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sábado, 27 de septiembre de 2025

Cine y Pediatría (820) Un viaje documental trans “Hacia mi nombre”

 

Las películas sobre personas trans, a lo largo de la historia del cine, han evolucionado desde representaciones a menudo distorsionadas y estereotipadas hasta convertirse en una herramienta poderosa para la visibilidad, la empatía y el cambio social. El cine trans ha ayudado a sacar a la luz a una comunidad históricamente marginada, lo que contribuye a normalizar su existencia, pues el espectador puede entender mejor sus luchas, alegrías, miedos y esperanzas, lo que fomenta la empatía y derriba prejuicios. Es un cine que muestra la diversidad de identidades y la complejidad de la vivencia de género, cuestionando el binarismo. Y un paso más allá lo tenemos con las películas documentales, pues conllevan estos aportes a un nivel más profundo y directo, al dar una dimensión de realidad y testimonio que el cine de ficción, aunque valioso, no puede replicar del todo. 

Los documentales, por su propia naturaleza, suelen dar la palabra directamente a las personas trans y a sus familias, donde se abordan las problemáticas sociales y políticas que enfrenta la comunidad trans, como la discriminación laboral, la violencia, la transfobia institucional o las barreras legales. Un enfoque que contrasta con la historia del cine de ficción, donde a menudo los roles trans eran interpretados por actores cisgénero, perpetuando estereotipos. El formato documental es una herramienta educativa muy poderosa, pues pueden ser utilizados en centros docentes o foros para sensibilizar y educar a la población sobre las realidades trans, desmintiendo mitos y proporcionando información veraz sobre temas como las infancias trans o los procesos de transición, así como un gran diversidad de experiencias que pueden enriquecer la comprensión del público. 

Ejemplos de películas documentales sobre la transexualidad proceden de muy diversos países. Sirvan de ejemplo las siguientes películas estadounidenses: Suited (Jason Benjamin, 2016), la visión de la trastienda de la sastrería de Brooklyn especializados en confeccionar ropa para personas transgénero; La vida y muerte de Marsha P. Johnson (David France, 2017), alrededor de esta activista trans; Disclosure: Ser trans en Hollywood (Sam Feder, 2020), donde se examina la representación trans tanto en el cine como en la televisión; Man Made (T Cooper, 2018), centrada en el único campeonato de culturismo transgénero en el mundo; Haciendo la calle (Zackary Drucker, Kristen Lovell, 2023), la historia de prostitutas transgénero en un barrio de Nueva York; etc. 

Pero también encontramos ejemplos en otras latitudes. Sirvan de ejemplo la película española Vestida de azul (Antonio Giménez Rico, 1983), sobre seis transexuales en la España de los ochenta; la película portorriqueña Mala Mala (Antonio Santini, Dan Sickles, 2014), sobre el poder de transformación contado a través de los ojos de nueve personas trans en Puerto Rico; la película argentina Reina de corazones (Guillermo Bergandi, 2016), la historia de diez mujeres trans que pertenecen a una cooperativa de teatro, quienes, por medio del arte, pretenden visibilizar sus luchas y realidades; las películas brasileñas Laerte-se (Lygia Barbosa, Eliane Brum, 2017), una de las viñetistas más brillantes de Brasil, quien tras pasar casi 60 años viviendo como hombre, decide mostrarse ante el mundo como mujer, e Indianara (Marcelo Barbosa, Aude Chevalier-Beaumel, 2019), sobre esta revolucionaria en defensa de las personas transgénero; las películas colombianas Wërapara (Claudia Fischer, 2022), sobre mujeres trans indígenas en ese país, y Alma del desierto (Monica Taboada Tapia, 2024), sobre una mujer transgénero wayúu al final e su vida; las películas mexicanas Las flores de la noche (Eduardo Esquivel y Omar Robles, 2020), alrededor de un coreógrafo trans que forma comunidad con las juventudes de su localidad, La felicidad en la que vivo (Carlos Morales, 2020), basada en una mujer trans de 87 años que sueña con crear un hogar de ancianos para la comunidad LGBTTI + de personas mayores, y Kenya (Gisela Delgadillo, 2022), activista trans que se enfrentó al sistema de justicia de México tras el asesinato de su mejor amiga,… 

Y la infancia y adolescencia trans es protagonista de alguno de estos documentales, como los siguientes títulos: Real Boy (Shaleece Haas, 2016), la historia del rito de iniciación de Bennett Wallace, un adolescente transgénero en búsqueda de su propia identidad como músico, amigo, hijo y hombre; Transhood (Sharon Liese, 2020), filmado durante más de cinco años en la ciudad de Kansas, donde se sigue a cuatro niños transgénero, a partir de los 4, 9, 12 y 15 años, mientras se acercan o pasan por la adolescencia; o La vida soñada de Georgie Stone (Maya Newell, 2022), que sigue la andadura de niña a adolescente de esta activista por los derechos de las personas trans. Y entres estos, ya algunas de estas películas documentales forman parte de Cine y Pediatría y han sido analizadas: They (Anahita Ghazvinizadeh, 2017) desde Qatar; Me llamo violeta (David Fernández de Castro, Marc Parramon, 2019) desde España; Una niña (Sébastien Lifshitz, 2020) desde Francia; y Gabi, de los 8 a los 13 años (Engeli Broberg, 2021) desde Suecia.   

Y hoy llega la película italiana Hacia mi nombre (Nicolo Bassetti, 2021), otro genuino ejemplo de que es posible visibilizar a las personas del colectivo LGTBIQ+, así como mirar con ellas, en lugar de mirar hacia ellas. El milanés Nicolo Bassetti no solo es director, sino también productor, guionista y fotógrafo de este relato coral donde los cuatro jóvenes trans (Leonardo, Raffaele, Nicolò y Andrea) comparten con la audiencia fragmentos de su vida en Bolonia junto con sus respectivas parejas. Un proyecto personal que en realidad es un regalo a su hijo trans, quien le asesoró durante el rodaje. Y la película se ha promocionado porque Elliot Page se ha constituido en padrino de honor por sus buenas críticas a este documental: “Nunca he visto una película como esta, no puedo esperar a compartirla con vosotros”. Recordemos que Elliot Page es una actor trans que se declaró como tal en el año 2020, pero que antes nos dejó como Ellen Page películas tan significativas como Hard Candy (David Slade, 2005) y Juno (Jason Reitman, 2007).   

Una película que comienza con este texto: “2017. Extracto de una sentencia del Tribunal de Milán. En nuestro ordenamiento jurídico no hay cabida para un tercer género que contemple la presencia de caracteres sexuales primarios y secundarios tanto masculinos como femeninos, por mucho que ampliemos la definición de ser humano”. Y Hacia mi nombre nos cuentan la historia de su transición de género, experiencias diferentes en cada uno de ellos, pero que les ayuda a entenderse y a sentirse menos solos. Los cuatros nos comparten sus reflexiones más profundas, como la elección de sus pronombres, la terapia hormonal, las decisiones sobre la cirugía y el trato con las instituciones. Porque en el sistema estrictamente binario en el que vivimos, la decisión de determinar la propia identidad de género se convierte en un acto de subversión, y así lo expresa uno de ellos al comienzo: “Una transición de género es uno de los actos inofensivos más subversivos“. Pero el documental también hace hincapié en la diversidad de identidades, en esa heterogeneidad de personas que conforman el colectivo trans y que, por lo tanto, no se les puede englobar a todas bajo la misma etiqueta. Algunas querrán hormonarse, otras no. Algunas querrán operarse, otras no. El único denominador común que comparten es que quieren ser felices mostrándose tal y como son, pudiendo expresar su identidad de género sin miedo a ser juzgadas u oprimidas. 

Una película de historias personales, de voces que deben ser escuchadas. He aquí algunas de esas reflexiones: 
Nicolò/Nico nos explica: “Para pedir el cambio legal del nombre, debo tener un informe psicológico y un informe endocrinológico. Cuando los tenga, puedo ir a un abogado y pedirle que solicite el cambio de nombre y el permiso para las posible operaciones quirúrgicas”. 
Raffaele/Raffi nos confiesa: “Este tipo de expectativas de género que percibía antes al ser unachica atípica, pero que se rebelaba contra esa clase de prisión, es algo que todavía percibo, ya que cualquier desconocido me ve como un chico. La gran contradicción es que antes era demasiado masculino, es decir, como chica no encajaba en los cánones femeninos, y ahora no soy suficientemente masculino para los cánones. Antes era demasiado, ahora no soy suficiente. Así que, sea como sea, nunca encajo”. 
Leonardo/Leo expresa: “He vivido 30 años como mujer y quiero vivir el resto con mi nuevo nombre. El nuevo nombre, que se elige y se anuncia, no el amuleto de una presunta masculinidad. Es un proyecto de vida, una esperanza. Una combinación de sonidos que, cuando alguien lo pronuncia en alto, te recuera todo lo que siempre has sido”

La identidad de nuestros cuatro protagonistas no solo se ve conformada por su género, sino por todas las piezas que han ido recogiendo en el camino de sus vidas. Los cuales son reconocidos por su nombre, aquel que ellos mismos han elegido tener. Porque lo que no se nombra, no existe. Pero la existencia nunca debe ser impuesta, sino siempre construida y elegida por una misma. 

La película finaliza con un largo colofón donde se describe cuál ha sido el futuro posterior de cada uno de nuestros cuatro protagonistas. Y se remata con estos datos para la reflexión: “Las personas trans representan alrededor del 1% de la población mundial, es decir, casi 80 millones de personas. En ningún lugar del mundo tienen los mismos derechos que los demás ciudadanos. Al contrario, se les discrimina de forma sistemática. En muchos países, se enfrentan a la cárcel y a la muerte”.

 

sábado, 21 de junio de 2025

Cine y Pediatría (806) “Obesidad infantil. La pandemia ignorada”, un documental de altura

 

Son varias las películas que hemos comentado en los últimos meses en Cine y Pediatría respecto a los trastornos de alimentación en la infancia y adolescencia, tanto por defecto (con la anorexia como prototipo) como por exceso (con la obesidad como gran pandemia mundial). Y en la película de la semana pasada, Malos hábitos (Simón Bross, 2007), se combinaban ambas situaciones.  

Y hoy queremos analizar la reciente película documental española, Obesidad infantil. La pandemia ignorada (Pablo Deus, Carlos Morán, 2025), un film impulsado por las estrellas de la NBA, los hermanos Gasol, Pau y Marc, y con el objetivo de dar a conocer la realidad de la obesidad infanto-juvenil, alertar de sus peligros y buscar soluciones desde todos los ámbitos, un trabajo que llevan realizando desde hace años desde la Gasol Foundation. Y ello porque desde hace algunas décadas ya la obesidad infanto-juvenil se ha convertido en una pandemia silenciosa que afecta de manera grave e irreversible al presente de nuestra infancia y al futuro de los adultos que serán, pues una gran mayoría arrastrarán sus consecuencias de por vida. Y no solo eso: un gran porcentaje de la población lo desconoce o actúa como si no importara. Y por ello estos son algunos de los mensajes iniciales: “Hay 160 millones de niños, niñas y adolescentes de 5 a 19 años que viven con obesidad en el mundo”, “Desde 1980 el número de niños, niñas y adolescentes con sobrepeso u obesidad se ha multiplicado por 4”, “360 millones de niños, niñas y adolescentes vivirán con obesidad en 2050”. 

La más silenciosa pandemia que estamos sufriendo…y por ello el valor de este documental rodado entre Estados Unidos, España y los países nórdicos, un documental que se adentra en las vivencias de dos niños (Andoni, un preadolescente de 10 años de Logroño, y Oier, un adolescente de 17 años de Barcelona) y dos niñas (Emily, una escolar de 7 años de padres mexicanos que vive en Los Ángeles, y María, una adolescente de 12 años de Sevilla), a través de sus opiniones y la de sus padres. También nos manifiesta su experiencia Daniel, un adulto sueco, ex obeso con varios bypass, quien estuvo a punto de morir por ello. Y a estos testimonios se suma la propia historia personal de Marc Gasol, que de adolescente sufrió las consecuencias de esta enfermedad. Junto a ellos se ha reunido a un grupo de padres y madres para hacer una serie de experimentos y cuestionarios para que entiendan lo que son los alimentos ultraprocesados, la comida rápida (el gran negocio made in USA), la dieta mediterránea, las bebidas energéticas, la influencia del código postal y poder adquisitivo… y donde se les hace (y se nos hace) esta impactante pregunta: “¿Sabéis que la generación de vuestros hijos va a ser la primera que viva menos que la de sus padres?” 

Y otros protagonistas de este documental son los especialistas invitados desde muy diferentes organizaciones e instituciones, entre ellos: Jacqueline Bowman-Busato, responsable de políticas EASO 2018-2024; Víctor Aguayo, director de Nutrición y Desarrollo Infantil en UNICEF; Simon Barquera, presidente de la Federación Mundial de la Obesidad; Dr. Santi Gómez, director global de investigación y programas de la Gasol Foundation; Jens-Christian Holm, jefe de investigación de la Universidad de Copenhague; Paula Fernández, dietista-nutricionista; Aitor Sánchez, dietista-nutricionista y tecnólogo alimentario; Joan Roca, chef “El Celler de Can Roca”; Michel Goran, director Centro de Obesidad Infantil USC; Camilla Traba Damsgaard, jefa de investigación de Nutrición, Ejercicio y Deporte de la Universidad de Copenhague; Marta Ramón, presidenta de la Sociedad Española de Endocrinología Pediátrica; Manuel Franco, epidemiólogo Ikerbasque BC3; María Rodríguez, dietista-nutricionista infantil en el Instituto Hispalense de Pediatría; Isabel Peña Rey, directora ejecutiva AESAN 2021-24; Juan García Escudero, publicista; Marta Romo, neurocientífica y pedagoga; Miguel Ángel Rodríguez, profesor del Colegio Pintor Sorolla de Elda; Victor Aguayo, director de Nutrición y Desarrollo Infantil en UNICEF; o Jens-Christian Holm, jefe de investigación de la Universidad de Copenhague. 

Y entre las experiencias de nuestros niños, niñas y adolescentes, los padres y madres, y las intervenciones de los especialistas invitados, continúan apareciendo mensajes importantes: “Gran parte de la sociedad desconoce la magnitud del problema de la obesidad infantil”, “El 47% de los alimentos que consumen los menores de 12 años en España son ultraprocesados”, “En los últimos 30 años, el número de niños con diabetes ha aumentado un 40%. Se espera que en los próximos 20 años aumente más del doble”, “Los productos alimentarios que se anuncian a los adultos tienen un 10,25% de azúcar. Los productos alimentarios destinados a menores, contienen un 36,20% de azúcar”, “4 de cada 10 estudiantes entre 14 y 18 años han tomado bebidas energéticas en los últimos 30 días”, “Niños y niñas entre 8 y 16 años pasan una media de 25 horas a la semana delante de una pantalla. Equivale a mes y medio por año”, “El 98,9% de adolescentes tiene una cuenta en Instagram, TitTok o X”, “La renta per cápita de Suecia es de 53.020 euros al año, su índice de obesidad infantil del 5,8%. La renta per cápita de España es de 32.500 euros al año, su índice de obesidad infantil del 10,6%”

Y uno de los grandes mensajes de esta película es que promover hábitos de vida saludables es la mejor inversión que podemos hacer. Porque no se trata solo de la dieta de nuestros hijos, se trata de nuestra cultura. Y como nos dice el final de esta película documental: “Para ampliar la información sobre hábitos saludables visita www.gasolfoundation.org”. Porque la Fundación Gasol tiene como misión reducir las cifras de obesidad infantil a través de la promoción del deporte y la actividad física, una alimentación saludable, las horas y la calidad del sueño y el bienestar emocional de niños y niñas, jóvenes y sus familias. Y por ello este es un documental de altura… 

Y como nos dice la madre Oier: “Será una pandemia silenciosa, pero es muy vistosa”. Y por ello es necesario esta película, que nos devuelve una serie de reflexiones y emociones profundas y necesarias, entre ellas entender la complejidad de la obesidad (que engloba factores nutricionales, psicológicos, sociales y ambientales, pero también genéticos y biológicos), la responsabilidad compartida en combatirla (clave es la familia y el colegio, pero no menos la industria alimentaria, las administraciones públicas y la sociedad en general), la importancia de la concienciación y la prevención, y los problemas de estigma y juicio que generan sobre esta infancia obesa. 

Por ello Obesidad infantil. La pandemia ignorada es una llamada de atención contundente y emotiva que nos obliga a mirar de frente un problema que nos concierne a todos, invitándonos a la reflexión, la empatía y la acción colectiva. Y por ello decimos que es una película documental de altura (con los hermanos Gasol a la cabeza).

 

sábado, 22 de agosto de 2020

Cine y Pediatría (554). “Adolescentes”, el boyhood de los coming-of-age

 

Hoy hablamos de una película que reúne tres características: es cine francés, es cine documental y es cine de adolescentes. Y los tres tienen un trato especial en Cine y Pediatría. Sobre la importancia del cine francés, o mejor aún, del cine en francés de Francia, Bélgica y Canadá, ya hemos destacado de manera reiterativa que es un cine que supera cualquier otra filmografía en este proyecto de vincular la infancia y adolescencia con el séptimo arte. Y en concreto ya hemos comentado la importancia de cuatro películas documentales en francés, que prescribimos con entusiasmo: Bebés (Thomas Balme, 2010) para entender la normalidad de un recién nacido y lactante; Solo es el principio (Pierre Barougier y Jean-Pierre Pozzi, 2010) para reconocer a los niños como nuestros pequeños filósofos; Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013) para reflexionar sobre los distintos caminos que nos llevan a la escuela; y El gran día (Pascal Plisson, 2015) para conocer el camino que hay que recorrer para hacer realidad los sueños de nuestra infancia. Y sobre la adolescencia ya hemos reivindicado de forma reiterativa el considerarla en sí como un género cinematográfico, dada la cantidad y calidad de películas que versan sobre este camino de la infancia a la vida adulta, este tránsito que se conoce con el anglicismo “coming-of-age”

Esta película es Adolescentes (Sébastien Lifshitz, 2019), un título que no deja lugar a ninguna duda. Su director es uno de los documentalistas más prolíficos y aclamados del cine europeo contemporáneo, responsable de Los invisibles (2012) o Las vidas de Thérèse (2016), y quien decidiera embarcarse en esta aventura cinematográfica: acompañar durante 5 años a las amigas Emma y Anaïs desde los 13 años hasta que cumplen 18, su mayoría de edad. Una grabación que tiene lugar en la localidad de Brive-la-Gaillarde, denominada comúnmente Brive, comuna francesa situada en el departamento de Corrèze, en la región de Nueva Aquitania, con unos 50.000 habitantes. Esta ciudad es el escenario de la vida de dos chicas adolescente a quien la cámara acompaña durante su vida cotidiana y en los tres entornos habituales (familia, centro escolar y amigos), y lo hace durante el año escolar y durante las vacaciones, tanto en los momentos clave de sus vidas, como en los momentos más banales. Y es por ello que a esta película se le ha venido a denominar como el “boyhood” de la adolescencia, en clara similitud con la película Boyhood (Momentos de una vida) (Richard Linklater, 2014), esa historia familiar que recorre 12 años de la vida de Mason, de los 6 a los 18 años. O si se quiere, incluso una mezcla entre Boyhood y Girlhood (Céline Sciamma, 2014), película esta que nos sumerge en adolescentes negras de extrarradio que son como diamantes en bruto. Y en Adolescentes, como siempre ocurre en el cine documental, muchas horas de grabación y un laborioso proceso de montaje. Para bien o para mal. 

Una grabación durante 5 años donde la cámara nos hace mirar por un agujero su vida real, donde es difícil imaginar que estén interpretando, o eso al menos es lo que sentimos entre las habituales (y casi constantes) disputas entre Anaïs y sus padres y Emma y su madre (pues su padre, por trabajo, está casi siempre ausente). Somos partícipes en la película de los hechos de la época y cómo repercuten en nuestros adolescentes: el ataque terrorista al Stade de France en noviembre de 2015 y sus reacciones de dolor y el miedo, o las elecciones generales de Francia, con el ascenso en 2017 de Emmanuel Macron sustituyendo a François Holland, y la expresión de la familia: “Estamos jodidos”

Anaïs es un vivaz adolescente con sobrepeso, una de las pocas que finalmente se decide por la rama de la Formación Profesional, pues quieres ser educadora infantil. Y aparece en la escuela con niños de preescolar realizando prácticas, luego en un centro geriátrico. Su recorrido no es fácil: se enfrenta al fallecimiento de su abuela, al incendio de su casa y al cambio forzado de domicilio. Y todo ello lo vive como corresponde a esta edad y así se lo dice a su padre: “Entiéndelo. Soy una adolescente de 17 años y estos cuatro meses he estado sin tener vida social. Me molesta. Puedes pensar: problemas de adolescente, ¿qué más da? ¿Pero no crees que tengo problemas de verdad de los que ocuparme?... Estoy triste y a vosotros os da igual”. Y cuando lo deja con su novio Dimitri comenta “Siento como si no tuviera donde ir”, pues no encuentra acomodo en ningún lugar, menos en su hogar. “La verdad es que este es el peor año de mi vida”, le confiesa a su madre, una madre depresiva que ya se ha sometido a una banda gástrica por su obesidad mórbida. Y le comenta a un amigo: “Todo el mundo está deprimido en Snapchat. Incluso en Facebook, es una mierda. Que aguafiestas”. Aunque finalmente nos confiesa: “Siento que estoy madurando, que entiendo mejor las cosas, que entiendo mejor la vida. Siento que estoy reaccionando más como una adulta, o como una joven adulta, supongo”. Y finalmente Annais se va a vivir sola: “No me voy. Estoy harta de que me den sermones, me griten, me critiquen,…” 

Emma es una atractiva morena, más bien solitaria, quien tiene afición por el canto y el teatro. Es un alma de artista, en parte solitaria. Emma se siente sola y quizás prefiere estar sola y en continuo litigio con su madre, quien le dice: “Lo que veo es que rechazas cualquier tipo de debate en casa”, y Emma le contesta: “Porque sois un coñazo… Vosotros sois como una patada en el culo. Me molesta vuestra voz”. 

Porque tanto Anaïs como Emma discuten continuamente con sus padres, no porque sean familias conflictivas, sino porque estas discusiones son habituales entre padres y adolescentes. Lo anormal viene a ser lo contrario…Y la cámara es protagonista, no como actores ni actrices, sino como padres e hijas, Y con ellas vivimos escenas habituales, enfados y discusiones verídicas donde la cámara no les influye para ello. Pero al final, estas amigas, que se han pasado casi todo el tiempo quejándose de su familia, del colegio y de su vida en general, se permiten realizar una genial reflexión sobre su generación: “Hemos tenido suerte, hemos crecido en la mejor época”, 

Y la conversación de las dos amigas en el césped de la playa del río Corrèze, una vez superado la etapa del instituto, sabiendo que una irá se irá a estudiar a París y la otra a Limoges. Y nos dicen aquello de “Ya veremos donde nos lleva la vida... Me aterra el futuro. Porque aún somos jóvenes y estamos un poco a la deriva”. Y ese final donde cada una de ellas, superada esta etapa de su vida, comienzan otra. Dos imágenes de noche en dos ciudades, arrastrando sus maletas, son el contrapunto a todo lo vivido. El coming-of-age se ha cumplido…

sábado, 8 de febrero de 2020

Cine y Pediatría (526). “Ganar al viento” y ganar a la enfermedad


Hace ya un tiempo hablamos en Cine y Pediatría de la película española Jóvenes invisibles, una película dirigida en 2018 por la conocida presentadora Isabel Gemio. Una película con carácter documental que narra las historias de siete jóvenes de 19 a 25 años afectos de diferentes enfermedades raras y que parte de su propia experiencia, pues uno de los protagonistas es su propio hijo. Una película sobre el amor, la esperanza, el valor, la alegría y el aprendizaje a través de unos héroes que no quieren ser anónimos y que quieren dejar de ser invisibles a la sociedad. 

Pues bien, hoy tenemos con nosotros la película francesa Ganar al viento, una película dirigida en 2016 por la periodista y escritora Anne-Dauphine Julliand, autora de los best seller en Francia, “Deux petits pas sur le sable mouillé” y “Une journé particullière”- También una película con carácter documental que narra la historia de cinco niños de 6 a 9 años afectos de diferentes enfermedades raras y que la directora conoce bien, pues ella misma sufrió en sus propias carnes todo lo que cuenta, ya que dos de sus hijas pequeñas murieron debido a una leucodistrofia metacromática. La visión del mundo de niños muy enfermos, pero llenos de optimismo y vitalidad, con mensajes positivos de lucha y superación: Ambre, Charles, Imad, Camille y Tugdual nos enseñan su mundo, sus risas, sus juegos y sus sueños. Y también su enfermedad, donde ganan al viento cada minuto de cada día, donde viven cada momento al máximo y solo piensan en disfrutar, viven el hoy y aquí sin desconocer su patología. 

Ellos son los protagonistas y descubrimos algo más de sus vidas a lo largo de este año en que la cámara les acompaña: 
- Ambre es una niña con hipertensión arterial pulmonar, siempre con su pequeña mochila de colores a la espalda haciendo juego con sus vestidos de princesa: “Cuando yo corro, al cabo de dos minutos me asfixio”. Y que nos deja una reflexión tan profunda como sus respiraciones: “Si algo sale mal, no pasa nada. La vida es así. Dejamos a un lado las preocupaciones y vivimos con ello. Así se alcanza la felicidad, rodeados de quienes nos quieren”
- Charles es un niño con epidermólisis bullosa, una grave enfermedad genética de la piel y por ello le realizan baños especiales y curas completas de todo su cuerpo, con una minuciosidad que impresiona. Charles juega y cuida a su amigo Jason, también con una rara enfermedad. 
- Imad es un niño que nos cuenta que vino con su familia desde Argelia para poder cuidar su insuficiencia renal de origen genético, por la que es sometido a diálisis mientras espera un trasplante renal. Tantas vivencias juntas le han convertido en un adulto precoz en su forma de pensar. 
- Camille tiene un neuroblastoma y es capaz de reflexionar que siempre ha estado enfermo, desde bebé. Y por ello nos dice, mirando a la cámara: “Cuando me muera, ya no estaré malito”
- Tugdual presenta un tumor en la aorta con pocas posibilidades de cura y nos dice que tiene un ojo de cada color por efecto de la quimioterapia. Amante de la música y de las plantas, también es capaz de sincerarse: “Es horrible. Estoy harto de esto”

Es Ganar al viento una película que impresiona por confirmar la dificultad de vida de estos niños y niñas, y de sus familias. Y cómo intentan sonreír y vivir la vida con alegría, pese a todo. Y como os dice uno de sus protagonistas: “Estar enfermos no nos impide ser felices”… Pequeños pacientes que reciben curas de todo tipo, que viven y juegan acompañados de su sonda nasogástrica, de su botón gástrico o de su bombona de oxígeno. Que acuden a las revisiones con los distintos especialistas pediátricos (cardiólogos, nefrólogos, dermatólogos, oncólogos,…) y que son sometidos a las pruebas que les prescriben. Y que algunos ya son visitados por las unidades de hospitalización a domicilio y cuidados paliativos. Y entre esa vida medicalizada montan en bicicleta, se balancean en columpios y juegan al fútbol. 

Ellos son el mejor ejemplo del aquí y ahora. Con su ejemplo en la familia, en la escuela, en el hospital, en la vida. Porque ganar al viento es prácticamente imposible, como lo es ganar a la enfermedad. Pero eso no le impide a Anne-Dauphine Julliand apostar por la vida frente a la muerte y porque ella sabe en primera persona que una hermosa vida no se mide por el número de años

Es Ganar al tiempo una pequeña joya más en Cine y Pediatría con la común característica de ser películas documentales en francés con la infancia como protagonista: ya hablamos de Bebés (Thomas Balme, 2010), Solo es el principio (Pierre Barourgier y Jean-Pierre Pozzi, 2010), Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013) y El gran día (Pascal Plisson, 2015). Un póker de películas al que ahora se suma Ganar al viento.

 

sábado, 18 de mayo de 2019

Cine y Pediatría (488): “Jóvenes invisibles” para hacer visibles las enfermedades de baja prevalencia


La vida nos guarda casualidades que no deben ser tales. Esta semana hemos presentado en el 16 Festival Internacional de Cine de Alicante, y tal como hemos hecho los siete años previos, un nuevo libro de Cine y Pediatría, concretamente “Cine y Pediatría 8”, cuyo vídeo de presentación en esta ocasión es un homenaje a la prescripción de películas sobre enfermedades raras. Porque el número 8 de este nuevo libro simboliza la transición entre el cielo y la tierra, y escrito horizontalmente, representa el infinito. Está considerado como el número de la justicia y de la equidad, el símbolo de la resurrección, símbolo de nueva vida. El 8 nos habla de la organización, la perseverancia y el control de la energía para producir logros materiales y espirituales. Y, desde luego, llegar a publicar ya ocho tomos de nuestro proyecto Cine y Pediatría es mucho más que un logro material y, sin duda, logra tocar el espíritu, al menos al que esto escribe. 

Y la casualidad – o no – hizo que el espíritu se tocara nuevamente, pues tras esta presentación en el propio festival asistimos al estreno de Jóvenes invisibles, una película documental del año 2018 dirigida por Isabel Gemio. Ella es una muy conocida y reconocida presentadora extremeña de radio y, sobre todo, de televisión. Tuvo en la década de los 90 y comienzos del siglo XXI su periodo dorado en la pequeña pantalla con programas como “Lo que necesitas es amor”, “Sorpresa ¡Sorpresa!” o “Hay una carta para ti”, todos ellos programas directos al corazón. Y su corazón fue sometido a una gran prueba en los inicios de este nuevo siglo, cuando su primer hijo es diagnosticado de una enfermedad rara y degenerativa. A partir de ahí su vida se transforma y crea en el año 2008 la Fundación Isabel Gemio para la Investigación de Distrofias Musculares y otras Enfermedades Raras, cuyo objetivo es fomentar la investigación, especialmente en sus aspectos biológicos, fisiopatológicos, genéticos o terapéuticos que permitan el intercambio de información entre profesionales, paciente y familiares. 

Y ahora es cuando da el salto de la pequeña pantalla a la gran pantalla, y nos regala Jóvenes invisibles, película documental de calidad, donde Gustavo Manrique, Marcelo Lusardi, Antía Chamorro, Regina Chamorro, Cristina Toledo, Mikel Villanueva, Noah Higón son los protagonistas. Y estos siete jóvenes entre 19 y 25 años nos narran sus historias, las de quienes se enfrentan a enfermedades poco comunes y que aún son “invisibles” para el resto de la sociedad. Más de 7.000 enfermedades raras (o de baja prevalencia) se reconocen ya, y en España las sufren 3 millones de personas, pues tarde o temprano 1 de cada 15 personas padeceremos una enfermedad de estas características. Y por ello Isabel Gemio nos dice al principio de la película: “¿Y si tener una enfermedad rara no es tan raro?”. Porque esta película busca hacer visible lo invisible, y dar voz a aquellos que luchan por dar visibilidad, concienciar frente a sus enfermedades y promover la investigación para su tratamiento. Y no nos habla de niños, sino de jóvenes, pues más allá de la infancia con enfermedades raras (relativamente visibles) están los jóvenes con enfermedades raras, más invisibilizados y ya con conciencia de su enfermedad, su dolencia y su potencial fin. 

Y estas son las siete historias. 
- Gustavo, 21 años, afecto de Distrofia muscular de Duchenne. La entrevista más difícil de su vida, nos cuenta, pues Gustavo es su hijo. Se encuentra en silla de ruedas desde los 11 años con progresivo empeoramiento consecuencia de esta enfermedad degenerativa, con una dependencia total en estos momentos. 
La Distrofia muscular de Duchenne es la enfermedad muscular más frecuente y grave de la infancia, una miopatía de origen genético que produce destrucción de las células del músculo estriado y lo hace de forma progresiva, de forma que la silla de ruedas suele ser el horizonte a medio plazo por su especial repercusión en las habilidades motoras. Actualmente no existe cura para ella, pero existen terapias prometedoras en investigación que pueden retardar la progresión o prevenir complicaciones secundarias. 
Gustavo nos habla de muchas cosas, muy emocionantes, para los espectadores y, especialmente, para su madre. Porque nos confiesa que su alegría actual es su novia, pero la luz de su vida es su madre y por ello nos dice “Me veo afortunado por la madre que tengo”

- Marcelo, 20 años, presenta una Neuropatía óptica de Leber. Su enfermedad debutó hace cuatro años y ya es invidente, aunque sigue practicando su dos aficiones: el skate y la música. 
La Neuropatía óptica de Leber es una degeneración de los gangliocitos de la retina y sus axones, con una herencia mitocondrial (de la madre a todos sus hijos) y que conlleva una pérdida aguda o subaguda de la visión central y que afecta predominantemente a varones adultos jóvenes. 
Marcelo ahora tiene una novia a quien conoció en un encuentro de afectos por la enfermedad - pues el hermano de ésta también la padece – nos confiesa: “Me dio basta paz saber lo que tenía…, aunque no tenía cura”. 

- Antía, 25 años, y su hermana Regina, 22 años, presentan ambas una Icitiosis lamelar. Y la presentan desde el momento del nacimiento, por lo que la vida de ambas es su enfermedad, que provoca una extrema sequedad de la piel e intolerancia al calor. 
Ictiosis es el término médico que describe un grupo de enfermedades de la piel que se caracterizan por una cornificación (acumulación excesiva de grandes cantidades de escamas o células muertas) en la capa superior de la piel. Existe muchos tipos de ictiosis y, entre ellas, la Ictiosis lamelar congénita está presente desde el nacimiento y el trastorno de queratinización es grave con la presencia de escamas en todo el cuerpo sin una eritrodermia significativa. 
Y una enfermedad de tal calado y con tanta manifestación física provoca una lógica declaración de Antía: “Que me miren por la calle sí que me afecta”. Y, cómo no, esas palabras desde el corazón de una madre que no podía creer que sus dos únicas hijas nacieran afectas: “No os podéis imaginar lo que se puede llorar…”. 

- Cristina, 22 años, afecta de Neuropatía motora multifocal con bloqueos de conducción, una enfermedad autoinmune que le provoca calambres y movimientos involuntarios. Y ella declara algo que podemos entender bien: “La incertidumbre de no saber lo que tienes es lo peor de todo”. 
La Neuropatía motora multifocal con bloqueos de conducción es una neuropatía crónica, desmielinizante, disinmune, muy invalidante y potencialmente tratable. Se caracteriza clínicamente por un síndrome de deficiencia motriz, crónico y progresivo, con atrofias musculares, fasciculaciones, arreflexia, mioquimias y calambres que llevan, muchas veces, al diagnóstico erróneo de enfermedad de la neurona motora. 
Cristina intenta realizar una vida normal, recibiendo un tratamiento cada varios meses. Y emitiendo mensajes positivos: “La enfermedad es rara, pero la persona no lo es”. 

- Mikel, 19 años, presenta una Atrofia motora espinal (AME) tipo II y vive en su silla de ruedas intentando no limitar ninguna actividad en lo posible, ni salir con sus amigos ni practicar deporte: “Tengo una enfermedad rara y grave, y tengo que aprende con ella”. 
La Atrofia muscular espinal o enfermedad de la neurona motora inferior es un término aplicado a un variado número de trastornos que tienen en común una etiología genética y que se manifiestan como debilidad debida a lesiones de las neuronas motoras del asta anterior de la médula espinal, sobre todo las neuronas motoras inferiores del tallo encefálico y de la médula espinal. Se distinguen tres tipos: La AME tipo 1 aparece después del parto o en los primeros 6 meses de vida y los pacientes pocas veces logran sobrevivir más de 3 años; la AME tipo 2 y 3 aparecen durante los primeros meses de vida o en la infancia, después de los 2 años, y la supervivencia es más larga, en algunos casos hasta la vida adulta. 
Nada es fácil desde una silla de rueda, y la madre nos da la pista: “¿Qué es lo peor que le puede ocurrir a un hijo? Que no quiera vivir”. Y también Mikel: “No se borra la discapacidad, se supera”.
  
- Noah, 19 años, padece cinco enfermedades raras y vive con dolor, entre hospitales y múltiples ingresos, entre vómitos y una alimentación a base de batidos. Sin embargo, su lema es “Nada es imposible” y ella sigue muy ilusionada con su carrera universitaria y normalizar su vida entre el grupo de amigos para llegar a ser jurista y politóloga. Y nos cuenta su historia con su eterna sonrisa, diciéndonos que no tiene miedo a la muerte porque ha estado al borde de la misma en varias ocasiones. 
Porque Noah ha vivido ligada a su madre, quien se ha dedicado 24 hs al día a su hija, pues ella no tiene ninguna duda: “El dolor de un hijo es lo peor que le puede pasar a una madre”. Y ambas vivieron todo un lastre para llegar a sus complejos diagnósticos y poner nombres a sus enemigos, 

Y tras la presentación de nuestros protagonistas, estos jóvenes héroes invisibles se reúnen con Isabel y con ella hablan de sus sueños y del valor de la investigación en sus enfermedades de baja prevalencia. Siete historias (las de Gustavo, Marcelo, Antía, Regina, Cristina, Mikel y Noah) para que la sociedad reaccione a no ignorarlos. 

Porque Jóvenes invisibles es una película sobre el amor, la esperanza, el valor, la alegría y el aprendizaje…, una película de héroes que no quieren ser anónimos. Y por eso para mí en esta semana, sin duda, lo “raro” se hizo extraordinario. 

Y con la flor a piel y lágrimas en los ojos esta película termina con el tema de Antonio Orozco, "Mi héroe”, que contiene en cada letra demasiadas emociones personales. Porque todos estamos rodeados de héroes, personas que, cuando acaban su día de trabajo, se dedican a ayudar a otros, héroes que sufren una enfermedad y se levantan cada día con la ilusión y la esperanza de poder solucionarlo. Una canción para reflexionar por qué uno no es ni siquiera capaz de ser feliz teniéndolo todo.

 

sábado, 19 de enero de 2019

Cine y Pediatría (471) “Todos los caminos” buscan a las princesas


Paola García Costas es una joven periodista sevillana, también directora y que ha creado su propia productora, Costa Films. La conocí por casualidad y ella me regaló, tal cual, su primera película, Línea de meta (2015) con la que ya obtuvo dos nominaciones a los Goya. Línea de meta es una película documental sobre la historia de María, una niña afecta del síndrome de Rett, y de su familia, especialmente de su padre Josele, quien corre maratones nacionales e internacionales y que un día decide salir a correr empujando el carro de su hija y cruzar la línea de meta con ella y así dar conocer la enfermedad de María y la de miles de niños. 

Y tres años después regresa con la misma línea argumental, en esta ocasión con la película Todos los caminos (2018). Es Todos los caminos una iniciativa generosa y más que loable que nació en parte de la iniciativa del actor Dani Rovira en su deseo de conseguir fondos, a través de su Fundación Ochotumbao (que fundó con su pareja y también actriz, Clara Lago, con ese 8 que es el número de la suerte de ambos – por algo también se conocieron en la película Ocho apellidos vascos – y que al estar tumbado refleja el infinito y ese lema de “ayundando a ayudar”), para lograr investigar en el síndrome de Rett, una rara e incurable enfermedad regresiva que afecta solo a niñas. Y junto a la Fundación Ochotumbao, también la Fundación Mi Princesa Rett, y los cuatro protagonistas: Paco, un padre de una niña afecta de Rett, por nombre Martina; Germán, un bombero; Martín, un entrenador personal; y el propio Dani Rovira. 

Ellos llegan de Badajoz, Alicante y Madrid y se dan cita en la explanada del Hospital San Juan de Dios de Barcelona para lograr un reto: viajar en bicicleta desde Barcelona a Roma con el objetivo de presentarse en el Vaticano ante el propio Papa Francisco para dar publicidad a su propósito, que no es otro que promover la investigación en el síndrome de Rett. 

Un viaje de 1500 kilómetros con sucesivas etapas de más de 100 km por tierras de España y Francia, en lo que es una especial “road movie” (a dos ruedas) en formato documental, un trabajo notable en manos de su directora, pues logra un montaje que nos hace adentrarnos en un viaje personal, toda una experiencia de amor, convivencia, solidaridad y altruismo. La película, de 98 minutos de metraje, tiene un antes y un después en el cuarto día de viaje, consecuencia de un accidente que de forma milagrosa no termina en tragedia. Y a lo largo de los días y de los kilómetros se suman las peripecias y, sobre todo, los emotivos diálogos y reflexiones personales. Y hasta el accidente real captado por las cámaras es bien aprovechado por la directora para reflexionar sobre la débil línea que a veces separa la vida de la muerte, e incluso sobre la existencia de Dios. 

De especial calado son las confesiones del propio Dani Rovira, vinculado a numerosas causas solidarias, y que demuestra una especial sensibilidad por su visión del mundo y de la vida. Pero de especial importancia son las palabras de los padres de Martina. Paco, el padre, nos confiesa su experiencia al diagnóstico de su hija: “Culpé al mundo entero por lo que le pasa a mi hija. Lloré, lloré, lloré… Y la casa estaba oscura..”; y cómo decidió lanzarse a esta aventura por su hija y por tantas niñas con la misma enfermedad: “Y no paro. Porque si paro pienso. Y si pienso me caigo. Y se lo debo a Martina”. Y Marina, la madre, nos dice: “Los buenos momentos de la vida nos los ha enseñado mi hija”

Cierto es que las películas documentales rara vez suman en lo artístico (aunque las haya), pero es que sus intenciones son otras: que sumen para la causa. Y Paola ya es una experta en esto, y nos sorprendió con Línea de meta, y ahora nos encandila con Todos los caminos. Y no es fácil encandilar en casi cien minutos de metraje si no se tiene claro de sintonizar un buen guión y un buen montaje, y al que asociar emociones en el camino. Como la llegada de nuestros héroes al sillín a Roma, con vistas al Vaticano y al Coliseo, y el encuentro con el Papa y sus palabras a Paco: “Que Dios te dé lo que pedís”. Y todo ello con la canción creada por Antonio Orozco para la ocasión, su “Nana del camino”. Porque un artista de la sensibilidad de Orozco pone la guinda con esta canción, una nana para las princesas Rett. 

Porque Paola García Costas sabe que para llegar a la línea de meta del síndrome de Rett sirven todos los caminos. Y de la fusión de sus dos películas documentales con este tema se complementa el círculo y culmina con el fundido en negro final y la frase del psiquiatra y psicoanalista francés, Jacques Lacán: “Los verdaderos viajes empiezan cuando acaban los caminos”

Hoy en día, los más de 2.100 niñas afectas de síndrome de Rett en España y sus familias, repiten las palabras de la “Nana del Camino” de Orozco: “No quedan viajes sin rumbo que no valgan la pena… Me quedan valientes que riman fronteras, me quedan sonrisas color primaveras, me quedan princesas con piel de canela, me quedan las ruedas que quitan las penas. No hay, no quedan, ni barcos hundidos ni amores de vela…” 

Por eso hoy Todos los caminos buscan a las princesas… Y por eso ha obtenido ya 11 nominaciones a los Goya, incluida Mejor película, dirección y canción original.

sábado, 27 de octubre de 2018

Cine y Pediatría (459): “El gran día”… puede ser hoy


Hoy es un gran día. Porque este fin de semana estamos disfrutando del 23 Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría de Atención Primaria (SEPEAP). Y ayer pude desarrollar la Conferencia extraordinaria del congreso bajo el título de “El cine y la pediatría”, bajo un auditorio que se volcó con el corazón para unir el arte y la ciencia, la humanización y la tecnología. Y hoy moderaré una Mesa redonda muy, muy especial… Y todo ello gracias al Dr. Juan Manuel González (Juanma), presidente del Comité Organizador de este congreso, gran amigo y gran amante del proyecto Cine y Pediatría, a quien dedico este película de hoy que, qué casualidad, se titula El gran día. 

En la conferencia de ayer pude prescribir muchas películas, para distintas patologías y en distintos enfoques docentes. Pero las más importantes fueron “las tres joyas para entender la infancia”, de las que ya hemos hablado en ocasiones. Tres películas que tienen varios puntos en común: las tres son de nacionalidad francesas (el cine en francés siempre recordamos que un plus hoy en día de calidad, proceda de Francia, Bélgica o Canadá), las tres son películas con carácter documental y las tres son muy hermosas para comprender la infancia, desde tres puntos de vista. Estas son: Bebés (Thomas Balme, 2010) para entender la normalidad de un recién nacido y lactante; Solo es el principio (Pierre Barougier y Jean-Pierre Pozzi, 2010) para reconocer a los niños como nuestros pequeños filósofos; y Camino a la escuela (Pascal Plisson, 2013) para reflexionar sobre los distintos caminos que nos llevan a la escuela. 

Pues bien, El gran día fue la siguiente película documental del director Pascal Plisson, responsable de Camino a la escuela, y funciona como complementaria de la anterior, como una conmovedora y maravillosa historia sobre el esfuerzo humano, un himno a la educación, la dedicación, esperanza y coraje. Y si en Camino a la escuela los personajes fueron cuatro niños y adolescentes (Jackson en Kenia, Zahira en Marruecos, Carlos en Argentina y Samuel en India) que deben enfrentarse diariamente con una multitud de adversidades y peligros para llegar a la escuela, en El gran día también se nos narra la historia real y extraordinaria de cuatro niños y adolescentes de distintos países y que se enfrentan a una prueba que podrá cambiar y mejorar sus vidas para siempre. 

Ellos son Albert, 11 años, vive en La Habana (Cuba) y se entrena duro cada día para poder vencer en un combate de boxeo y llegar a ser seleccionado como figura prometedora, algo que no pudo conseguir su padre; Tom, 19 años, vive en el Parque Nacional Queen Elizabeth (Uganda) e intenta conseguir un puesto de trabajo de guarda forestal; Deegii, 11 años, vive en Oulan Batur (Mongolia) y se esfuerza para poder seleccionada como contorsionista en un prestigioso circo; y Nidhi, 15 años, vive en Benarés (India), quien estudia con ahínco preparándose para el “Súper 30” (una exigente prueba selectiva que superan únicamente 30 de 5000 aspirantes) y poder acceder así a la Escuela Politécnica de Benarés. 

Porque Pascual Plisson se vio tentado a repetir el éxito de su anterior película y copió el mismo esquema y el mismo propósito de fondo: poner de relieve los valores relacionados con el esfuerzo de superación por parte de un grupo de cuatro niños y adolescentes de clase social baja en distintos lugares del orbe, de distintos países y continentes. Y por eso se comenta en la película: “Sois chicos brillantes. La educación constituye el arma más poderosa para librarnos de la pobreza y progresar en la vida… ¿Queréis escribir el futuro…?”. Y por ello de nuevo nos traslada el director su impronta humanista centrada en la infancia y adolescencia: una propuesta que de nuevo se sustenta sobre la elocuencia de la sencillez para entender que solo la lucha y el esfuerzo puede salvar a estos chicos de una condición de clase que les condena a la pobreza, cuando no a la marginación. Y para ello la cámara de Pascal Plisson se introduce en los núcleos familiares de estas humildes familias, en donde destaca la fortaleza del núcleo familiar, la comprensión y el aliento que esta brinda para conseguir el sueño que cada uno de ellos persiguen. 

Y la película avanza hasta que cada uno de nuestros cuatro jóvenes protagonistas han de enfrentarse en próximas fechas a una prueba que no solo va cambiar su futuro, sino posiblemente el de su familia. Y como ocurría en Camino a la escuela, en los minutos finales aparecen breves fragmentos del devenir actual de cada uno de ellos. Albert lleva una vida dura entre el boxeo y los estudios, pero se aferra a su sueño: ser campeón olímpico; Tom, además de trabajar como guardabosques, escribe una tesis sobre simios; Deeghi ingresó, unos meses más tarde, en la prestigiosa Escuela de Circo de Singapur, y con ello persigue su sueño de ser artista, su sueño de niña; y Nidhi estudia en la actualidad ingeniería, tal como deseaba. 

Y todo ello nos lo relata Plisson sin juzgar, sin adoptar una actitud condescendiente o paternalista con la realidad que retrata. Una realidad que recibe el consabido montaje paralelo de las cuatro historias a través de tres momentos que resultan clave: la presentación de los personajes los esfuerzos que deben realizar para preparar la prueba y, finalmente, el día de la prueba y su resultado. En realidad, películas como esta trascienden al propio hecho cinematográfico: no importa que sean joyas de arte por el cómo, pero son maravillosas por el por qué. Y es por ello que películas así cumplen también una importante labor social, de ahí que resulte esencial el patrocinio de la UNESCO y la circunstancia de que parte de los beneficios de la película vayan destinados a la ONG Save the Children. 

Tanto Camino a casa en un principio como ahora El gran día abogan por la importancia de la educación, y por el reto de que cuando se alcance una educación universal y equitativa, se mitigarán muchas de las injusticias que siguen asolando nuestro mundo. No en vano nuestra película de hoy comienza con esta reflexión: “En este u otro lugar, con la esperanza de una vida mejor, niños y niñas luchan por conseguir su sueño, su pasión”. 

Porque el gran día puede ser hoy, puede ser cada día. Solo que algunos lo tenemos más fáciles que otros… Y hoy, 27 de octubre de 2018, curiosamente ha sido un gran día para mí: y gracias a Juanma, al que dedico esta película por su implicación por la pediatría y por la vida.

 

sábado, 15 de septiembre de 2018

Cine y Pediatría (453). “Sobrealimentados y desnutridos”, dos formas de malnutrición


Según la OMS, la prevalencia de la obesidad en la población infantojuvenil va en aumento en todos los países, y los ascensos más rápidos se registran en los países de ingresos bajos y medianos. El número niños con sobrepeso u obesidad se incrementó en todo el mundo, pasando de de 31 millones en 1990 a 42 millones en 2013 y, si la tendencia actual continúa y no se interviene, se llegará a los 70 millones en 2025. Ya hace tiempo que la Asamblea Mundial de Salud declaró a la obesidad como la epidemia del siglo XXI, de ahí el término “globesity”

La obesidad infantojuvenil constituye un importante problema de salud debido no solo a su prevalencia ascendente, sino también a su persistencia en la edad adulta, su asociación con otras enfermedades, además del enorme impacto económico que supone. La obesidad infantojuvenil es un factor predictivo de obesidad adulta y si continúa en el tiempo, se asocia con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y de muerte. 

Y esto no son datos fríos ni una película, sino una realidad que constatamos al salir a la calle. Porque en España el fenómeno de obesidad en la población infantil y juvenil (2-24 años) se encuentra ya en el 19%, y la de sobrepeso, que está en el 26% (uno de cada cuatro niños españoles tienen exceso de peso y esto empeora entre los 6 y 9 años en donde casi uno de cada dos niños presentan sobrepeso). De ser así, que lo es, parecería una película de miedo. 

Pero en realidad el cine ha tratado este tema desde dos puntos de vista, o bien como personajes principales que tienen la obesidad como compañero de viaje (en Cine y Pediatría ya hemos revisado Las aventuras de Zachary Beaver - John Schultz, 2003 – y Yo, Terri - Azazel Jacobs, 2011 –) o bien como película documental denunciando este tema (en Cine y Pediatría ya hemos hablado de Super Size Me - Morgan Spurlock, 2004 -) Pues bien, hoy llega a este blog otra película documental, también estadounidense como las demás: Sobrealimentados y desnutridos, producida y dirigida por Troy Jones en el año 2014 y que funciona como la secuela del film Gordo, enfermo y casi muerto (Joe Cross y Kurt Engfehr, 2010). Porque en esta última se nos narra la historia del abogado, empresario y cineasta australiano Joe Cross, y su viaje personal para recuperar su salud a los 41 años, cambiando su alimentación y estilo de vida. Y en Sobrealimentados y desnutridos se nos muestra el viaje personal e inspirador de Liam Golle, un chico de 11 años que pesa 80 Kg y que se embarca en un viaje que promete transformar su vida para siempre, pues con la ayuda de sus tíos consigue recuperar su peso y su salud de adentro hacia afuera. 

Comienza Sobrealimentados y desnutridos con un fundido en negro y el sonido de una respiración casi agonizante que luego vemos que corresponde a un adolescente obeso subiendo unas escaleras…. Así conocemos a Liam, que vive solo con su padre (su madre falleció hace un tiempo por un tumor cerebral), quien no sabe cómo ayudarle con ese problema de peso, pero a quien le proponen el reto de intentar vencer su obesidad con la ayuda de sus tíos a través de un programa nutricional y de ejercicio durante unos tres meses. La película documental nos relata el paso de los días (día 1, día 2, día 15, día 75, etc.), donde se nos muestran los cambios en los hábitos de alimentación y de ejercicio que le aconsejan a Liam, pero que comienza con una frase de Benjamin Franklin: “Uno debería comer para vivir, no vivir para comer”. 

El camino no es fácil, más bien se transforma en un tobogán con subidas y bajadas, con avances y retrocesos. Porque en la prevención y tratamiento de la obesidad infantojuvenil nadie ha dicho que fuera imposible, pero tampoco nadie ha dicho que fuera fácil. Y la película avanza entre interesantes reflexiones de los distintos protagonistas y especialistas que aparecen en la historia (si bien es cierto que algunas reflexiones son muy peculiares y que no comparto)

“Muchas gente no come con inteligencia… Están acostumbrados a una gratificación inmediata y concentran su dieta en grasas, azúcares y sales que son compuestos adictivos. Tendemos a pensar que los compuestos adictivos son las drogas y tendemos a pensar que es el alcohol, pero no nos damos cuenta que las mayores adicciones de nuestro mundo hoy son el azúcar, la sal y la grasa”.

“La Organización Mundial de la Salud publicó una Declaración en la que dice que, según las tasas actuales, a finales de 2030, mil millones de personas en el mundo serán consideradas obesas…El 74% de la población de Estados Unidos se considera hoy como obesa o con sobrepeso. Muchos otros países desarrollados no están muy por detrás”.

“Y la vida requiere muchas cosas… Hay siete ámbitos en la vida: la búsqueda espiritual, la búsqueda del desarrollo mental, la búsqueda vocacional, la búsqueda financiera, la búsqueda familiar, la búsqueda social, y tenemos la salud física y el bienestar. Para poder fortalecer todos los ámbitos de la vida es aconsejable participar en todos los ámbitos de la vida durante toda la vida” 

“Pienso que en la sociedad moderna, de repente, la enfermedad se volvió normal, la obesidad se volvió normal, no moverse se volvió normal, sentarse delante de un ordenador se volvió normal. Y, de repente, los estándares que teníamos cuando éramos niños o los que nuestros padres tuvieron son muy diferentes ahora”. 

Y un mensaje final: “Si dijéramos que la riqueza no trata de cuánto dinero tienes, sino que trata de cuán sano eres y de cuánto tiempo puedes pasar haciendo lo que realmente te gusta, si pudiéramos enseñar a la gente que las relaciones son increíblemente importantes, entonces podríamos realmente cambiar la manera global en que vemos la salud y el bienestar… Como dijo Albert Einstein, “El mejor maestro es el ejemplo”. Así que si se preocupan por sus hijos, sean ejemplo e inspiración de una vida más significativa. Coman con inteligencia para vivir, no vivan para comer”. 

Y este es un documental con sus muchos altibajos de nuestro protagonista Liam y de sus familiares, pero con final feliz. Porque al inicio vimos a un adolescente que nos muestra su tronco con la abundante grasa abdominal y la ginecomastia grasa, su cifosis y genu varo, sus ronquidos nocturnos… y con el que sufrimos por su respiración agonizante al intentar subir subiendo una cuesta corriendo. Y meses después logró perder 20 Kg y correr parte de una maratón, en lo que fue para él un gran cambio, no solo externo, sino especialmente por dentro. Porque comenzó a estimar la comida saludable y a desterrar la vida sedentaria, y también mejoró su madurez, su energía,… Porque al final Liam comía menos y estaba mejor nutrido. Y al principio, como tantos otros jóvenes, se encontraba sobrealimentado y desnutrido: dos formas conjuntas de malnutrición. 

sábado, 26 de mayo de 2018

Cine y Pediatría (437). “Soy Unoentrecienmil” y reclamo investigación frente a la leucemia infantil


Penélope Cruz se ha asomado en dos ocasiones ya a Cine y Pediatría, con las películas Volver a nacer (Sergio Castellito, 2012) y con ma ma (Julio Medem, 2016) En ambas con dos interpretaciones principales muy duras, con dos guerras de trasfondo: en la primera, la Guerra de los Balcanes, y en la segunda la guerra frente al cáncer de mama. Y hoy vuelve Penélope Cruz pero como directora, con lo que es su estreno en este rol, y lo hace con una película del año 2016, Soy Unoentrecienmil, un documental de tan solo 41 minutos y cuyos beneficios serán para la Fundación Unoentrecienmil para colaborar en la lucha contra la leucemia infantil. Una película que queda en familia, porque Penélope Cruz también es la guionista y su hermano Eduardo Cruz el responsable de la música. 

Y en la web de la Fundación Unoentrecienmil se explica qué es la leucemia, el tipo más común de cáncer en niños, un cáncer donde la médula ósea produce glóbulos blancos anormales. Y estas células reemplazan a las células sanguíneas sanas y dificultan que la sangre cumpla su función. Porque el cáncer infantil es considerado, en general, una enfermedad rara: entre el 1% y el 3% de todos los casos de cáncer afectan a los niños. En España, alrededor de 1.200 niños son diagnosticados de cáncer cada año y aproximadamente la mitad de estos sufren una leucemia o un linfoma. De estos casos, aproximadamente el 80% se cura (dependiendo del tipo de leucemia), lo que también quiere decir (y eso es lo duro de la estadística) que aproximadamente el 20% no sale adelante. 

Continúa la explicación de la Fundación exponiendo que, a pesar del progreso, todavía muchos niños con cáncer mueren y la innovación en nuevas terapias seguras y efectivas es insuficiente. Además, existe inequidad en el acceso a estos nuevos tratamientos entre los diferentes países. Y por eso en la Fundación Unoentrecienmil se dedica todo el esfuerzo a la investigación, siendo la única fundación en España que dedica el 100% de sus beneficios a proyectos que investiguen la leucemia infantil. Porque investigar, es avanzar. 

Son varias las películas ya expuestas en Cine y Pediatría que tienen la leucemia infantil como protagonista, como Cartas a Dios (Éric-Emmanuel Schmitt, 2009), La decisión de Anne (Nick Cassavetes, 2009), Surviving Amina (Bárbara Celis, 2010), Vivir para siempre (Gustavo Ron, 2010), Maktub (Paco Arango, 2011), Alabama Monroe (Felix Van Groeningen, 2012), Magical Girl (Carlos Vermut, 2014) o Yo, él y Raquel (Alfonso Gómez-Rejón, 2015).

Y ahora Penélope Cruz, junto a la Fundación Unoentrecienmil y Viceroy, nos ofrecen una fotografía de la realidad de esta enfermedad, cómo afecta a las vidas de los niños que la padecen, sus hermanos, su familia, su entorno. La directora nos propone este viaje alrededor de una mesa, una comida donde padres de niños que han padecido esta enfermedad comparten sus vivencias. Y durante los pocos minutos de metraje van surgiendo las historias de niños y niñas con leucemias, y por la pantalla vemos a Alba, Álvaro, Ángel, Eva, Guzmán, Hugo, Isabel, Lucas, Mateo, Miguel, Oscar, Quique y Sergio. Y en las conversaciones se cruzan los temas esenciales en este periplo de vida, de enfermedad y, a veces, de muerte: el dolor del diagnóstico, la soledad del aislamiento, la falta de investigación (con el valor de la ayuda con fondos económicos), la posibilidad del trasplante de médula ósea (con la búsqueda de donantes y la concienciación social), la importancia de atender a los hermanos (con el síndrome del hermano abandonado), la recaída (esa terrible palabra que nunca se quiere oír por nadie) y la muerte (no frecuente, pero no excepcional en esta enfermedad).

Opiniones sinceras de los niños y adolescentes protagonistas, opiniones a flor de piel de sus padres. Cuando estos pequeños pacientes se convierte en maestros de sus padres y familias (“Es que he aprendido a notar el viento… Mi mejor mayor maestro ha sido mi hijo”), verdaderos héroes, ejemplos de vida. Y los pacientes con leucemia reflexionan tan pronto sobre la vida (“De mayor quiero ser policía, bombero… y curar a la gente”) y la enfermedad (“Muchas veces me acostaba diciendo, ¿qué va a pasar?... Tenía miedo a morir porque solo tenía 4 años y no sé por qué me pasa esto a mí”). Y los padres abren su dolorido corazón (“No tengo fuerza. Estoy herida de muerte para toda la vida”) y buscan aliento para seguir adelante (“Una de mis frases favoritas, es muy profunda, no es de un filósofo, es de Kunfu Panda, de la película de Disney, que le dice el maestro tortuga: El pasado es historia, el futuro es una incógnita y hoy es un regalo y por eso se le llama presente”).

Porque Soy Unoentrecienmil tiene como objetivo principal, al igual que la Fundación con el mismo nombre, la sensibilización sobre la importancia de la investigación para acabar con la enfermedad. Niños y adolescentes con leucemia, familiares, sanitarios e investigadores (enfermeras y oncólogos de tres hospitales de Madrid: Hospital Infantil La Paz, Hospital Niño Jesús y Hospital Sanitas La Moraleja) nos demuestran que con muy poco de muchos podría cambiarse el mundo.

Y en los créditos finales: “Gracias a Viceroy por hacer posible este documental y por apoyar la fundación estos últimos años con su pulsera solidaria “unoentrecienmil”. Y de ahí el mensaje final: “La leucemia infantil es un enemigo demasiado fuerte para uno, pero no para cien mil”.

 

sábado, 20 de agosto de 2016

Cine y Pediatría (345). "Una historia de niños y cine", odisea fílmica


"EI arte nos enseña que si nos fijamos en las cosas pequeñas, podremos ver muchas cosas... Intentaré atenerme a películas en la que los niños son el foco de atención, no a las que muestran cómo lo ven los adultos... Quizás creemos que conocemos las mejores películas sobre niños, pero en realidad la mayoría se han olvidado o han pasado desapercibidas. Yo quiero recodarlas. No en el orden cronológico de la historia del cine, sino en el orden de lo que vemos mientras observamos a Laura y Ben jugar" 

Con esta introducción, el norirlandés Mark Cousins nos propone una nueva odisea cinéfila por las mejores caracterizaciones infantiles. Una historia de niños y cine. Este enunciado introductorio podría hacernos creer que su ensayo sobre la puesta en escena de la niñez en el séptimo arte se basa en un estudio de películas inaccesibles. Sin embargo, el conjunto de películas escogidas para ilustrar su tesis no se presenta como una yuxtaposición de películas de directores desconocidos (Idrissa Ovedraogo, Xianfise Keko o Mohammad Ali-Talebi) y de obras de autores de culto (Abbas Kiarostami, Luis Buñuel o Andrei Tarkovski), y otros muchos, pues nos propone un viaje conmovedor al corazón de tu infancia a través de las películas más emblemáticas de Steven Spielberg, Wes Anderson, Víctor Erice, Jane Campion, Ingmar Begman, Ken Loach, François Truffaut, Jean Vigo, Yasujiro Ozu o Hirokazu Kore-eda, entre muchos otros (53 grandes directores en total de 25 países diferentes). 

La tendencia populista de este documental se emparenta con la voluntad didáctica y teorizante de su opus magnum The Story of Film: An Odyssey, obra del año 2011. Como ocurría en su serie de quince episodios documentales sobre el devenir de la Historia del Cine, el Cousins-narrador de Una historia de niños y cine adopta una postura pasiva: su intención no es la de descubrir, sino la de mostrar. No es necesario recorrer tierras inhóspitas para revelar a la audiencia cómo se ha representado mundialmente la infancia en el cine. Tan sólo le basta con observar a sus sobrinos, Laura y Ben, jugando frente a su cámara de vídeo durante doce minutos. 

Partiendo de una reflexión sobre Van Gogh y la multiplicidad de su mirada, Mark Cousins salta a una especie de película casera con sus sobrinos para empezar su particular viaje por la historia de la infancia en el cine. A través de bloques temáticos que incluyen la timidez, los berrinches o la teatralidad sin ir más lejos. Cousins no solo construye una inmejorable línea cronológica por el séptimo arte si no que nos permite reflexionar sobre la plasticidad de la infancia, ese terreno interminable para el séptimo arte (y para los seis anteriores también). 

El propósito de este largometraje es demostrar la universalidad del comportamiento infantil, puesto que los directores de todas las grandes obras sobre pequeños héroes han caracterizado a sus protagonistas con la misma timidez, inseguridad, estado de incomprensión o pulsión destructiva. Pero en vez de elaborar una historia sobre los tópicos de la niñez en el séptimo arte, nos brinda una lección cinéfila sobre los escasos films que han captado la esencia de la niñez a la perfección. Algunos ejemplos: 

- Sobre la mirada de los niños (y su diferencia con los adultos): Planeta amarillo (Chen Kaige, 1985), E.T. el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982), Niños en el viento (Hiroshi Shimizu, 1937), Un ángel en mi mesa (Jane Campion, 1990), Ghatashraddha (Girish Kasaravalli, 1977), El violín y la aplanadora (Andrei Tarkovski, 1961), La libertad en el paraíso (Sergéy Bodrov, 1989),... 
- Sobre los niños y las clases sociales que marcaron sus vidas: Los olvidados (Luis Buñuel, 1960), Grandes esperanzas (David Lean, 1946), An Inn in Tokyo (Yasujiru Ozu, 1935),... 
- Sobre los berrinches de los niños: La bota (Mohammad-Ali Talebi, 1993), El globo blanco (Jafar Panahi, 1995),... 
- Sobre la teatralidad de los niños: Fanny y Alexandre (Ingmar Bergman, 1982), Curly Top (Irving Cummings, 1935), Cita en St. Louis (Vicente Minnelli, 1944), Moonrise Kingdom (Wes Anderson, 2012), Tomka and his Friends (Xhanfize Keko, 1977), La pequeña vendedora de sol (Djibril Diop Mambéty, 1999),... 
- Sobre los cuentacuentos de los niños en las propias películas: La noche del cazador (Charles Laughton, 1955), Hugo and Josephine (Kjell Grede, 1967), Crows (Dorota Kedzierawska, 1994), Kauwboy (Boudewijn Koole, 2012), Kes (Ken Loach, 1969), Moving (Shinji Sōmai, 1993), Nadie sabe (Hirokazu Koreeda, 2004), Yaaba (Idrissa Ouedraogo, 1989),...
- Cómo ven los niños a los adultos a través de la pantalla, lo que sucede fuera de plano en sus vidas: Gasman (Lynne Ramsay, 1998), Viva la Republica (Karel Kachyna, 1965), Ten Minutes Older (Herz Frank, 1978), El espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973), Frankestein (James Whale, 1931), Tierra amarilla (Chen Kaige, 1984), El sauce y el viento (Mohammad-Ali Talebi, 2000), The Unseen (Miroslav Janek, 1996),...
- Sobre la ocasional violencia de los niños en el cine: Cero en conducta (Jean Vigo, 1933), Juegos prohibidos (René Clement, 1952), Dos soluciones para un problema (Abbas Kiarostami, 1975),..
- Sobre la aventura en la infancia: Alyonka (Boris Barnet, 1961), Finlandia (Erkki Karu, 1922), Los cuatrocientos golpes (Fraçois Truffaut, 1959), A Hometown in the Earth (Yoon Yong-Kyu, 1949), Hugo and Josephine (Kjell Grede, 1967), Palle allone in the world (Astrid Henning-Jensen, 1949), Kiseki (Hirokazu Koreeda, 2011), Moving (Shin Ji Somai, 1993),...
- Sobre la soledad en la infancia: The Bill Douglas Trilogy: My Childhood (Bill Douglas, 1972), El globo rojo (Albert Lamorisse, 1956), El globo amarillo (J. Lee Thompson, 1953), Melodía para organillo (Kira Muratova, 2009), El chico (Charles Chaplin, 1921),...
- Sobre el sueño de los niños: Emil y el detective (Gerhard Lamprecht, 1931), The Newest City in the World (Xhanfise Keko, 1974), El espejo (Andrei Tarkovski, 1975),...

Por otro lado, el teórico norirlandés también ilustra los rasgos que se acentúan en las películas que comparten procedencia geográfica y así nos lo relata el propio Cousins: "De la misma manera que el cine japonés es el que mejor trata la timidez de los niños, y las películas soviéticas y británicas son las que mejor tratan las clases en la infancia, las películas iraníes son las que mejor retratan la ira de los niños. Quizás es porque son muy sinceros. El centro iraní para el desarrollo intelectual de niños y jóvenes adultos se propone filmar la emoción de los niños y la relación entre esas emociones y los pensamientos".

Y con ello, Mark Cousins, mente y voz, se embarca en el primer documental sobre niños en el cine mundial. Un apasionado y poético retrato de la aventura de la infancia: su surrealismo, su soledad, diversión, destrucción y berrinches. Y es por ello Una historia de niños y cine un descubrimiento, un punto de referencia en el cine y una celebración tanto de la infancia como del séptimo arte.

Y concluimos con dos reflexiones. Una personal y otra del director. Mi reflexión personal es que solo un mínimo de esas 53 películas del documental han sido tratadas ya en Cine y Pediatría, por lo que parece que el proyecto no tendrá fin. Y la reflexión final del documental: "Ninguna forma de arte ha tratado a los niños más que el cine, no lo han hecho las novelas ni la música... Los niños cambian muy rápido, queremos capturar el momento. Y el cine lo hace genial. Lo convierte en algo más de lo que parecía. El cine es como los niños, los niños son como el cine". 

sábado, 11 de julio de 2015

Cine y Pediatría (287). “Children 404”… países sin arco iris es el verdadero error


En informática, el error 404 corresponde al código de estado que indica que un enlace está roto, y expresa que el ordenador no ha sido capaz de comunicarse con el servidor porque no existe el fichero que ha sido solicitado, es decir, cuando se introduce una URL incorrecta en la barra de dirección. Pues, aprovechando ese dígito, en el año 2014 ha aparecido la película documental Chidren 404, obra que muestra lo complicado que es para los homosexuales rusos sobrevivir en un país que extiende entre la población la idea de que su condición sexual es un error, una enfermedad a tratar o un vicio a erradicar. 

Mientras la justicia de Estados Unidos acaba de aprobar el matrimonio homosexual en la totalidad del territorio norteamericano, cuando en el año 2015 ya 20 países (Argentina, Bélgica, Brasil, Canadá, Dinamarca, Eslovenia, España, Estados Unidos, Francia, Irlanda, Islandia, Luxemburgo, México, Noruega, Nueva Zelanda, Países Bajos, Portugal, Sudáfrica, Suecia y Uruguay) y tres países constituyentes del Reino Unido (Escocia, Gales e Inglaterra) permiten casarse a las parejas del mismo sexo, a la Rusia de Putin aún tiene mucho que avanzar en cuanto a derechos civiles. Porque en 2013 el presidente ruso Vladimir Putin aprobó una ley que prohíbe la “publicidad entre los menores de relaciones sexuales no tradicionales”, según la cual, a los jóvenes de orientación LGBTI se les considera enfermos, degenerados y personas anómalas. Los psicólogos, profesores e incluso padres que les presten su apoyo pueden ser objeto de sanciones y penas de cárcel. Su reciente cruzada contra la homosexualidad y los consecuentes movimientos de resistencia contra las políticas homófobas del gobierno ruso, son objeto de estudio en Children 404 documental de guerrilla rodado de manera clandestina por Askold Kurov y Pavel Loparev, dos directores rusos casi desconocidos. 

La película se hace eco del valiente Proyecto Children-404, un proyecto público ruso de internet creado para apoyar y dar voz a los adolescentes homosexuales, bisexuales y transgénero acosados y en él se recoge el testimonio de los sufridos activistas y de un nutrido grupo de adolescentes y preadolescentes LGBTI rusos a través de entrevistas y videodiarios en los que detallan sus traumáticas experiencias frente a acosadores, psicólogos y familiares poco dispuestos a transigir. El Proyecto Children-404 fue iniciado por la periodista rusa Yelena Klimova, quien escribió en el año 2013 una serie de artículos sobre niños y jóvenes LGBTI y por lo que se le abrió un proceso al año siguiente. En las páginas de internet y en las redes sociales que Yelena abrió para este proyecto aparecieron cientos de cartas de adolescentes LGBTI, en las cuales cuentan los problemas que afrontan por la homofobia de su entorno, homofobia de los conocidos y los desconocidos, de los parientes y de los compañeros de clase, de los profesores y de los padres, etc. De hecho, el proyecto consta de dos partes: un proyecto “cerrado” en la red social Vkontakte, creado para proporcionar ayuda psicológica a los adolescentes LGBTI, y un proyecto “abierto” de fotografía en Facebook y Vkontakte, en el cual se publican correos electrónicos de estos adolescentes. La descripción del Proyecto Chidren-404 dice: “Nuestra sociedad asume que no existen los adolescentes homosexuales, como si los gays, las lesbianas, los bisexuales y los transgénero viniesen de Marte cuando llegan a adultos. Mientras tanto, en cada vigésima familia rusa se encuentra un niño LGBTI, estos son los ninos-404, invisibles a la sociedad”. Por eso, el título de esta película en español es "Niños-404. Adolescentes LGBT. ¡Existimos!". 

En la película, 45 adolescentes y preadolescentes rusos comparten sus historias a través de entrevistas anónimas y videodiarios donde explican con detalle las vejaciones y discriminaciones que sufren. así como el coraje con el que se enfrentan a sus acosadores. Y con este argumento, Children 404 es una película denuncia arriesgada por dos motivos: por el fondo y por la forma. El fondo es el propio tema de los LGBTI, siempre polémico y que no deja indiferente, por las posturas a favor y en contra. La forma incluye no solo el entorno en el que se ha gestado, si no también el uso del sonido y la imagen con la que que se le decide montar, ya que se compone de entrevistas y reflexiones, la mayoría de ellas anónimas, y sus directores dotan a su película de un tono 2.0 que acerca muy bien a uno de los principales espectadores del filme: los jóvenes. 
Como se puede confirmar, este proyecto ha atraído la atención de la comunidad internacional, habiendo sido noticia en los principales desde The Guardian al Washington Post, desde El Mundo al New York Times. El mundo se mueve y la sociedad se solidariza, y el cine, una vez más, se convierte en mecha desencadenante. 

Sin negar su gran valor como documento de denuncia, la película puede ser incómoda para algunos en el fondo (aunque para la mayoría una muestra más de las necesarias para luchar contra la homofobia) y para muchos en la forma (pues peca de un absoluto desaliño formal achacable, quizás, a la urgencia y la clandestinidad del proyecto). No será una película de Oscar, pero si una obra audiovisual que realiza un valiente ejercicio de periodismo de investigación sobre el terreno, que pone el foco sobre las miserias del país ex-soviético, un país que en nuestra juventud nos contaron que era una superpotencia porque puso hombres en la luna,…. pero hoy no acepta a los hombres y mujeres en la tierra tal como son. 

El error (el 404 y cualquier otro que se nos ocurra) no es ser LGBTI, el error es que un país no acepte el arco iris (y la diversidad) en su sociedad.