valpalmas y Ayerbe). Decir que fue un niño díscolo y gamberro, mal estudiante y que llegó a sacar el bachillerato por los pelos. Nada hacía pensar lo que luego devendría… Y desde bien pequeño desarrolló su gusto por las artes plásticas y por la naturaleza, afición que luego reforzaría por sus relaciones con los miembros de la Institución Libre de Enseñanza. 

Estudió Medicina en la Universidad de Zaragoza y, mientras era estudiante, tuvo tiempo para lo que él llamaba sus “manías” (su manía gimnástica, su manía literaria, su manía razonadora y su manía romántica), finalizando la carrera en 1873 con 21 años, momento en el cual sería llamado a filas en la Quinta de Castelar. Regresó en 1875 e invirtió el dinero de sus pagas en un microscopio y los útiles necesarios para establecer un pequeño laboratorio y comenzar su doctorado que finalizó en 1877 con una tesis titulada “Patogenia de la inflamación”. En los años siguientes trabajó como médico, al mismo tiempo que ocupó cátedras en las universidades de Valencia y Barcelona. 

El año 1888 fue de especial importancia en su vida, pues fue cuando realizó las investigaciones sobre el sistema nervioso en las que descubrió que el tejido cerebral estaba compuesto por células nerviosas individuales y las relaciones entre ellas que daban lugar a la propagación de los impulsos nerviosos. Esta teoría recibió el nombre de “Doctrina de la neurona” y fue aceptada por el Congreso de la Sociedad Anatómica Alemana celebrada en Berlín en 1889. Ese mismo año se casa con Silveria Fañanás y su esposa sería su principal apoyo a lo largo de toda la vida. 

En 1892 se trasladó a Madrid para ocupar la cátedra de Histología e Histoquímica Normal y Anatomía Patológica de la Universidad Central de Madrid. En 1901, el gobierno creó un moderno Laboratorio de Investigaciones Biológicas donde trabajaría hasta 1922 cuando se jubiló. Después trabajaría en el Instituto Ramón y Cajal hasta su muerte. El reconocimiento que obtuvo en Berlín por la Sociedad Anatómica Alemana fue el catalizador de una serie de reconocimientos entre los que destaca el Premio Nobel en Fisiología y Medicina que le fue concedido junto con Camilo Golgi en 1906. Y es así porque para poder analizar la estructura individual de las neuronas, Ramón y Cajal utilizó una prueba llamada “método de tinción de plata” que Golgi había desarrollado. A través de esta prueba, ambos investigadores encontraron que sistema nervioso funciona como una especie de malla o red. Esto significó un aporte importante, ya que anteriormente se pensaba que el sistema nervioso estaba compuesto por células separadas, que se comunicaban por continuidad (el mismo Golgi pensaba esto último). 

Es enorme el legado de Don Santiago. Toda su obra quedó compilada en un libro que se ha convertido en uno de los clásicos de la neurociencia: “El sistema nervioso del hombre y los vertebrados”. Y, aunque Ramón y Cajal no estudió directamente neuropatología, muchos de los conocimientos e investigaciones que desarrolló han sido utilizados para comprender las funciones y alteraciones de los sistemas neuronales. 

Su legado es una síntesis de su gran trabajo como científico y de su habilidad con el dibujo. Las capacidades artísticas de Cajal se ven reflejadas en su producción científica, dado que tenía una habilidad magistral para plasmar en papel lo que veía a través del microscopio. Los dibujos histológicos están realizados en papel de baja calidad y, a pesar de ello, son verdaderas obras de arte de pequeño formato por la fidelidad con la que muestran los tejidos que representan. Dibujadas con lápiz de grafito y pintadas posteriormente con tinta india representan estructuras tridimensionales que nos ayudan a comprender la complejidad de las estructuras cerebrales. Solo unas pocas están coloreadas. Estas piezas constituyen verdaderas joyas tanto para la comunidad científica como para la artística por la belleza de las composiciones y sus similitudes con la naturaleza. Y que algunos sitúan al nivel de los dibujos de Leonardo da Vinci y Miguel Ángel por la excepcional combinación de rigor científico y expresividad artística. 

Pero nos dejó más legados, como el de su importante labor docente (“el más humilde de los profesores de España”, como se definía, y que dejó amplios discípulos y el propio Instituto Cajal), su tarea como gestor (aunque renunció dos veces a ser ministro, si aceptó la presidencia de la Junta para la Ampliación de Estudios) o como pensador original e ingenioso. Y de ese ingenio quiero recomendar el libro “Citas con Cajal” de José Ramón Alonso, catedrático de Neurociencias de la Universidad de Salamanca y gran divulgador, y que ha sido publicado por Fundación Lilly. 

Este libro de citas se nutre de la afición a escribir de Cajal, incluido varios libros donde describe en detalle su trayectoria personal y profesional, y que incluye: “Reglas y consejos sobre la investigación biológica” (1899), “Recuerdos de mi vida” (1901, con dos partes: “Mi infancia y juventud” e “Historia de mi labor científica”), “Charlas de café” (1922) y “El mundo visto a los 80 años. Impresiones de un arterioesclerótico” (1934). He aquí alguna selección de citas: 

“El adolescente adora la hipérboles; cuando pinta, exagera el color; si narra, amplifica y diluye; admira en los escritores el estilo enfático, vehemente y declamatorio, y en los políticos las tesis audaces y radicales. Prefiere lo particular a lo general, lo ideal a lo reala, la acción a la palabra” 

“Se nos aprecia por nuestras aptitudes y talentos; pero solo somos queridos a causa de algunos defectos agradables” 

“En materia de arte no importa el modo, sino la moda” 

“La verdadera característica del hombre discreto no consiste en hablar, y menos en charlar, sino en conversar” 

“España semejó antaño a la Victoria de Samotracia, muy grande, alada y gallarda, pero sin manos ni cabeza” 

“La mitad de la felicidad – se ha dicho hartas veces – depende de la ilusión, y la otra mitad, de la esperanza” 

“Los grandes hombres son, a ratos geniso, a ratos, niños, y siempre incompletos” 

“La más pura gloria del maestro consiste no en formar discípulos que le sigan, sino en formar sabios que le superen” 

“En política, todo necio es peligroso mientras no demuestre con hechos su inocuidad” 

“La virtud es una línea horizontal; la fuerza, una línea vertical, y la astucia, una línea oblicua” 

Y muchas más en este libro de más de 400 páginas. En lo que es una cita con D. Santiago Ramón y Cajal… y con sus citas.

sábado, 17 de junio de 2023

Cine y Pediatría (701). “Adiós, Mr Chips”, toda una vida dedicada a la enseñanza, en blanco y negro y en color

 

La frase de Andy Rooney, famoso personaje de la radio y televisión en Estados Unidos, es bastante significativa: "La mayoría de nosotros no tenemos más de cinco o seis personas que nos recuerdan. Los maestros tienen miles de personas que les recuerdan por el resto de sus vidas". Y también el séptimo arte nos ha devuelto un buen número de personajes del mundo de la educación, algunos reales y otros de ficción, los cuales hemos ido recordando en Cine y Pediatría: Ana Sullivan (Anne Brancroft) en El milagro de Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962),  Mark Thackeray (Sidney Poitier) en Rebelión en las aulas (James Clavell, 1967),  John Keating (Robin Williams) en El club de los poetas muertos (Peter Weir, 1989),  LouAnne Johnson (Michell Pfeiffer) en Mentes peligrosas (John N. Smith, 1995), Glenn Holland (Richard Dreyfuss) en Profesor Holland (Stephen Herek, 1995),  Sean McGuire (Robin Williams) en El indomable Will Hunting (Gus Van Sant, 1997),  Roberta Guaspari (Meryl Streep) en Música del corazón (Wes Craven, 1999),  Don Gregorio (Fernando Fernán Gómez) en La lengua de las mariposas (José Luis Cuerda, 1999),  Katherine Watson (Julia Roberts) en La sonrisa de Mona Lisa (Mike Newell, 2003),  Clément Mathieu (Gérard Jungnot) en Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004),  Dan Dunne (Ryan Gosling) en Half Nelson (Ryan Fleck, 2006),  Pierre Dulaine (Antonio Banderas) en Déjate llevar (Liz Friedlander, 2006), Erin Gruwell (Hilary Swank) en Diarios de la calle (Richard LaGravenese, 2007),  Brad Cohen (Jimmy Wolk) en Al frente de clase (Peter Werner, 2008), Stacy Bess (Emily Vancamp) en Más allá de la pizarra (Jeff Bleckner, 2011),  Bachir Lazhar (Mohamed Fellag) en Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011),  Henry Bathes (Adrien Brody) en El profesor (Tony Kaye, 2011),  Carlos González (Carlos González) en Entre maestros (Pablo Usón, 2012),  Anne Gueguen (Ariane Ascaride) en La profesora de Historia (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014),  Master Carvelle (Dustin Hoffman) en El coro (François Girard, 2014),  La hermana Marguerite (Isabelle Carre) en La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améris, 2014),  María Drazdechova, (Zuzana Mauréry) en La profesora (Jan Hrebejk, 2016); François Foucault (Denis Podalydès) en El buen maestro (Olivier Ayache-Vidal, 2017),  Lisa Spinelli (Maggie Gyllenhaal) en La profesora de parvulario (Sara Colangelo, 2018),  Ugyen Dorji (Sherab Dorji) en Lunana: un yak en la escuela (Pawo Choyning Dorji, 2019),  Alex (David Verdaguer) en Uno para todos (David Ilundain, 2020), entre otros.

Pues bien, por delante de todos ellos, cabe recordar al profesor Arthur Chipping, personaje creado en la novela británica de James Hilton “Good-bye, Mr. Chips” publicada en 1934, si bien originalmente fue publicada como un suplemento del British Weekly, un periódico evangélico. Esta novela ha tenido varias adaptaciones teatrales y ha sido llevada al cine en dos películas ganadoras del Premio Óscar, la primera en blanco y negro y la segunda en color. 

La novela narra la vida de un profesor a lo largo de su larga estancia de medio siglo en Brookfield, la ficticia escuela pública en la que enseña griego y latín. Allí donde el Sr. Chipping supera su incapacidad para conectar con los niños en la escuela, así como su timidez inicial, cuando se casa con Katherine, una joven corista a la que conoce en las vacaciones y que rápidamente comienza a llamarlo por su apodo, "Chips". La novela describe los cambios personales de nuestro protagonista, asociado al momento histórico, que comienza su permanencia en Brookfield en 1870, cuando la Guerra Franco-Prusiana acaba de estallar, y finaliza en su lecho de muerte poco después del ascenso de Adolf Hitler al poder, apreciándose una nostalgia hacia aquel orden social Victoriano que desapareció rápidamente tras la muerte de la Reina Victoria en 1901. Se cree que la obra se basó en la The Leys School de Cambridge, de donde James Hilton fue alumno entre 1915 y 1918, y la inspiración para el protagonista, Chips, procedía de muchas fuentes, pero principalmente de W. H. Balgarnie, uno de los profesores de Leys. Pero hoy nos interesan sus dos adaptaciones cinematográficas principales, ambas británicas. 

Adiós, Mr. Chips (Sam Wood, 1939)

Esta es la primera y la más conocida versión de la novela, también la de mayor calidad, y con el soporte de la Metro-Goldwyn-Mayer. El papel de Mr. Chips fue para Robert Donat (quien ganó el Óscar a mejor actor) y el de Katherine para Greer Garson, y entre sus actores contó con Terry Kilburn, John Mills y Paul Henreid, entre otros. Y, aunque algunas de las escenas que aparecen en las adaptaciones cinematográficas no aparecen en el libro, esta película intenta ser lo más fiel posible a las historia original.  Algunas reflexiones son merecedoras de ser recordadas: “Nuestra profesión no es fácil, Mr. Chipping. Requiere algo más que un título universitario, créalo. Nuestra tarea es formar hombres. Hace falta carácter y valor. Ante todo requiere la habilidad de saber ejercer autoridad. Si no sabe ejercerla creo que, como todo joven, debería preguntarse seriamente si quizás no habrá equivocado su vocación”

Adiós, Mr. Chips (Herbert Ross, 1969). 

La segunda película fue una versión musical, también soportada por la Metro-Goldwyn-Mayer. El papel de Mr. Chips fue para Peter O´Toole (que fue nominado al Óscar a mejor actor, pero que fue a parar a John Wayne por la película de Henry Hathaway, Valor de ley, si bien si consiguió el Globo de Oro al mejor actor de comedia o musical) y el de Katherine para Petula Clark (conocida y reconocida según el Libro Guinness como la artista británica más prolífica, especialmente en la década de los sesenta), y que entre sus actores contó con Michael Redgrave, Siân Philips y Jack Hedley, entre otros. 

La película incluyó música y letras compuestas por Leslie Bricusse con partitura original de John Williams. El proyecto estuvo en desarrollo varios años antes, inicialmente con una banda sonora compuesta por André Previn y su entonces esposa Dory Previn, aunque la carrera musical del compositor en el momento de la realización de la película impidió que se usara. Las canciones, interpretada alguna por Peter O´Toole y la mayoría por Petula Clark son “Where Did My Childhood Go?”, “London is London”, “And the Sky Smiled”, “Apollo”, “Know Yourself”, “Fill the World With Love”, “Flossie From Fulham Overture”, “Pompeii” y “When I Am Older”. Y las canciones van encajando en la historia y las reflexiones que nos deja las conversaciones entre Chips y Katherine, verdadero soporte emocional del profesor: (“Los chicos me llaman cenizo porque dicen que les doy mala suerte. No lo creo, lo que quizá ocurre es que soy fastidioso… Pero no me importaría que pensaran que lo soy si al menos logrará hacerles ver cuánto los quiero y cuánto me preocupo por ellos. Es la verdad”) o entre los propios profesores (“Verdad que no es justo que mientras nosotros nos vamos haciendo mayores, ellos siempre tengan la misma edad”, “Siguen sin quererme y no creo que me quieran nunca… Después de 35 años me he vuelto tan insensible como ellos”). Y tras la decepción de no haber podido tener hijos, su comprensiva mujer le dice: “Pero, cariño, si tengo centenares de hijos, varones todos”. 

Y cuando finalmente Chips es nombrado director de Brookfield, su mujer no pudo disfrutar de tal logro, pues falleció en un bombardeo en plena contienda de la Guerra Mundial. Y con su despedida de Broomfield, somos espectadores de una vida (de novela y de cine) dedicada por y para la docencia. 

Y, aparte de estas dos famosas adaptaciones, la novela también ha sido volcada en la pantalla en la miniserie de 1984 Goodbye Mr. Chips, protagonizada por Roy Marsden y Jill Meagher y organizada en 6 capítulos de media hora cada uno, donde muchas escenas fueron grabadas en la Repton School en un intento de ser lo más fieles posibles a la novela original; y en la película británica para la televisión Goodbye Mr. Chips (Stuart Orme, 2002) protagonizasa por Martin Clunes y Victoria Hamilton. 

Porque Mr Chips es uno de los primeros docentes emblemáticos en el cine. Ese profesor del que tantas generaciones se han podido acordar, alumnos y espectadores. Y que este fin de semana recordamos, justo cuando expira un curso escolar más.
 

sábado, 10 de septiembre de 2016

Cine y Pediatría (348). "Al frente de la clase" y enfrentándose al síndrome de Tourette


"Mi nombre es Brad Cohen. Pero de chico tuve muchos apodos. Mi hermano Jeff me llamaba doctor Bobo. Mi madre me decía... cariño. ¿Y los chicos de la escuela? Bueno... de muchas maneras, desde loquito hasta enfermo. No tenía muchos amigos, pero tampoco dejé que me afectara. Rara vez recuerdo un momento que no estuviera allí. Algunas veces no resultaba un problema para mí. Otras veces... lo era... Hay una cosa en la que mi molesto amiguito y yo estábamos de acuerdo: ambos odiábamos la escuela. No podía esperar a irme. No más tarea, no más libros. No más maestros con sus líos. Mi amiguito apareció cuando tenía 6 años. Pero pasaron años antes de que tuviera nombre. Eso sí, lo extraño es que mi salud estaba genial. Hacer sonidos graciosos que rara vez me importaba demasiado. Solo fue un periodo de transición, mientras tanto crecía normalmente, como cualquier otro. A pesar de todo, comencé a acostumbrarme a mi amiguito. Y para mis amigos soy simplemente el Brad de siempre. El tipo fanático del beisbol y que ama los casetes. Lo cual es mucho más raro que mis cómicos ruidos".

Esta es la larga introducción de la voz en off durante los créditos iniciales de una película real como la vida misma y con el título de Al frente de clase (Peter Werner, 2008), basada en el libro de Brad Cohen "Front Of The Class: How Tourette Syndrome Made Me the Teacher I Never Had?", novela del año 2005 ganadora del premio IPPY de Independent Book Publisher en la categoría Education/Academic/Teaching. Y confirmaremos que el amiguito de nuestro protagonista acabó teniendo un nombre, y que se conoce como síndrome de Tourette, en honor del neurólogo francés Gilles de Tourette, quien describió este trastorno por primera vez en el 1885. El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico que se caracteriza por la producción de tics motores y vocales crónicos por parte de las personas que la padecen, cuyos primeros síntomas se inician generalmente entre los 6 y 10 años y suele afectar con más frecuencia a chicos que a chicas; la causa de este trastorno es genética, aunque su patrón de herencia es incierto. Muchos pacientes sufren problemas adicionales de comportamiento, incluyendo la falta de atención, hiperactividad e impulsividad, así como dificultades relacionadas con la lectura, escritura o aritmética, entre otras. También suelen ser comunes ciertos trastornos asociados, como por ejemplo los TOCs (trastornos obsesivo-compulsivos), no solo los tics. Uno de los síntomas menos agradables es cuando el Tourette asocia coprolalia, pues pueden llegar a emitir obscenidades de forma convulsiva e involuntaria. 

Y el protagonista de esta película se llama (en la ficción y en la realidad) Brad Cohen (Dominic Scott Kay en el papel de niño y Jimmy Wolk en el papel de joven, ambos soberbios), un joven con Síndrome de Tourette que quiere ser maestro y que le dio una lección al mundo. Porque él sabía lo que significaba sentirse diferente e incomprendido a causa del síndrome de Gilles de la Tourette o Tourette (él le llamaba como "el elefante"). Las burlas, los acosos y frustraciones formaron parte de su infancia, también la poca comprensión de su padre en la niñez ("autocontrol es lo que necesitas", le decía ante de divorciarse de su madre). Al padre le volvían loco los tics y era intolerable para él, por lo que nunca pudo tener una relación cordial con él en esos primeros años. Luego llegó el recorrido por distintos especialistas sanitarios en busca de la respuesta a su problema. Y, de nuevo (como ya ocurriera en otras películas sobre enfermedades raras como El aceite de la vida o Medidas extraordinarias), es la madre la que investiga y encuentra la pista de la enfermedad de su hijo en los manuales del DMS (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders): y la respuesta y nombre del amiguito llegó a los 12 años.

Es paradigmático cuando la madre le lleva a un grupo de ayuda con otros pacientes con Tourette y nuestro protagonista piensa: "Nunca antes vi a alguien con Tourette. Había estornudadores y pestañeros, zapateadores, mueve cuellistas, gente gritando, tosiendo. ¿Así es como me ven las personas?". Y de nuevo el dilema con los grupos de apoyo, cuando la madre refiere: "Se supone que son grupos de apoyo,... ¿dónde está el apoyo?, ¿qué quieren, que te esconda en casa?".

Vale la pena destacar la escena en la que se destaca la inteligencia emocional del director del nuevo instituto cuando hace subir a Brad al estrado tras un concierto de música clásica en el salón de actos y cómo Brad agradeció ese buen acto de educación (tan escaso en las escuelas, con maestros muchas veces poco comprometidos... según nos cuentan muchos padres con hijos con problemas de adaptación en la escuela): "Un par de palabras, un poco de educación y era como abrir la puerta de un nuevo mundo... Sabía que en el futuro, con Tourette o sin él, sabía que me convertiría en maestro".

Fue difícil encontrar su primer trabajo como maestro, dijera u ocultará su Tourette durante la entrevista de trabajo. Pero siguió luchando en su juventud hasta convertirse en el maestro que siempre quiso ser, logrando con ello su sueño, un ejemplo humano y pedagógico de gran valía. Y asistimos a la epopeya por conseguir su primer trabajo de maestro, con entrevistas en las que tenía que demostrar que era más importante tener pasión por la enseñanza que convivir con el Tourette..., aunque casi nadie lo entendía así. Pero finalmente lo consigue, tras 25 entrevistas de trabajo en diferentes instituciones educativas. Y el primer día de clase con los alumnos, cuando les explica que es el síndrome de Tourette, es simplemente espectacular... al comprobar la limpieza y sinceridad de los pensamientos de los pequeños alumnos.

Y, como si un cuento de hadas se tratara (pero fue realidad), fue elegido como Mejor profesor del Estado de Georgia. Y esto dijo en su discurso de agradecimiento. "Los ruidos que escucharon son el Tourette que tengo desde los 6 años. Estoy hoy aquí gracias al amor y al apoyo de muchas personas. Mi familia, mi familia escolar, mis estudiantes y todos mis amigos. Este premio también lo merecen ellos. Pero tengo que dedicárselo al más severo y dedicado maestro que jamás tuve, mi acompañante incansable: mi Tourette. Algunos pensarán que es raro agradecer a una enfermedad. Y llamarlo maestro es aún peor. ¿Qué podría aprender de ella?... El Tourette me enseñó algo que nadie más podría enseñarme, y es que nada me detuviera al buscar alcanzar mi sueño. Desde trabajar o jugar, enamorarse. Así es, lidiar con el Tourette me dio una gran lección..." Y tras enarbolar su premio ante sus orgulloso pequeños alumnos, los créditos finales, siempre emocionantes cuando uno sabe que hay una historia real de superación detrás: "Brad logró su maestría. Incluso logró su más grande ambición: aparecer como Homero, la mascota de los Atlante Braves. Brad y Nancy se casaron en 2006. Viven en Atlanta, donde el "verdadero" Brad sigue haciendo lo que más le gusta: enseñar".

Es Al frente de la clase, por motivos más que fundados, ya una película argumental de primera línea para prescribir en Cine y Pediatría. Y para prescribir a muchos: a estudiantes de medicina y residentes en formación para conocer el síndrome de Tourette, a profesores para reivindicar el amor a su profesión, a nuestros hijos (y a nosotros mismos) para demostrarnos el valor de la superación y toda una gran enseñanza de vida mostrándonos que todos, a pesar de nuestras dificultades, somos merecedores de oportunidades.

Un ejemplo de vida, una película para no olvidar.

 

lunes, 1 de agosto de 2016

Enseñar Medicina con cómics


Toda innovación docente es muy apreciada y bienvenida. Desde este blog hemos comentado en varias ocasiones el valor de utilizar películas para la docencia (en las facultades, pero también en los hospitales), un ejercicio muy serio y meditado, y que forma parte de la esencia del subtítulo de los libros de Cine y Pediatría. Y las Universidades de Salamanca y Pompeu Fabra son un buen ejemplo del uso del cine como asignatura en la actual formación del Grado de Medicina. 

Pero hoy compartimos una experiencia nueva, poco conocida, y viene de la mano de una amiga virtual (pero bastante real ya), Blanca Mayor Serrano, experta en comunicación y educación en salud, quien nos sorprende con una propuesta que ha publicado la Fundación Dr. Antonio Esteve: el us del cómic para la docencia en Medicina

Como nos recuerdan desde la web de promoción, aunque todavía es una herramienta prácticamente desconocida en nuestro país, el cómic lleva años utilizándose como recurso didáctico en los estudios de Medicina más allá de nuestras fronteras. Centros de prestigio como la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, en Estados Unidos, no sólo hace tiempo que lo utilizan en sus facultades de medicina sino que incluso organizan congresos internacionales al respecto. También prestigiosas publicaciones, como la revista científica JAMA, han insistido en los últimos años en el interés del empleo de los cómics para facilitar la enseñanza y la atención de los pacientes. Una revisión del año 2010 publicada en el British Medical Journal por Green y Myers proporcionaba algunos ejemplos de su empleo para informar sobre enfermedades como el cáncer y sobre su aplicación en la enseñanza de estudiantes de ciencias de salud. 

A pesar del recelo inicial de algunos médicos y pacientes, que pueden considerar el cómic como una herramienta infantil, frívola o simplista, lo cierto es que su empleo en las facultades de medicina se ha demostrado efectivo, claro está, si se utiliza bien. Varios estudios realizados tras una larga experiencia en estudiantes de medicina han constatado que el uso del cómic como herramienta didáctica mejora en los alumnos competencias importantes para la profesión médica, como la empatía, la comunicación, el razonamiento clínico, la escritura, la atención a aspectos de comunicación no verbal y la conciencia de los sesgos médicos

Y este documento, "El cómic como recurso didáctico en los estudios de medicina" se dirige tanto a los docentes que se inician en la enseñanza de habilidades de comunicación como a los que llevan un tiempo dedicándose a ella pero desean incorporar nuevos materiales didácticos o un nuevo enfoque a sus clases. También es de interés para aquellos estudiantes o residentes que busquen un complemento formativo. 

Y el libro se puede descargar de forma gratuita desde este enlace. Olé, olé y olé... Una refrescante forma de empezar el mes de agosto.

sábado, 16 de junio de 2012

Cine y Pediatría (127). “Profesor Lazhar”, una hermosa declaración de amor a la enseñanza


En los últimos tiempos, el cine canadiense se ha convertido en sinónimo de cine de calidad. No hay más que echar la vista atrás y recordar títulos como El violín rojo (François Girard, 1998), Las invasiones bárbaras (Denys Arcand, 2003), La gran seducción (Jean-François Pouliot, 2003), C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005), La edad de la ignorancia (Denys Arcand, 2007), Amerrika (Cherien Dabis, 2009), Incendies (Denis Villeneuve, 2010) o toda la obra de Atom Egoyan. Para confirmar esta teoría y como buena representante de este tipo de cine, se acaba de estrenar Profesor Lazhar (Philippe Falardeau, 2011), adaptación a la gran pantalla de la obra de teatro “Bashir Lazhar” (Evelyne de la Chenelière, 2002) que era todo un monólogo. 

No es Profesor Lazhar una obra maestra, pero si una película que cautiva y que capta la atención del espectador desde su primera secuencia. El punto de partida es impactante (el suicidio no explicado de una profesora en el aula de un colegio de Montreal), suceso que sobrevuela el resto del metraje y condiciona el comportamiento de todos los personajes que protagonizan la película. Al mismo tiempo, y de una manera aparentemente casual, aparece Bachir Lazhar (el prestigioso actor cómico argelino Mohamed Fellag exiliado en Francia, aquí en un magnífico papel dramático), sustituto de la profesora fallecida, un inmigrante argelino de 55 años que intenta sobreponerse al reciente asesinato de su mujer e hijas en su país de origen. 

Pero este aparente trágico argumento es tratado con elegancia y con un trazado guion que nos dirige a la redención de sus personajes y, al final, lo que tenemos delante de nosotros es una gran obra de maestro y alumnos (una más que se suma a la serie de película ya comentadas sobre esta temática en Cine y Pediatría 61 y 62). Pero a diferencia de la mayoría de ellas, en donde los alumnos son complejos, problemáticos y desarraigados, aquí son alumnos dignos, inteligentes y entrañables (casi idílicos). Niños y niñas de alrededor de 10 años, guapos, educados y bien avenidos (en un crisol de culturas, reflejo de una siempre amable cultura canadiense) y nos encontramos a un profesor (que se hace pasar por tal, pero que no lo es en realidad) dotado de una gran ternura y sensibilidad, cuyo rostro desprende una tristeza que inspira confianza y una dignidad que transmite respeto. El carisma del profesor Lazhar resultará clave para sacar adelante el curso (pese al problema vivido en el colegio) y cambiará la vida de sus alumnos. 

Profesor Lazhar fue la candidata a los Oscar a la mejor película extranjera por Canadá (ganada este año por la iraní Nader y Simin, una separación de Asghar Farhadi, 2011), donde ha sido considerada como la película del año. Compone, con honestidad y con admirable economía narrativa, un drama en el que cuestiona los dogmas del sistema educativo occidental; y, para ello, compone un magnífico triángulo entre el profesor y los dos únicos alumnos que han contemplado el cuerpo de su profesora ahorcada en el aula: la niña (Sophie Nelisse) y el niño (Emilen Neron), en dos grandes interpretaciones de otros dos nuevos niños-actores. Mención especial a esa economía narrativa es cómo se nos presenta el pasado de Lazhar, solucionado de manera eficaz en tan sólo tres secuencias: la cita con el abogado, la declaración ante al tribunal y la apertura de la caja de cartón. 

Profesor Lazhar aborda el sentimiento de pérdida (y, más aún, la recuperación de esa pérdida) sin dramatizar más de lo necesario, tanto desde la perspectiva adulta (Lazhar ha perdido a su querida familia) como de los niños (la pérdida de la querida profesora) y también con el contraste entre el mundo oriental y occidental. Y también permite reflexionar sobre la educación y de cómo ha cambiado, pero en donde se ensalza la libertad por encima de todas las cosas: la exaltación de la labor del docente acaba resultando extraordinaria, y contrasta con las pegas impuestas por la burocracia y por los propios padres de los chicos ("Preferimos que se limite a enseñar, no a educar a nuestra hija"). En este punto es importante como se destaca el miedo de los profesores a salirse de las normas en el trato con los alumnos, ese miedo a la denuncia por malos tratos o abusos, expresado por el profesor de gimnasia: "Hoy se trabaja con los niños igual que con los residuos radiactivos. Manos fuera o te vas a quemar (…) Intenta enseñarles en el caballo con arcos sin tocarlos". Finalmente, la película da una lección magistral sobre lo que es o debe ser un aula (cualquier aula, de cualquier país), sin importar la materia que se imparta en la misma, ni la edad o procedencia de los que allí estudian. Lazhar les dice a sus alumnos unas palabras que debieran estar marcada en oro en nuestra mente y corazón, pero especialmente en la de los profesores, alumnos y familias: "Un aula es un lugar para la amistad, el trabajo y la cortesía. Un lugar lleno de vida al que le dedicas tu vida y en el que te dan su vida". ¿Se entienden hoy así las aulas de nuestros colegios e institutos?, ¿lo sientes así los profesores, los alumnos, las familias, la administración…?. Sólo por esta frase esta película merece un lugar muy especial en Cine y Pediatría, porque se nos antoja una de las pocas películas que nos devuelve mensajes positivos en el subgénero de profesor y alumnos. Mensajes positivos en los que uno siente el amor a las aulas y el deseo de ser maestro, una de las más nobles profesiones. 

Una película emotiva, emocionante, conmovedora, bien dirigida y mejor interpretada, que invita a una profunda reflexión sobre el papel de la escuela en la formación y el desarrollo de los niños. Una reflexión en la que los profesores aprenden tanto de los alumnos como les gustaría pensar que los alumnos aprenden de ellos. Una reflexión muy actual y pertinente en base al actual estado de descrédito y desmantelamiento del sistema educativo. Una reflexión que invita a volver a las aulas y a devolver el crédito de los maestros, y todo ello bajo la deliciosa banda sonora de Martin Leon. Profesor Lazhar es una hermosa declaración de amor a la enseñanza con una música que enamora.

 

viernes, 16 de abril de 2010

Una enseñanza médica de cine, una oportunidad para el humanismo


En la mayoría de las Facultades de Medicina los estudiantes han sido formados en enfermedades, no en enfermos. No parece que el examen MIR y la formación MIR contribuyan a mejorar sustancialmente este aspecto. Aún hoy no es infrecuente que algunos médicos no contemplen a sus pacientes como una persona (con sentimientos, con familia, con proyecto de vida particular), sino más bien como un conjunto de órganos y patologias. No es infrecuente no conocer el nombre del paciente y que nos refiramos a él como el “paciente de la 212” o “el niño con el empiema”. Es verdad que en Pediatría cuidamos un poco más estos aspectos, pero la situación tampoco es para tirar cohetes.

El artículo publicado recientemente en Diario Médico, bajo el título “Una enseñanza médica de cine” nos adentra en un campo de gran interés: el cine como herramienta en la enseñanza de la medicina, especialmente para conocer la condición humana y mejorar la relación médico-paciente. En dicho artículo se nos presenta la experiencia de la Sociedad Brasileña de Medicina de Familia, (Sobramfa), quien ha desarrollado una metodología cinematográfica para ayudar a los médicos y a los estudiantes de Medicina en el entendimiento más íntimo del ser humano gracias al visionado de pequeños videos -de menos de dos minutos- con un alto contenido emocional, ya sea por la actitud de los intérpretes, por las frases que dicen, o por las acciones que se presentan. El objetivo es conseguir un nuevo humanismo en las facultades de Medicina que "consiga equilibrar un progreso cuyos adelantos se cuentan por minutos o de lo contrario se continuarán formando profesionales deformes, técnicamente habilitados pero con serias deficiencias humanas porque no hay espacio para las cuestiones de orden humanístico".

El cine es posiblemente la manifestación artística más completa a la hora de plasmar una enfermedad, a los enfermos y a la relación médico-paciente (el cine se ve, se oye, se siente). Desde la experiencia de los hermanos García Sánchez, del Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública y Microbiología Médica de la Faculta de Medicina de la Universidad de Salamanca, y desde la creación de la Revista Medicina y Cine, se han prodigado las experiencias docentes utilizando como herramienta el cine, desde distintas Universidades: Salamanca, Pompeu Fabra, Santiago de Compostela o Buenos Aires.

No sólo el cine panorámico es una oportunidad para mejorar la enseñanza y la humanización en medicina, también las series de televisión sobre temas médicos: Anatomía de Grey, Urgencias, Hospital Central, Scrubs… hasta House (porque también de los errores se aprende…). Cualquier iniciativa artística aplicada a la humanización de la medicina (la literatura es otra importante baza) debe ser bienvenida.

Nosotros, desde este blog, seguiremos con nuestra cita de los sábados con la serie “Cine y Pediatría”… aportando nuestro grano de arena.